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miércoles, 25 de abril de 2018

El País:Rao Pingru, el dibujante que narró en cómic un siglo de vida en China


Ahora que lo pueden tener todo no quieren perder la memoria”. Rao Pingru (Nanchang, 1922) interpreta así el éxito de su autobiografía: La historia de Pingru y Meitang (Salamandra). Jamás soñó con el reconocimiento internacional porque ni siquiera se imaginó publicándola: “Cuando mi mujer murió, quise contar nuestra vida a mis hijos y nietos. Nada más”.

Pingru y Meitang, su esposa, llegaron a Shanghái a finales de 195o. Primero se instalaron en una habitación alquilada y en verano de 1952 se mudaron al piso de 36 metros cuadrados y dos habitaciones donde el matrimonio y sus cinco hijos vivirían durante 51 años. En aquel momento, en la ciudad solo había un rascacielos, el Park Hotel. Hoy convive con cientos. Con cerca de 24 millones de habitantes, Shanghái es la urbe más poblada de China. Por eso cuesta hacerse una idea de cómo era cuando se mudaron para que él trabajara como contable y corrector en la editorial de su tío. “Fue la época más feliz de mi vida: ganaba dinero y no pasaba escasez”, recuerda tomando un té en el piso de su hijo pequeño, Shunzeng.

Aquella felicidad duró poco. En 1956, siete años después de que se proclamara la República Popular, la editorial fue nacionalizada y, en 1958, él enviado a un campo de reeducación, denominación utilizada durante la Revolución Cultural para aludir a los campos de concentración concebidos por Mao Zedong para sus purgas políticas. En la guerra civil que enfrentó a los partidos nacionalista y comunista, Pingru había luchado en el bando perdedor, así que fue enviado, sin juicio previo, a la provincia de Anhui. La primera década la pasó en la brigada de excavaciones, después trabajaría en una fábrica de piezas de transmisión para coches. Durante los 22 años que duró la separación, Pingru y Meitang tan solo se veían dos semanas al año, cuando él volvía a Shanghái para celebrar con su mujer y sus hijos el Año Nuevo. En 1979, meses antes de que naciera su primer nieto, regresó a casa para quedarse. La familia lo festejó en el estudio de un fotógrafo. Un dibujo del libro recrea ese momento. Los dos ya tenían el pelo cano.

A sus 96 años, Rao Pingru muestra una agilidad, mental y física, sobresaliente. Cocina, toca el piano, dibuja y ha escrito otro libro. “Pero mis hijos ya no me dejan ir en bicicleta”, se lamenta. Su hijo pequeño explica que se lo prohibieron cuando pedaleó 20 kilómetros para comprar pastelitos de arroz rellenos de carne. “Perdió la llave del candado y apareció cargando la bicicleta sobre los hombros”. Shunzeng tiene 64 años y es psiquiatra. También fue enviado al campo para su reeducación cuando tenía 15. El Partido Comunista exigía que los estudiantes trabajaran la tierra. La mayoría de sus pacientes son jóvenes: “O están deprimidos porque no les gusta lo que ven, o sufren ansiedad porque no llegan donde quisieran”.

Pingru asegura que nunca se deprimió. “Cambiamos nuestra identidad”. Y aclara que aprendió inglés en aquella época. “Cada día memorizaba una frase. Cuando recordé 408, fui capaz de hablar”. La dureza de los trabajos forzados variaba según la provincia: “En Anhui no abusaban de ti. Te dejaban decidir si podías cargar 30, 40 o 50 kilos. Cuando descubrieron que sabía escribir me pusieron a redactar artículos”.

—¿Y qué escribía?

—Historias de gente que trabajaba mucho.

—¿Propaganda? [risas].

—Sí, sí, propaganda.

Su carácter fue su salvación. “En el campo muchos se suicidaron. No soportaban la perspectiva. No se nos permitía estudiar, pero yo tenía un libro en inglés. Estoy más cerca del lado luminoso que del oscuro. Siempre creo que todo mejorará”.

¿Cómo lograba ser tan optimista? “Cuando me alisté con 18 años pensé que estaba salvando a mi país de los invasores japoneses; luego, de los comunistas insurrectos de Mao Zedong. No sabía diferenciar entre los nacionalistas del Kuomintang y los comunistas. No supimos que estábamos en uno de los bandos hasta que se enfrentaron. Quise luchar por China, no contra los chinos. No me sacrifiqué por mantener mis privilegios, creía que luchaba por mi país. Saqué fuerza de saber que no había hecho mal a nadie. No poseo una gran casa ni coches, pero he tenido una mujer que me comprendió. Y puedo escribir y dibujar. No soy un inútil. Sabía que, si lograba sobrevivir, vería la luz. La única libertad que necesito es la mental”.

Hace un año, Rao Pingru salió por primera vez de China. Viajó a Francia para presentar su libro en el festival de Angulema, el salón del cómic más importante del mundo. Fue el invitado de honor. “La comida y las costumbres son distintas, pero el sentido común es el mismo: nos gusta la paz y la amistad”. De repente, se le iluminan los ojos y pregunta:

—¿Franco fue bueno o malo?

—Fue un dictador.

—¿Qué quiere decir?

—Dio un golpe de Estado. No fue elegido.

—La democracia es una ilusión, algo relativo.

—¿Ha tenido problemas por publicar el libro?

—No. Es la verdad. El antiguo Gobierno comunista hizo cosas duras, pero también cosas buenas. Mi hijo se perdió cuando tenía cinco años y la policía lo encontró.

—¿Todo está bien entonces?

—No todo. Tenemos ladrones. Incluso asesinos. Pero no aquí, en el campo. En Shanghái no porque es una ciudad internacional. Progresamos.

—El Gobierno comunista quiso convencer a su mujer de que se divorciara de usted.

—Pero ella dijo que yo no era ni ladrón, ni asesino, ni traidor, ni mal marido. Cuando la conocí era rica y luego trabajó hasta que el cuerpo le aguantó. Creíamos el uno en el otro. Eso nos salvó. Mi madre era budista y nos enseñó que debíamos ayudar a la gente pobre. Eso también nos salvó. Siempre supimos convivir.

Estos días Rao Pingru convive con su hijo y su nuera en un piso de unos 100 metros cuadrados. También viven allí su nieta y su marido. Lo conoció gracias al abuelo: “Es cámara de televisión y vino a filmarme. Mi nieta de 32 años, que nunca había tenido novio, se enamoró”. Los tiempos han cambiado, a Pingru le buscó esposa su padre. “Meitang era la hija de su íntimo amigo”.

De niño, Rao Pingru vivía en Nanchang, capital de la provincia de Jiangxi, en una casa con seis patios y una habitación para el culto budista. Tenía criados, un salón para recepciones, un despacho para su padre, abogado, y un jardín del que su abuela cogía flores para freírlas. En el libro revela su recuerdo más antiguo: la ceremonia del despertar. Los sirvientes lo hacían a las tres de la madrugada. Sus padres y su preceptor aguardaban ante un retrato de Confucio. Sobre la mesa: un pincel, papel, una barra de tinta y una piedra de entintar. El preceptor guio su mano para trazar unos caracteres sencillos. Cuenta también que, a pesar de que tenían criados, desde los ocho años era él quien servía el arroz a sus padres. ¿Se han perdido esas tradiciones? “Sí. Éramos ricos, pero la riqueza no puede atontarte. Ahora los padres sirven a sus hijos eternamente”. ¿Sucede porque solo tienen un hijo? “Ahora se puede tener dos, pero están mimados. De pequeños aprendíamos de Confucio y Mencio que la tolerancia es la principal virtud. También que la felicidad está en el interior. El comunismo trataba igual a hombres y mujeres. Su ideario es la igualdad. Pero ha habido también miseria generalizada”.

—¿Cuándo cambió todo eso?

—Cuando China se abrió al mundo, en 1978. Den Xiaoping trajo la libertad.

—¿Qué pasó entonces en la plaza de Tiananmen 10 años después?

—No recuerdo ese incidente.

—Fue portada en los periódicos.

—No sé de qué me habla. Nuestra vida mejoró. No solo la mía. Se revisaron casos de miles de personas. Los viejos oficiales del Partido Comunista fueron sustituidos.

Así es Pingru. Cuando se le pregunta si es libre responde: “Soy feliz”. Y añade: “La tradición china hace que cuando uno muere se escriba un epitafio en dos columnas. Tengo el mío preparado”. Lo canta y luego lo traduce: “Cuando nuestra nación estaba en peligro abandoné la academia. Fui a la escuela militar de ­Huangpu y me convertí en soldado. Fui a la batalla y luché contra los japoneses. No temí dar la vida por mi país”. Luego hace una pausa y canta la segunda columna: “Ahora soy viejo y feliz. La nación china está en una época próspera con un Gobierno cercano a la gente. Por eso sonreiré cuando abandone este mundo”.

“Soy bastante libre”, insiste. “Podemos hablar con los extranjeros como usted. Hasta los ochenta no pudimos. Aquí puedes decir lo que piensas mientras sigas los principios del Partido Comunista”. Pingru observa con desconcierto la nueva sociedadad china. “Los jóvenes han tenido demasiada suerte. No conocen la guerra. Solo quieren divertirse. Antes no teníamos información. Si sabes lo que tienen los demás, quieres tenerlo. Eso genera frustración y ansiedad. Cuando éramos jóvenes, éramos todos iguales. Por eso creíamos en el comunismo. Ahora hemos perdido ideales. Nuestra vida física es mejor. Pero la mente es más débil, y la vida espiritual, más pobre. Confucio dijo que todo el mundo quiere ser rico y poderoso, pero que, si ese objetivo se alcanza de manera deshonesta, arruina a las personas”.

Según Pingru, cada generación pierde y gana algo. “Nosotros nos movíamos en bicicleta o en autobús. Hoy mis hijos y nietos conducen”. Al escuchar que en Europa estamos dejando el coche y regresando a la bici, asiente: “Vamos 20 años por detrás. Esta es una etapa de transición y la gente quiere conseguir cambios inmediatos. Pero los cambios reales no son así. Aunque llegan novedades como el teléfono inteligente”. Él no tiene. “Por miedo a que me genere adicción. La gente no lo suelta”.

Cuando me despido y me calzo junto a la puerta, pregunto si es habitual que cuando uno entra en una casa china se quite los zapatos, como en Japón. “¿Sabe por qué Japón es un país tan fuerte?”, pregunta retóricamente, “porque ­primero aprendieron de nosotros, y luego, del mundo occidental. Y prosperaron. Así es la vida”.

—Antes de que la dibujara, ¿sus nietos sabían cómo había sido la suya?

—En absoluto. Por eso hice el libro. Empecé siendo rico. Luego me llegó una vida dura. Ahora soy una persona corriente con una existencia plena. El secreto no ha sido la resignación, sino la curiosidad. No he dejado de aprender. Uno educa con lo que hace, no con lo que dice. Pero hoy todo el mundo tiene prisa y todo parece tener la misma importancia, pero lo más importante es la memoria. Si pierdes dinero, puedes volver a conseguirlo. La memoria es otra cosa. Si se pierde, desapareces como persona.

martes, 24 de abril de 2018

RTVE:La vida de José Antonio Labordeta en cómic


Cantautor, escritor, político, profesor, periodista, presentador de televisión… José Antonio Labordeta Subías (Zaragoza, 1935-2010) fue un hombre casi renacentista. Pero más allá de todos sus talentos fue, sobre todo, un personaje que supo llegar a nuestros corazones. Ahora su vida llega al cómic en Tebeo Labordeta (GP Ediciones), de Daniel Viñuales, Carlos Azagra y Encarna Revuelta.

“Para muchos aragoneses y aragonesas –asegura Viñuales- Labordeta es todo un símbolo. También es un referente, tanto cultural como político. Él, junto a Emilio Gastón y Eloy Fernández Clemente, fueron los que trabajaron para forjar nuestra identidad como pueblo y los que intentaron poner en valor tanto nuestro paisaje como nuestra cultura. Aragón tiene muchas cosas buenas, pero una de las malas es que nos queremos muy poco. Ellos lucharon para cambiar esto”.


“El cómic –continúa Viñuales- es idea de Juana de Grandes, viuda de Labordeta, y su hija Paula. Ellas trabajan desde la Fundación José Antonio Labordeta para mantener el legado de José Antonio y, desde el primer momento, querían hacer un cómic para dar a conocer su vida a un público más amplio. Hace un año, en la Feria del Libro y del Cómic de Teruel se pusieron en contacto con nosotros y este es el resultado”.

El dibujante, Carlos Azagra, conoció personalmente a Labordeta e incluso realiza un cameo en el cómic: “Lo tuve de profe de historia y tutor de COU en el primer instituto mixto de Zaragoza 1973-74 -el mixto nº 1 Ramón Pignatelli-. Fue durante ese curso cuando lo empecé a apreciar. Una vez en clase, a un compañero -José María Clemente- lo detuvieron y lo tenían en la Jefatura de policía que teníamos cerca del insti. Las ventanas de los calabozos las veíamos desde arriba, nos asomábamos por la ventana a ver si le veíamos... Esa imagen de los alumnos asomados a la ventana le impresionó tanto que hizo con ella una canción: Hoy no ha venido a clase Ramón Carranza... Era una persona formidable”.
Cómo llegó a ser tan querido

Como destacábamos al principio, Labordeta fue multifacético, pero eso no es lo que los autores querían contar en este cómic. “Si, la verdad es que era un hombre que hacía de todo –asegura Viñuales-. Poeta, músico, escritor, actor, presentador, político. Difícil elegir. En el cómic nos hemos centrado en, sobre todo, mostrar cómo llegó a ser un personaje tan querido en Aragón y en el resto de España”.

“Partimos –añade Viñuales- del momento histórico, porque no se puede decir de otra manera, en el que 20.000 personas, una vez que se cerró la capilla ardiente –por la que pasaron más de 50.000 personas- en el Palacio de la Aljafería, se pusieron a cantar, de manera espontánea, las canciones de José Antonio y que estuvieron allí hasta bien entrada la noche”.

“Como alumno de Labordeta, creo que su mayor logro -asegura Azagra- fue darnos a conocer la historia de manera diferente. Nos recomendaba leer más revistas de la época… Triunfo, Cambio 16... nos enseñó a humanizar la relación con el mundo, con la política... nos hizo interesarnos por los cambios sociales… y todo lo hizo con mucho humor. Aparte fue el que me introdujo en Andalán, periódico maño donde empecé a hacer mis primeros pinitos como dibujante”


“Haberme puesto más guapo”

En cuanto a la documentación para el personaje, Viñuales nos confiesa que: “Pese a haber militado en el mismo partido político no conocía mucho a José Antonio, tan solo algún saludo. Para realizar el guion del cómic hablé con Juana (su viuda), con Eloy Fernández Clemente, con el recientemente fallecido Emilio Gastón, que fue el primer Justicia de Aragón, y, sobre todo, con Antonio Pérez Lasheras, catedrático de la Universidad de Zaragoza y gran especialista en la obra de José Antonio Labordeta”.

Sobre su retrato de Labordeta, Azagra nos comenta que: “Ya lo tenía interiorizado, por lo que no me ha resultado difícil. Además, es el que yo tengo en la memoria. Ya cuando se puso enfermo vivía yo en Barcelona y no era ese Labordeta el que quería reflejar en el libro. Siempre fue un tío cachondo y divertido. Si se estuviera viendo seguro que le gustaría, o a lo mejor me diría: “¡Jodido, haberme puesto más guapo!”

Azagra nos confiesa que se ha documentado “Sobre la marcha, mirando Google o imaginándome situaciones. No soy buen caricaturista y cualquier parecido con las personas retratadas es pura coincidencia, añade a eso retratarlas más jóvenes... Por ejemplo, cuando retrataba a Labordeta en Teruel descubrí que en esa época tenía barba y se la tuve que poner en las viñetas que ya había dibujado”.


“Destacar -continúa Azagra- el trabajo de Encarna Revuelta. Sus colores han ayudado mucho; por ejemplo los años 40… con esos colores sepia... o los grises... de color gris, claro! También el guionista, Daniel Viñuales me ha ayudado mucho y me lo ha puesto todo muy masticadico. Me mandó fotos y enlaces pero, a la vez, me dejó mucha libertad”.

“Pero –añade- cuando haces un retrato de cosas del pasado tienes una visión subjetiva. Al final, lo que intentas es que se parezca algo. Por ejemplo, cuando al padre de Labordeta lo detienen los falangistas para llevarlo a fusilar. Más o menos te imaginas la acción. No sabes si en ese momento van con camisa azul o de paisano, o con casco… en fin... haces lo que puedes buscando, sobre todo que se entienda lo mejor posible”.
Descubriendo a Labordeta

El cómic es ideal para los jóvenes que no pudieron conocer a Labordeta. Pero también para los mayores, ya que vamos a descubrir muchas cosas. “Hay muchas anécdotas y curiosidades de su vida –asegura Viñuales-, pero lo que vamos a descubrir, sobre todo, es a un Labordeta comprometido, toda su vida, con la defensa de las libertades, más allá del famoso “¡A la mierda!” en el Congreso de los Diputados y de su paso por Un país en la mochila”.

“Siempre he pensado –añade Azagra- que eran unas viñetas para la gente joven que no le conocía de nada, o que sólo le conocía por lo de "A la mierda". Labordeta era mucho más que esa frase. Cuando lo lea la gente entenderá muchas cosas. También destacamos su vertiente humana y familiar”.


“Seguro –continúa Azagra- que se han quedado en el tintero muchas cosas, mucha gente que no sale, mis recuerdos de el en el instituto, los conciertos para los emigrantes en Barcelona, toda esa gente que luego dirá: “¡hey, que yo no salgo!” Pero entonces hubiera sido un tocho. Ya está bien como está. Además relatado por ese San Lamberto, decapitado por las tropas imperiales, que iba con la cabeza en la mano...”

Y es que San Lamberto es el narrador del cómic. “Juana de Grandes y Paula Labordeta querían un cómic desenfadado, que fuera ameno y que invitara a leer –nos comenta Viñuales-. A mí siempre me ha gustado la canción del milagro de Lamberto, de niño la cantábamos en los campamentos, y me pareció que meterlo de alter ego de José Antonio para contar la historia quedaría bien. José Antonio paseando con un tipo que lleva su cabeza debajo del brazo, mirándonos desde lo alto de una nube tiene ese punto surrealista que tenemos los aragoneses”.
El legado de Labordeta

Han pasado ya casi ocho años de la muerte de Labordeta. Preguntamos a Viñuales cuál cree que ha sido su legado. “Creo que José Antonio nos ha dejado muchos legados, desde su muerte los aragoneses nos sentimos un poco huérfanos, pero si hay que destacar alguno yo me quedo con su honestidad, su franqueza, el apego y el cariño a su tierra. No desde una posición cerrada, si no de descubrir tu paisaje, y paisanaje, para sentirte ciudadano del mundo”.

En cuanto a si tienen otros proyectos sobre personajes aragoneses, Carlos Azagra nos comenta que: “El próximo proyecto que tengo con otro guionista aragonés, Juan Pérez Fernández, es sobre la vida de Durruti, que si bien era de León estuvo mucho tiempo en el frente de Aragón... Además es también universal, como Labordeta. Pero quien sabe. Hay muchos personajes aragoneses que me atraen… Goya, Luis Buñuel, Javier Tomeo, Joaquín Ascaso y toda la historia desconocida del Consejo de Defensa de Aragón.... El único órgano de gobierno que tuvieron los anarquistas en el mundo lo tuvieron en el Caspe republicano. El cómic puede servir todavía como arma didáctica”.

lunes, 23 de abril de 2018

El Mundo:El 'Persépolis' latinoamericano, al cine


Cuando Power Paola llegó a Cali a principios de los 90 se chocó de golpe con la violencia del narcotráfico: balaceras en las discotecas, tipos armados custodiando las casas de los traquetos (mafiosos)... «Escuchabas las bombas a menudo. Ahora lo recuerdo como vivir en el Lejano Oeste. Allá perdí la inocencia, había que crecer para sobrevivir», recuerda esta dibujante que nació en Quito en el 77.Ese cambio vital, el paso de la infancia a la adolescencia pero también de un entorno seguro y familiar en Ecuador al caos de una Colombia en guerra, Paola Gaviria (su nombre real) lo ha plasmado en la novela gráfica Virus tropical (Random House Mondadori, 2013). Las viñetas se han convertido ahora en una película de animación dirigida por el colombiano Santiago Caicedo que se estrenó en la Berlinale en febrero y que acaba de ganar el premio del público en el festival South by Southwest de Austin (Texas). La comparación con Persépolis, publicado entre 2000 y 2003, es inevitable. En este cómic de culto (que en 2007 saltó al cine), la iraní Marjane Satrapi registró el periodo posterior a la revolución islámica que expulsó al sha de su país en 1979. Lo hacía desde los ojos de una niña, al igual que Power Paola. «No puedo negar esa influencia, cuando la leí me animó a escribir mi historia, pero ella encara la realidad política, a mí me interesa más hablar sobre mi familia», dice.

Así es como el lector (ahora, también el espectador) conoce a su mamá, que se quedó embarazada de Paola pese a que se había ligado las trompas para no tener más hijos. Los médicos en Quito la decían que aquello no era posible, que debía ser una hinchazón de barriga por un virus tropical. Su papá fue sacerdote, su madre lee el futuro en las fichas del dominó, ella ganó un concurso de niña para conocer al Papa Juan Pablo II... «Parece surrealista, pero es 100% autobiográfico», asegura la artista.Para transportar ese universo mágico y colorido a la pantalla, Power Paola realizó más de 5.000 dibujos durante un lustro. Llenó una veintena de libretas que ahora conserva en dos cajas en su casa de Buenos Aires, a donde se mudó hace seis años tras vivir en Quito, Cali, Medellín, Bogotá, Sídney, París y San Salvador. «La distancia me ha enseñado a valorar mi origen, a sentirme parte de algo. Me interesa mucho la mezcla de culturas, yo desayuno con mate argentino y arepas colombianas», bromea.En las imágenes en movimiento cobran vida el Quito multicultural y conservador de finales de los 70 y 80 y ese Cali verde, frenético y salvaje de los años duros del narco que imitaba la estética más artificial y hortera de Miami. El acento de la protagonista provoca burlas y al principio ella no entiende la jerga caleña a base de pelados, manes, viejas, bacanísimo... La música consigue captar el espíritu de Power Paola, entre lo naif, la crudeza y el realismo cotidiano salpicado de eventos mágicos. La banda sonora es obra de Adriana García Galán y suenan canciones de Las Malas Amistades, un grupo de culto en Bogotá.«Si me animé a hacer la película fue porque en ella participan mis amigos, con los que comparto una estética, unos gustos musicales y el mismo sentido del humor, requisitos para mí indispensables a la hora de grabar una historia sobre mi vida. Antes recibí una propuesta de hacerlo con seres humanos como actores y me horrorizó, me salió un no rotundo desde el alma».Power Paola es una de las principales representantes de la explosión del cómic en Latinoamérica. «Es un virus que se expande, internet ha ayudado mucho», asegura, y cita a autores como Fabio Zimbres, Inechi, Delius, Muriel Bellini, María Luque, Amadeo Gonzales y Rodrigo La Hoz. Algunos de ellos aparecen en la antología El Volcán, que contará con una exposición en el festival Entreviñetas (del 3 al 6 de mayo en Medellín), donde la autora de Virus tropical ofrecerá una clase magistral junto al director de la película.«Cada vez hay más talento en países con una larga tradición de historietas como Argentina, Chile y Brasil, pero también en otros como Colombia, Perú y Ecuador. Hay muchas chicas haciendo cosas increíbles en la región», dice Power Paola, que fundó en 2008 el grupo Chicks on Comics como punto de encuentro para el diálogo entre mujeres que dibujan, sin importar su procedencia.En sus tiras mensuales en la revista cultural colombiana Arcadia, en sus novelas gráficas (tiene previsto terminar la nueva a finales de año) y en sus múltiples facetas (además de historietista, es artista plástica e ilustradora), Power Paola mantiene hoy esa mirada deudora de la obra de la canadiense Julie Doucet que la hizo famosa con Virus tropical,la de aquella niña que llegó a una Colombia dura y hostil para perder la inocencia y conquistar la independencia.

viernes, 20 de abril de 2018

"Las mujeres tenemos que recuperar el cómic como autoras y como lectoras"


Marika Vila (María del Carmen Vila, Barcelona, 1949) es una historietista barcelonesa de largo recorrido que hace un año realizó su tesis de la carrera de Humanidades observando el cómic español desde una perspectiva de género. A las siete de esta tarde pronuncia la conferencia "Des-okupar el cuerpo: las mujeres en el cómic español", organizada por Tribuna Ciudadana, en el salón de actos de la Biblioteca de Asturias, en el Fontán. La presenta la dibujante asturiana Raquel Lagartos, autora de "Mary Shelley: la muerte del monstruo" y de "La hierba del estío".

Vila reflexionará sobre "los estereotipos en el cómic y cómo se produce la usurpación del cuerpo de las mujeres por el artefacto 'Mujer', construido por la voz masculina del discurso dominante en el medio, que ha venido silenciando a las autoras históricamente o las ha reducido al pequeño espacio del estilo femenino construido desde el discurso patriarcal".

"Subjetiva, no imparcial", Marika Vila "somete ese discurso a la disciplina académica para hablar desde dentro y poder contrastarlo con una pluralidad de visiones".

- Empezó en el cómic femenino y comercial...

-Y del discurso hegemónico a los 17 años con Selecciones Ilustradas, una agencia que trabajaba para Europa y América, y entré en contacto con una generación de dibujantes, la mayoría mayores que yo y otros más cercanos.

- Su generación es la de la Transición.


-La que se llama del Compromiso. Retomamos el medio y, como los jóvenes de entonces, sentimos en la piel los movimientos sociales e intentamos recuperar el medio y responsabilizarnos del mensaje y tratar el cómic como un arte más. Fue el inicio del "boom" del cómic.

Trabajó en la revista "Trocha / Troya" y en "Butifarra", dos publicaciones de izquierdas, y perteneció al Colectivo de la Historieta, veintidós autores de los que tres eran mujeres.

-Éramos las chicas del cómic porque no había otras: Montse Clavé, Mariel Soria y yo.

- Y las profesionales que venían de los cuadernos para chicas y otras publicaciones, ¿por qué no se incorporaron?

-El medio las invisibilizó y marginó mucho y, en ese momento, se dejó de hacer ese cómic. Trabajaban en casa, firmaban Juli o Pepi y no tuvieron contacto con otros movimientos. Unas cuantas eran importantísimas y tenían gran profesionalidad. Ya en la República estaban Lola Anglada, Rosa Galcerán, Piti Bartolozzi y Josefina Tanganelli. En el franquismo salieron María Pascual, Carmen Barbará y Purita Campos, que resiste hasta los años 90, todas encarriladas en un estilo en el que son excelsas profesionales que mantuvieron una cuota de lectoras. Nuria Pompeia hacía cómic en el humor gráfico. Y nosotras rompimos el techo.

- En Francia salió "Ah! Nana", que duro poco, y aquí el "Totem especial mujeres", un especial.


-Donde el editor Roca decía que éramos tan buenas que no iba a hacer más números. A la fuerza, la realidad te podía. No teníamos conciencia de que había otras mujeres en Francia haciendo cosas. Encontrábamos los problemas de machismo no en la derecha, que ahí ya los esperabas, sino en la izquierda, en compañeros que no se daban cuenta de sus comportamientos y se sorprendían. No me quejo de eso, quiero mucho a mis importantísimos compañeros, pero es un análisis: era así y no teníamos casi espacio para publicar, aunque estábamos trabajando igual en abrir espacio y brecha. Era el marco general y la comercialidad, que en España se restringió a los fieles y que venía de una tradición masculina y de una segregación radical que se implantó en la dictadura. Los niños tenían el espacio sideral y el mundo para conquistar, y las niñas, la casa, el hogar y educación en el rol. El niño es héroe y le dejan desfogarse y a ella la enseñan a ser controlada, controladora del consumo y enemiga de las otras mujeres.

- En los ochenta llegaron más autoras.


-Ana Miralles y Laura Pérez Vernetti, que este año consiguió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, donde por primera vez se han implicado con las autoras después de una paulatina sensibilización.

- ¿Y las lectoras?


-El cómic las expulsó. Las que siguieron fieles lo hicieron travistiéndose, asumiendo que estaban en el plural neutro que no nos contempla.

- El cómic japonés las recupera.

-Tenemos que recuperar el espacio como autoras y como lectoras. Aunque tenemos que huir de la segregación que representan y del discurso homogeneizador, el manga y los tebeos románticos que han permanecido son reivindicables por la profesionalidad de los autores y porque han mantenido o vuelto a traer lectoras. Si podemos ofrecer otros productos, los lectores se engancharán y pasarán al cómic adulto.

- En la novela gráfica, que es cómic, aparecen autoras tan sólidas como Marjane Satrapi, Possy Simmonds y Rutu Modan que hacen narrativa adulta y no sólo para mujeres.

-Sí, para personas. En 2008 el cómic entró en la crisis y empezó a preocuparse porque no había mujeres. Se rescató a Purita Campos por "Esther y su mundo" y aparecieron otras como Satrapi en Francia, donde se trata mejor a las autoras.

- ¿Hay características de mujer en la imagen de las mujeres que hay en los cómics?

-En mi tesis comparo las obras de Milo Manara y Ana Miralles. Manara y Hugo Pratt son una referencia para Ana, que trabaja en el "mainstream". He comparado imágenes parecidas y se observa que la iconografía que crea ella es de una mujer, una persona que planta cara al espectador, y la de Manara es una muñeca hinchable. Ana no rompe el discurso tradicional pero deja un rastro de que hay otra persona haciendo ese discurso. Su discurso es masculino, porque el guionista lo es. Ella lo ha controlado en lo que puede, cambia, debate, pero sigue el erotismo romántico masculino. Ahora Luci Gutiérrez se dibuja a sí misma con su cuerpo recuperado. La subjetividad femenina que emerge en la nueva iconografía muestra que no existe un artefacto "Mujer", sino infinidad de modelos y de diversidad y que el discurso sexo-género heteropatriarcal puede tener un espacio pero no la hegemonización de los lenguajes.

Vila empezó estudios de Sociología que dejó, se formó en la Escola Massana de Arte y en 2004 empezó la carrera de Humanidades. Inició su investigación para la tesis en 2009 y ha hecho dos másteres sobre la representación de las identidades culturales de género. El dibujo le ha permitido "vivir y dar estudios a mi hija" pero no sólo haciendo cómics románticos para Italia, Reino Unido y Suecia o creando series como "Luna y Duna" para la revista "Barbie", sino ilustrando, trabajando como animadora en "Muffi, el último koala" y en la parte técnica de publicaciones de editorial Planeta, lo que la sitúa en la introducción del manga en España con "Dragon Ball" y de la revista "Shonen Magazine" y muchos más.

- ¿Qué intentó hacer en "Luna y Duna"?

-Era para niñas e intentaba ser todo lo diferente que se podía dentro de "Barbie".

Superman celebra sus 80 velitas con la edición 1,000 de su cómic



Pocos personajes de la cultura pop tienen más aguante que Superman, el mero, mero de los superhéroes, quien cumple 80 años este mes y cuyo cumpleaños se celebró esta semana con el lanzamiento del cómic, Action Comics No. 1,000.

Creado por Jerry Siegel y Joe Shuster, Superman llegó al mundo en abril de 1938 de la mano de la editorial DC Comics con Action Comics N° 1. Tan icónico es ese primer cómic en donde conocemos al kryptoniano Kal-El (cuyo terrícola es Clark Kent), que uno de los ejemplares se vendió por US$3.2 millones en eBay en 2014. 


Ahora, ocho décadas después, continúa la trama entre el bien y el mal en Action Comics No. 1,000, en donde por primera vez se presenta la pluma de Brian Michael Bendis. Si te suena ese nombre es porque Bendis dejó Marvel Comics en favor de DC Comics en fechas recientes. Bendis estuvo 17 años en Marvel y contribuyó a la reciente popularidad de Spider-Man y los Avengers.

Ahora con Bendis en su esquina, DC Comics volverá a enfocarse en uno de nuestros superhéroes favoritos. En Action Comics No. 1,000 -- donde aparece el primer cartón escrito por Bendis sobre el Hombre de Acero -- vemos a Superman y Supergirl intentar salvar, otra vez, a Metropolis de una nueva amenaza. Bendis continuará la historia de Superman en la serie de cómics Man of Steel que se lanzará el 30 de mayo.

jueves, 19 de abril de 2018

Viaje al corazón del cómic con Hugo Pratt


La obra del maestro del cómic Hugo Pratt es la nueva exposición del Museo de Confluencias de Lyon.

El héroe mítico Corto Maltese, marinero entre dos mundos es el punto de partida de un viaje entre real e imaginario que combina las historietas con objetos etnográficos con los que adentrarnos en el universo cosmopolita de Hugo Pratt.

"Él es al mismo tiempo un auténtico novelista, dibujante y director de cine, y cuando se logra combinar las tres cosas se consigue el auténtico genio del cómic que fue. Toda la obra de Pratt está aquí como un guía, pero no un guía turístico o geográfico sino un guía en cuanto a actitud y apertura a otros mundos", asegura Michel Pierre, comisario invitado de la exposición.

Veneciano, etíope, argentino, ciudadano del mundo de orígenes diversos, Hugo Pratt, nos invita a un viaje por diferentes islas del tesoro. Perfila un mundo un poco más libre de esquemas y fronteras, donde vale la pena vivir y hacer los sueños realidad.

miércoles, 18 de abril de 2018

El País:Ángel de la Calle: “El cómic sigue en el furgón de la infancia”


Hace 15 años se publicó la monumental Modotti, donde Ángel de la Calle (Molinillo de la Sierra, 1958) exhibía el poderío del cómic para biografiar el siglo XX. Ha vuelto a las andadas con Pinturas de guerra (Reino de Cordelia), retrato de una generación que perdió la revolución y el arte durante las dictaduras latinoamericanas. El libro acaba de recibir el premio a la mejor obra de autor español en el 36º Salón del Cómic de Barcelona. Dolmen, además, reedita estos días su biografía sobre Hugo Pratt.

Además de san Hugo Pratt, ¿tiene otros dioses? Buff...! Crepax, Miller, Toppi, Caniff, Spiegelman, Prado...

¿Cuál fue la primera historieta que cayó en su mano en el pueblo donde nació? Unos cuadernillos de El Cosaco Verde. Un chico los compraba y los escondía de sus padres, el mío los encontró y me los dio.

¿Mejor un buen guion o un buen dibujo? Para mirar el dibujo, para leer el guión. Los mejores son en los que te pierdes y no te haces esa pregunta.

¿Qué lee cuando no lee cómics? De todo. Ahora mismo los Diarios de Ricardo Piglia. Y el libro de entrevistas a Tardi de Numa Saul.

Escribe sobre Pratt, Modotti, pintores perseguidos… ¿La ficción pura no le interesa? Me interesa la vida como ficción. Y la ficción como parte de la vida. Y mezclar las dos cosas.

Cite la creación cultural que más le ha influido. El séptimo sello de Bergman, que vi a los 15 años. Me dije, pues oye esto de contar historias puede tener más cosas detrás.

¿Faltan lectores y sobran editoriales? Faltan las dos cosas. Y es culpa nuestra. De los autores.

Si tuviera todo el presupuesto del mundo, ¿a quién pondría a debatir en la Semana Negra? A John Le Carre, Paco I. Taibo II, Paul Auster y Fred Vargas.

¿El cómic empieza a estar socialmente sobrevalorado? Más bien, a la que nos descuidamos, seguimos en el furgón de cola de la infancia.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? Cualquier hagiografía.

¿A quién le daría el próximo Premio Cervantes? Si toca español a Luis García Montero y si toca latinoamericano a Leonardo Padura. Y de paso le daba el Carvalho a Taibo, que no sé a qué esperan.