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miércoles, 23 de enero de 2019

RTVE:El museo se convierte en un cómic


Entrar al Centro José Guerrero de Granada es como meterse en un cómic, porque las viñetas serpentean por sus paredes y podemos leerlas mientras paseamos. Una novedosa experiencia que sus autores describen como “un cómic expandido” y que está concebido para leerse, únicamente, en las salas del centro. Una idea tan original tenía que partir de dos grandes de nuestro cómic, Max (Barcelona, 1956) y Sergio García (Guadix, 1967), acompañados de la poeta, escritora y teórica del cómic, Ana Merino (Madrid, 1971).

Max nos comenta que: “Paco Baena, el director del Centro quería llevar el cómic al museo, pero haciendo un cómic pensado expresamente para el espacio de ese museo; y que no tenga sentido ni se pueda leer en otro sitio. Y al reunirnos todos surgió la idea de Viñetas desbordadas”.

“Básicamente -continúa Max- Sergio y yo hemos pensado una historia específicamente para el espacio en el que teníamos que intervenir. Por eso no me gusta llamarlo exposición sino intervención. Una intervención que usa el lenguaje del cómic. Cada uno hemos hecho una cosa muy diferente pero ambas encajan de maravilla. Y Ana ha añadido poemas sobre el tema y un texto en el que explica el proceso de este trabajo, que va en el catálogo de la exposición. Un catálogo que no recoge la obra terminada sino el proceso. Porque la obra final solo tiene sentido en el espacio del museo, no en papel. Creo que en España no se ha hecho nada así, usando el espacio como soporte. Es como ampliar una vez más los límites del cómic; esos límites que siempre decimos que no tiene”

“Pienso –añade Sergio- que los visitantes se van a sorprender porque hemos jugado con los lenguajes del cómic y los hemos llevado a nuevas fronteras. Hemos demostrado que hay vida más allá de la página. Es una experiencia totalmente interactiva y envolvente. Planteamos nuevas formas de narración y abrimos una nueva vía, muy interesante, que otros autores pueden seguir en el futuro. Romper los límites de la página y ver qué sale de ahí”

“Creo –concluye Ana- que es una reivindicación del cómic frente al espacio y, además, un diálogo a varias voces, lo que yo creo que es muy novedoso, porque se ha roto con la idea de monográficos. Sin olvidar que la exposición está pensada para ese espacio concreto del museo; ocupan todo el espacio del museo. Y finalmente el diálogo con lo literario, cómo se encuentran poesía y cómic. De hecho, Max y Sergio son mis musas, los que inspiran esos poemas, al igual que sus personajes”.

Max: Desbordando los límites

“Nos costó encontrar el título -confiesa Max-. Al final lo llamamos Viñetas desbordadas porque nos salimos del marco de las páginas, del papel, para llegar no solo a las paredes sino a los espacios en sí del museo. Por ejemplo, en mi parte hay dos historias paralelas, que están en paredes enfrentadas, y que dialogan la una con la otra. El lector solo entenderá la historia si se va desplazando de una pared a otra en zigzag. Hemos aprovechado todas las posibilidades espaciales y te vas desplazando por el museo. Pero hay que verlo porque es difícil de explicar”.

“Las historias son distintas pero se complementan -añade-. Lo mío es una cosa muy desnuda, muy austera, muy zen… mientras que lo suyo es muy barroco. Es como el yin y el yan, se complementan muy bien. Y hemos cuidado el punto en el que su historia encaja con la mía para que sea algo fluído”

“Mi intervención -asegura Max- se llama La línea y se subdivide en tres historietas. La más larga se titula Vida de Ubrut, encargado de mantenimiento y es un asalariado que se encarga de que una línea de once kilómetros, esté siempre impoluta. Esa línea es la que recorre todos los espacios del museo. En esa línea ocurren cosas por la noche, sale hierba, aparecen piedras… cada mañana la deja impecable”.

“La segunda historia se llama Vladimir y Estragón y está basada en la obra Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Como Godot no llega nunca estos dos personajes se salen del libro a buscarlo. Y es cuando dialogan con Ubrut a través del espacio de la sala”

“La última historieta es la conclusión –asegura el Premio Nacional de Cómic-. En ella aparece un personaje del teatro de Lorca que dialoga con Vladimir y también hace referencia a Ubrut, cerrando el círculo. Esta historieta no está en las paredes sino en un fanzine en papel que el público se puede llevar”.

Sergio García: Inspirándose en el antiguo Egipto

Sergio es profesor en la Universidad de Granada y uno de nuestros dibujantes más conocidos a nivel internacional; además de trabajar para el mercado francés, actualmente colabora con el prestigioso The New York Times en el que tiene una página, en su suplemento cultural, en la que hace todo tipo de experimentos gráficos.

“La primera planta comienza con una introducción de los experimentos gráficos que Max y yo hemos hecho anteriormente –nos cuenta Sergio-. Luego tenemos la exposición de Max, que ya os ha comentado, y que termina subiendo por la escalera hasta la segunda planta, donde su viñeta me pasa el testigo”.

“Soy profesor de dibujo de la Universidad de Granada y pertenezco a un grupo de investigación del dibujo egipcio –añade el autor-. Por eso lo que hago es una intervención que intenta reproducir la estructura narrativa de una tumba del Valle de los Reyes, la de Tutmosis III, que representa el Libro de los muertos. Ellos dividen el espacio rectangular de la cámara en doce partes, a través de las que cuentan las doce horas del sol o las doce de la noche. Una idea que me pareció preciosa porque los dibujos de esa tumba me recuerdan mucho a los de Chris Ware, son muy sintéticos y preciosos”.
“Por eso -continúa- he realizado doce grandes piezas de tres metros por uno y medio; y cada una de ellas corresponde a una especie de hora conceptual, empezando con el amanecer y terminando con el anochecer. Y todo transcurre en la ciudad de Nueva York. La idea es seguir la vida de seis personajes durante en esos doce paneles, desde que amanece hasta que anochece. Y los personajes interactúan entre ellos. Todo sin palabras”.

El estilo de Max y el Sergio es completamente antagónico. “Lo mío es muy recargado, pero se complementan muy bien -asegura-. Me gusta mucho lo que Max hizo para el Prado con el Bosco. Esa manera tan teatral que tiene de narrar colocando una línea sobre la que sitúa a los personajes”.

“Al final de mi sala hay una pantalla en la que se puede ver un making of que resume las más de 500 horas que pasé dibujando, para que se pueda ver el proceso creativo”.

Sergio nos comenta que: “Existe la posibilidad de que esta exposición vaya a otras salas. De hecho, una gente de Portugal se ha mostrado muy interesada en llevarla allí. Y también podríamos moverla en otros sitios de España. Ya veremos”.

Ana Merino: poniendo poesía a las viñetas

La escritora, poeta y teórica del cómic Ana Merino, que ha escrito dos libros infantiles ilustrados por Max (El vikingo soñador y Hagamos caso al tigre), se ha encargado de los textos del catálogo y ha escrito un poemario sobre los trabajos de ambos. “Mi papel es dialogar con ellos y construir una poética de su evocación del cómic. Yo he escrito siete poemas para este proyecto y he redactado la trama de cómo ha sido el proceso creador. Es decir, ese catálogo es una historia de cómo se fue gestando la exposición”.

“Con esta exposición –continúa- queríamos profundizar en la esencia del cómic y reivindicar esa textura creativa, tan potente, que tienen las viñetas, apropiándonos de los espacios y construyendo la narrativa a través de los grandes espacios del museo. Es un proyecto precioso de dos genios con universos creativos y narrativos muy ricos”.]

“El cómic tiene mucho de diálogo, de personajes –añade Ana-. Y aquí somos todos personajes de un proyecto, cada uno con su propia historia. Además, en este juego del cómic, también jugamos con toda la escenografía del arte, de la pintura, pero también de la de la literatura y de la del teatro. Al ser varios creadores es una exposición con muchos niveles. Hay muchas capas”.

Pero… ¿Cómo son los poemas de Ana? “Reconstruyen imágenes y hacen guiños a los procesos y a los personajes que vemos en las paredes –asegura-. Se escuchan en algunas partes del museo, leídos por mi voz. Eso también es un homenaje a los bocadillos de los cómics donde “escuchas” una voz”.

Sin duda una de las exposiciones más originales de la temporada, que podréis ver del 22 de enero al 24 de marzo de 2019 en el Centro José Guerrero de Granada.

martes, 22 de enero de 2019

Sant Cugat tendrá un museo del cómic


Si el barcelonés aficionado a los tebeos toma los Ferrocarrils de la Generalitat, se baja en Sant Cugat y camina hasta la plaza de Pep Ventura, en el número uno se encontrará un bonito edificio de 1850 que pronto se convertirá en el Museo del Cómic y la Ilustración. Ante el desinterés de la administración autonómica, que nos pasó por las narices un edificio en Badalona que actualmente se dedica a todo tipo de asuntos, salvo albergar el prometido Museu del Comic i la Il.lustració, la iniciativa privada se ha tenido que encargar de sustituir a los políticos. Como me dijo Ferran Mascarell, cuando aún me dirigía la palabra, es muy complicado dedicarles a los tebeos un museo nacional. Es decir -se lo traduzco-, que, aunque son innumerables los guionistas y dibujantes catalanes dedicados al comic desde sus inicios, como formaban parte de la cultura española, pues toda su obra, por uno u otro motivo, estaba en castellano, como que no había manera de utilizarlos para hacer país y contribuir a la causa del soberanismo. No es para sorprenderse, ya que la administración autonómica siempre ha mostrado menos interés por la cultura en general que por el idioma en que se manifestaba. Inevitablemente, la propuesta de un museo del cómic remitía al comic español, y eso es anatema para la Generalitat, da igual quién esté al frente.

Por ese motivo, dos coleccionistas de pro, Paco Baena y José Luis Villanueva -quien ha tenido el detalle de aportar el edificio- se han unido para crear un museo privado, aunque abierto a todo tipo de patrocinios. Con las colecciones de los dos se pueden llenar dos museos como el de Sant Cugat, pero habrá que ser selectivo: el espacio tiene 500 metros cuadrados y está dividido en una planta baja y dos pisos.

“La idea”, me comenta Paco Baena, “es dedicar dos espacios a la colección permanente, que incluye material de entre 1850 y 2000, y uno a las exposiciones temporales, para las que estamos abiertos a todo tipo de sugerencias. En mi situación actual, el museo es lo que más ilusión me hace en la vida. Tengo 71 años, llegué a Barcelona desde Granada a los 16, estoy jubilado, tuve dos agencias de publicidad que me vendí a sendas multinacionales, me ha ido bien en la vida y el museo es como el último sueño que cumplir”.

Hace años que conozco a Paco y sé que es un multicoleccionista. Además de tebeos, el hombre atesora carteles de cine, cachivaches varios y memorabilia de todo tipo. Ha publicado algunos libros profusamente ilustrados con el material que ha ido acumulando en su casa que son auténticas joyas, siempre con el mejor papel y la mejor impresión. Pero yo creo que lo que realmente considera la obra definitiva es ese museo que confía tener abierto para el mes de mayo -coincidiendo con la nueva edición del Salón del Comic de Barcelona-, aunque reconoce que la cosa puede retrasarse hasta septiembre, pues la duración de las obras siempre suele alargarse. En cualquier caso, antes de fin de año tendremos, por fin, un Museo del Cómic a menos de media hora en tren de Barcelona, mientras la administración invierte el dinero en el Museu de la Ratafia Catalana o el Museu dels Castells (el segundo sé positivamente que existe, el primero me lo he inventado, pero, ¿a que suena verosímil?).

Paco no quiere ser el director del Museo y anda barajando nombres mientras avanzan las obras. Suenan, de momento, los de dos genuinos creyentes de los tebeos, Toni Guiral -autor de un excelente libro sobre la Editorial Bruguera, editado por José Luis Martín, y de muchas cosas más- y Joan Navarro -fundador del Salón del Comic barcelonés y editor de largo recorrido con el que sacamos la revista 'Cairo' a principios de los ochenta-, siendo ambos dos grandes archiveros del tebeo español. Habrá también una especie de consejo asesor (del que formo parte, lo confieso), y algunos coleccionistas de originales, como Vicent Sanchis, han prometido su apoyo a la causa. Eso sí, esperar que esta iniciativa privada le saque los colores a la administración es una pérdida de tiempo.

lunes, 21 de enero de 2019

El último cómic de Kiss ante su última gira de despedida



El año pasado Kiss anunciaron que su próxima gira, End the road, sería la última. Como recogió la web de Mariskal, Gene Simmons explicó que las botas que se pone para saltar al escenario pesan cinco kilos cada una. "Es como trabajar con bolas de bolos pegadas, luego, además de eso, añádele otros trece kilos de la armadura y del resto del disfraz. Así que si pusieras a Mick Jagger o a Bono, que son geniales, con mi ropa, ellos, como niñas pequeñas, se caerían. No pueden hacer esto. Yo tengo que escupir fuego y volar en el aire y todo eso, es físicamente agotador, así que la idea es irnos con algo de dignidad".

Tanta dignidad como que no descartan que el grupo siga haciendo giras, pero sin ellos, con actores. Hasta se ha hablado de que los intérpretes podrían llegar a salir de un reality show. Podría parecer una operación comercial execrable, pero es que Kiss desde sus inicios han sido un grupo que ha amortizado su fama y comercializado su marca como probablemente nadie lo haya hecho. Solo cabe preguntarse qué es anterior, si la Kiss-manía o el Kiss-marketing.

No obstante, tras haber vendido llaveros, muñequitos, camisetas, fiambreras, un modelo del coche mini, pinballs, vino... todo lo inimaginable, hasta un ataúd (se dijo que Vinnie Paul, el batería de Pantera fallecido el año pasado, descansa en uno) si con algo conserva Kiss una relación especial es con los cómics. En ellos se inspiraron para crear sus personajes y su concepto como grupo y, con la fama, publicaron y siguen sacando cómics a punta pala.

Tal fue su compromiso con el cómic que el primero que apareció sobre ellos se dijo que publicitó como impreso con la sangre del grupo. Hasta se fotografió la extracción de sangre y cómo en la imprenta se mezcló con la tinta roja con la que se colorearon las páginas. Marketing total.

La calidad de estas viñetas ya es una cuestión aparte. La última serie que ha aparecido, KISS: Blood and stardust en Dynamite es, digamos, poco ambiciosa a la par que extravagante. El argumento es el típico de vampiros un tanto chorra. Hay un cantante de éxito, una especie de clon de Bowie, que arrasa en Los Ángeles. No es una estrella del rock normal, es un vampiro. Un tipo que hizo un pacto con el diablo para triunfar y ahora ha traicionado a su socio, el demonio.

Satán no aparece en su forma clásica, es una mujer. Se trata de Eva, nada menos, la primera habitante de este mundo, del paraíso. Cuenta que tuvo la consabida movida con Adán, fue expulsada del lugar y recogida en su descenso a los infiernos por el Ángel caído desde entonces ejerce como criatura demoníaca.

Ahora, para recuperar el control sobre la estrella de rock, que por cierto se come a las groupies, las devora en sentido caníbal, recurre a Kiss como si fuesen el Equipo A. Para ello, como se ve en el primer número, tiene que matarlos primero estampando su autobús de gira. Descienden a los infiernos como es debido, allí reciben instrucciones y poderes y llegan al acuerdo de que solo recuperarán la condición humana cuando desfagan el entuerto.

En comparación, el cómic de 1977 es Balzac. En estas páginas escritas con sangre supuestamente y dibujadas por John Buscema se cuenta cómo unos chavales que juegan en las recreativas se convierten en Kiss, unos superhéroes. No hay nada que desentone, puesto que las pintas del grupo encajan en ese universo como un guante. La historia es arquetípica. Aparece un tipo extraño vestido también como un enajenado con una caja, las gentes de los barrios bajos comienzan a lincharle para arrebatársela y este se la da a Gene y Paul que pasaban por ahí. Los criminales les persiguen entonces a ellos, se juntan con Ace y Peter, que están dándole al petaco, se esconden todos, abren la caja en la que hay unos extraños objetos que generan una humareda para convertirles en los personajes carismáticos que aún hoy encandilan a señores de cincuenta años con hijos.

En el segundo capítulo de esta serie, como en el último cómic del año pasado, volvía a aparecer el paraíso. Allí iban a parar tras derrotar al Doctor Doom, donde les esperaban placeres ilimitados. Un truco tras el que se oculta Mephisto. Nada más reseñable hasta la segunda entrega, un año después, donde vuelve a aparecer el hombre del espacio que les dio los poderes otra vez vestido con una camiseta amarilla, un slip de chinchilla y calcetines blancos hasta la rodilla. Él les encomienda una nueva misión que pasa por el festival de Woodstock donde lo gracioso es que les drogan contra su voluntad. Nada que tenga excesivo interés salvo para fans de este tipo de cómics. Lo que parecen y eran estos volúmenes eran una forma más de promocionar el merchandising de Kiss con reportajes sobre sus proyectos paralelos y formularios para comprar discos, ropa del grupo, colgantes, abalorios varios y anunciar sus giras.

De los recientes, en los que sacó Dark Horse es curioso el número 3 de 2002, donde Peter Criss está enchufado a una máquina como Lobezno en Arma X. Quizá una de las historietas más destacables fueron las que se hicieron en IDW inspiradas en la carpeta de su segundo elepé, Dressed to kill, que es el que iba en la portada del tebeo. Dibujada por Jamal Igle y escrita por Chris Ryall, estaba ambientada en el Chicago de los años 20.

No obstante, lo cierto es que las series más atractivas y con mejor dibujo son las de 2017 Pyscho Circus en Image. En el número 16 un chaval vagabundo entra en el circo de Kiss donde se encuentra atracciones con mensaje. Hay una especie de oficina para informáticos donde dice expresamente que entrar ahí garantiza una vida previsible. Se llama "Sueños postergados". O una familia perfecta en cautividad, que está dentro de una jaula viendo la tele para que uno la mire como en el zoo. Es la síntesis pura de lo que son Kiss al rock and roll. Una atracción de feria que te saca el dinero vendiéndote la ilusión de que molas y tu vida no es gris como la de la masa.

sábado, 19 de enero de 2019

Cuando Tintin vino a Valencia a descubrir las milagrosas naranjas azules


Tintin cumple 90 años, como se va diciendo machaconamente estos días en diferentes medios de comunicación. El mítico personaje de cómic belga creado por el excéntrico Hergé se ha convertido en la estrella más pop del mundo de los álbumes ilustrados y el tiempo ha sabido pasar bien para sus historias y su merchandising asociado, lo que se ha traducido en ser una de las constantes en el coleccionismo mundial. Cualquier cosa que sea de Tintin vale, sea lo que sea. Dentro de ese sea menos conocido o menos relevante de su amplio y ecléctico catálogo, se encuentra un historia marciana que cuajó en un país que en esa época parece ser que estaba pendiente de enseñar (culturalmente hablando): era España, era 1964, y aunque no fuera su mejor historia, incluso aunque fuera de las peores, Tintin y las naranjas azules era la que hablaba de Valencia. La historia es épica porque mezcla un rodaje internacional en la Comunitat y todo su artefacto, pero también por el propio contexto del film que desterró la historia desarrollada en el territorio al olvido, cuando ya parece que salía mal poner València en el mapa.

En aquella época, y aunque el tiempo le haya tratado suficientemente bien como para que ocupe el trono del cómic a recordar de entonces, la saga de Tintin en la década de las 60 no era la más popular de entonces y el personaje tenía incluso una connotación pija. Sin embargo, en el resto de Europa ya vivía un auténtico boom y sus mejores historias ilustradas se desarrollaron en la mitad del siglo XX. Hergé desarrolló, dentro de una curiosa biografía que tuvo lo mismo de éxito que de tormento (como si de una estrella del rock se tratara), a un personaje con una personalidad muy atractiva y con unos compañeros que engrandecían la historia (desde Milú hasta Catasfiore, a la que se le recuerda más de lo que realmente salió en los álbumes ilustrados). El paso lógico fue salir del papel y saltar a la gran pantalla, con una industria cinematógrafica ya bien engrasada en el continente europeo, pero falta de talento en su lado comercial. Hergé tuvo sus más y su menos con la productora francesa que desarrolló aquel proyecto, empezando por el deseo de este de que la traducción del universo Tintin al cine fuera la adaptación de una de sus historias más que delegar en alguien ajeno a la gestión de los personajes. La productora no cedió y al final el belga solo pudo arrancar la promesa de que él podría hacer sugerencias vinculantes en el guion, medida que utilizó sin pudor todo lo que le dejaron.

Así nació en 1961 Tintin y el toisón de oro, una película dirigida por Jean-Jacques Vierne y protagonizada por un Jean-Pierre Talbot de 18 años que había sido descubierto por una directora de casting en una playa. La película llevó al periodista a viajar por Turquía y embarcarse en una aventura inédita que no se produjo con tanto esfuerzo como pareció cuando se inició la idea de adaptar el cómic. Sin embargo, el film es todo un éxito de taquilla en Francia y en otros países de Europa y se decide hacer una segunda parte. Y de ese deseo nació en 1964 (hace ahora 55 años) Tintin y las naranjas azules o Tintin y el misterio de las naranjas azules. La historia contaba el secuestro del profesor Tornasol y otro reputado científico, mientras el segundo le enseñaba la plantación que sería definitiva para la erradicación de la pobreza. Este secuestro se enmarcó, como no podía ser de otra manera, en Valencia, así que la productora decidió aliarse con una española (al 80-20%) y rodar gran parte de la película en Gandía, Xàtiva, los Silos de Burjassot y Beniopa. Tintin conquistaba Valencia cuando menos se le esperaba y el rodaje dejó mil historias que han quedado en el imaginario de las poblaciones, que guardan con cariño para recordar quién era quién en un pueblo que se ha transformado pero fue de cine durante unas semanas. Todos querían salir de extras, todos querían ver cómo se rodaba, todos querían que el protagonista pasara por el rótulo de su establecimiento o al menos que los franceses hicieran gasto y pudieran hacer el agosto.

La película acabó siendo una historia que no tuvo la oportunidad de contar dónde se desarrollaba, y el tópico fue la muleta del realizador Philippe Condoyer a lo largo de todo el film. Los 105 minutos de film lo tenían todo: flamenco, alcohol, toros, una vaquilla persiguiendo a Hernández y Fernández y unas naranjas azules que brillaron más por su excentricidad que por su interés.

La película fue un auténtico fracaso en una Francia que ya entonces podía presumir de cinefilia. En España funcionó mejor, aunque tampoco fue un bombazo, y de esa manera, se planteó hacer una tercera parte de la saga y no cuajó.

Por atrás se dejaron un Jean-Pierre Talbot que no volvería a hacer nada en el cine, acabando como director de un colegio francés y que se quedaría solo con el recuerdo imborrable de ser el gran personaje de los cómics y con el honor concedido por Hergé de ser la única persona que puede firmar como Tintin (que no es poco). También se quedó atrás toda la pirotecnia que despertó el proyecto y que sigue viviendo aquí en la Comunitat: a la película le salió un álbum ilustrado con un texto que resumía la película y que estaba ilustrado por los mismos fotogramas del film; y la película, difícil de encontrar en formato de DVD más allá de las videotecas públicas y las colecciones privadas, fue emitida el primer día de Canal 9 y se dobló incluso al valenciano. Porque por encima de toda circunstancia, y aunque no fuera el mejor Tintin, al menos era el que pasó por la terreta, y eso ya es suficiente.

viernes, 18 de enero de 2019

Nace el primer espacio de cómic en España que apoya una cátedra universitaria


El profesor de la Universitat de València Álvaro Pons Moreno será el director de la nueva Aula de Còmic de la Universitat de València, la primera de España que nace con el apoyo de una cátedra institucional y el segundo espacio que una universidad española dedica al cómic, después del de Alicante.

El Aula de Còmic nace como espacio para la reflexión y divulgación del denominado "noveno arte" a través de actividades variadas que contemplan desde charlas con autores y mesas redondas, a la celebración de jornadas y talleres sobre historieta, que se realizarán en los espacios culturales de la Universitat de València.

Según informa este viernes la UV, el Aula actuará junto a la recién creada Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de València, que apoyará y coordinará sus actividades, con el objetivo de dar a conocer las posibilidades del cómic como lenguaje y medio de comunicación, desde educativas a sociales.

También indagará en nuevas opciones creativas, "mostrando la diversidad y riqueza que el cómic actual está aportando a través de la labor de autores y autoras y reivindicar su papel fundamental en la cultura y el arte contemporáneo, tanto desde la creatividad más rompedora como desde la vertebración de la cultura popular transmedia", añaden desde la UV.

Álvaro Pons Moreno es doctor en Física por la UV y ha compaginado su dedicación docente y científica desde el departamento de Óptica y Optometría de esta institución académica, donde es profesor titular, con una activa dedicación a la divulgación e investigación de la historieta, con una amplia trayectoria de más de treinta años.

Ha creado el reconocido blog "La Cárcel de Papel" y es colaborador de medios como Cartelera Turia, el diario El País y el suplemento Babelia o el diario Levante-EMV. Su labor de divulgación ha recibido diferentes premios, como el del Salón del Cómic de Barcelona.

Ha escrito varios libros sobre historieta, como "Viñetas a la luna de Valencia, una historia del tebeo valenciano desde 1965 hasta 2007", y ha sido también comisario de exposiciones en la Biblioteca Valenciana, Salón del Cómic de Barcelona, Festival de Angoulême, Museu de Prehistòria de València y en el IVAM de Valencia, del que forma parte también de su Consejo Asesor desde 2018.

jueves, 17 de enero de 2019

Guantánamo KID.La historia verdadera de Mohammed El-Gorani


Con el atentado del 11S, el derribo de las torres gemelas, el terror solo hizo que empezar. Por entonces la base militar de Guantánamo (situado al sudeste de Cuba) comenzó a retener y arrestar a todo tipo de presuntos culpables, el tiempo ha dado a conocer que muchos eran inocentes como el caso de Mohammed El-Gorani que fue encarcelado en este campo para prisioneros cuando solo tenía 14 años.

Guantánamo Kid. La historia verdadera de Mohammed El-Gorani es obra del periodista especializado en conflictos bélicos Jérôme Tubiana y del dibujante Alexandre Franc (Agatha. La Vida De Agatha Christie).

Publicado en 2018, en el cómic seguimos la vida del joven saudí que en 2001, con solo 14 años, decide marchar de casa para estudiar inglés en Pakistán pero que debido a su edad falsifica su pasaporte para poder viajar. Un día, a la salida de una gran mezquita, es cogido por militares y acusado de pertenecer a Al Qaeda, el calvario del joven Mohammed acababa de comenzar.

La historia relata su estancia en una de las cárceles más violentas que existen, mostrándonos como eran torturados, engañados y tratados en general, de su relación con los diferentes policías, con los interrogadores, el FBI… pero no solo eso, Guantánamo Kid también habla desde su salida con 21 años en 2009 hasta la actualidad, ya que fue usado como moneda de cambio y las injusticias siguen siendo controlado sin tener libertad de movimiento, entre otros.

Es un cómic crudo pero también entretenido y con puntos divertidos, el carácter del joven saudí marca la socarronería que podemos ver en las propias páginas, algo que además se ve enfatizado con el dibujo y la narrativa de Alexandre Franc, de trazos finos y un estilo caricaturesco que para nada refleja de entrada la dureza de la historia. El periodista Jérôme mantuvo largas entrevistas con Mohammed por tal de no dejar nada a la ficción, así que podríamos hablar del relato biográfico más fiel y visual de la experiencia de vivir en Guantánamo durante siete años y su vida posterior como expresidiario de esta.

Sería fantástico pensar que el maltrato contra la humanidad en Guantánamo es cosa del pasado pero todavía sigue activa y en las mismas condiciones. Por eso la lectura de Guantánamo Kid. La historia verdadera de Mohammed El-Gorani ayuda a comprender y conocer mejor lo que las noticias no cuentan, ni muestran.

miércoles, 16 de enero de 2019

Adiós a Isaac del Rivero, pionero del cómic y fundador del Festival de Gijón


Isaac del Rivero, pionero del cómic contemporáneo en Asturias y fundador y primer director del Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud -origen del actual Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX)-, ha fallecido esta madrugada en Gijón a los 87 años de edad como consecuencia de las complicaciones del proceso de Alzheimer que sufría desde hace años. Nacido en Colunga en 1931, su vida estuvo marcada por la pasión por la imagen, tanto la cinematográfica que constituyo su primera vocación, como la historieta, a la que aportó varias publicaciones de referencia en Asturias y obras de la envergadura de sus adaptaciones de La Regenta o la biografía Jovellanos, la aventura de la razón, en colaboración con guionistas como Paco Abril o su sucesor en el Festival de Cine, Juan José Plans. Rivero había recibido en 2012 la Medalla de Plata del Ayuntamiento de Gijón, con ocasión del medio siglo del certamen que fundó y que se convirtió en la más perdurable de las muchas iniciativas de promoción de la cultura que emprendió entre las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo. El Tanatorio de Gijón, donde reposan sus restos, acogerá mañana, miércoles, a las 17,00 horas la ceremonia de despedida. Después de varios trabajos sin relación con su vocación artística, inició la publicación de sus tiras en el diario La Nueva España en 1953, año en el que también presentó su primera obra, Niños. Simultaneando las colaboraciones en prensa con su trabajo como publicista gráfico abrió un nuevo frente de actividad en 1960 con la creación de la revista Kikelin, a la que seguirían Películas y cómics del Far West Espolique, La Rana Verde, Tapón o El Gomeru. Tres años después, convenció al Ayuntamiento de Gijón para poner en marcha el Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, un festival singular que dirigiría hasta 1981 y que sirvió de puerta de entrada a la obra de cinematografías poco habituales en las salas españolas y desarrolló una impagable labor de difusión del cine entre los escolares asturianos. En la misma línea organizó ya en la década de los 70 las seis ediciones de la Muestra Internacional de Publicaciones Infantiles y Juveniles, el Salón Internacional de VideoCine de Oviedo (1983), el Certamen Europeo de Cine Rural y de la Pesca de Candás (1990) y la Semana del Cómic al Cine de Dibujos Animados (1991). Pero ante todo, Del Rivero era un excelente autor de historietas, un lenguaje que contribuyó a acercar a su vertiente más artística y adulta a través del acercamiento a la literatura -en cuanto a las historias- y mediante un estilo de exquisita ejecución técnica. Se inspiró en los grandes clásicos norteamericanos de línea realista, con un dibujo atento a los detalles, pero incorporando también un acabado de cuidada factura que convertía cada página en una pieza artística por sí misma. Su independencia a prueba de bomba y un carácter batallador y capaz de encarar todas las adversidades le permitió emprender aventuras tan ambiciosas como sus versiones de La Regenta o la vida de Jovellanos. Su legado se perpetúa en uno de sus hijos, el también dibujante Isaac Miguel del Rivero. Su labor como divulgador del cine entre la infancia mereció premios como el Aro de Plata de Valencia o la Venus de Barcelona, mientras que su actividad creativa le proporcionó reconocimientos como el Diploma de Honor de la National Cartoonists Society de los Estados Unidos y el premio Alfonso Iglesias, por la versión en cómic de Doña Berta de 'Clarín', de quien también adaptó Adiós, Cordera. Su obra fue revisada en la exposición Laberinto de Viñetas en 2015.