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martes, 20 de noviembre de 2018

La Junta edita 5.000 ejemplares de la guía didáctica sobre el cómic elaborada por Agustín Rodríguez


La Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha editado 5.000 ejemplares de la guía didáctica para el profesorado ‘Iniciarse en el cómic. 30 comics imprescindibles para iniciarse en el noveno arte’, un material elaborado por el bibliotecario Agustín Rodríguez Herrera, quien trabaja en la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real e impulsó la creación y desarrollo de la Comicteca en este espacio cultural. Esta guía será distribuida a los centros educativos y se completará con la posibilidad de que aquellos centros interesados soliciten la presencia en el centro de la  exposición de carteles sobre ‘Historia del cómic’.

El consejero, Ángel Felpeto, presentó esta guía e inauguró la primera de las exposiciones de carteles que puede verse en la Escuela de Arte ‘José María Cruz Novillo’ de Cuenca, el único centro en Castilla-La Mancha donde se imparte el ciclo formativo de Grado Superior de Cómic, que según apreció el consejero “es un material de enormes posibilidades para la enseñanza y el aprendizaje.

Felpeto lamentó que, a pesar de que en el Marco Europeo de referencia para las lenguas (MCER), e incluso en el Plan Curricular del Instituto Cervantes para la enseñanza del español, se hace referencia al cómic y a su uso en la enseñanza y en el aprendizaje, entre otras asignaturas, en la de lengua española, sus manuales apenas cuentan con la presencia del cómic como recurso didáctico, hay escasez de estudios o propuestas de actividades con este material.

Herramienta pedagógica

De ahí que, según destacó, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes “no ha querido dejar pasar la propuesta realizada por Agustín y su equipo de colaboradores para mostrar la idoneidad de dicho material como herramienta pedagógica para las clases, aprovechando el potencial didáctico que acredita: fundamental como vehículo de comunicación, esencial como producto cultural y como reflejo del habla viva, lo que resulta fácil de comprender para el alumnado,  gracias a la interacción entre la lengua y la imagen”.

El consejero reconoció públicamente el trabajo realizado por Agustín Rodríguez, que tiene la mejor ‘comicteca’ de España y que “se ha preocupado de crearla y de formar a otros compañeros bibliotecarios haciendo de su pasión su profesión y se ha comprometido a la Comunidad Educativa para seguir formando lectores y docentes que conociendo el cómic, aprendan a usarlo y, algo fundamental, a amarlo, para trabajarlo con pasión. A su imagen y semejanza”.

Junto a la guía didáctica, la exposición creada cuenta con 12 carteles de gran formato con la historia del cómic complementados con unos noventa carteles de formato pequeño con los ejemplos más importantes de cómics a lo largo de la historia. La Consejería ha editado 100 juegos de esta exposición que permitirá su exhibición este curso en todos los centros educativos de la región que así lo soliciten.

El responsable de Educación aprovechó su presencia en la Escuela de Arte para entregar a los estudiantes ejemplares de la edición de la Constitución realizada por el Gobierno de Castilla-La Mancha con motivo del 40 aniversario de la Carta Magna y en cuyas ilustraciones han participado los alumnos y alumnas de este centro educativo, a quienes agradeció su colaboración.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Nazario, padre del cómic underground español: "La religión y el rey siempre fueron intocables"


A Nazario Luque (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944) muchos le consideran el padre, o al menos uno de los padres, del cómic underground en España. Retrató con una visión radicalmente propia y un estilo deudor del underground norteamericano una Barcelona efervescente. Él es el creador, por ejemplo, de Anarcoma, una detective transexual en quien se cruzan, en un solo cuerpo, Lauren Bacall y Humprey Bogart. También de otras obras que le valieron censura y persecución, como La Piraña Divina o San Reprimonio. Después siguió su camino como destacado pintor, escritor y fotógrafo.

Del desenfreno en Barcelona dio cuenta en La vida cotidiana del dibujante underground, primera parte de sus memorias (Anagrama, 2016). Ahora presenta  Sevilla y la Casita de las Pirañas  (Anagrama, 2018), donde repasa su formación sexual y cultural en una Sevilla más permeable que nunca a las influencias externas, sus aventuras en el Torremolinos más desprejuiciado que se recuerda y algún encuentro sexual con todo un Papa. Presentó el libro en  La Térmica de Málaga.

 ¿Qué cuenta en esta segunda parte de las memorias?

Esta segunda parte, después de la infancia, abarca desde que termino de estudiar Magisterio, hago oposiciones y me pongo a dar clases en Morón de la Frontera. Allí me encontré con una colonia gitana de flamencos artistas. Todo giraba alrededor de Diego del Gastor, una especie de ídolo y referencia para esa gente, y hoy para mí también. Viví la eclosión de ese flamenco, los últimos dinosaurios, como Fernanda y Bernarda, Juan Talega, Manolito Marías, Borrico de Jerez… Estaban ya en la cumbre o en la decadencia. Describo este mundo, no ya sólo los flamencos, sino el que gira alrededor en Morón. Hay muchos americanos hippies que vienen a aprender a tocar la guitarra, y como maestros nos vemos entre unos y otros y empezamos a estudiar la guitarra flamenca. Estuve estudiando guitarra flamenca durante ocho años, hasta que empecé a dibujar cómics.

¿Cuál era la influencia de la base americana de Morón?


La mayoría vivían en la base o tenían residencia en una barriada de Sevilla. Los americanos de los que yo hablo no tenían nada que ver con los de la base. Sí tuvieron alguna relación con gente como Joaquín Salvador, facilitando discos de música moderna que se hacía en Estados Unidos, y gracias a él el público sevillano llegó a adquirir una cultura musical muy por encima del resto del país. Un poco parecido pasaba en Barcelona, pero por el trasiego de hippies de Ibiza y Formentera que pasaban por Barcelona.

Yo iba buscando los cómics de la época, lo único que se editaba, y gracias a algún americano de la base, que dejó cómics de Mad en un kiosco de Sevilla, encontré aquello que aquel kiosquero había conseguido. A pesar de que estaba en inglés y yo no sabía, la estética de esos cómics me influenció bastante, e hizo que me dedicara más a fondo. Cuando después descubro a los underground americanos, me entero de que ellos habían recibido también influencia de Mad, y es curioso que yo, sin tener ni idea de quiénes eran Crumb, Sheldon y estos, también recibiera por caminos diversos influencia de los dibujantes de esa revista.

¿En qué circunstancias conoció al Papa del Palmar de Troya?

Este hombre, Clemente, circulaba por los ambientes gay de Sevilla como los váteres públicos. Yo vivía cerca de los Jardines de Murillo, y una noche me encuentro un tío con los pantalones bajados. Yo iba caliente y follé con él. Resultó ser Clemente, que tenía visiones. Mi amigo pintor mantenía relaciones con Manuel Alonso Corral, que luego sería el segundo de Clemente. Manuel Alonso Corral sería el instigador. Era un homosexual que tenía arranques de ascetismo y se metía a monje cartujo, pero a los cuatro meses volvía a Sevilla a follar con este. Mi amigo y yo nos reíamos, porque consideramos que estábamos santificados [ríe].

¿Cómo se vivía la homosexualidad en ese ambiente?


En este libro está mi salida del armario. Yo era homosexual, pero tenía mis amigos heterosexuales, para los que yo era heterosexual. Un día ligué con un pintor en Sevilla, y este hombre me introduce en esta estética de homosexual progre, vamos muchos a la Filmoteca.... Estudiaba Filosofía y Letras y empiezo a destaparme como homosexual, y llego un día a pasar la Nochevieja en Málaga, y en Torremolinos despierto al mundo libre de homosexuales que se reúnen en bares, se acarician en público y tienen un comportamiento normal. Yo esto no lo había visto nunca.

Habla de Torremolinos en los años 70. Aquello ha quedado como un  símbolo de apertura que acabó porque a un Gobernador civil le pareció que había llegado demasiado lejos y ordenó una aparatosa redada en 1972.


Esto pasó también en Sitges. Es curioso porque había redadas, pero ya en aquella época Ocaña y yo nos paseábamos por las Ramblas disfrazados de mujer y no pasaba nada. Una especie de doble rasero: por una parte metían en la cárcel a homosexuales, y en Torremolinos o nosotros en Barcelona nos manifestábamos libremente, hasta que hubo esa especie de represión. Con poca vista, porque era turismo que venía.

El régimen decía que una cosa era tolerar que lo hicieran extranjeros, que traían divisas, y otra que eso ocurriera entre nacionales…

Siempre se hablaba de la corrupción de la población local. Que ellos fueran pervertidos, vale, pero que pervirtieran a los nacionales, no. Yo tuve un novio noruego, durante cinco años, que conocí en Granada. Íbamos de Granada a Almería y en el tren estábamos enardecidos de amor, nos rozábamos, empalmados, y nos salimos al pasillo. Eran de estos trenes como del Oeste. Estábamos mirando la ventanilla, rozándonos, vino un túnel y nos besamos, y de pronto alguien encendió un mechero y empezaron a gritar, que si maricones, que si vienen a corromper… Yo tendría 20 años y el noruego 23 o 24. Con quien más se metían era con él, porque me estaba corrompiendo a mí.

¿Cuál era la actitud ante la homosexualidad en Sevilla?

Era una ciudad de provincias, como otra cualquiera. El retrato de mi vida privada es también el de todos los homosexuales de la ciudad. Nosotros nos relacionábamos en el cine: ibas al cine, ligabas, te sentabas al lado y mantenías relaciones sexuales en el cine, no en la cama. Cuando conozco a este pintor, hay círculos en estudios de artistas, casitas de pirañas como las llamo, donde nos reuníamos y hablábamos de nuestros ligues, nuestros gustos… Era todo clandestino, en círculos reservados y con mucho miedo a que se enteraran los demás. Teníamos un argot para hablar en público, de forma que los que estaban al lado no se enteraban de qué hablábamos.

¿Cuándo percibe que esa actitud está cambiando en la sociedad?

Yo salí del armario cuando conozco al noruego. Los dos amigos con los que también iba no sabían nada. No lo asimilaron de golpe. Otro amigo mío, al que dedico varios capítulos, pensaba que era una actitud intelectual, que estaba probando qué tal era esto de mantener relaciones con un hombre. Para él un homosexual era un afeminado, no una persona que mantiene relaciones con hombres como un heterosexual las mantiene con mujeres. Poco a poco se fue dando cuenta de que yo era igual, pero para irme a la cama prefería hacerlo con un tío.

Cuando me voy a Barcelona, ya es otro mundo. Había más libertad, había bares de homosexuales… Allí cambia todo: la vida es más liberal. Se muere Franco y todo cambia, de forma que la Transición es tan de un día para otro que yo en 1975 publico clandestinamente La piraña divina, por el que nos persigue la Policía, y en el 78 estas mismas historias las publico en un álbum que se vende en los kioscos y no pasa nada. En tres años ha habido una especie de evolución en las revistas, prensa, cómics y en la censura, de forma que lo que has sacado clandestinamente puedes sacarlo públicamente tres años más tarde.

¿Cree que si lo publicara hoy, podría hacerlo en los kioscos y la reacción sería parecida?

Mmmmm [duda]. Bueno, cuando se publica El Víbora se publica libremente y se vende en todos los kioscos. Anarcoma integral la publiqué el año pasado y ahí está el libro, se publicó también en Francia. Pero curiosamente la primera parte había sido traducida al inglés, al francés, al alemán, al italiano, y ahora cuando publican el integral, en alemán y en inglés dicen que no está el horno para bollos, que es un producto delicado. Es una historia que normaliza la conducta de los homosexuales y los transexuales. Pero parece que la ola de puritanismo ha llegado a un extremo que cada vez es más difícil hacer lo que se hacía antes.

Da la impresión de que se esté consolidando un inexistente derecho a ofenderse…

A mí me han cerrado la página de Facebook seis veces. Yo me autocensuro para meter mis fotografías e historias. Hay muchas historias que no puedo poner en mi página de Facebook, historias de Anarcoma o de sexo explícito. Hay una censura terrible en redes sociales. Mientras que la violencia está permitida en todos los medios, el sexo tiene que ser en un sitio específico en el que pongas: "Esta página puede herir tu sensibilidad. ¿Estás de acuerdo en que te hieran la sensibilidad?". Sí, y entonces te ponen lo que sea. Pero de normal ninguna red social te permite una libertad como te la permite una publicación en un libro o cómic.

 Hace unos años, en Málaga, la agrupación de cofradías criticó un  montaje de El Jueves porque la revista había utilizado un montaje con el Cristo de la Crucifixión. La portada se viralizó y las cofradías se ofendieron.

La religión ya es otra historia. La religión y el rey siempre fueron intocables. Tú podías poner todas las pollas que quisieras, pero si te tocaban la Virgen del Pilar ya era otro cantar. Ha habido una permisividad con el sexo, pero sin meterte con la religión o con la Casa Real. Hoy no hay permisividad con el sexo, y sigue sin haberla si te metes con la religión o con la Casa Real.

La cuestión es que las redes sociales han generalizado el acceso a contenidos que antes se limitaban a quienes estaban interesados en ellos.


Yo este problema no lo tengo si me creo un blog. Tengo dos blogs, nazariocanalla, donde están todas mis historias, y nazarioluque, y son tu web y puedes poner lo que quieras porque es privada. Pero cuando es una red a la que puede tener acceso cualquiera, hay gente con cuatro ojos a la mínima que saques. Una de las veces que me censuraron fue por la cabeza de una polla, pero sólo se veía la cabeza de la uretra, virada, desenfocada… Lo llamaba volcán de amor y pasó desapercibida. Insistí y puse la fotografía un poco más abajo, y se veía más claramente. Lo prohibieron y me prohibieron también el anterior porque se dieron cuenta. Cuando pude reabrir la página hice un comentario de que había visto un glande en la Wikipedia, bastante aparatoso y aparente, y dije que por qué me lo prohibían, si cuando lo buscas te viene una foto… A los tres días lo comenté con un amigo y habían cambiado la foto.

jueves, 15 de noviembre de 2018

‘Mallorca tiene nombre de mujer’ ya tiene su cómic


La Dirección Insular de Igualdad ha lanzado la campaña ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ para “visibilizar a las mujeres” y “recuperar del olvido a aquellas que han dejado un hito de una manera u otra en la Isla”. La protagonista de la campaña de este año es Dorothea Bate, paleontóloga galesa que descubre el ‘Myotragus balearicus’, y esta ya cuenta con un cómic propio creado por la ilustradora Elisa Martínez, el cual se ha presentado este miércoles en el Centro Cap Vermell en Cala Rajada.

Desde hace tres años, ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ es una campaña que ha recuperado nombres como Catalina Homar, Clara Hammerl, Margarita Jofre, Dorothea Bate o colectivos como las zapateras de Inca, además de potenciar el debate sobre la presencia o la situación de las mujeres en la educación, la ciencia, el emprendimiento económico o en materia de atención social.


“Es cuestión de justicia”

La ilustradora ha presentado este miércoles el cómic junto con el vicepresidente segundo y conseller de Participación Ciudadana y Presidencia, Jesús Jurado, la directora insular de Igualdad, Nina Parrón, y el alcalde de Capdepera, Rafel Fernández.

“Durante estos tres años, hemos podido recuperar seis mujeres y colectivos olvidados por nuestra sociedad y esperamos poder visibilizar muchas más porque forman parte de nuestra historia y es hora de que tengan su lugar”, ha declarado Jurado.

En la misma línea, Parrón ha señalado que “invisibilizar a las mujeres, sus gestos, es violencia simbólica y ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ las recupera de la oscuridad, es cuestión de justicia”.

martes, 13 de noviembre de 2018

RTVE:Tomeu Pinya: "Llevar 'La Catedral del Mar' al cómic ha sido un desafío increíble"


La Catedral del Mar (Grijalbo, 2006), de Ildefonso Falcones narra la vida de la Barcelona del siglo XIV teniendo como punto central la construcción de la iglesia de Santa María del Mar. Un enorme éxito internacional que ha vendido más de 6 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido adaptado a una serie de televisión. Ahora nos llega la versión al cómic, La Catedral del Mar (Random Cómics), realizada por la guionista Pilar Alonso y uno de los mejores dibujantes españoles actuales: Tomeu Pinya (Palma de Mallorca, 1982), con el que hemos hablado.

“Adaptar la historia al cómic era un desafío increíble –confiesa Tomeu-, no solamente por la responsabilidad de adaptar una novela de tanto éxito, sino por la dimensión del trabajo: ¡170 páginas en menos de un año! Nunca había hecho un proyecto tan largo, y siempre es complicado mantener el ritmo y el nivel a lo largo de todas esas páginas”.

En el prólogo del cómic, el propio Ildefonso Falcones se muestra encantado con esta versión. “La mayor parte de la adaptación –asegura Tomeu- ha corrido a cargo de Pilar Alonso, la guionista. Siempre hay que hacer sacrificios a la hora de pasar de un medio tan descriptivo como la novela a uno tan visual como el cómic, y creo que en general el guion ha mantenido muy bien la sensación general de la obra, a pesar de perder por el camino algunos personajes y escenas”.
Una fantástica reconstrucción de época

Basado en hechos históricos el libro (y el cómic) tiene como telón de fondo la construcción de la Iglesia de Santa María del Mar, en la Barcelona del Siglo XIV, y su impacto en los habitantes de la ciudad. La historia se centra en Arnau Estanyol, que llega a Barcelona en busca de una nueva vida como hombre libre, para lo que tendrá que enfrentarse a una de las familias más adineradas de la ciudad.

“Desafortunadamente no hemos podido coincidir en persona con Ildefonso Falcones –confiesa Tomeu-, pero ha estado muy atento al desarrollo y nos ha comentado muchos detalles que quería incluir. Ha sido muy exigente con su visión del proyecto y esto nos ha obligado a darlo todo para estar a la altura”.

Como la novela, el cómic se centra en la vida de la gente normal de la época, los siervos. “Desde el punto de vista gráfico –asegura Tomeu-, para mí ha sido muy interesante intentar describir el mundo cotidiano, fuera de los grandes hitos históricos: qué había en las casas, cómo eran las herramientas, las calles… La documentación fiable ha sido difícil de encontrar, pero el proceso ha sido muy gratificante”.


“La iglesia tenía un poder enorme”

Como ya sabéis, en esa época la Iglesia y su Inquisición, eran la ley. “La iglesia tenía un poder enorme, para lo bueno y para lo malo –asegura Tomeu-. Era un gran aglutinador social, como demuestra el trabajo incansable de los bastaixos, pero también un estamento que luchaba por su cuota de poder y dinero, como demuestra el corrupto inquisidor Eimeric”.

“En cuanto a la relación entre siervos y nobles –continúa el dibujante-, el libro la describe como de sumisión y de abuso muchas veces, pero también recalca los derechos que cada siervo tenía y podía en un momento dado hacer valer”.


Los protagonistas

Una de las cosas más complicadas de adaptar una novel tan popular es que cada lector tiene una imagen formada de los protagonistas. ¿Cómo es el Arnau de Tomeu Pinya? “Arnau es en muchos aspectos un hombre adelantado a su época, en su relación con otras razas, y hasta cierto punto con las mujeres. Sobre todo es un ejemplo de resistencia, de solidez. Es capaz de aguantar con resignación las grandes desgracias que la novela le impone, y resurgir más fuerte”.

“Físicamente –añade-, ha sido interesante pasar del niño inocente al adulto recio pero amable que el libro describe. Arnau termina pareciéndose bastante a su padre, especialmente en las escenas del juicio”.

En cuanto a los otros protagonistas, Tomeu confiesa que: “Personalmente disfruté mucho con el diseño de Guillem, el amigo musulmán de Arnau, y también de Mar, a quien vemos crecer y convertirse en una mujer fuerte e interesante”.

“El otro personaje que fue un reto –concluye- era el inquisidor Eimeric: no salía demasiado, pero tenía que resultar ladino y amenazador casi instantáneamente, el brazo de una iglesia oscura e interesada capaz de hundir la vida de Arnau. Los villanos siempre son interesantes de dibujar, y éste no fue una excepción”.


La Catedral del Mar


En cuanto a la catedral del cómic: “La inspiración no podía ser otra que la auténtica Santa María del Mar –asegura Tomeu- teniendo este edificio espléndido, ¿para qué buscar en otra parte?”

“La mayor dificultad –continúa el dibujante- ha sido encontrar documentación sobre los procesos de construcción de la época: herramientas, materiales, andamiajes… Tuve la suerte de que me recomendaran el trabajo de Chema Román y Jaime Nuño González, que han publicado un par de excelentes libros sobre la vida medieval que me han sido de gran ayuda, junto a otras muchísimas fuentes”.

Tomeu asegura que esta complicada adaptación le ha servido para darse cuenta de algo: “Como dibujante, la importancia del entorno en una obra histórica. Cómo los pequeños detalles son los que construyen un mundo coherente y sólido, aunque esté muy alejado de nosotros en el tiempo”.
Dibujado en un tiempo récord

Afrontar un proyecto tan complicado y de tanta responsabilidad como este tampoco ha sido fácil. “El proceso de trabajo en este proyecto me ha obligado a depender de otras personas, lo cual en el cómic europeo es relativamente raro –confiesa Tomeu-. En este caso, por la velocidad a la que había que trabajar y la cantidad de gente implicada, había que dejar a parte algunas ínfulas de autor y hacer concesiones”.

“Afortunadamente –continúa-, el equipo era muy bueno y siempre dispuesto a ayudar. Quiero destacar sobre todo a Ester Lovera, la colorista, que ha hecho un trabajo excelente en tiempo récord, y siempre ha estado animándonos al resto, y también al equipo de la editorial, que ha mediado con el resto de agentes para que el libro quedara lo mejor posible. Han hecho de un proyecto titánico un encargo muy agradable”.

En cuanto a su estilo para el cómic, Tomeu confiesa que: “En lo gráfico, esta obra es hasta la fecha mi cómic más realista. Esto no fue una exigencia del autor, pero salió orgánicamente: por un lado me apetecía darle un sabor que recordara a los cómics clásicos, por otro, al trabajar con un estilo realista la codificación del entorno histórico ha sido menor, y eso me ha ahorrado tiempo y dolores de cabeza”.

Por último, Tomeu Pinya nos avanza su nuevo proyecto, que también está relacionado con la historia: “Ahora mismo trabajo en un nuevo cómic llamado Posturismo, ambientado en Madrid en los años 20 y con gran presencia de personalidades de la época: Lorca, Unamuno, Valle-Inclán… ¡Un código completamente distinto, pero espero que igual de satisfactorio!”

El País:Muere Stan Lee, creador para Marvel de Hulk, Spiderman, Vengadores y Los Cuatro Fantásticos


Stanley Martin Lieber ha muerto a los 95 años en un hospital de Los Ángeles, según ha informado su hija al portal estadounidense TMZ. Spiderman, Patrulla X, Vengadores, Daredevil o Dr. Extraño son algunos de los héroes con los que plagó el universo Marvel, pero su mayor creación fue el propio personaje de Stan Lee. En su juventud, Stan soñaba con escribir la gran novela americana. Por eso, cuando le encargaron cómics de monstruos, modelos y vaqueros decidió no manchar su nombre y firmar con el seudónimo Stan Lee. Ese camino hizo que ese joven del Bronx nunca llegara a ser novelista. Su risueño alter ego, sin embargo, no solo transformó la incipiente industria del tebeo, sino que tejió un nuevo panteón de deidades en la industria del entretenimiento. Su imagen y forma de comunicar eran icónicas, tenía decenas de créditos como actor e incluso crearon muñecos que reproducían su imagen. Su vida se basó hasta el último minuto en un propósito: “Solo quiero divertirme”.

Nacido el 28 de diciembre de 1922 en Nueva York, el interés de Stanley por la fantasía como escapismo parece sacado de un libro de psicología. Tras la gran depresión, su padre, inmigrante rumano, solo encontraba trabajos esporádicos. En su piso de una habitación, las peleas eran constantes. Así que Lee, una especie de Peter Parker extrovertido, se refugiaba en las películas de Errol Flynn, la lectura y en mejorar sus dotes dialécticas.

Sus empleos de adolescencia fueron variopintos: escribió obituarios para el Centro Nacional de Tuberculosis, vendió vaqueros y fue acomodador en Broadway. Todo cambió cuando su tío le invitó a las oficinas de su editorial, entonces conocida como Timely Comics. Lee no sabía nada de historietas, pero el cometido era claro: “¿Podéis darle algún encargo?”. Joe Simon, redactor jefe a punto de lanzar Capitán América, lo contrató al instante.

En meses, el joven pasó de limpiar ceniceros a rellenar viñetas para los héroes ficticios de la Segunda Guerra Mundial. Algo que le inspiraría. Lee se alistó en el Ejército tras el ataque de Pearl Harbor. Su primera creación fue Destroyer, un superpoderoso doctor antinazi. A los 19 años ya era redactor jefe, pero los monstruos y el terror no le motivaban; seguía queriendo desarrollar sus ideas en literatura. Un encargo de sus jefes en Marvel colmó su paciencia: copiar la JLA, grupo de Superman y Batman en la rival DC. “Queremos más acción y menos diálogo”. Después de una década, estaba decidido a dejarlo todo. Pero su mujer, que murió en 2017, le paró: “Desarrolla tus cómics con tus ideas ¿Qué harán, despedirte?”. Era el momento de quitarse los grilletes. El 8 de agosto de 1961 llegó a las estanterías Los Cuatro Fantásticos y todo cambió.

El cuarteto, creado junto a Jack Kirby, era lo contrario a los superhéroes llamativos que le pidieron: era una familia de astronautas con poderes que no llevaban disfraz. Sus problemas personales ocupaban tantas viñetas como las peleas. Además, vivían en la muy real Nueva York. Sin saberlo, la semilla del universo Marvel estaba plantada. Pronto las antologías de monstruos y modelos fueron sustituidos por héroes imperfectos como Hulk, Thor, Spiderman, Iron Man o Los Vengadores, donde Lee recuperó al Capitán América de Simon y Kirby como héroe fuera de lugar. Su mensaje iba más allá de las peleas. Lee fue el primero en trasladar al cómic asuntos como la drogodependencia, las analogías de los derechos civiles y las minorías en los X-men y también en presentar superhéroes negros como Halcón o Pantera Negra. Hasta Federico Fellini o Alain Resnais paraban para visitar las oficinas neoyorquinas.

Lee escribía y controlaba decenas de títulos mensuales, lo que le llevó a diseñar también un método de trabajo eternamente rodeado de polémica. Él escribía el argumento para dibujantes como Kirby o Steve Ditko, que se encargaban de dibujar y distribuir las páginas. Entonces, el trabajo volvía a Stan, The Man, que simplemente rellenaba los diálogos. Nunca quedó claro dónde empezaba el trabajo de cada uno y numerosos dibujantes rompieron su relación con Marvel al sentirse injustamente tratados. Los 4F, por ejemplo, era el título más inventivo, pero las versiones sobre quién puso el germen difieren. Allí se tejía la mitología Marvel con conceptos grandilocuentes, galaxias recónditas y personajes como Estela Plateada. Kirby cada vez necesitaba menos dirección y Lee cohibió su creatividad desenfrenada que en cada número daba un nuevo personaje.

Mientras, Lee rehuía polémicas y no mencionaba las acusaciones de Kirby y herederos sobre la autoridad de la obra. Era el rostro y el mensaje de Marvel, respondía el correo y narraba los dibujos en TV. Las cabeceras leían "Stan Lee presenta". Vitalista y entusiasta, el guionista contaba las mismas historias a sus fans siempre con una cadencia dramática y pasional apuntalada con latiguillos como “¡Excelsior!”. Detrás de su inconfundible bigote canoso y gafas oscuras, era difícil diferenciar la persona de su excesiva caricatura.

En 1972 dejó de ser redactor jefe para heredar el título de editor de su tío, que mantuvo hasta 1996. Aunque ya no parara por el bullpen Marvel, era una celebridad, el icono del cómic que había despertado la pasión de autores y cineastas. Solo le quedaba una espinita: alcanzar Hollywood. Y Kevin Smith, uno de sus fans, fue el primero en aprovechar esa vena cinematográfica, al transformarlo en sabio mentor en el filme Mallrats. Pero fue la colonización de Hollywood de sus personajes lo que le dio una segunda vida en los focos.

Sus decenas de cameos en pantalla eran lo más esperado por los seguidores, así que fueron ganando minutos: desde su aparición entre la multitud en X-men hasta colarse en el póster de Deadpool o interpretar al cartero de Los 4 Fantásticos. Tras décadas de fracasos cinematográficos y algún bache con Marvel, no había nadie más entusiasta vendiendo las películas que Lee, reconvertido en el productor más poderoso de la historia. Sus divertidos cameos incluso lo llevaron a colarse en proyectos ajenos como Princesa por Sorpresa 2, Big Bang Theory y Los Simpson. Hasta presentó un reality-show en busca de superhéroes reales. Su último cameo hasta la fecha era el de Venom, aunque diversas fuentes informan que le dio tiempo a rodar Vengadores 4, el final de la saga más taquillera de su historia.

Lee nunca dejó de escribir (si bien los últimos años fueron azarosos por su neumonía y su herencia), tanto en proyectos puntuales con Marvel como desarrollando productos de discutible calidad como Stripperella, una superheroina con voz de Pamela Anderson. Fundó su productora y cada mañana iba a su oficina. En 2015 lanzó su autobiografía en viñetas y meses después estrenó la teleserie Stan Lee's Lucky Man. Aunque su sello fuera ya más marca que creatividad, seguía siendo el invitado más esperado en las convenciones de cómic hoy multiplicadas por el mundo. No podía dar un paso sin una foto. Él había visto surgir de la nada este movimiento cultural. Era el patriarca fuera de tiempo. Un icono. Eso sí, seguía contestando con arrojo cualquier duda sobre quién era más fuerte, si La Cosa o Galactus: “Depende del guionista”.

50 años después de renunciar a su sueño, lo reconocía: “No tendría paciencia como novelista. Me sentaba siete horas y acababa el cómic ese día. Era el mayor placer. No me queda nada por hacer pero si me jubilara, solo querría escribir”. Como diría él: 'nuff said (está todo dicho).

lunes, 12 de noviembre de 2018

Berlín, la trilogía en cómic que analiza las luces y sombras de la República de Weimar


Ocurrió todo nueves de noviembre. En el 18 abdicó el Káiser y se proclamó la república. En el 23, fue el Putsch de la cervecería, en el que lo que parecía solo un grupo de tronaos intentó emular a Mussolini apoderándose de Baviera, proclamar allí un estado rebelde y destruir así la democracia en todo el país. En la cárcel, Hitler cumplió solo unos pocos meses y estuvo autorizado a recibir visitas. A su salida, volvió a intentar conquistar el poder, pero esta vez con métodos pragmáticos. Cuando lo consiguió, el nueve de noviembre de 1938, fue la Noche de los cristales rotos. El pistoletazo de salida para el exterminio del chivo expiatorio de su discurso político, los judíos. La guerra que declaró después dejó el país convertido en cenizas y dividido en dos partes separadas por un muro en Berlín. Tuvo que ser otro nueve de noviembre, esta vez de 1989, cuando este cayera.

A menudo se ha retratado la República de Weimar, los años críticos en los que se gestó el nazismo, como una época oscura, convulsa y degradante. Pero según el historiador Eric D, Weitz hay que tener en cuenta muchos aspectos positivos de este periodo. Se hicieron ambiciosos planes de vivienda, se redujeron por fin las jornadas laborales. Hubo una revolución sexual y el legado artístico es enorme, con joyas de la literatura como La montaña mágica de Thomas Mann.


"A lo largo del siglo XX, pocos son los lugares y momentos de consecuencias intelectuales y culturales tan sobresalientes y duraderas que soporten la comparación con el Berlín de 1920, o sus avanzadilas de Dessau, Munich, incluso Friburgo, Heidelberg o Marburgo", sostiene este historiador, para sentenciar: "Aunque la vida en Weimar no fue fácil, sí fue un momento de intensa creatividad. Las sociedades narcotizadas, sonámbulas o satisfechas no se plantean nada, no se cuestionan nada".

La novela gráfica Berlín, de Jason Lutes, de la que Astiberri ha publicado este año su tercera y última parte, retrata toda esta época de una manera muy fiel al espíritu de historiadores como Weitz. A través de numerosos personajes, se muestra una ciudad convulsa, pero no necesariamente abocada al desastre que padeció.

En primer lugar, aparece Berlín como capital en su sentido más profundo. Como ciudad donde la gente de lugares donde es más difícil guardar el anonimato puede llegar y perderse. Ser libre. La protagonista de la trilogía, Marthe, que viene de Colonia, descubre su sexualidad. El arte. Un mundo nocturno lleno de aventuras.


La acción transcurre en bares de lesbianas. Solo para chicas y donde, como actualmente, hay monologuistas que pronuncian discursos feministas de humor corrosivo. Algunas de ellas deciden vestirse como hombres. Al mismo tiempo, en otros lugares más exclusivos se producen orgías entre la jet. Fiestas de sexo desenfrenado con máscaras y bien lubricadas con cocaína.

Es un Berlín al que llega el jazz. En el cómic, los que giran son solo unos músicos afroamericanos. En la realidad, pasaron por la República de Weimar músicos y orquestas pioneras del jazz en Estados Unidos desde los años 20.

Al mismo tiempo hay miseria. Tras la capitulación en la I Guerra Mundial, miles de obreros están en paro. Mucha gente ya ha perdido toda esperanza y vagabundea. Bastante magnánimo es en este aspecto Lutes, se sabe que en los años 20 miles de burgueses se quitaron la vida al caer en bancarrota y ver arruinados sus negocios de toda su vida.
En ese contexto de miseria obrera, está la revolución. En 1923 había concluido la salvaje Guerra civil rusa. Los rojos habían triunfado. Stalin se hacía con el poder a la muerte de Lenin. La burguesía y la oligarquía alemanas tenían pánico a una revolución. Ya había ocurrido y fue sofocada, pero, como muestra el tebeo, en cuanto aparecieron los nacionalsocialistas, para los que tenían miedo de perder sus propiedades, estos se convirtieron en la opción más viable. Ellos, dice un diálogo, se enfrentan a los comunistas de verdad, no como la policía.

Los socialdemócratas no apoyaron el intento de revolución comunista que hubo en Alemania. Se pusieron del lado de la república y ayudaron a combatirla. En esa revuelta, fueron asesinados Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, sus líderes. Desde ese momento, juraron venganza y su principal rival fueron lo que llamaron los "sociafascistas", es decir, los socialdemócratas, por traidores a la causa marxista.

El cómic pone el acento en esta división entre los obreros sobre todo con una familia divorciada en la que el padre y un hijo es nacionalsocialista y la madre y la hija, comunistas. Pero también muestra los roces entre la izquierda trotskista -se narra la llegada de la noticia de que le van a expulsar de la URSS- y los comunistas ortodoxos.


Ese trotskista es el gran protagonista de la obra, Kurt. Como periodista, destapa las violaciones del tratado de Versalles, en lo referente al rearme de Alemania, que se estaban produciendo. Se siente atropellado por los acontecimientos. Le superan. No puede unirse al Partido Comunista por su espíritu dogmático y violento y el ascenso del nazismo le tiene aterrorizado. En esa parálisis se abandona al alcoholismo.

Normalmente, las visiones sobre la II Guerra Mundial y su gestación, o sobre el ascenso del nazismo, suelen ser a posteriori. Ya sabemos quién es el bueno y quién es el malo. Se sitúan frente al lector en ese marco. Sin embargo, en este caso, hay una gran fidelidad histórica. Para las generaciones que vieron la Gran Guerra, el delirante sacrificio humano que supuso, su prioridad era que no volviera a reproducirse semejante locura. Cuando toda la sociedad se va entregando de nuevo al discurso bélico, estos personajes de espíritu humanista y pacifista quedaron aterrorizados y, también, atenazados. Ahora, a posteriori, es fácil ver que debieron apoyar sin fisuras desde el principio a todo lo que se enfrentase a Hitler. Entonces, la confrontación para ellos era repetir los errores de un pasado inmediato, sencillamente, infernal.

Este tercer tomo concluye con el instante en el que Hindenburg le entregó el poder a Hitler. Son casi quinientas páginas escudriñando desde todos los ángulos una sociedad de la que pudo salir lo mejor de la historia europea, pero brotó lo peor. Una trilogía que puede equipararse al clásico de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El País:El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos


La pistola de una mano anónima apunta a su cabeza, cara a la muerte. El resplandor como tímido fondo de un cauto amanecer no borra la negrura de la noche. Olivos, pedruscos y la sombra del poeta rodean la fosa en los alrededores de Alfacar (Granada). Por la contraportada desfilan el resto de víctimas que acompañaron a Federico García Lorca en la hora final. A paso lento, le sigue Dióscoro Galindo, el maestro republicano y cojo de Pulianas. Al fondo, un guardia de asalto sujeta en lo alto del vehículo a uno de los banderilleros anarquistas —Francisco Galadí o Joaquín Arcollas— que cayeron también en aquella jornada de odio, sangre y hiel…

Es el dibujo elegido en la portada de Vida y muerte de Federico García Lorca (Ediciones B), el cómic que Ian Gibson y el dibujante Quique Palomo han creado conjuntamente. Muestra a Lorca sin tabúes ni tapujos. Su infancia en la Vega de Granada y su juventud en Madrid como inquilino de la Residencia de Estudiantes. Familia y amores clandestinos; triunfos globales —España y América— y los fracasos de sus intimidades. La proteína de su obra y el desperdicio que supuso su caída a manos de un escuadrón asesino. Una inmolación, con señales de escarmiento, a manos, dice Gibson, “de la que el poeta había llamado poco antes la peor burguesía de España: la granadina”.

No es fácil dibujar a un mito. Todo el mundo guarda en la memoria cualquier gesto, una fotografía, el sintagma de una sonrisa. “Existe una iconografía lorquiana”, comenta Palomo. “Dentro de esas circunstancias hay cosas que resultan fáciles y otras no tanto. La primera es que lo puedes caricaturizar. Existe en él una relación entre las cejas y la frente muy característica. Algo pasa con su barbilla, también”.


Pero debe dar juego para 600 imágenes. “Con variaciones sobre esos elementos, se puede intentar”, asegura el dibujante. Y entre diversos escenarios que te conducen por una vida intensa. “Trazándole y estudiándole te das cuenta de que fue alguien que aprovechó su vida y sus circunstancias para ir a por todas”. Y eso que en ciertos aspectos no lo tuvo fácil. “Ser homosexual en las primeras décadas del siglo XX conllevaba demasiadas restricciones. Pero, por otra parte, eso produce en él unas revelaciones y cuestionamientos que enriquecen su obra”.

Su identidad sexual fue uno de los motores principales a exprimir en su afán creativo. “Todo un eje para el trabajo”, comenta Quique Palomo. Su crimen, también: “Aquella situación de caos y represión debía ser reflejada en nuestro cómic”. También el escarnio, enjaulado en una gélida coreografía de sombras, al mismo nivel que la alegría de vivir.

Como la que nos transmite desde su infancia, donde alternaba los juegos callejeros con su afición a representar misas. Su fascinación por los cómicos de la legua, los títeres y la música popular junto a un apego a la mística de la tierra y los arados, contagiada por su padre. O su juventud en Madrid, con sus inseparables Dalí y Buñuel. Anduvo enamorado del primero, con quien compartió escarceos y verdadera pasión, pero mosqueado a menudo con el otro, debido a ese empeño que tenía el aragonés en pasearle por burdeles para ahuyentar —o confirmar— sus sospechas de que fuera homosexual.

Junto a ellos también desfilan por las páginas otros grandes cómplices del autor: Manuel de Falla, Andrés Segovia, Margarita Xirgu, sus poetas más o menos coetáneos… También amantes cruciales, caso de Emilio Aladrén. O los lugares donde se transformó y triunfó: Nueva York, Cuba, Buenos Aires. Un completo recorrido por la luz de su imán antes de que lo despeñaran en el martirio.

La complicidad entre Palomo y Gibson no ha fallado desde el primer momento: “Empatizamos enseguida”, afirma el hispanista experto en la figura del poeta. “Quique ya admiraba a Lorca, de modo que nada de empezar desde cero. Le pasé una sinopsis de su vida y obra y leyó mi biografía. En nuestras primeras sesiones decidimos poner mucho énfasis sobre la larga infancia del futuro autor en la Vega de Granada, raíz de su mundo. Y sobre la extraordinaria vitalidad creativa que le permitió elaborar en solo veinte años (1916-1936) un muy variado corpus literario hoy admirado y estudiado universalmente”.

Aparte de los temas ya mencionados, Gibson hace hincapié en otros: “Su obsesión por la injusticia social, visible desde sus escritos iniciales y su público y notorio antifascismo. La identificación con la Granada mestiza perdida desde 1492 y sobre la que Lorca creía que le había empujado a sentirse cerca de los perseguidos. Su compromiso con el programa cultural de la República y una incomparable combinación de dones, entre ellos, el de la música. La extraordinaria mezcla de lo popular y lo más contemporáneo característica en su producción…”, apunta el autor. Con ese deseo perpetuo de acercarse continuamente a lectores de todos los ámbitos y su afición al dibujo, a Lorca, sin duda, le hubiera encantado este guiño a la cultura popular en forma de cómic.