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martes, 13 de noviembre de 2018

RTVE:Tomeu Pinya: "Llevar 'La Catedral del Mar' al cómic ha sido un desafío increíble"


La Catedral del Mar (Grijalbo, 2006), de Ildefonso Falcones narra la vida de la Barcelona del siglo XIV teniendo como punto central la construcción de la iglesia de Santa María del Mar. Un enorme éxito internacional que ha vendido más de 6 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido adaptado a una serie de televisión. Ahora nos llega la versión al cómic, La Catedral del Mar (Random Cómics), realizada por la guionista Pilar Alonso y uno de los mejores dibujantes españoles actuales: Tomeu Pinya (Palma de Mallorca, 1982), con el que hemos hablado.

“Adaptar la historia al cómic era un desafío increíble –confiesa Tomeu-, no solamente por la responsabilidad de adaptar una novela de tanto éxito, sino por la dimensión del trabajo: ¡170 páginas en menos de un año! Nunca había hecho un proyecto tan largo, y siempre es complicado mantener el ritmo y el nivel a lo largo de todas esas páginas”.

En el prólogo del cómic, el propio Ildefonso Falcones se muestra encantado con esta versión. “La mayor parte de la adaptación –asegura Tomeu- ha corrido a cargo de Pilar Alonso, la guionista. Siempre hay que hacer sacrificios a la hora de pasar de un medio tan descriptivo como la novela a uno tan visual como el cómic, y creo que en general el guion ha mantenido muy bien la sensación general de la obra, a pesar de perder por el camino algunos personajes y escenas”.
Una fantástica reconstrucción de época

Basado en hechos históricos el libro (y el cómic) tiene como telón de fondo la construcción de la Iglesia de Santa María del Mar, en la Barcelona del Siglo XIV, y su impacto en los habitantes de la ciudad. La historia se centra en Arnau Estanyol, que llega a Barcelona en busca de una nueva vida como hombre libre, para lo que tendrá que enfrentarse a una de las familias más adineradas de la ciudad.

“Desafortunadamente no hemos podido coincidir en persona con Ildefonso Falcones –confiesa Tomeu-, pero ha estado muy atento al desarrollo y nos ha comentado muchos detalles que quería incluir. Ha sido muy exigente con su visión del proyecto y esto nos ha obligado a darlo todo para estar a la altura”.

Como la novela, el cómic se centra en la vida de la gente normal de la época, los siervos. “Desde el punto de vista gráfico –asegura Tomeu-, para mí ha sido muy interesante intentar describir el mundo cotidiano, fuera de los grandes hitos históricos: qué había en las casas, cómo eran las herramientas, las calles… La documentación fiable ha sido difícil de encontrar, pero el proceso ha sido muy gratificante”.


“La iglesia tenía un poder enorme”

Como ya sabéis, en esa época la Iglesia y su Inquisición, eran la ley. “La iglesia tenía un poder enorme, para lo bueno y para lo malo –asegura Tomeu-. Era un gran aglutinador social, como demuestra el trabajo incansable de los bastaixos, pero también un estamento que luchaba por su cuota de poder y dinero, como demuestra el corrupto inquisidor Eimeric”.

“En cuanto a la relación entre siervos y nobles –continúa el dibujante-, el libro la describe como de sumisión y de abuso muchas veces, pero también recalca los derechos que cada siervo tenía y podía en un momento dado hacer valer”.


Los protagonistas

Una de las cosas más complicadas de adaptar una novel tan popular es que cada lector tiene una imagen formada de los protagonistas. ¿Cómo es el Arnau de Tomeu Pinya? “Arnau es en muchos aspectos un hombre adelantado a su época, en su relación con otras razas, y hasta cierto punto con las mujeres. Sobre todo es un ejemplo de resistencia, de solidez. Es capaz de aguantar con resignación las grandes desgracias que la novela le impone, y resurgir más fuerte”.

“Físicamente –añade-, ha sido interesante pasar del niño inocente al adulto recio pero amable que el libro describe. Arnau termina pareciéndose bastante a su padre, especialmente en las escenas del juicio”.

En cuanto a los otros protagonistas, Tomeu confiesa que: “Personalmente disfruté mucho con el diseño de Guillem, el amigo musulmán de Arnau, y también de Mar, a quien vemos crecer y convertirse en una mujer fuerte e interesante”.

“El otro personaje que fue un reto –concluye- era el inquisidor Eimeric: no salía demasiado, pero tenía que resultar ladino y amenazador casi instantáneamente, el brazo de una iglesia oscura e interesada capaz de hundir la vida de Arnau. Los villanos siempre son interesantes de dibujar, y éste no fue una excepción”.


La Catedral del Mar


En cuanto a la catedral del cómic: “La inspiración no podía ser otra que la auténtica Santa María del Mar –asegura Tomeu- teniendo este edificio espléndido, ¿para qué buscar en otra parte?”

“La mayor dificultad –continúa el dibujante- ha sido encontrar documentación sobre los procesos de construcción de la época: herramientas, materiales, andamiajes… Tuve la suerte de que me recomendaran el trabajo de Chema Román y Jaime Nuño González, que han publicado un par de excelentes libros sobre la vida medieval que me han sido de gran ayuda, junto a otras muchísimas fuentes”.

Tomeu asegura que esta complicada adaptación le ha servido para darse cuenta de algo: “Como dibujante, la importancia del entorno en una obra histórica. Cómo los pequeños detalles son los que construyen un mundo coherente y sólido, aunque esté muy alejado de nosotros en el tiempo”.
Dibujado en un tiempo récord

Afrontar un proyecto tan complicado y de tanta responsabilidad como este tampoco ha sido fácil. “El proceso de trabajo en este proyecto me ha obligado a depender de otras personas, lo cual en el cómic europeo es relativamente raro –confiesa Tomeu-. En este caso, por la velocidad a la que había que trabajar y la cantidad de gente implicada, había que dejar a parte algunas ínfulas de autor y hacer concesiones”.

“Afortunadamente –continúa-, el equipo era muy bueno y siempre dispuesto a ayudar. Quiero destacar sobre todo a Ester Lovera, la colorista, que ha hecho un trabajo excelente en tiempo récord, y siempre ha estado animándonos al resto, y también al equipo de la editorial, que ha mediado con el resto de agentes para que el libro quedara lo mejor posible. Han hecho de un proyecto titánico un encargo muy agradable”.

En cuanto a su estilo para el cómic, Tomeu confiesa que: “En lo gráfico, esta obra es hasta la fecha mi cómic más realista. Esto no fue una exigencia del autor, pero salió orgánicamente: por un lado me apetecía darle un sabor que recordara a los cómics clásicos, por otro, al trabajar con un estilo realista la codificación del entorno histórico ha sido menor, y eso me ha ahorrado tiempo y dolores de cabeza”.

Por último, Tomeu Pinya nos avanza su nuevo proyecto, que también está relacionado con la historia: “Ahora mismo trabajo en un nuevo cómic llamado Posturismo, ambientado en Madrid en los años 20 y con gran presencia de personalidades de la época: Lorca, Unamuno, Valle-Inclán… ¡Un código completamente distinto, pero espero que igual de satisfactorio!”

El País:Muere Stan Lee, creador para Marvel de Hulk, Spiderman, Vengadores y Los Cuatro Fantásticos


Stanley Martin Lieber ha muerto a los 95 años en un hospital de Los Ángeles, según ha informado su hija al portal estadounidense TMZ. Spiderman, Patrulla X, Vengadores, Daredevil o Dr. Extraño son algunos de los héroes con los que plagó el universo Marvel, pero su mayor creación fue el propio personaje de Stan Lee. En su juventud, Stan soñaba con escribir la gran novela americana. Por eso, cuando le encargaron cómics de monstruos, modelos y vaqueros decidió no manchar su nombre y firmar con el seudónimo Stan Lee. Ese camino hizo que ese joven del Bronx nunca llegara a ser novelista. Su risueño alter ego, sin embargo, no solo transformó la incipiente industria del tebeo, sino que tejió un nuevo panteón de deidades en la industria del entretenimiento. Su imagen y forma de comunicar eran icónicas, tenía decenas de créditos como actor e incluso crearon muñecos que reproducían su imagen. Su vida se basó hasta el último minuto en un propósito: “Solo quiero divertirme”.

Nacido el 28 de diciembre de 1922 en Nueva York, el interés de Stanley por la fantasía como escapismo parece sacado de un libro de psicología. Tras la gran depresión, su padre, inmigrante rumano, solo encontraba trabajos esporádicos. En su piso de una habitación, las peleas eran constantes. Así que Lee, una especie de Peter Parker extrovertido, se refugiaba en las películas de Errol Flynn, la lectura y en mejorar sus dotes dialécticas.

Sus empleos de adolescencia fueron variopintos: escribió obituarios para el Centro Nacional de Tuberculosis, vendió vaqueros y fue acomodador en Broadway. Todo cambió cuando su tío le invitó a las oficinas de su editorial, entonces conocida como Timely Comics. Lee no sabía nada de historietas, pero el cometido era claro: “¿Podéis darle algún encargo?”. Joe Simon, redactor jefe a punto de lanzar Capitán América, lo contrató al instante.

En meses, el joven pasó de limpiar ceniceros a rellenar viñetas para los héroes ficticios de la Segunda Guerra Mundial. Algo que le inspiraría. Lee se alistó en el Ejército tras el ataque de Pearl Harbor. Su primera creación fue Destroyer, un superpoderoso doctor antinazi. A los 19 años ya era redactor jefe, pero los monstruos y el terror no le motivaban; seguía queriendo desarrollar sus ideas en literatura. Un encargo de sus jefes en Marvel colmó su paciencia: copiar la JLA, grupo de Superman y Batman en la rival DC. “Queremos más acción y menos diálogo”. Después de una década, estaba decidido a dejarlo todo. Pero su mujer, que murió en 2017, le paró: “Desarrolla tus cómics con tus ideas ¿Qué harán, despedirte?”. Era el momento de quitarse los grilletes. El 8 de agosto de 1961 llegó a las estanterías Los Cuatro Fantásticos y todo cambió.

El cuarteto, creado junto a Jack Kirby, era lo contrario a los superhéroes llamativos que le pidieron: era una familia de astronautas con poderes que no llevaban disfraz. Sus problemas personales ocupaban tantas viñetas como las peleas. Además, vivían en la muy real Nueva York. Sin saberlo, la semilla del universo Marvel estaba plantada. Pronto las antologías de monstruos y modelos fueron sustituidos por héroes imperfectos como Hulk, Thor, Spiderman, Iron Man o Los Vengadores, donde Lee recuperó al Capitán América de Simon y Kirby como héroe fuera de lugar. Su mensaje iba más allá de las peleas. Lee fue el primero en trasladar al cómic asuntos como la drogodependencia, las analogías de los derechos civiles y las minorías en los X-men y también en presentar superhéroes negros como Halcón o Pantera Negra. Hasta Federico Fellini o Alain Resnais paraban para visitar las oficinas neoyorquinas.

Lee escribía y controlaba decenas de títulos mensuales, lo que le llevó a diseñar también un método de trabajo eternamente rodeado de polémica. Él escribía el argumento para dibujantes como Kirby o Steve Ditko, que se encargaban de dibujar y distribuir las páginas. Entonces, el trabajo volvía a Stan, The Man, que simplemente rellenaba los diálogos. Nunca quedó claro dónde empezaba el trabajo de cada uno y numerosos dibujantes rompieron su relación con Marvel al sentirse injustamente tratados. Los 4F, por ejemplo, era el título más inventivo, pero las versiones sobre quién puso el germen difieren. Allí se tejía la mitología Marvel con conceptos grandilocuentes, galaxias recónditas y personajes como Estela Plateada. Kirby cada vez necesitaba menos dirección y Lee cohibió su creatividad desenfrenada que en cada número daba un nuevo personaje.

Mientras, Lee rehuía polémicas y no mencionaba las acusaciones de Kirby y herederos sobre la autoridad de la obra. Era el rostro y el mensaje de Marvel, respondía el correo y narraba los dibujos en TV. Las cabeceras leían "Stan Lee presenta". Vitalista y entusiasta, el guionista contaba las mismas historias a sus fans siempre con una cadencia dramática y pasional apuntalada con latiguillos como “¡Excelsior!”. Detrás de su inconfundible bigote canoso y gafas oscuras, era difícil diferenciar la persona de su excesiva caricatura.

En 1972 dejó de ser redactor jefe para heredar el título de editor de su tío, que mantuvo hasta 1996. Aunque ya no parara por el bullpen Marvel, era una celebridad, el icono del cómic que había despertado la pasión de autores y cineastas. Solo le quedaba una espinita: alcanzar Hollywood. Y Kevin Smith, uno de sus fans, fue el primero en aprovechar esa vena cinematográfica, al transformarlo en sabio mentor en el filme Mallrats. Pero fue la colonización de Hollywood de sus personajes lo que le dio una segunda vida en los focos.

Sus decenas de cameos en pantalla eran lo más esperado por los seguidores, así que fueron ganando minutos: desde su aparición entre la multitud en X-men hasta colarse en el póster de Deadpool o interpretar al cartero de Los 4 Fantásticos. Tras décadas de fracasos cinematográficos y algún bache con Marvel, no había nadie más entusiasta vendiendo las películas que Lee, reconvertido en el productor más poderoso de la historia. Sus divertidos cameos incluso lo llevaron a colarse en proyectos ajenos como Princesa por Sorpresa 2, Big Bang Theory y Los Simpson. Hasta presentó un reality-show en busca de superhéroes reales. Su último cameo hasta la fecha era el de Venom, aunque diversas fuentes informan que le dio tiempo a rodar Vengadores 4, el final de la saga más taquillera de su historia.

Lee nunca dejó de escribir (si bien los últimos años fueron azarosos por su neumonía y su herencia), tanto en proyectos puntuales con Marvel como desarrollando productos de discutible calidad como Stripperella, una superheroina con voz de Pamela Anderson. Fundó su productora y cada mañana iba a su oficina. En 2015 lanzó su autobiografía en viñetas y meses después estrenó la teleserie Stan Lee's Lucky Man. Aunque su sello fuera ya más marca que creatividad, seguía siendo el invitado más esperado en las convenciones de cómic hoy multiplicadas por el mundo. No podía dar un paso sin una foto. Él había visto surgir de la nada este movimiento cultural. Era el patriarca fuera de tiempo. Un icono. Eso sí, seguía contestando con arrojo cualquier duda sobre quién era más fuerte, si La Cosa o Galactus: “Depende del guionista”.

50 años después de renunciar a su sueño, lo reconocía: “No tendría paciencia como novelista. Me sentaba siete horas y acababa el cómic ese día. Era el mayor placer. No me queda nada por hacer pero si me jubilara, solo querría escribir”. Como diría él: 'nuff said (está todo dicho).

lunes, 12 de noviembre de 2018

Berlín, la trilogía en cómic que analiza las luces y sombras de la República de Weimar


Ocurrió todo nueves de noviembre. En el 18 abdicó el Káiser y se proclamó la república. En el 23, fue el Putsch de la cervecería, en el que lo que parecía solo un grupo de tronaos intentó emular a Mussolini apoderándose de Baviera, proclamar allí un estado rebelde y destruir así la democracia en todo el país. En la cárcel, Hitler cumplió solo unos pocos meses y estuvo autorizado a recibir visitas. A su salida, volvió a intentar conquistar el poder, pero esta vez con métodos pragmáticos. Cuando lo consiguió, el nueve de noviembre de 1938, fue la Noche de los cristales rotos. El pistoletazo de salida para el exterminio del chivo expiatorio de su discurso político, los judíos. La guerra que declaró después dejó el país convertido en cenizas y dividido en dos partes separadas por un muro en Berlín. Tuvo que ser otro nueve de noviembre, esta vez de 1989, cuando este cayera.

A menudo se ha retratado la República de Weimar, los años críticos en los que se gestó el nazismo, como una época oscura, convulsa y degradante. Pero según el historiador Eric D, Weitz hay que tener en cuenta muchos aspectos positivos de este periodo. Se hicieron ambiciosos planes de vivienda, se redujeron por fin las jornadas laborales. Hubo una revolución sexual y el legado artístico es enorme, con joyas de la literatura como La montaña mágica de Thomas Mann.


"A lo largo del siglo XX, pocos son los lugares y momentos de consecuencias intelectuales y culturales tan sobresalientes y duraderas que soporten la comparación con el Berlín de 1920, o sus avanzadilas de Dessau, Munich, incluso Friburgo, Heidelberg o Marburgo", sostiene este historiador, para sentenciar: "Aunque la vida en Weimar no fue fácil, sí fue un momento de intensa creatividad. Las sociedades narcotizadas, sonámbulas o satisfechas no se plantean nada, no se cuestionan nada".

La novela gráfica Berlín, de Jason Lutes, de la que Astiberri ha publicado este año su tercera y última parte, retrata toda esta época de una manera muy fiel al espíritu de historiadores como Weitz. A través de numerosos personajes, se muestra una ciudad convulsa, pero no necesariamente abocada al desastre que padeció.

En primer lugar, aparece Berlín como capital en su sentido más profundo. Como ciudad donde la gente de lugares donde es más difícil guardar el anonimato puede llegar y perderse. Ser libre. La protagonista de la trilogía, Marthe, que viene de Colonia, descubre su sexualidad. El arte. Un mundo nocturno lleno de aventuras.


La acción transcurre en bares de lesbianas. Solo para chicas y donde, como actualmente, hay monologuistas que pronuncian discursos feministas de humor corrosivo. Algunas de ellas deciden vestirse como hombres. Al mismo tiempo, en otros lugares más exclusivos se producen orgías entre la jet. Fiestas de sexo desenfrenado con máscaras y bien lubricadas con cocaína.

Es un Berlín al que llega el jazz. En el cómic, los que giran son solo unos músicos afroamericanos. En la realidad, pasaron por la República de Weimar músicos y orquestas pioneras del jazz en Estados Unidos desde los años 20.

Al mismo tiempo hay miseria. Tras la capitulación en la I Guerra Mundial, miles de obreros están en paro. Mucha gente ya ha perdido toda esperanza y vagabundea. Bastante magnánimo es en este aspecto Lutes, se sabe que en los años 20 miles de burgueses se quitaron la vida al caer en bancarrota y ver arruinados sus negocios de toda su vida.
En ese contexto de miseria obrera, está la revolución. En 1923 había concluido la salvaje Guerra civil rusa. Los rojos habían triunfado. Stalin se hacía con el poder a la muerte de Lenin. La burguesía y la oligarquía alemanas tenían pánico a una revolución. Ya había ocurrido y fue sofocada, pero, como muestra el tebeo, en cuanto aparecieron los nacionalsocialistas, para los que tenían miedo de perder sus propiedades, estos se convirtieron en la opción más viable. Ellos, dice un diálogo, se enfrentan a los comunistas de verdad, no como la policía.

Los socialdemócratas no apoyaron el intento de revolución comunista que hubo en Alemania. Se pusieron del lado de la república y ayudaron a combatirla. En esa revuelta, fueron asesinados Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, sus líderes. Desde ese momento, juraron venganza y su principal rival fueron lo que llamaron los "sociafascistas", es decir, los socialdemócratas, por traidores a la causa marxista.

El cómic pone el acento en esta división entre los obreros sobre todo con una familia divorciada en la que el padre y un hijo es nacionalsocialista y la madre y la hija, comunistas. Pero también muestra los roces entre la izquierda trotskista -se narra la llegada de la noticia de que le van a expulsar de la URSS- y los comunistas ortodoxos.


Ese trotskista es el gran protagonista de la obra, Kurt. Como periodista, destapa las violaciones del tratado de Versalles, en lo referente al rearme de Alemania, que se estaban produciendo. Se siente atropellado por los acontecimientos. Le superan. No puede unirse al Partido Comunista por su espíritu dogmático y violento y el ascenso del nazismo le tiene aterrorizado. En esa parálisis se abandona al alcoholismo.

Normalmente, las visiones sobre la II Guerra Mundial y su gestación, o sobre el ascenso del nazismo, suelen ser a posteriori. Ya sabemos quién es el bueno y quién es el malo. Se sitúan frente al lector en ese marco. Sin embargo, en este caso, hay una gran fidelidad histórica. Para las generaciones que vieron la Gran Guerra, el delirante sacrificio humano que supuso, su prioridad era que no volviera a reproducirse semejante locura. Cuando toda la sociedad se va entregando de nuevo al discurso bélico, estos personajes de espíritu humanista y pacifista quedaron aterrorizados y, también, atenazados. Ahora, a posteriori, es fácil ver que debieron apoyar sin fisuras desde el principio a todo lo que se enfrentase a Hitler. Entonces, la confrontación para ellos era repetir los errores de un pasado inmediato, sencillamente, infernal.

Este tercer tomo concluye con el instante en el que Hindenburg le entregó el poder a Hitler. Son casi quinientas páginas escudriñando desde todos los ángulos una sociedad de la que pudo salir lo mejor de la historia europea, pero brotó lo peor. Una trilogía que puede equipararse al clásico de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El País:El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos


La pistola de una mano anónima apunta a su cabeza, cara a la muerte. El resplandor como tímido fondo de un cauto amanecer no borra la negrura de la noche. Olivos, pedruscos y la sombra del poeta rodean la fosa en los alrededores de Alfacar (Granada). Por la contraportada desfilan el resto de víctimas que acompañaron a Federico García Lorca en la hora final. A paso lento, le sigue Dióscoro Galindo, el maestro republicano y cojo de Pulianas. Al fondo, un guardia de asalto sujeta en lo alto del vehículo a uno de los banderilleros anarquistas —Francisco Galadí o Joaquín Arcollas— que cayeron también en aquella jornada de odio, sangre y hiel…

Es el dibujo elegido en la portada de Vida y muerte de Federico García Lorca (Ediciones B), el cómic que Ian Gibson y el dibujante Quique Palomo han creado conjuntamente. Muestra a Lorca sin tabúes ni tapujos. Su infancia en la Vega de Granada y su juventud en Madrid como inquilino de la Residencia de Estudiantes. Familia y amores clandestinos; triunfos globales —España y América— y los fracasos de sus intimidades. La proteína de su obra y el desperdicio que supuso su caída a manos de un escuadrón asesino. Una inmolación, con señales de escarmiento, a manos, dice Gibson, “de la que el poeta había llamado poco antes la peor burguesía de España: la granadina”.

No es fácil dibujar a un mito. Todo el mundo guarda en la memoria cualquier gesto, una fotografía, el sintagma de una sonrisa. “Existe una iconografía lorquiana”, comenta Palomo. “Dentro de esas circunstancias hay cosas que resultan fáciles y otras no tanto. La primera es que lo puedes caricaturizar. Existe en él una relación entre las cejas y la frente muy característica. Algo pasa con su barbilla, también”.


Pero debe dar juego para 600 imágenes. “Con variaciones sobre esos elementos, se puede intentar”, asegura el dibujante. Y entre diversos escenarios que te conducen por una vida intensa. “Trazándole y estudiándole te das cuenta de que fue alguien que aprovechó su vida y sus circunstancias para ir a por todas”. Y eso que en ciertos aspectos no lo tuvo fácil. “Ser homosexual en las primeras décadas del siglo XX conllevaba demasiadas restricciones. Pero, por otra parte, eso produce en él unas revelaciones y cuestionamientos que enriquecen su obra”.

Su identidad sexual fue uno de los motores principales a exprimir en su afán creativo. “Todo un eje para el trabajo”, comenta Quique Palomo. Su crimen, también: “Aquella situación de caos y represión debía ser reflejada en nuestro cómic”. También el escarnio, enjaulado en una gélida coreografía de sombras, al mismo nivel que la alegría de vivir.

Como la que nos transmite desde su infancia, donde alternaba los juegos callejeros con su afición a representar misas. Su fascinación por los cómicos de la legua, los títeres y la música popular junto a un apego a la mística de la tierra y los arados, contagiada por su padre. O su juventud en Madrid, con sus inseparables Dalí y Buñuel. Anduvo enamorado del primero, con quien compartió escarceos y verdadera pasión, pero mosqueado a menudo con el otro, debido a ese empeño que tenía el aragonés en pasearle por burdeles para ahuyentar —o confirmar— sus sospechas de que fuera homosexual.

Junto a ellos también desfilan por las páginas otros grandes cómplices del autor: Manuel de Falla, Andrés Segovia, Margarita Xirgu, sus poetas más o menos coetáneos… También amantes cruciales, caso de Emilio Aladrén. O los lugares donde se transformó y triunfó: Nueva York, Cuba, Buenos Aires. Un completo recorrido por la luz de su imán antes de que lo despeñaran en el martirio.

La complicidad entre Palomo y Gibson no ha fallado desde el primer momento: “Empatizamos enseguida”, afirma el hispanista experto en la figura del poeta. “Quique ya admiraba a Lorca, de modo que nada de empezar desde cero. Le pasé una sinopsis de su vida y obra y leyó mi biografía. En nuestras primeras sesiones decidimos poner mucho énfasis sobre la larga infancia del futuro autor en la Vega de Granada, raíz de su mundo. Y sobre la extraordinaria vitalidad creativa que le permitió elaborar en solo veinte años (1916-1936) un muy variado corpus literario hoy admirado y estudiado universalmente”.

Aparte de los temas ya mencionados, Gibson hace hincapié en otros: “Su obsesión por la injusticia social, visible desde sus escritos iniciales y su público y notorio antifascismo. La identificación con la Granada mestiza perdida desde 1492 y sobre la que Lorca creía que le había empujado a sentirse cerca de los perseguidos. Su compromiso con el programa cultural de la República y una incomparable combinación de dones, entre ellos, el de la música. La extraordinaria mezcla de lo popular y lo más contemporáneo característica en su producción…”, apunta el autor. Con ese deseo perpetuo de acercarse continuamente a lectores de todos los ámbitos y su afición al dibujo, a Lorca, sin duda, le hubiera encantado este guiño a la cultura popular en forma de cómic.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Llega a las librerías la biografía en cómic de Freddie Mercury


Freddie Mercury nació tres veces. La primera, como Farrokh Bulsara. La segunda, como Freddie. La tercera, como leyenda. En Freddie Mercury: una biografía, Alfonso Casas busca desvelar dos preguntas claves: ¿quién fue Freddie? ¿cuál es su historia? De esta manera, el autor acompaña a Freddie Mercury desde Tanzania, donde nació, hasta Reino Unido, donde murió y se hizo inmortal cantando The Show Must Go On.

Detrás de estas canciones, que forman parte de la historia de la música y de nuestra historia personal, hay un nombre propio: Freddie Mercury Con su bigote, su chaqueta amarilla y su voz in confundible, el líder de Queen es un icono para varias generaciones, que bailó sus pegadizas melodías y lloró su muerte en 1991.

Esta obra desarrolla no sólo una vida apasionante sino quizá una de las vidas más emblemáticas de la cultura pop. La figura de Freddie Mercury renace aquí con un atractivo único, el concedido por el autor del libro quien, a través de su trabajo, propone toda una revisión del líder de Queen como persona y como personaje, también un acercamiento al recorrido que hubo de hacer para llegar a convertirse en estrella, uno de los músicos más celebrados de los últimos tiempos.

Alfonso Casas es guionista e ilustrador de varios cómics, entre ellos Amores minúsculos, que fue llevado al teatro, y el reciente El final de todos los agostos (Lunwerg, 2017). También es autor de varios libros, como Se(nti)mental (Lunwerg, 2015) y Freddie Mercury: una biografía, que ya se encuenta a la venta.

lunes, 5 de noviembre de 2018

El cómic, la herramienta de los dibujantes para transformar la sociedad


El cómic es una "herramienta muy potente" para romper con estereotipos, dar visibilidad y conectar a un público de "jóvenes, frikis y adultos" con temas sociales que no se cuentan en los medios tradicionales, como la inmigración y el género.

Así lo explicó hoy a Efe el historietista zaragozano Álvaro Ortiz, quien dirigió un taller en el Instituto Cervantes de El Cairo para dibujantes egipcios sobre cómo el cómic puede transformar y concienciar a la sociedad.

"El cómic se puede utilizar para dar visibilidad a ciertos temas que no se cuentan en los medios tradicionales", aseveró el creador de las novelas gráficas "Cenizas" y "Rituales" durante el taller, organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) y al que acudieron una veintena de ilustradores.


El dibujante, caricaturista durante cinco años en "El Heraldo de Aragón", recalcó que "el cómic es una herramienta muy potente para romper estereotipos", ya que "es un espacio en el que convergen lectores jóvenes y adultos".

La directora de proyectos de la Oficina de Cooperación Española en El Cairo, María Luisa Caparrós, destacó a su vez que el cómic puede ser un vehículo para el cambio social.

"A través de las actitudes que desarrollen los personajes femeninos, se pueden crear nuevos referentes de mujeres con roles distintos a los tradicionales", afirmó, al referirse al papel de las historietas al tratar asuntos de género.

El taller, que se prolongará hasta el día 4 en el Instituto Cervantes de El Cairo, se enmarca dentro del programa de actividades del festival CairoComix, la cita de referencia del género en Egipto.

El ilustrador Álvaro Ortiz fue uno de los invitados internacionales a la cuarta edición del CairoComix, en la que ofreció una charla a los asistentes sobre su trayectoria personal.

El festival del cómic de El Cairo representa una oportunidad para que jóvenes dibujantes egipcios muestren sus obras y se den a conocer al público.

El País:Paco Roca convierte el tesoro del Odyssey en una novela gráfica de aventuras


La historia de la pelea entre el Gobierno de España y la empresa estadounidense Odyssey por el tesoro de La Mercedes —un galeón español hundido a principios del siglo XIX— tiene todos los ingredientes de una novela clásica de aventuras: medio millón de monedas de plata y oro, piratas, batallas navales, relaciones internacionales, información confidencial… Así que es casi lógico que haya acabado siendo la base para una novela gráfica titulada El tesoro del Cisne Negro, firmada por el dibujante Paco Roca (autor entre otros de Arrugas, Los surcos del azar y El invierno del dibujante) y el diplomático y escritor Guillermo Corral, que vivió en primera persona todo aquel proceso entre 2007 y 2012 desde el Ministerio de Cultura y la Embajada de España en Washington.

Entre ese punto de partida verdadero que Corral quería llevar hacia la ficción de aventuras clásicas —al estilo de Tintín o Indiana Jones— y que Roca quería mantener en un plano casi de crónica documental, ha nacido esta obra que es un poco las dos cosas. Un libro (publicado por Astiberri, llega a las librerías a finales de este mes) en el que no hay ni héroes ni villanos puros y que acaba siendo un homenaje a unos funcionarios y trabajadores anónimos cuyo esfuerzo no se suele valorar, apunta Corral, aunque culminen hazañas como la de recuperar el tesoro de La Mercedes que había rescatado del fondo del Atlántico, a unas 180 millas al oeste de Portugal, una empresa cazatesoros.


“No hemos hecho un documental, pero es evidente que está íntimamente ligado a la realidad. ¿En qué medida y hasta dónde? Eso se lo dejamos a cada lector. Es parte del juego”, explica Corral sobre un texto en el que hay agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), pinchazos de comunicaciones internacionales, presiones de embajadores y congresistas estadounidenses y, por supuesto, una historia de amor. “A mí me hubiera gustado contar más, pero bueno, estamos jugando con muchas personas que son reales.... La pátina de ficción nos salva un poco”, añade Roca.

Ambos cedieron, cuenta el dibujante, para lograr el equilibrio, y, si todos los nombres están cambiados —la empresa cazatesoros del libro se llama Ithaca en la ficción—, los despachos del ministerio que aparecen son los despachos del ministerio y el búnker que sale es como el que custodiaba el tesoro en Estados Unidos; Corral ha conservado imágenes que tomó durante el proceso. Y el ministro se parece tremendamente a César Antonio Molina, el hombre que ocupaba el cargo cuando España decidió llevar a los tribunales a la empresa que había encontrado los restos de La Mercedes y se los había llevado a Florida vía Gibraltar. “En algo así tienes que tener voluntad política. En algún momento alguien tiene que decir: me la juego, voy a ponerles un pleito. Y si sale mal te crujen”, cuenta Corral, que ha ejercido como diplomático en Turquía, Tanzania y Bruselas y ha sido director general de Política e Industrias Culturales y consejero cultural en las embajadas españolas de Washington y La Habana.


Para Roca, ese realismo era fundamental para poder hacer suya la narración en un contexto extraño, no solo por el tipo de relato, sino porque suele trabajar solo. “He intentado llevarlo a mi terreno, con ese realismo y con algunos puntos de humor. Al final, yo creo que, aunque sea un poco distinto, y siendo muy fiel a lo que quería contar Guillermo [que firma como guionista], los lectores van a reconocer que es una historia de las mías, de las que les pueden haber gustado”.

Y lo cierto es que en ella, aunque están todos esos elementos del relato de aventuras, la búsqueda de veracidad ha trastocado las jerarquías tradicionales. Por ejemplo, porque aquí la figura del cazatesoros aventurero no es tan atractiva y la mayor parte de la acción no se narra a través de persecuciones y batallas navales (aunque también están), sino en “conversaciones, despachos, juicios...”, explica Roca. Él, como muchos de los que siguieron en la prensa el devenir del Cisne Negro —nombre que se da a los galeones que conservan el tesoro completo—, empatizaba al principio más con unos cazatesoros que habían hecho el esfuerzo de sacar los restos y que defendían que, sin ellos, nunca habrían salido del fondo del mar. “Pero ahora he comprendido que el valor del tesoro no es el económico, sino que ese patrimonio nos pertenece a todos. Además, vi que habían destrozado el yacimiento para sacar las monedas”, señala el dibujante. Añade, en todo caso, que han huido en su libro de maniqueísmos y moralejas: “Queríamos también crear debate. En estas cosas lo peor que puedes hacer es un panfleto”.

Por su parte, Corral, como protagonista directo entre toda “la gente de patrimonio, del museo naval, los militares, la Guardia Civil…”, quiere dejar algo claro: “La pelea jamás fue por el tesoro; fue por la dignidad y por la memoria como nación. Y no puede llegar alguien a expoliártela y venderla en cajitas de souvenirs”.


Mezcla de estilos para una crónica de dos siglos

El 5 de octubre de 1804, la fragata La Mercedes pasaba frente al cabo de Santa María, muy cerca ya de la Península, procedente de Perú junto a otras tres naves de la Armada española que cargaban los caudales reclamados por el Gobierno dos años antes. Aunque eran tiempos convulsos, su capitán estaba tranquilo porque todas las noticias que le habían llegado confirmaban la neutralidad de España en la guerra que mantenían Inglaterra y Francia. Por eso fue especialmente sorprendente que varias fragatas inglesas de guerra se aproximaran a ellos y les comunicaron su intención de llevarles a su país y quedarse con toda la carga que transportaban. Al negarse los españoles, los cañones ingleses comenzaron a disparar, haciendo saltar por los aires La Mercedes, que se llevó con ella al fondo del mar a sus 249 pasajeros y más de medio millón de monedas de plata y oro.

Un relato similar a este —en el caso del tebeo La Merced— está insertado en mitad del Tesoro del Cisne Negro, de Paco Roca y Guillermo Corral, con un formato muy diferente al resto, esto es, con dibujos clásicos a página completa, como una novela de época. Pero este no es el único juego de estilos de la obra, pues otras veces las viñetas se convierten en mapas, en imágenes explicativas o en esquemas, casi cuadros sinópticos para explicar algún momento de los juicios —una sucesión de sentencias y recursos entre 2009 y 2012—, las enrevesadas conexiones entre servicios de inteligencia o algún caso de compra de voluntades políticas. “Ese es uno de los poderes del cómic y que precisamente en esta historia funcionaba muy bien”, explica Roca. “Cuando tienes que narrar la acción, es muy parecido al cine y está muy bien. Pero a veces eso tiene límites, cuando lo que intentas contar son pensamientos abstractos o estás explicando información muy complicada. Entonces tienes que romper con la idea de que la viñeta es una cámara de cine y usar cualquier cosa que haga que lo que estás contando sea más comprensible. El cómic es un género muy abierto a la mezcla de estilos”, asegura el dibujante.