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viernes, 11 de diciembre de 2015

La vieja historia del hombre y su cueva


Daniel Torres recibe en su casa del barrio de Poble Nou, ejemplo transparente de cómo es posible recuperar un segmento urbano de raíz popular sin cometer excesivos desmanes. Zonas verdes, campos deportivos, plazas amplias, calles limpias, chimeneas conservadas como protegido vestigio industrial... buen contexto para lo que se tercia: charlar con este clásico de la historieta española sobre su regreso a primera línea de actualidad editorial después de demasiado tiempo sin fabricar titulares: la publicación de un libro colosal e inaudito, La casa. Crónica de una conquista (Norma Editorial).

Seiscientas páginas y seis años de trabajo —tres de documentación y tres de ejecución— para un viaje de 3.200 años de Historia: la historia de la relación entre el ser humano y los sucesivos habitáculos bajo los cuales, desde la noche de los tiempos, hasta vaya usted a saber cuándo (La casa que viene, lo llama el autor), se ha buscado la vida para protegerse, primero, y disfrutar después.

Entre el Neolítico y el siglo XXI pasando por Grecia, Roma, el medievo, el Renacimiento, la monarquía y la revolución francesa, la revolución industrial, los primeros rascacielos, la República de Weimar, la llegada a la Luna y el advenimiento de problemáticas contemporáneas relativas a cómo el ser humano ha tratado las cosas propias y ajenas, el autor eleva en este libro la anécdota a categoría, es decir, la mejor, más directa y didáctica forma de hacerse entender. Sobre todo cuando se persigue no solo plasmar cosas, sino argumentarlas: la puerta no siempre cerró la casa, la casa no siempre estuvo ahí, el hombre no siempre tuvo casa propia, y en muchos casos sigue sin tenerla.

Influencia mútua
El concepto artefacto le cuadra bien al nuevo retoño de Daniel Torres (Teresa de Cofrentes, Valencia, 1958). Desde luego, no estamos ante un libro al uso. Historia, antropología, arte, geografía, urbanismo, arquitectura y decoración se dan la mano en esta obra, cuya tesis es transparente en boca de su autor: “El ser humano influye tanto en el sitio donde vive como el sitio en él. La casa nos moldea, no solo en lo físico, también como espacio mental. La tesis de este libro es sencilla: las casas tienen ADN. Tú hoy vas a casa de alguien a quien no conoces y la casa te cuenta perfectamente cómo es. Un espacio te cuenta cosas de la sicología de la gente. Una casa miente muy poco”.
Pronto cayó en la cuenta de que, pese a ser todo eso tan evidente, la gente no suele pensar sobre ello. “Quería plantear esa reflexión y hacerlo desde una perspectiva gráfica mezclando cómic e historia, ilustración y texto. Y la única premisa que me puse fue: no seas aburrido”. Cruce de caminos entre el manual de historia de las civilizaciones y el álbum de historietas, el parto de La casa arranca en el verano de 2008. El proyecto inicial era una serie de 12 tomos sobre cómo, cuándo y por qué ha vivido el hombre en sus cuevas, fueran desastrosas como cloacas humanas, sofisticadas como palacios interconectados o toda la gama que queda en medio. Recuerda Daniel Torres: “En agosto de 2008, unos meses antes de la caída de Lehman Brothers, mi editor, Rafa Martínez, me pidió que hiciera algo sobre arquitectura, y me dijo: ‘Oye, los jóvenes de hoy no saben lo que tienen o no lo valoran, pero con el tema de la casa y de su propiedad, creo que aún menos’. En este país, culturalmente y como estatus de que has llegado a algo en la vida, pasamos de querer tener un coche a querer tener una casa en propiedad. Y en parte por este fenómeno tan latino pasó lo que pasó, la burbuja inmobiliaria y todo eso”.

Burbuja, especulación, desahucios. Con papel y tinta reflejó el autor cómo algunos de esos fenómenos que creímos tan modernos cuentan 2.500 años (las explicaciones del fenómeno de los desahucios en la Grecia clásica y de la especulación del suelo en la Roma imperial son impagables). “El rico de la Roma del siglo I tenía una domus que era una maravilla. Pero era uno entre mil, el resto vivía en chozas asquerosas. Como hoy. No hay que olvidar que una inmensa parte de la población vive en chabolas, como en la Edad Media: ni sistema sanitario, ni luz, ni agua caliente, ni alcantarillas…”.

“Me pateé un montón de librerías antes de ponerme a dibujar” —explica el padre de personajes ya clásicos del cómic español como Roco Vargas o el dinosaurio Tom— “y vi que había manuales de arte, de arquitectura, de historia, de sociología... pero de historia de las costumbres no; lo sabemos todo de las guerras y los reyes… pero ¿qué pasa con la gente que sufría todo eso, la gente como nosotros, la gente de base? ¿Cómo vivían, comían todos los días o solo algunos días…?”. Y eso es lo que acabó contando Daniel Torres. La historia del hombre y su cueva. La fascinante película de lo que en ella hizo, hace, hará.