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sábado, 29 de octubre de 2016

ABC:El manga con letra entra


Están Godzilla,Gamera y demás monstruos gigantescos nacidos del pánico nuclear y el trasteo con la genética, sí, pero también «Viaje al Oeste», «Soy un gato» o «País de nieve». O, dicho de otro modo, la cultura popular que asaltó la taquilla bajo el nombre de kaiju eiga y transformó la década de los cincuenta en un asombroso mundo de cartón piedra arrasado por las más insólitas criaturas, compartiendo techo con clásicos de la literatura nipona, premios Nobel y relatos épicos adaptados a casi todos los formatos.

Las combinaciones, es cierto, serían infinitas, pero estas dos ideas, transformadas en otras tantas exposiciones, ayudan a entender cómo el Salón del Manga ha trascendido sus propias barreras y se ha transformado en un gigantesco mirador con vistas a la cultura japonesa.

Así que mientras que en el primer piso podemos ver ilustraciones de Carles Gañarul recreando bichos aterradores como Gappa o Gaira y calibrar a través de carteles originales, recortes de prensa y fotocromos de época el impacto de películas como «Gorgo y Superman se citan en Tokio», «El hijo de Godzilla» o «Godzilla contra King Kong», basta con cambiar de piso para descubrir que, en efecto, el manga con letra también entra.

Esa es, de hecho, una de las ideas que articula la exposición «Literatura y manga», una travesía intergenérica que muestra la facilidad con la que los artistas japoneses se han inspirado en la literatura o, directamente, han adaptado con gran tino clásicos de las letras universales. Encontramos ejemplos concretos como las versiones manga de «La novela de Genji», clásico del siglo XI considerado la primera gran novela de la literatura; «Soy un gato», de Natsume Soseki; y «País de nieve», del Nobel Yasunari Kawabata; pero también algunas pistas de por qué los japoneses encabezan los rankings de índices de lectura, alternan sin reparo libros, revistas y mangas e incluso son capaces de inventar subgéneros literarios como la novela para teléfonos móviles.

Función didáctica
La culpa, en este caso, hay que echársela a una colección de mangas didácticos que adapta clásicos de la literatura universal como «La ilíada», «Crimen y castigo», «Las mil y una noches», «El Quijote» y «1984» y transforma el cómic en un artefacto de alto valor pedagógico. Otros fenómenos como las «light novels», destinadas a un público juvenil y auténtico turmix cultural del que surgen animes, mangas y videojuegos; y las novelas para teléfonos móvil que dan el salto al manga, completan un recorrido que presta especial atención a «Viaje al Oeste»,algo así como el «Quijote» de la cultura japonesa, y su influencia directa en «Dragon Ball», uno de los mangas más populares de todos los tiempos.

Siguiendo esa visión panorámica a la hora de abordar lo japonés, el Salón acoge también una exposición que rastrea los orígenes del manga más allá de los primeros estudios de movimientos y expresiones de Hokusai Katsushika aparecidos a partir de 1814.

De hecho, la muestra retrocede hasta el siglo VII para rescatar una caricatura encontrada detrás de un trozo de madera, reivindica como antepasado directo el arte secuencial y la narrativa ilustrada en grandes rollos de hasta 8 metros que empezó a desarrollarse en el siglo X y fija el nacimiento del manga moderno en la aparición de las primeras revistas satíricas e infantiles a finales del siglo XIX y principios del XX.

A partir de ahí, la barra es libre y a gusto de las 140.000 personas que el Salón espera congregar hasta el próximo martes. A saber. zonas de restauración y gastronomía japonesa, exposiciones dedicadas a los fenómenos Pokémon y Yokai Watch, un repaso a la carrera de la granadina Belén Ortega, autora del cartel y representante de esa nueva generación de autoras influenciada por el manga, firmas de autores de culto como Junji Ito, desfiles de kimonos, exhibiciones de cerámica... Todo Japón encerrado en 70.000 metros cuadrados de la Fira de Barcelona.