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domingo, 26 de febrero de 2017

'Filmish', viñetas para analizar el cine


Decenas de ensayos más o menos académicos han tratado de explicar la historia del cine, pero pocas veces se había hecho tal cosa a través del cómic. Quien lo ha intentado, y lo ha conseguido con creces, es el dibujante, guionista e ilustrador británico Edward Ross, que acaba de publicar en España 'Filmish' (Reservoir Books), un sorprendente y ameno volumen que aborda los entresijos del séptimo arte en siete (quizá no sea una coincidencia) capítulos.

Ross cuenta en la introducción que desde niño ha sido un 'cineherido'. Con siete años vio Parque Jurásico y se quedó “alucinado”; con ocho, 'Terminator' le dejó “embelesado”; de adolescente, las cintas VHS se acumulaban en su habitación. Obviamente, se licenció en Estudios Cinematográficos y de esa fascinación por la gran pantalla ha acabado naciendo 'Filmish', que pudiendo ser una obra erudita (que a su manera lo es), aparece como un manual de divulgación para entender qué subyace detrás del cine.

Así, el autor recuerda que el séptimo arte es una industria que ve el mundo a través del ojo “masculino, blanco y heterosexual”, una ideología que se ha filtrado a veces de manera evidente, a veces subrepticiamente, en las películas. “Como afirma Mary Beltrán, aunque en gran medida el cine moderno asigna los papeles con una mentalidad multicultural, la ideología de la superioridad blanca y la subordinación no blanca conserva una gran influencia y en la actualidad los héroes blancos siguen dominando la pantalla”, argumenta Ross, que pone el ejemplo de infinidad de largometrajes, entre ellos, 'Arma Letal', donde Mel Gibson dice a su compañero, Danny Glover: “Hemos vuelto. Somos malos. Tú eres negro y yo estoy loco”.

'Ciudadano Kane', '2001. Una odisea del espacio', 'Memento', 'Jungla de cristal'... Son algunas de las cintas que Ross analiza con su particular bisturí. Y de esa manera descubre que además del racismo también hay machismo, con la cosificación del cuerpo de la mujer (“está presente solo para que se la admire y el héroe la reclame como premio”), o de falta de sensibilidad con la discapacidad, que “se identifica con inmoralidad e incluso con maldad”.

Pero donde el libro alcanza una grandísima altura es en el capítulo dedicado al poder y la ideología. “El cine cumple una función vital en la determinación de los valores morales y en la reafirmación de las normas y las expectativas sociales”, sostiene Ross. Relata el autor cómo todos los grandes regímenes, hayan sido dictaduras o democracias, desde el nazismo hasta el Japón imperial, han tratado de formar a su población a través del cine, pero reconoce que ninguno lo ha hecho tan bien como Estados Unidos.

Las películas de 'western', por ejemplo, servían en los años 50 y 60 para mostrar una visión mítica de Estados Unidos que permitía al espectador, además, “comprender mejor el papel de su país en tiempos de la Guerra Fría”. “Con sus héroes masculinos y rectos, se proyectaba la imagen de una tierra levantada por hombres blancos para hombres blancos, un mito que contribuyó a justificar la desigualdad y la discriminación existente”, continúa.

La etapa de Reagan

La etapa de Reagan en el Gobierno llevó hasta el extremo esta simbiosis cine-ideología. Rambo, por ejemplo, ejemplifica este cine “dominado por hombres musculosos que se tomaban la justicia por su mano para proteger los intereses estadounidenses a base de violencia y para reforzar los valores familiares conservadores”. “Y mientras”, razona Ross, “cintas como 'Atracción Fatal' (1987) e 'Instinto básico' (1992), con mujeres profesionales, liberadas sexualmente y asesinas, identificaban la independencia femenina con la irresponsabilidad e incluso la psicosis”.

Ross da una clave muy importante para entender por qué el cine se ha puesto tantas veces al servicio del Gobierno y del Ejército de Estados Unidos. “Como ha demostrado el historiador militar David Robb, los productores hollywoodienses piden ayuda al ejército de forma habitual a fin de reducir costes y reciben desde jeeps y uniformes hasta helicópteros, soldados y portaaviones”. A cambio, continúa Ross, el Pentágono tiene acceso a cinco copias de los guiones, hace los cambios pertinentes y obliga a rodar el guión exactamente tal y como lo ha aprobado. Por eso, películas como 'Punto Límite', 'Platoon' o 'Trece días', “que muestran las consecuencias negativas de la guerra y se niegan a mitificar la historia militar de Estados Unidos, no reciben ninguna ayuda”.

Pero donde Edward Ross mete completamente el dedo en la llaga es con las películas de Disney. Los personajes femeninos, explica, deben ser doncellas que hay que rescatar, como en 'Blancanieves' o en 'La Bella y la Bestia'. Los árabes son malvados en 'Aladdin', el orangután de 'El libro de la selva', que tiene acento afroamericano, canta 'Quiero ser hombre como tú'; y los cuervos de Dumbo fueron creados como personajes afroamericanos en la versión original de la cinta. Una visión del mundo, una vez más, hecha por hombres blancos para hombres blancos.