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lunes, 3 de abril de 2017

ABC:Hay que volver a Mingote



Ausente de ABC desde hace cinco años, es momento de recordar que Antonio Mingote publicó por primera vez en el suplemento infantil Gente Menuda en 1932 y con apenas trece años. En el año 36 volvió a intentarlo, enviando un dibujo de Don Quijote, no publicado, para uno de los famosos concursos de portadas de Blanco y Negro. Pero no será hasta el 19 de junio de 1953, en el número 14.754, cuando comience a publicar en ABC. El reto era grande porque venía a sustituir a Joaquín Xaudaró, fallecido en 1933, y para el que no se había encontrado sustituto. Así que el bueno de Don Antonio, con treinta y cuatro años recién cumplidos se puso a la tarea de llenar cada mañana un hueco con su ingenio y humor. Y lo hizo en más de veinte mil ocasiones, hasta su muerte en 2012. «Para mí, ABC, además de mi casa, es una historia de amor. Sustituí a Xaudaró, me contrató Torcuato, Juan Ignacio instituyó un premio con mi nombre, Guillermo me apoyó siempre, Catalina ahora... Los Luca de Tena son mi familia. Yo me he limitado a corresponder con mi lealtad y mi cariño».

Este hombre tierno e inteligente hacía el humor con la misma seriedad, exactitud y rigor que un notario. «No se puede crear humor frívolamente, como en broma», declaró. Y para ello se adaptaba a una rutina minuciosa. Se levantaba temprano, daba un largo paseo –muchas veces por su amado Parque de El Retiro–, desayunaba en una cafetería, leía concienzudamente ABC y tomaba notas, esbozaba dibujos, anotaba pensamientos en libretas, cuadernos o en servilletas. Y reposaba.

Comentó en una ocasión que Torcuato Luca de Tena le propuso hacer el trabajo en la redacción de ABC, pero rehusó. «Hay que darle tiempo al lector para que se informe y para que discuta las noticias en su casa o con los compañeros de trabajo. Según mi criterio, el chiste tiene que salir cuando la noticia está en la calle». La de humorista no fue sin embargo su primera elección profesional: «Ahora que dicen que soy un dibujante de humor, debo confesar que empecé por casualidad, porque yo no pensaba ser un dibujante, sino escritor, periodista. Y si me dediqué al dibujo fue porque un amigo en la pensión donde estaba conocía a su vez a Álvaro [de la Iglesia, director de La Codorniz], le llevó mis dibujos y Álvaro empezó a publicarlos. Y ahí me he quedado».

A Mingote hay que volver periódicamente porque aún es capaz de proporcionar al lector nuevos motivos para dejarse de angustias y ceder por un momento a la sonrisa y la reflexión más llevadera. «Lo malo de morirte –escribió en una cuartilla de papel– es no poder disfrutar de la privilegiada circunstancia de estar muerto. Sin despertadores, sin noticiarios, sin quirófanos, sin notarios, sin teléfono, sin urgencias, sin demoras en la eterna demora...». Su maestría, su prodigio, su talento, su clase y su ternura permanecerán entre nosotros como un constante ejemplo a seguir.