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sábado, 15 de abril de 2017

Cortázar, de la rayuela al cómic


Un día llegó el novelista Carlos Fuentes a París a visitar a su colega Julio Cortázar. No se conocían en persona y, al abrirse la puerta, “lo vio tan espigado, tan delgado y lampiño, y tan joven”, que le dijo: “¡Che, pibe! ¿Podés avisar a tu papá?”. “Pasá, Carlos, mi papá soy yo”, le respondió el autor de ‘Rayela’. Es una de las anécdotas que, junto a otros “momentos iluminativos”, manías y caprichos, y aspectos todavía hoy soprendentes, han servido al escritor y periodista Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) y al joven dibujante Marc Torices (Barcelona, 1989) para trazar un luminoso retrato en cómic del creador argentino, huyendo de la biografía al uso.

En un cuidado volumen, editado por Nórdica, que llegó justo a tiempo para presentarse en el Salón del Cómic de Barcelona y ahora camina ya hacia Sant Jordi, para Marchamalo representa su debut en el mundo de la viñeta pero no en el del autor de ‘Historias de cronopios y de famas’, sobre quien ha comisariado dos exposiciones y publicado ‘Cortázar y los libros’. “Es el autor fetiche de mi generación. Muchos nacimos a la literatura con él y con los otros escritores del ‘boom’ (García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes)”.

DESPLIEGUE DE RECURSOS GRÁFICOS

Seguidor de Olivier Schrauwen, Chris Ware, Robert Crumb o David B., para Torices es su primer proyecto de peso y a él ha dedicado dos años de “total libertad creativa”, alumbrando un atinado, espectacular y ambicioso despliegue de estilos y recursos visuales. El dibujante trabajaba a partir de los aproximadamente dos folios por capítulo, sin indicaciones gráficas, que le iba enviando Marchamalo. “Eran un guion literario (de 35 páginas) que yo iba traduciendo al lenguaje del cómic. A veces de cuatro líneas me salía una secuencia de cuatro páginas”, señala Torices, que pone como ejemplo cuando Cortázar conoció a su última pareja, Carol Dunlop, cuyo primer encuentro, en 1977 en Montreal, llega tras tres páginas sin palabras, protagonizadas por el humo del cigarrillo que siempre le envolvía.

Marchamalo aún se sorprende del trabajo de Torices, quien se mueve en animación, fancines y cómic digital, y quien según el escritor, respondió a sus ideas “con algo totalmente distinto a lo que imaginaba, deslumbrante, un discurso narrativo muy intuitivo”. “Iba cambiando registros intuitivamente -ratifica el dibujante- a la vez que Cortázar también avanzaba en su vida. El dibujo intenta ser coherente con su propia evolución”.

EL DRAGÓN INFANTIL DE GAUDÍ

Con recursos como intercalar fragmentos de la entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo a Cortázar en 1977 en ‘A fondo’ (TVE), con comentarios y aspas o espirales que el escritor anotaba en sus libros o imágenes fotográficas, el cómic deambula por su vida desde que nació, en la Bruselas de 1914. Sigue por la huida familiar de la primera guerra mundial hacia Zúrich y luego a Barcelona hasta 1918, de la que siempre guardó en la memoria un recuerdo subconsciente de un dragón colorido, imagen del de Gaudí en el Park Güell, donde su madre le llevaba a jugar.

Sobre la infancia de Cortázar, quien también hizo sus pinitos en el cómic con ‘Fantomas contra los vampiros multinacionales’, no falta el abandono del padre, de quien no sabría nada más hasta su muerte, y que le dejó una “tristeza recurrente, sorda e inexpresada”; el regreso familiar a Argentina; su salud enfermiza, que le abocó a la lectura voraz y a la escritura precoz y brillante, hasta el punto de que su madre (como a Neruda su padre) a los nueve años le instó a que confesara de dónde había copiado aquellos escritos, entre ellos su primera novela. Ese día tuvo la “certeza de que el mundo estaba lleno de idiotas”, recoge el álbum.

De ahí a su decisivo encuentro con Borges, que le publicó su primer cuento, su ascenso hasta convertirse en uno de los grandes del ‘boom’, París, sus viajes, su amor por los gatos y el boxeo y su aversión al ajo, y las mujeres de su vida, Aurora Bernárdez, Ugné Karvelis y Carol Dunlop.

COMPROMISO REVOLUCIONARIO

Marchamalo ha “eludido a propósito” temas polémicos o rumores, como el de que si su muerte, en 1984, fue a causa del sida por una transfusión de sangre. “No aportan nada relevante sobre su vida o su obra, en cambio sí lo es su compromiso político, como con la revolución cubana, la Nicaragua sandinista o el Chile de Allende”, recalca.

Sí pudo el autor confirmar con su esposa Aurora, antes de su muerte, otro episodio curioso. “En un viaje a Italia, para ahorrar peso en el equipaje, cuando él había leído la página de un libro la arrancaba y se la daba a ella, que a su vez, una vez leída, la tiraba”. Cierra el volumen una foto de su lápida en el cementerio parisino de Montparnasse, tomada por una amiga de Marchamalo el 12 de febrero pasado, día del 33º aniversario de su muerte. “En ella se ve un ramo de narcisos que ella le llevó de nuestra parte y muchas ofrendas recientes que demuestran que sigue despertando pasión y cariño”.

Nórdica, que ultima la venta del cómic a siete países, acaba de recuperar además el primer poemario de Cortázar, ‘Pameos y meopas’, de 1971, en una edición ilustrada por Pablo Auladell (Premio Nacional de Cómic 2016).