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martes, 26 de diciembre de 2017

Unas copas, una apuesta... así nació el cómic de Pepe Carvalho



Todo comenzó una noche de copas -como no podía ser de otra manera, en honor a la Barcelona canalla del inolvidable Pepe Carvalho- entre el escritor y guionista Hernán Migoya y el novelista Daniel Vázquez Sallés -dos carvalhianos empedernidos: uno por sobredosis de consumo en la adolescencia y el otro porque lo lleva en el ADN en condición de hijo del genial Manolo Vázquez Montalbán-. ¿Por qué demonios el detective no conocía las viñetas? era la pregunta que se hacían ambos con el pico caliente. Y el autor de Todas putas, ex director de la mítica El Víbora y con un rosario de premios como guionista de cómic a cuestas, aceptó el reto. No mucho después Migoya buscó la complicidad de otro peso pesado del gremio, el mallorquín Tomeu -Bartolomé Seguí, Premio Nacional del Cómic por Las serpientes ciegas-, con el que ya había trabajado para una entrega de la serie Nuevas hazañas bélicas. El resultado de esa asociación es una maravilla titulada al igual que la obra original: Tatuaje, la adaptación al cómic de la primera novela de la serie Carvalho de 1974, protagonizada de facto por el detective, tras su aparición como personaje secundario en Yo maté a Kennedy (1972). Y para el principal instigador, Daniel Vázquez, el resultado es lapidario: «La mejor adaptación que se ha hecho nunca en cualquier medio de una novela de Carvalho». El álbum, publicado por Norma Editorial, es sólo el pistoletazo de salida de un magno proyecto, «porque tenemos la voluntad de continuar toda la serie, si las primeras entregas funcionan», aclara Seguí. De momento ilustrador y guionista ya firmaron contrato con Norma para las tres primeras novelas -seguirán La soledad del mánager (1977) y Los mares del Sur (1979)- según el acuerdo de adaptación alcanzado entre la editorial y la Agencia Balcells, que lleva los derechos para los herederos de MVM. A su vez los tres primeros álbumes ya han sido comprados por la casa francesa Dargaud, y es probable que las traducciones pronto caigan en cascada a partir de la edición gala.

El único inconveniente que ve Seguí en el gran proyecto es su dimensión, a juzgar por los 15 meses que demoró en ilustrar las viñetas de Tatuaje. «La serie tiene 15 novelas, a año y medio por libro, no sé si me jubilaré antes de acabar o viviré suficiente», bromea. Pero bromas aparte, el álbum bien vale su dilatado tiempo de producción gráfica, sin contar con el guion de Migoya que Seguí recibió con abundantes acotaciones de todo tipo. Lo cierto es que Pepe Carvalho en viñetas tiene los rasgos de Ben Gazzara, tal y como siempre había soñado el escritor que luciera su personaje en la pantalla. «Personalmente no lo veía como Junajo Puigcorbé ni como Eusebio Poncela. Nos decantamos por la cara del actor Ben Gazzara porque me interesaba la posibilidad de envejecer al personaje, de que evolucionaran sus facciones», explica el dibujante, recordando el hecho de que aquí Carvalho sólo tiene 37 años y le siguen más de tres décadas de casos encadenados en los que MVM traza un verdadero fresco político y social de Barcelona y de la España de la Transición y la democracia. Pese a que buena parte de la trama de Tatuaje trascurre entre los canales de Amsterdam, Barcelona es la gran protagonista junto a Carvalho de esta novela inaugural, a la que tanto Migoya como Seguí se empeñaron en respetar con fidelidad. «Es la Barcelona oscura de tonos grises que conocí cuando llegué a estudiar a comienzos de los 80», explica Seguí. «Es una Barcelona en color de vieja película Kodak», añade en relación a las tonalidades de sus tintas, «anterior a la trasformación olímpica». «La intención es que evolucione y se transforme al igual que el personaje».

Respeto total«La adaptación es muy fiel. Y muy exhaustiva», apunta al respecto el guionista desde la distancia por correo electrónico. Migoya hace tiempo que instaló en Lima, Perú, su residencia fija. «Seguí y yo reverenciamos las novelas de Carvalho y queremos que la voz de esas novelas esté viva en sus cómics», explica. «Obviamente, qué pierde y qué gana lo tiene que decidir el lector. Lo más atractivo a mi parecer de su trasvase al cómic es lo siguiente: transcurridos más de 40 años desde la primera edición de Tatuaje, las novelas de Carvalho hoy ya son también novelas de época. El cómic y, especialmente, un cómic con el talento para la ambientación y el detalle de fondos que aporta Seguí como dibujante, permite recrear maravillosamente esa época del tardofranquismo y la Transición democrática española de los 70. Hemos disfrutado mucho reconstruyendo esa época, los lugares reales de esa Barcelona entrañable sin móviles ni internet, que a fin de cuentas es la de nuestra infancia».Para Seguí el mayor desafío fue, además de la portada -«desde que estudio pintura me cuesta mucho concentrarlo todo en un solo cuadro, porque yo soy un narrador en imágenes», confiesa- la figura de la temperamental Charo, la amante ocasional del detective. «No sólo porque me cuesta mucho dibujar mujeres, sino porque el modelo estaba entre las actrices españolas de los 70 como Bárbara Rey y Ágata Lys. Creo que finalmente me quedó más bien como Blondie», bromea.