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lunes, 8 de enero de 2018

'Black Monday Murders': Un cómic sobre cómo Satán impuso la globalización económica


No hace falta ser un lince para ver que entre los grandes poderes económicos hay una connivencia amiga de pasarse por el arco del triunfo las leyes de los mortales, pero de ahí a ver una conspiración mundial urdida en un cuartel secreto oculto, tipo del club Bilderberg, va un trecho.

No obstante, gracias al deterioro de la importancia de la compresión lectora en los sistemas educativos y la era de la información infinita en la que estamos inmersos, e inmóviles, la creencia en conspiraciones mundiales cada vez tiene más adeptos. Es por ello que un cómic que pretender ser un noir esotérico como Black Monday Murderers, con su ocultismo y sus conspiraciones económicas a escala mundial, lo que resulte es una muy grata comedia habida cuenta de las teorías que se monta la gente para explicarse la complejidad del mundo.

El cómic lo lanzó Image el año pasado, concluyó en septiembre, es obra del prolífico guionista Jonathan Hickman y cuenta con el excepcional dibujo de Tomm Coker. La presentación es bastante simpática. Hay un dios oculto al que unos pocos privilegiados rinden culto cuya principal manifestación en la Tierra es el dinero. Es el dios del dinero y su nombre no les sonará extraño, se llama Mammon.

Las sectas que le siguen, a través de sacrificios humanos y demás rituales, dominan la economía mundial. Son los que mueven los hilos, ya sea en el comunismo como en el capitalismo. Se dan discusiones entre los brujos de ambos mundos. Para los rojos todas las personas no son más que esclavos sacrificables a Mammon como combustible para conseguir fines concretos. Para los occidentales, la explotación de un hombre es una especie de inversión para el mañana. Si no estuviera dibujado por un genio parecería una hilarante comedia sin lugar a dudas.

Una explicación a ¡todo!

El origen del título está en el llamado "Lunes negro" de 1987, unas bajadas bursátiles de hasta el 60% que tuvieron graves repercusiones. Entre otras, afectaron a las maltrechas economías comunistas y se sumaron a las múltiples causas que desencadenaron el final de los regímenes socialistas y el desmantelamiento de la URSS. Tras los ajustes pertinentes después del colapso, se inició la etapa que conocemos como globalización, el principio del fin de los estados naciones como entidades plenamente independientes y soberanas. Una transformación de profundas consecuencias sobre todo entre quienes han sido testigos de ella y responden a los cambios con repliegues identitarios que anhelan el regreso a un pasado edénico. El cómic es muy deudor de ese espíritu que teme a los cambios y se refugia en el miedo y el extremismo. De alguna manera, es hijo de los tiempos, aunque mediante la fantasía trate de explicar todo aquello que preocupa a tanta gente con una fabulación satánica.  

Todo se inicia con un detective que investiga un crimen en cuya escena han aparecido extraños símbolos. Junto a él nos va introduciendo en este mundo esotérico-financiero, aunque él también porta sus detallitos mágicos. Su abuela, según confiesa, creía en el vudú. Un detalle que no pasa inadvertido para los altos ejecutivos-curas-seguidores de Mammon a los que va interrogando.

Uno de esos interrogatorios precisamente es el mejor pasaje de los seis álbumes. El detenido, para demostrar su poder al detective, domina la voluntad de su abogado y le obliga a estamparse la cabeza contra la mesa una y otra vez. Mientras, él sigue divagado sobre lo humano y lo Mammon. El porqué ocurre lo que ocurre es lo de menos. Lo fascinante es el dibujo. Esas viñetas llevadas al cine marcarían una época.

Conspiranoia aguda

Poco a poco se van teorizando todas las teorías de la conspiración que no dejan de ser, al fin y al cabo, las mismas que reproducen las buenas gentes que nos rodean cada vez que ocurre algo. Por ejemplo, las catástrofes meteorológicas no ocurren al azar, están teledirigidas por esta elite oculta, se sugiere. Así como la justicia. Según se explica, lo que tenemos se trata tan solo de una vaga proyección de la ley que ayuda a que las masas se crean que existe la justicia, pero nada más.

El punto álgido se produce cuando uno traza la línea entre todos los asesinatos que aparecen, los cuales estarían planeados para conducir a la sociedad a la globalización económica. Hay un plan maestro para concentrar la riqueza en una pequeña elite compinchada con el mismísimo Satanás.