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viernes, 20 de abril de 2018

"Las mujeres tenemos que recuperar el cómic como autoras y como lectoras"


Marika Vila (María del Carmen Vila, Barcelona, 1949) es una historietista barcelonesa de largo recorrido que hace un año realizó su tesis de la carrera de Humanidades observando el cómic español desde una perspectiva de género. A las siete de esta tarde pronuncia la conferencia "Des-okupar el cuerpo: las mujeres en el cómic español", organizada por Tribuna Ciudadana, en el salón de actos de la Biblioteca de Asturias, en el Fontán. La presenta la dibujante asturiana Raquel Lagartos, autora de "Mary Shelley: la muerte del monstruo" y de "La hierba del estío".

Vila reflexionará sobre "los estereotipos en el cómic y cómo se produce la usurpación del cuerpo de las mujeres por el artefacto 'Mujer', construido por la voz masculina del discurso dominante en el medio, que ha venido silenciando a las autoras históricamente o las ha reducido al pequeño espacio del estilo femenino construido desde el discurso patriarcal".

"Subjetiva, no imparcial", Marika Vila "somete ese discurso a la disciplina académica para hablar desde dentro y poder contrastarlo con una pluralidad de visiones".

- Empezó en el cómic femenino y comercial...

-Y del discurso hegemónico a los 17 años con Selecciones Ilustradas, una agencia que trabajaba para Europa y América, y entré en contacto con una generación de dibujantes, la mayoría mayores que yo y otros más cercanos.

- Su generación es la de la Transición.


-La que se llama del Compromiso. Retomamos el medio y, como los jóvenes de entonces, sentimos en la piel los movimientos sociales e intentamos recuperar el medio y responsabilizarnos del mensaje y tratar el cómic como un arte más. Fue el inicio del "boom" del cómic.

Trabajó en la revista "Trocha / Troya" y en "Butifarra", dos publicaciones de izquierdas, y perteneció al Colectivo de la Historieta, veintidós autores de los que tres eran mujeres.

-Éramos las chicas del cómic porque no había otras: Montse Clavé, Mariel Soria y yo.

- Y las profesionales que venían de los cuadernos para chicas y otras publicaciones, ¿por qué no se incorporaron?

-El medio las invisibilizó y marginó mucho y, en ese momento, se dejó de hacer ese cómic. Trabajaban en casa, firmaban Juli o Pepi y no tuvieron contacto con otros movimientos. Unas cuantas eran importantísimas y tenían gran profesionalidad. Ya en la República estaban Lola Anglada, Rosa Galcerán, Piti Bartolozzi y Josefina Tanganelli. En el franquismo salieron María Pascual, Carmen Barbará y Purita Campos, que resiste hasta los años 90, todas encarriladas en un estilo en el que son excelsas profesionales que mantuvieron una cuota de lectoras. Nuria Pompeia hacía cómic en el humor gráfico. Y nosotras rompimos el techo.

- En Francia salió "Ah! Nana", que duro poco, y aquí el "Totem especial mujeres", un especial.


-Donde el editor Roca decía que éramos tan buenas que no iba a hacer más números. A la fuerza, la realidad te podía. No teníamos conciencia de que había otras mujeres en Francia haciendo cosas. Encontrábamos los problemas de machismo no en la derecha, que ahí ya los esperabas, sino en la izquierda, en compañeros que no se daban cuenta de sus comportamientos y se sorprendían. No me quejo de eso, quiero mucho a mis importantísimos compañeros, pero es un análisis: era así y no teníamos casi espacio para publicar, aunque estábamos trabajando igual en abrir espacio y brecha. Era el marco general y la comercialidad, que en España se restringió a los fieles y que venía de una tradición masculina y de una segregación radical que se implantó en la dictadura. Los niños tenían el espacio sideral y el mundo para conquistar, y las niñas, la casa, el hogar y educación en el rol. El niño es héroe y le dejan desfogarse y a ella la enseñan a ser controlada, controladora del consumo y enemiga de las otras mujeres.

- En los ochenta llegaron más autoras.


-Ana Miralles y Laura Pérez Vernetti, que este año consiguió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, donde por primera vez se han implicado con las autoras después de una paulatina sensibilización.

- ¿Y las lectoras?


-El cómic las expulsó. Las que siguieron fieles lo hicieron travistiéndose, asumiendo que estaban en el plural neutro que no nos contempla.

- El cómic japonés las recupera.

-Tenemos que recuperar el espacio como autoras y como lectoras. Aunque tenemos que huir de la segregación que representan y del discurso homogeneizador, el manga y los tebeos románticos que han permanecido son reivindicables por la profesionalidad de los autores y porque han mantenido o vuelto a traer lectoras. Si podemos ofrecer otros productos, los lectores se engancharán y pasarán al cómic adulto.

- En la novela gráfica, que es cómic, aparecen autoras tan sólidas como Marjane Satrapi, Possy Simmonds y Rutu Modan que hacen narrativa adulta y no sólo para mujeres.

-Sí, para personas. En 2008 el cómic entró en la crisis y empezó a preocuparse porque no había mujeres. Se rescató a Purita Campos por "Esther y su mundo" y aparecieron otras como Satrapi en Francia, donde se trata mejor a las autoras.

- ¿Hay características de mujer en la imagen de las mujeres que hay en los cómics?

-En mi tesis comparo las obras de Milo Manara y Ana Miralles. Manara y Hugo Pratt son una referencia para Ana, que trabaja en el "mainstream". He comparado imágenes parecidas y se observa que la iconografía que crea ella es de una mujer, una persona que planta cara al espectador, y la de Manara es una muñeca hinchable. Ana no rompe el discurso tradicional pero deja un rastro de que hay otra persona haciendo ese discurso. Su discurso es masculino, porque el guionista lo es. Ella lo ha controlado en lo que puede, cambia, debate, pero sigue el erotismo romántico masculino. Ahora Luci Gutiérrez se dibuja a sí misma con su cuerpo recuperado. La subjetividad femenina que emerge en la nueva iconografía muestra que no existe un artefacto "Mujer", sino infinidad de modelos y de diversidad y que el discurso sexo-género heteropatriarcal puede tener un espacio pero no la hegemonización de los lenguajes.

Vila empezó estudios de Sociología que dejó, se formó en la Escola Massana de Arte y en 2004 empezó la carrera de Humanidades. Inició su investigación para la tesis en 2009 y ha hecho dos másteres sobre la representación de las identidades culturales de género. El dibujo le ha permitido "vivir y dar estudios a mi hija" pero no sólo haciendo cómics románticos para Italia, Reino Unido y Suecia o creando series como "Luna y Duna" para la revista "Barbie", sino ilustrando, trabajando como animadora en "Muffi, el último koala" y en la parte técnica de publicaciones de editorial Planeta, lo que la sitúa en la introducción del manga en España con "Dragon Ball" y de la revista "Shonen Magazine" y muchos más.

- ¿Qué intentó hacer en "Luna y Duna"?

-Era para niñas e intentaba ser todo lo diferente que se podía dentro de "Barbie".