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martes, 26 de junio de 2018

RTVE:'The Black Holes', un cómic sobre sensaciones


Hace dos años, Borja González (Badajoz, 1982) publicó su primera novela gráfica, La reina orquídea (El verano del cohete) un cómic diferente que, tras su apariencia de cuento de hadas era una aguda reflexión sobre la creatividad. Ahora confirma su desbordante talento con The Black Holes (Reservoir Books), una sugerente historia sobre un grupo de jóvenes que quieren montar un grupo de punk.

Borja nos confiesa que: “La idea de The Black Holes sale directamente de mi anterior libro, La reina orquídea, que para mí fue un punto de inflexión, un cambio gráfico y narrativo. Y, sobre todo, la obra que me permitió encontrar un hilo conductor. Aunque ese cómic también fue una forma de experimentar muchas cosas que, enseguida, me di cuenta de que se habían quedado atrás”.

“Este libro –continúa el autor- nace de todas esas pequeñas cosas que me dejé en el tintero y que surgen de un estado de ánimo que tenía sobre 2015-2016. Un cierto desarraigo de la realidad que vivíamos en ese momento. Cierta desconexión. Y de ahí surgieron tanto La reina orquídea como The Black Holes que es, yo creo, donde he conseguido plasmar parte de esa sensación de desarraigo y ansiedad”.

Una sensación que todavía no ha desaparecido, como nos comenta Borja: “No, para nada. Hace poco me preguntaban sobre eso y decía que a mí me gustaría tomarme cada libro como un pequeño capítulo de una obra mayor. Creo que esa ansiedad no desaparece pero aprendes a manejarla, a transformarla y, sobre todo, a adaptarte a ella”.

Un libro autobiográfico

El libro narra la historia de tres jóvenes (Gloria, Laura y Cristina) que, en 2016, quieren montar una banda de punk llamada The Black Holes. Pero la reminiscencia de algo que ocurrió hace 160 años (1856), perseguirá a una de ellas.

A pesar de que el libro sea un cuento fantástico protagonizado por mujeres de distintas épocas, Borja confiesa que: “Es totalmente autobiográfico. No hay ningún personaje con el que me identifique pero sí que me deshago en todos ellos. Tengo una parte que siempre es más optimista. Y ese optimismo lo llevo a un personaje concreto. Hay otros momentos que es todo lo contrario y lo vuelco en otro personaje. Pero todos tienen algo de mí y de lo que me rodea”.

“No me gusta pensar en mis libros como una trama -añade- No me interesa tanto un argumento, desarrollo y desenlace, sino lograr un cierto clima, un ambiente, unas sensaciones. Creo que eso permanece más en el lector y es más interesante. Por eso intento desarrollar un punto de partida. Y en este desde el principio estuvo la idea de un grupo de punk adolescente en 2016. Me parecía algo ciertamente anacrónico, que un grupo de adolescentes de hoy monten un grupo de punk con reminiscencias de los 70. De grupos que desaparecieron antes de que ellas naciesen siquiera”.

“Creo que eso define mucho a los personajes, porque está claro que no viven en el momento adecuado. O al menos eso es lo que creen” -afirma el autor-.

El pasado mira al futuro y viceversa


Pero el cómic en realidad son dos historias, porque las inquietudes de ese grupo punk se mezclan con las de Teresa, una joven de 1856 que parece sacada de una novela de Jane Austen. “No sé qué parte vino antes y cual después –asegura Borja-. Pero quería reflejar esa especie de ruptura temporal, cierto traspase de ideas. Por eso ubico una de las historias en 1856”.

“Esto –continúa- también tiene mucho que ver con el concepto de futuro en estas dos épocas. Los personajes de 2016 miran al pasado mientras que la protagonista de 1856 mira al futuro. Unas sufren de cierta ansiedad y la otra todo lo contrario. Es optimista por naturaleza y solo quiere descubrir cosas nuevas; mientras que las chicas de 2016 solo son capaces de construir con los retazos del pasado"

Dos cosas tan aparentemente antagónicas como el punk y el romanticismo. “Para mí no eran tan diferentes –afirma el autor-. El libro no habla de punk ni de romanticismo, sino de una conexión, de cómo se relacionan los personajes con cada uno de esos movimientos. No me interesa tanto un movimiento en sí, sino la manera que tienen los personajes de encontrarse en ellos. Laura, por ejemplo, la protagonista de la trama de 2016 le encantaría haber vivido ese momento de eclosión musical. Pero vive en 2016”.

“La manera de relacionar ambas historias –asegura Borja- varió mucho porque al principio era un libro más anclado en la ciencia ficción. Pero luego me di cuenta de que eso no funcionaba. Me apetecía que esos lazos entre ambas historias solo se intuyeran, casi como un sueño. Quería que el lector no tuviera claro si lo que estaba leyendo es real”.

En cuanto al título, The Black Holes (Los agujeros negros) Borja nos comenta que: “Laura es fan de Stephen Hawking, pero eso era solo un guiño. Buscaba un nombre, una idea estética para el grupo de punk que tuviera cierta relación con lo que estoy contando. Pero no hay nada científico en la historia”.

La creatividad del autor y los lectores

Otros de los temas que aparecen en el cómic es la creatividad. “Era el tema central de mi anterior libro, La reina orquídea –confiesa Borja-. Y creo que aquí sigue estando presente cierta ansiedad, no exactamente por crear algo sino por perdurar, por gritar al mundo que existes”.

“Pero creo –continúa- que eso también es un signo de esta época. Esa ansiedad, no por destacar o brillar de una manera especial, sino por pensar que lo que estás haciendo vale para algo, que va a trascender. Como autor tengo ese miedo, esa inseguridad de que las cosa que hago van a ser válidas apenas unas semanas, con un poco de suerte meses. Y esa ansiedad yo creo que la tiene cualquiera que se dedique actualmente a la creación artística. Y quería reflejar esa ansiedad en los personajes”.

Borja también asegura que también busca la participación del lector en sus historias: “Trato de dejar hilos abiertos. Esto tiene mucho que ver con mi forma de trabajar. No trabajo con un guion cerrado sino que me gusta improvisar, dejarme llevar por la historia. Por eso escribo al mismo tiempo que dibujo y muchas veces dejo abiertos hilos de manera intencionada”.

“En algún momento -añade- posiblemente pensara que los iba a cerrar más tarde. Pero llega un punto en el que pienso que queda más bonito insinuar la historia que cerrarla completamente. Porque creo que eso incentiva la implicación del lector en la obra. Me gustaría verlo más en el cómic. Siempre digo que me gustaría que el tiempo de lectura de mis cómics fuese similar a lo que dura una canción. Porque pienso que, al final, las canciones permanecen mucho tiempo en la mente de quien las escucha y me gustaría intentar llegar a conseguir eso con el cómic”.

Su intención es que sus libros estén relacionados como una única obra. “Puede ser –afirma-. Es algo que está por ver. Estos dos cómics si están muy relacionados y mentiría si dijese que no trabajo en algo relacionado. Pero esos vasos comunicantes todavía están por definir. Aunque es más que probable que al final todo esté relacionado”.

Intentamos evadirnos de la realidad


The Black Holes también es una historia sobre cómo intentamos evitar la realidad. “Eso tiene mucho que ver conmigo -confiesa- porque paso mucho tiempo consumiendo ficción. Consumo más ficción que el tiempo que paso relacionándome con los demás. Y eso tiene mucho que ver a la hora de definir a mis personajes”.

“No siempre es una evasión consciente –añade Borja-. A veces nuestro entorno nos empuja a ello. Creo que hay poca gente que actualmente no consuma demasiada ficción. En ninguna época anterior hemos tenido tanto acceso a la ficción ni tanto consumo de la misma. Creo que eso tiene que afectar a tu manera de entender el entorno”.

Hablando del entorno, la naturaleza vuelve a ser mucho más que el escenario de la historia. “Es un personaje más –afirma Borja- Me interesa mucho porque la naturaleza no cambia. Antes de hacer cómics, cuando me dedicaba a la ilustración, la naturaleza ya era un personaje más. En mis historias hay protagonistas con cierta ansiedad por el momento que les ha tocado vivir, pero la naturaleza siempre está expectante, mira todo eso y le da igual, porque siempre va a estar ahí. Es un elemento que ancla la historia y que no va a cambiar, mientras que todo lo demás sí”.

En busca de la síntesis

Mientras que las expresiones faciales son una de las principales herramientas de los dibujantes de cómic, Borja ha renunciado a ellas por completo. “Fue un proceso largo –confiesa-. Empecé haciendo fanzines pero rápidamente me pasé a la ilustración. Y fui buscando una síntesis general de las imágenes. Antes también usaba tienta china y muchas tramas pero lo fui sustituyendo por una imagen más sintética, más contrastada”.

“Y también eliminé casi todos los planos –añade-. Me gusta usar planos generales, fijos, que le dan un aire teatral. En ese proceso de síntesis las caras sobraban completamente. Además, me gusta contar más del personaje a través de su entorno que de sus expresiones. Entiendo que mucha gente lo vea como un alarde. Pero para mí era algo que sobraba. Se fue y no volverá. No me hacen falta esos detalles”.

“Hay algo que me interesa mucho de los videojuegos -continúa Borja-, sobre todo de los antiguos, en los que había una cierta bidimensionalidad, en la que los personajes solo podían avanzar de izquierda a derecha. Si piensas en Super Mario Bros, por ejemplo, solo podías avanzar y saltar. A mí eso me genera cierta angustia. Pero me es muy útil para definir el entorno de los personajes en mis libros. Sólo pueden moverse en unas coordenadas. Y espero que eso genere cierta opresión en mis personajes”.

El color también es muy importante en sus historias. “Todavía estoy aprendiendo a usar el color -confiesa- Mi compañera, Maite Alvarado, siempre trabaja en color y tiene mucha capacidad para contar a través del color y he aprendido mucho de ella. Cuando haces un trabajo de síntesis gráfico también tienes que aplicarlo al color”.

“En The BlackHholes –añade-, terminé teniendo una paleta más amplia de lo que tenía pensado. Al principio solo quería una paleta para separar las dos historias y luego fue creciendo pero realmente no elijo los colores al azar. Pero me gustaría alcanzar una paleta gráfica concreta y no salir de ella. Ese sería mi objetivo. También tiene mucho que ver con que soy muy vago y si tuviera una paleta gráfica fija, pues otra cosa menos de la que preocuparme”.

Sus influencias y sus proyectos


En cuanto a sus influencias artísticas, Borja González destaca que: “A nivel gráfico me influyen Mike Mignola (Hellboy), al que por cierto hace mucho que no leo; y sobre todo Moebius. Aprendí mucho de la línea clara a través de él y yo creo que eso se mantiene en todos mis proyectos. Luego necesité cierto contraste y estudie a Mignola a Richard Corben… Pero creo que, a día de hoy, mi mayor influencia narrativa es Sammy Arkham. Y últimamente me ha encantado Tillie Walden, estoy fascinado con Piruetas (La Cúpula). Pero creo que estoy en un momento en el que ya no me fijo tanto en los demás, e intento corregir mi trabajo desde mi propio estilo, sin mirar a nadie”.

“Aunque confieso -concluye- que mis mayores influencias no son del cómic sino del cine, la literatura, incluso los videojuegos”

En cuanto a sus proyectos, Borja nos comenta que: “Tengo dos ideas y estoy picoteando de las dos. Y es más que probable que una termine devorando a la otra; lo que me suele pasar. The black Hole eran tres cómics y uno terminó devorando a los otros dos. Vamos a ver quién se come a quién y quién sobrevive. Tengo muchas ganas de ponerme a dibujar y hasta que no lo haga, no sabré cúal de las dos ideas se impondrá”