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miércoles, 4 de diciembre de 2019

ABC:El Buscón de Quevedo renace a todo color en la América colonial de la mano de Guarnido y Ayroles


En un principio, relata entre risas el guionista Alain Ayroles (Lot, 1968) mientras el dibujante Juanjo Guarnido (Granada, 1967) niega repetidamente con la cabeza, la chispa original, la idea que debía ponerlo todo en marcha y patas arriba, pasaba por recuperar a Don Quijote y enviarlo al Nuevo Mundo, con nuestro hidalgo favorito perdiéndose por la selva amazónica o batiéndose en duelo con un ejército de llamas andinas. «La respuesta de Juanjo fue un gran no. Un no tajante», revela Ayroles, responsable de títulos como «De capa y colmillos». «Precisamente, con la idea de que desaprensivos de nuestra calaña no hicieran lo que ya habían hecho otros, como aquel tal Avellaneda, Cervantes lo dejó todo cerrado con la muerte de Don Quijote», destaca Guarnido, uno de los dibujantes españoles más cotizados por su trabajo en la serie «Blacksad».

Así que, una vez desechadas la aventuras selváticas de Sancho Panza pero con la brújula señalando insistentemente el Siglo de Oro y la riqueza narrativa de la picaresca, Guarnido cayó en la cuenta de que a ese portentoso ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños que fue don Pablos de Segovia, El Buscón para amigos y saludados, Francisco de Quevedo le prometió un desenlace que nunca llegó a culminar.

Una segunda parte supuestamente ambientada en los vastos territorios de la Nueva España y resumida de un plumazo en la última frase de la primera («Y fueme peor, como v.m. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres», avanza en 1626 el truhán sobre su exilio forzoso) y a la que Guarnido y Ayroles se agarran para completar la historia cuatro siglos después y, presentar las aventuras y embustes de «El Buscón en las Indias» (Norma) en un cómic de trazo asombroso y acusada fidelidad con el original.

Un ambicioso proyecto con el que guionista y dibujante se sumergen en la peripecia americana de Pablos, Pablicos, y celebran la novela picaresca como firme asidero de la cultura popular. « Es una literatura amena y accesible. La picaresca es el relato de un villano arrepentido, y aunque no sea exactamente el caso de Pablicos, también tiene su aspecto moralizante», señala Guardino. Ayroles, por su parte, reconoce que antes de embarcarse en este proyecto no había leído la obra original de Quevedo, pero sí que conocía el género. «Había leído “El Lazarillo de Tormes”, así que cuando tuve que asociar picaresca y América, lo primero que me vino a la cabeza fue “El bueno, el feo y el malo”», explica.

La del cineasta Sergio Leone, de hecho, es sólo una de las influencias de un cómic que, de Cuzco a Potosí y de Segovia a la corte de Felipe IV, explora los desmanes de tan camaleónico rufián por la América colonial y su infatigable búsqueda de El Dorado. «Su superpoder es hacerse pasar por otra gente. Es un usurpador profesional de personalidad», asegura Guarnido sobre un personaje que, destacan dibujante y guionista, han intentado mantener lo más cerca posible de los dominios de Quevedo. «Hay una voluntad de continuidad y fidelidad. Para quien conoce la obra, hay muchos guiños», explica Ayroles. Además, añade Guarnido, el cómi c está repleto de «flashbacks» en los que se recuperan escenas del original. «El padre barbero, el rosario de muelas.... Todo está ahí», remata.