Banner

lunes, 28 de diciembre de 2015

Anapurna, una ilustradora sin tabúes


Ana Sainz Quesada nació hace 25 años en Palma de Mallorca. Hizo Bellas Artes en Barcelona, pasó cuatro meses en la pequeña localidad alemana de Karlsruhe estudiando grabado, y actualmente se prepara para ser profesora. No se quiere dedicar a esto, lo ve como un complemento. Su idea es ser escritora e ilustradora. El cómic y la novela gráfica son sus sueños: “Me encantaría vivir de dibujar, en España es difícil. Mi intención es abrirme al mercado extranjero y combinarlo con la docencia”.

Entre Anapurna —toma el nombre que le dio su tío cuando era niña para firmar sus obras— y otras jóvenes que tengan expectativas parecidas hay algunas diferencias: ha ganado el VIII Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic con Chucrut y ha ilustrado Aquí viven leones, el último libro de Fernando Savater, escrito junto a Sara Torres —su esposa—. Dos avales que le permiten pensar en su próxima historia, de la que no quiere desvelar nada porque no sabe cuándo verá la luz. Primero tiene que acabar el Máster de Formación del profesorado. En cuestiones de trabajo se define como “muy práctica”, de ahí, que con los 10.000 euros del premio su prioridad sea comprarse un buen ordenador. Este pragmatismo se refleja en sus dibujos, las viñetas de Chucrut son concretas, efectistas y sencillas. El jurado del premio justificó el galardón alabando su “solidez narrativa” y su “trazo sencillo que contrasta con la madurez de su propuesta”. “Te dicen solidez narrativa y no has escrito un cómic nunca... me sienta bien al ego”, comenta.



La experiencia del duelo

Chucrut surge de una inquietud muy personal: del periodo de duelo tras la muerte de su padre, circunstancia común a Sara, la protagonista. Pero Anapurna niega que sea ella misma. “Mucho está tomado de la realidad pero el desarrollo es ficticio”, aclara. “Partí de una experiencia que necesitaba contar”, explica mientras asegura que no olvida al lector: “Quizá mi historia no interesa, tengo que narrarla de manera universal, transmitir sentimientos con los que cualquiera se pueda sentir identificado”. Y lo consigue. Para ella no hay tabúes, puede tratar cualquier tema: “No hablamos de los que nos tocan por miedo a exponernos, aunque a mí no me importa”.

La joven ilustradora se siente “una esponja”, está aprendiendo, pero el expresarse con el dibujo le sale innato. Se ha educado en una cultura audiovisual, así, en sus viñetas se mezclan puntos de vista cinematográficos, cuadros de Hopper, o imágenes que parecen sacadas de Instagram. Ella misma se sorprende: “Estaba dibujando a Sara en una cafetería y de repente me di cuenta de estaba repitiendo la misma composición de un cuadro de Hopper [Automat, 1927]”. Otras veces las mete a propósito, porque le interesa cambiar el ritmo de la narración, por propio placer estético mezcla la iconografía de El Bosco, con grabados de Goya y con el Guernica.

Se nota en la manera de trabajar que está empezando. Los dibujos de Chucrut y de Aquí viven leones los ha hecho de forma diferente. Con el primero pasó ocho meses encerrada para cumplir los plazos. El proceso de Aquí viven leones fue más lento, comenzó hace tres años e iba recibiendo los encargos de Sara Torres -coautora del libro- a cuentagotas, según viajaban para conocer los lugares de los distintos escritores de los que habla. Anapurna era la mano ejecutora. Se siente muy agradecida por la oportunidad que le dio Torres, clienta de la tienda de decoración de su madre y su tía. Ha aprendido que prefiere trabajar con proyectos cerrados, con un plan que cumplir, en su mesa de trabajo, con luz natural y comenzando con lápiz y papel. Eso sí, rara vez toma apuntes cuando no está trabajando, no suele llevar libreta.

La publicación de los dos libros ha estado muy cercana. Aquí viven leones se ha convertido en un tributo a Sara Torres, fallecida en marzo de este año. La protagonista de Chucrut se llama como ella por casualidad, una de varias de las que se dieron. Vuelve a salir la parte pragmática de Anapurna, le gustan estas coincidencias. Le encantaría creer que se deben a algo sobrehumano, pero no puede.