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lunes, 12 de diciembre de 2016

El Mundo:Antonio Hernández Palacios: cómic, guerra y paz


"Yo he sido como un corcho zarandeado por la corriente, de aquí para allá en medio del huracán, pero en esos momentos no puedes bracear porque te ahogas. Lo importante es dejarte llevar y seguir siendo uno mismo". Antonio Hernández Palacios, el dibujante español que firma la cita nadó entre las circunstancias más crudas: vivió en primera persona la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, se amarró al dibujo trabajando en lo que saliera y batalló desde el cómic histórico con series como El Cid o Manos Kelly frente a la incomprensión de España, un país del que se acercó y se alejó según las mareas del éxito.Como homenaje a la obra del historietista, que falleció con 80 años en el año 2000, el sello Graphicomics ha elaborado Épica y corazón, un libro que recopila y desantraña sus diversos proyectos dentro del cómic y, como no podía ser de otra forma, se acompaña de multitud de ilustraciones y viñetas procedentes tanto de sus más reconocidas series hasta sus trabajos más inéditos. Carlos Uriondo, uno de los impulsores del proyecto como nos describe a Hernández Palacios como un hombre "humilde en su trabajo, pero no acomplejado. Tanto en el dibujo como en la vida él daba la cara". La persecución por sus intereses le llevó a realizar proyectos osados como la saga de La Guerra Civil, iniciada en 1979 y de la que sólo se terminó cuatro de los hasta 24 tomos que tenía planeados. Aparte del duro trabajo de documentación del que precisó, en aquellas entregas quedaron plasmadas las experiencias personales de su pasado, cuando a los 15 años fue partícipe de la contienda desde el bando republicano. Descubierto por Rafael Alberti, Hernández Palacios realizó carteles de propaganda que retrataban el combate.

Su interés por la historia, por presenciarla y estar en ella, hizo que no huyera de aquella experiencia que para siempre lo marcó. Del mismo modo y con la contradicción ideológica que entraña, se alistó en la División Azul y viajó con ella al frío. Él mismo explicó aquella decisión: "Fui porque a mí me ha gustado siempre ser testigo de la Historia y pensé que la invasión de Rusia era algo que tenía que vivir por mí mismo, para conocer la verdad".