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miércoles, 3 de enero de 2018

ABC:Cuando el cine fue la musa del cómic


«Spiderman» o «Superman» son solo algunos de los personajes que el cine ha «robado» del cómic, convirtiéndose en un fenómeno que tanto DC como Marvel han sabido aprovechar. Pero no siempre fue así. Durante décadas, fue el séptimo arte el que influyó en las viñetas de todo el mundo, también de la española. Esto dio lugar a títulos como «Charlot» o «Robinson Crusoe», obras que recupera el libro «Tebeos de Cine. La influencia cinematográfica en el tebeo clásico español, 1900-1970». En él, Paco Baena, fotógrafo y publicista, propone un cambio de concepción del cómic español a través de más de 650 documentos, muchos de ellos inéditos. «A mí me apetecía poner de manifiesto un pasado que alimentó de sueños a muchas generaciones, y sacarlo a la luz, porque me parecía que era importante recuperarlo», contó el autor en la presentación del libro en el Museo ABC, donde se exhibe una gran muestra dedicada a la historia del tebeo español, organizada en colaboración con la Obra Social La Caixa.

Entre las ilustraciones recolectadas por el experto en la cultura popular de la primera mitad del siglo XX destaca «Charlot» (1916), el primer tebeo inspirado en el cine. Era algo inaudito hasta el momento, ya que fue la primera revista protagonizada por una figura cinematográfica. El elegido, como se puede intuir, fue Charles Chaplin. En ella, aparecía el personaje viviendo todo tipo de pericias, algunas con tintes españoles. La publicación, que sacó a la luz la editorial Navarrete, dio paso un año más tarde a las revistas «Charlotín» para dirigirse a un público más infantil. «Los nombres muchas veces se parecían, pero no era exactamente el mismo para evitar tener problema con los derechos de imagen», añade entre risas Baena. Como el Gato Félix, a quien su editorial bautizó como Periquito.

Shirley Temple

Tras «Charlot», aparecieron otros títulos dedicados a estrellas del cine norteamericano. Como la que se dedicó a la inolvidable protagonista de «Ricitos de Oro», Shirley Temple, o «Mary Osborne y su Negrito», el primer tebeo basado en la imagen de una actriz y publicado por la editorial Magín Piñol en 1925. «Este último es uno de los documentos inéditos que aparecen en la publicación y que encontré por pura casualidad. Para poder llegar a hacer un libro de estos hay que tener los años que yo tengo y el interés que yo tengo. Hay algunos de esos documentos que han caído en mis manos que difícilmente podrán caer en manos de otras personas», confiesa mientras intenta hacer un recuento del tiempo que lleva coleccionando este tipo de ilustraciones: «Demasiado».

Pero entre las más de 650 publicaciones recogidas en «Tebeos de Cine. La influencia cinematográfica en el tebeo clásico español, 1900-1970», Paco Baena destaca el cómic que protagonizó el niño actor Ginés Carvajal, conocido como «Ginesito» o «Satanás», durante la posguerra española. «Trabajó en el cine español en los años 40, nunca fue un niño protagonista. Pero se le conoció como el Mickey Rooney español por ser muy pelirrojo», recuerda junto a uno de los asistentes a la charla. Fue el único actor español que tuvo su propio cómic editado por el estudio de López Rubio. Esta publicación empezó con el nombre de «Satanás», como era conocido Ginés. Sin embargo, tras recibir una llamada de atención del Ministerio de Información de la época, el estudio decidió cambiarlo por «Ginesito». «Joselito no tuvo colección, pero Marisol sí la tuvo en los años 60, aunque generó una revista que no era puramente de historietas», matiza.

Imágenes inéditas

«El libro es el resultado de muchos años. Es casi una labor de arqueología porque algunas de las imágenes que aparecen son prácticamente inéditas. Muchas de ellas ni llegaron a publicarse. La parte más importante es descubrir la riqueza iconográfica del tebeo desde 1900 a 1970, porque en la Guerra Civil se destruyó prácticamente todo el papel que había en las casas», dice. Pero ese no fue el único factor que ha hecho tan difícil la recolección de las viñetas. Los propios dibujantes tampoco tenían en gran estima su propio trabajo. «Ni siquiera se quedaban con sus bocetos originales», asegura el autor del libro.