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lunes, 24 de diciembre de 2018

ABC:El cómic en Córdoba: el éxito de la tenacidad y la supervivencia


Contra viento y marea, Córdoba tambié es ciudad del comic. Así lo demuestran algunos hechos. Por ejemplo, que dos dibujantes cordobeses de larga trayectoria, Miguel Ángel Cáceres y Paco Muñoz del Castillo, hayan resultado hace unas semanas ganadores, junto al guionista Manuel Amaro, del premio Ignotus, de los más prestigiosos de España. También que otro cordobés, Andrés G. Leiva, haya logrado el Ciudad de Palma con una novela gráfica ambientada en el Sector Sur.

No existe industria que les facilite la dedicación plena, ni en Córdoba ni en buena parte de España. «Casi nadie come de esto», explica José Vicente Galadí, promotor durante años de la premiada revista «Dos veces breve». En en eso coinciden además todos los consultados para este reportaje, muchos de los cuales se dedican de forma central a otros oficios o lo alternan con otras disciplinas.

Hay un pasado, una especie de relato fundacional: las Jornadas del Cómic de los virginales años 80, que promovió el concejal José Luis Villegas y en la que se involucraron con muy corta edad algunos de los creadores que hoy son protagonistas del cómic cordobés. Recuerda bien esos años el histórico aficionado José Antonio Ortega, que evoca esos días en los que «la plaza del Potro se atestaba de gente» para asistir a las actividades o el impacto que supusieron las exposiciones de grandes maestros como los italianos Hugo Pratt, creador de Corto Maltés, y Nilo Manara.

La desaparición de las jornadas dio pie a nuevos programas de cómic de menor dimensión, que aún perduran bajo el patrocinio de la Casa de la Juventud o de la Diputación. Pero el género entró en depresión, y se vivieron unos años, los 90, «en los que no había apenas nada», como recuerda Galadí. Quedaron, eso sí, algunos grupos a modo de resistencia, como es el caso de los autores vinculados a la histórica revista «Killer Toons», fundada en 1995 y que aún perdura, o de publicaciones de larga persistencia como el fanzine «Fanzipote», nacido en el 92 y promovido, entre otros, por Juan Román.

Tampoco desistieron de su empeño tipos de gran empuje cultural e inquietud comiquera como el propio José Vicente Galadí, «el Juan Pérez» o Rafael Infantes, que abanderaron o participaron en diferentes proyectos. Así hasta que con el inicio del siglo XXI comenzó a apreciarse una lenta mejoría hasta la actualidad, marcada por cierta sensación de resistencia de esta disciplina creativa frente a las dificultades de un medio inhóspito.

En ese contexto de moderado optimismo se abren paso algunos autores que han conseguido publicar con regularidad. Es el caso de Raulo Cáceres, que publica en EEUU en el sello Avatar Press y en Francia con la editorial Tabou y que ahora ultima una nueva edición de su adaptación de Justine y Juliette del Marqués de Sade. Reconoce que Francia y Estados Unidos «son otro rollo» y añora una industria española que permitiese a los artistas realizar creaciones para su propia tierra. En su caso se da la paradoja de que sus cómic se publican en España por la editorial Panini, pero como traducción de la edición norteamericana. El mercado USA, en el que también trabajan otros autores cordobeses como Miguel Ángel Ruiz, se convierte así en una buena salida, que ha facilitado internet. «Antes viajábamos allí pero era difícil que nos hiciesen caso, mientras que ahora, por paradójico que parezca, es más fácil que te presten atención si envías tus trabajos», explica Miguel Ángel Cáceres, hermano de Raulo y uno de los pioneros.

Aparte de eso, también en el siempre complicado mercado español se han ido abriendo paso autores como Andrés G. Leiva y Fernando González Viñas. El primero de ellos se ha ido construyendo una carrera sólida, con un sello muy personal. Su última obra, «Uno de esos días», trata de la infancia de un chaval ochentero en la periferia urbana, una historia con claro matiz biográfico con la que está cosechando excelentes críticas. González Viñas, escritor que previamente había abarcado otros géneros como la biografía o el libro de viajes, también ha apostado en los últimos años por la novela gráfica con trabajos como «El ultimo yeyé» y «El ángel dadá», sobre la poeta alemana Emmy Hennings. El movimiento se extiende en la provincia con casos como el del dibujante de Los Pedroches Antonio J. Moreno, autor de una novela gráfica sobre el grupo de rock Guadalupe Plata.

Hasta aquí algunos apuntes del presente de una disciplina que anhela el prestigio del que goza en otras geografías, pero que también, como explica Rafa Infantes, necesita de un relevo. Renovación que pueden propiciar los alumnos de los cursos de la Casa de la Juventud, como Ana Morales. A sus treinta años, se enfrenta ahora a su primera novela gráfica bajo guion de González Viñas y reconoce que, aunque en el cómic haya más hombres que mujeres, cada vez son más las que se incorporan.