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sábado, 28 de diciembre de 2019

Mathias Énard, un premio Goncourt que se pasa al cómic


Ganó hace cuatro años el premio más importante de las letras francesas, el Goncourt, con Brújula (Random House), novela que exploraba las complejas relaciones entre Oriente y Occidente. Y ahora el francés Mathias Énard (Niort, 1972), que ha vivido muchos años en Barcelona, vuelve a esos dos mundos con una propuesta diferente. Con un cómic. Con Tomar refugio (Salamandra), una novela gráfica de la que ha sido el guionista y que ha dibujado Zeina Abirached (Beirut, 1971) con sus habituales portentosos y sinuosos dibujos en blanco y negro.

En Tomar refugio –que, explica Enard, es lo que se hace en el budismo, uno no se convierte, sino que se toma refugio en él, y que también, dice, es lo que hacen los refugiados– pone en diálogo dos historias de amor en dos regiones del mundo y dos momentos históricos muy distintos pero con paralelismos. Con idiomas, culturas y religiones diferentes. Y con la dificultad que supone eso. El Afganistán de los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial, con arqueólogos y viajeros europeos. Y el Berlín actual, en el que se da el viaje contrario con la llegada de sirios huyendo de otra guerra. Entre ellos, Neyla, astrónoma, con la mirada en el cielo.

Énard explica que el proyecto de Tomar refugio nació en el 2015 cuando conoció a Abirached en un festival del Líbano. “Compartimos la relación con Beirut y Oriente. Ella vive en París, me gustaban mucho sus cómics y le dije que sería genial hacer algo juntos. Le expliqué que me interesaba mucho la historia de dos viajeras, Ella Maillart y Annemarie Schwarzenbach, que se conocen en Afganistán en el momento que va a estallar la Segunda Guerra Mundial”. Si bien la historia es real, explica, la han ambientado en un lugar en el que no es exactamente el que se encuentran, pero que abre muchos caminos al cómic: el gran valle del Bamiyán, donde los talibán volaron dos enormes estatuas de Buda que se convierten en telón de fondo del amor imposible de las viajeras. “Su historia me fascina porque ven que va a estallar la guerra y que el mundo nunca volvería a ser el mismo para ellas, pero a la vez están muy lejos de donde ocurren los hechos clave”, dice ­Énard, y recuerda que “tres cuartos de nuestros personajes no verán el fin de la guerra, sólo Maillart. El momento tiene algo muy emocionante”. Pero además le fascina el personaje de Schwarzenbach. Y no es el único: Norma editorial acaba de publicar un cómic titulado Annemarie y en el que María Castrejón y Susanna Martín recorren la vida de esta magnética reportera de viajes suiza que atravesó el tormentoso inicio del siglo XX.

“Es una escritora que se construye en contra de su familia, de su entorno de Zurich, burgués. Es antifascista, va con la gauche divine de la época, en Berlín con los hijos de Thomas Mann, se enamora de Erika Mann... Tiene un recorrido muy siglo XX, de los años que llevarán a la destrucción masiva. Y conoce muy bien Oriente Medio, fue arqueóloga en Siria, Irak, y se casa con un diplomático francés en un extraño matrimonio cuando él está destinado en Teherán. Tiene una mirada muy especial sobre el mundo”.

A esa historia Enard le sumó otra que transcurre en paralelo en el cómic: él vivía en Berlín cuando llegó la ola de refugiados sirios. “Mi mujer y yo somos arabistas y pasamos mucho tiempo en Siria, e intentamos ayudar como podíamos a la gente que llegaba. Lo que cuento en el libro que le pasa a Neyla en Berlín lo saco de la realidad”. Neyla es una astrónoma de Alepo que hará cola en las ayudas sociales y que, como Annemarie y Ella, vivirá una complicada historia de amor con un alemán, Karsten, quien “intenta encontrar sentido a su vida y muestra de algún modo el desamparo de Occidente: somos unos maestros del mundo pero lo hemos fallado todo”.

Pero más que una obra de personajes, apunta Énard, es una obra de paralelismos, de ecos. “Me interesa ese momento en el que dos personas se conocen y se reconocen pero por muchísimos motivos saben que ese encuentro no va a ir más allá porque todo está en contra: la historia, el destino del mundo, su situación”. No es extraño que los protagonistas miren al cielo, donde Enard, fascinado por la astronomía, ha convertido a Orión y Escorpio, el cazador y el escorpión que lo mató, en hilo conductor y una metáfora más: “Cada uno está en su lado del cielo, nunca aparecen juntos”.

Y bajo los astros, la guerra, la que destruía Europa entonces y Siria hoy. “Siria es un fracaso absoluto de Europa y EE.UU.. Hemos visto como Rusia con algo de chulería barata ha podido con nuestros ideales: libertad, no violencia, amparar a la gente indefensa. Ha demostrado que hablamos mucho pero que no hacemos nada. Carecemos no de fuerza sino de voluntad. Si yo fuera sirio, tendría un desprecio absoluto hacia los poderes políticos europeos y americanos”, concluye.