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sábado, 17 de diciembre de 2016

El País:Cómo Mark Buckingham llegó a ser estrella del cómic


Mark Buckingham (Clevelond, Reino Unido, 1966) es una estrella del cómic estadounidense. Y lo ha conseguido sin dibujar a los superhéroes insignia de manera regular. Solo uno en su camino: Spiderman, y muchas colaboraciones puntuales. Sus decisiones no parecen casuales. Además, le han granado una posición ideal en la industria. Mantiene su espíritu y al mismo tiempo triunfa en series veneradas como Fábulas, Miracleman (en cuyo regreso trabaja) o Sandman, al lado de nombres como Paul Jenkins, Bill Willingham y su inseparable Neil Gaiman. "Elijo proyectos según las relaciones humanas que me aportan. Las batallas épicas y los grandes eventos no son mi fuerte, sino las historias personales y la interacción entre personajes, su realidad y sentimientos. Es lo más satisfactorio. Te acabas dando cuenta de que también es con lo que conecta el público".

"Si haces un crossover para Marvel o DC es algo frívolo y grande, es muy excitante en el momento, pero cuando aparece una nueva película, lo que se recopila es nuestra etapa de Peter Parker: Spiderman, historias pequeñas con el corazón y la quintaesencia del personaje". Para él dibujar sigue siendo "una experiencia íntima y personal" y así lo refleja en su amistad con la excelsa colección de autores con los que ha colaborado: "Lo fundamental en mi trabajo y en mi vida son las relaciones personales. Lo más importante son los personajes y lo que hacen. El cómic para mí es sobre amistad y familia. Una parte más de mi existencia".

Buckingham era una de las cabezas de cartel de la pasada Expocomic madrileña. No paraba de dibujar, firmar y hacer entrevistas, pero, quizás por esa familiaridad del mundo del cómic, no se separaba casi ni un minuto de su esposa española y del carrito de su hija, con los que vive en Londres tras pasar unos años en Gijón: "Trabajar en el mundo del cómic no es una carrera. Es una elección de vida. Necesita atención y horas, así que las mujeres de muchos artistas acaban siendo viudas del cómic. Aceptan que desaparecemos en nuestro mundo. Incluso cuando salimos de fiesta, hay historias e inspiración pasando por nuestra cabeza".

Su vida, sin embargo, ha cambiado en los últimos tiempos: "Acabo de ser padre. Cuando me siento a trabajar, solo pienso en la fecha de entrega para hacer todo lo demás que tengo que hacer. Tengo mi estudio en casa, así que desaparezco en mi burbuja, mientras mi familia está arriba". Esa madurez se nota también en su trabajo. Ahora Buckingham, que siempre va acompañado de un cuaderno y un iPad para recoger sus ideas, quiere centrarse en la escritura.

Reencuentro con Miracleman

Regresar a Londres le ha servido, asimismo, para recuperar su relación, laboral y personal, con Neil Gaiman, autor con quien hace más de 20 años sustituyó a Alan Moore y Gary Leach para contar su propia historia de la utopía superheroica de Miracleman, cuyos derechos comparten. Tenían 18 números ideados, pero, tras la bancarrota de la editorial, solo pudieron desarrollar ocho. Del último tenían hasta las páginas diseñadas. Juntos, hoy como coguionistas, ya trabajan en su regreso a aquella edad dorada.

"Este Miracleman no será como que el que hubiéramos hecho entonces. Hemos visto más oscuridad y felicidad en el mundo. Queremos reflejar cómo ha cambiado. Guardamos todo lo que imaginamos entonces, pero no tenemos la misma voz. Estamos profundizando en nuestros sujetos y la historia se está alargando. Cuando lancemos a los personajes serán fuertes, parte de un relato más profundo". Entonces eran solo novatos. Su carrera acababa de empezar. El cierre de Miracleman fue un duro golpe para ambos. Gaiman no paró de litigar hasta que los derechos volvieron a sus manos. "Estábamos desesperados por volver. Después de aquello, estuve un tiempo tratando de encontrar mi camino sin saber a dónde ir". Ese tiempo en el que tomó un segundo plano, como entintador y colorista para otros dibujantes

Esta continuación será diferente de lo que hubieran hecho en 1993: "El mayor error sería contarlo todo línea a línea. No significaría nada. Tiene que ser relevante para el nuevo lector, que es más consciente de los defectos de la humanidad. El cómic tiene que mostrar, por ejemplo, cómo muchas historias como el abuso de menores institucionalizado era cubierto por un mundo aparentemente feliz durante esos años". Su estilo también ha cambiado: "Tras Spiderman y Fábulas, soy un artista más completo".

Uno de los que más ha aprendido es de Gaiman, con quien también compartió alguna aventura en Sandman. "Estamos grabando las reuniones y, cuando las escucho, oigo a cada uno de los personajes a través de su voz. Ese es mi mayor objetivo, tratar de captar los diálogos". El método del responsable de Coraline o Stardust es su favorito para trabajar: "Con él, lo principal es el diálogo. Primero lo que dicen los personajes y luego definimos la estructura. Quiere entenderlos y a todas sus relaciones. Al mismo tiempo, vas descubriendo nuestra relación".

También se deshace en elogios para Bill Willingham, con quien compartió 13 años en Fábulas y que le dio las primeras oportunidades como guionista: "En los últimos años él estaba mal de salud, así que me daba un pequeño esbozo por teléfono y yo diseñaba el resto para explicarlo al equipo. Me dio por fin la confianza necesaria para guionizar mis propios cómics".

Fábulas, alrededor de personajes como Blancanieves, el Lobo Feroz o Cenicienta exiliados en nuestro mundo, fue otro de esos pequeños cómics que acabaron convirtiéndose en referencia. Allí desarrolló un estilo muy particular, que otorgaba a las historias una personalidad única, y en sus viñetas hizo de todo: desde las más íntimas conversaciones a grandes batallas interdimensionales llenas de magia. "Mi cómic estrella llegó cuando lo necesitaba, cuando tenía cierta madurez. Y poco a poco fue creciendo. Estoy muy orgulloso de que Fábulas fuera, además, un cómic que leyeron lectores ajenos al cómic y muchas mujeres. Expandir la industria debe ser el objetivo. Y gracias a esa mayor diversidad y material, todo es mucho más interesante. Hoy por suerte podemos escribir de todo: amores adolescentes, ser padre, una enfermedad... Y hay público".