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martes, 2 de mayo de 2017

El cómic tiende la mano a los refugiados


Somos un país de exiliados por la guerra y de inmigrantes por motivos económicos. Pero lo olvidamos. Me sorprende oír conversaciones sobre los refugiados en las que no nos medimos con el mismo rasero. No nos miramos a nosotros mismos cuando tuvimos que irnos de la misma forma que miramos a los que llegan hoy aquí», lamenta el dibujante Javier de Isusi (Bilbao, 1972), autor de Asylum (Astiberri-Cear). Su trabajo se suma a nuevos cómics que, ligados a oenegés (a las que la mayoría destinan parte de los beneficios), ponen sobre la mesa el drama de los refugiados, remueven conciencias y recuerdan que nadie se exilia por voluntad propia, sino obligado por la guerra, la miseria o el temor a una muerte probable.

De Isusi (He visto ballenas) cruza la historia de una anciana vasca, abuela de una amiga, que sufrió el exilio republicano en Francia en 1939, con las de una joven nigeriana que huye de un matrimonio forzado y una red de trata de mujeres, la de una congoleña que escapa de la guerra, la de una periodista mexicana amenazada en Ciudad Juárez y la de un ugandés en peligro por su homosexualidad. Todos son casos reales o basados en ellos, documentados por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado en Euskadi (CEAR).

«En la mayoría de las familias hay historias de exilios y migraciones forzadas y es posible encontrar conexiones con las vivencias de los refugiados de hoy, pero el discurso del miedo y la desconfianza hacia ellos ha tenido, y sigue teniendo, mucha fuerza. Y la reacción de muchos países muestra lo islamofóbicos que pueden llegar a ser», coincide la ilustradora catalana Anna Gordillo, que en Refugiada (La Galera) cuenta una historia universal de exilio forzado de una niña que no entiende por qué debe abandonar su casa. Sus dibujos y viñetas, de intensos azules, transmiten «su desamparo y la tristeza profunda de los protagonistas». Se trata de un álbum que colabora con Proactiva Open Arms.

También este 2017, en paralelo a las manifestaciones ciudadanas a favor de la ayuda a los refugiados, Norma ha publicado Alpha. Abiyán-Estación París Norte, con guion de Bessora y de Barroux, dibujante criado en Marruecos, que se inspiró en el periplo desde Costa de Marfil de un africano al que conoció y que llevaba siete años en Francia. «Puedes morir, perder años por el camino, pero si te quedas no te espera nada», asume el protagonista en el cómic respaldado por Amnistía Internacional y el Premio Médicos Sin Fronteras 2015.

Absolutamente anclado en la realidad era también el periodístico La grieta (Astiberri), con el que a finales de año pasado sorprendían el fotorreportero Carlos Spottorno y el periodista Guillermo Abril, ganadores de un World Press Photo, fusionando fotografía, cómic y diario de viaje en una odisea de tres años por diversas fronteras de Europa.

Otra fusión, ligada a la reflexión sobre «los límites de la ética en fotoperiodismo» e inspirada por la icónica foto del cadáver en la playa del pequeño niño sirio Aylan, la presenta el veterano artista Joan Carles Roca Sans (Barcelona, 1946). Verla le llevó a construir un relato transmedia de ficción ambientado en Lesbos hace un año, en pleno desembarco de refugiados, que reúne ilustración, fotografía, vídeo y narrativa gráfica. El resultado es el corto The photographer y el medio centenar de expresionistas dibujos con los que lo compuso, en su mayoría a rotulador negro, fotografiados y tratados digitalmente para producir efectos de luz.

Forma parte del proyecto Ermóupoli, concebido por Roca Sans como «una radiografía del Mediterráneo en 10 años para fomentar el respeto y la tolerancia» y compuesto por 14 episodios basados en viajes como este —Lesbos, Better days for Moira—, que reunirá en un libro y que exploran «la capacidad de cambio personal que tiene el camino». «Reflejo el debate que mantuve con un fotógrafo de Magnum sobre el oportunismo para conseguir una gran foto, como el montaje del miliciano de Robert Capa, o qué riesgos o límites existen para tomar fotos que pueden cambiar el mundo o contribuir a que las cosas no se olviden, como la de Aylan, que removió conciencias y llevó a Merkel a abrir fronteras y a oenegés como Proactiva Open Arms a ayudar».

«Ojalá hubiera realmente un clamor –considera De Isusi–. Si la movilización ciudadana es fuerte, al final llega a las instituciones». Por ello, desde las viñetas de Asylum, intenta contribuir a que esta crezca tomando como guía las palabras del exiliado chileno Rigoberto Jara, que huyó de Pinochet y trabaja con Cear Euskadi: «Escapar es el desarraigo, el dolor de perder lo que por justicia nos pertenece, nuestra vida [...]. Sabes de dónde partes pero no dónde caerás [...]. Escapar es la esperanza, la búsqueda de un lugar donde poder vivir [...] Cuando llegas te das cuenta de que eres nadie [...]. Lo más importante del asilo es el calor humano, la acogida y el abrazo».