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miércoles, 29 de noviembre de 2017

El País:Matar al superhéroe del cómic


María Luque sólo había leído dos novelas gráficas antes de escribir la suya. No eran de aventuras, ni las protagonizaba un hombre con poderes sobrehumanos. Se trataba de la vida ilustrada de mujeres corrientes. Y no tenía ni idea de que eso fuera posible. Ella únicamente dibujaba "cosas pequeñitas". Unos años más tarde, el segundo libro que ha publicado en su carrera —Casa Transparente (Sexto Piso, 2017)—se ha ganado un premio internacional de cómic y lo ha recogido esta semana en uno de los eventos editoriales más importantes del mundo. Porque la Feria del Libro de Guadalajara viene dispuesta a matar al superhéroe.
La cita del libro en español más grande se ha propuesto un reto: incluir por primera vez en su amplia oferta de actividades un invitado hasta ahora camuflado entre cientos de expositores. Y romper los estereotipos para llegar a más gente. El cómic y la novela gráfica tendrán a partir de este jueves un espacio propio dentro del gigantesco recinto tapatío. Y esto ha sido recibido por los autores como un fenómeno sin precedentes en la historia del género.

"Queremos que la gente sepa que el cómic no trata sólo de superhéroes. Esto es lo que nos va a diferenciar de otras exposiciones de este género. No es que tengamos nada en contra de ellos, pero al final alcanzan un target muy específico y nosotros lo que queremos es que se amplíe a todos los públicos, incluso a los que nunca habían leído novela gráfica", cuenta el coordinador de expositores de la FIL y responsable del espacio, Armando Montes. 

El foro pretende ser uno de los espacios más interactivos con los lectores. "La idea es que en los años próximos podamos organizar más actividades con profesionales y que dure toda la feria", precisa montes. Cuatro días en 300 metros cuadrados. Habrá un área de exhibición con 27 estand con la presencia de México, Colombia, Ecuador, Argentina y Estados Unidos, además de unas repisas para numerosas editoriales independientes del género en Latinoamérica. También habrá una zona dedicada a las charlas con autores —jóvenes y consolidados— y presentaciones de libros. Dos talleres, uno de ilustración y otro de guion. Y unas mesas de trabajo, donde unos 66 artistas se sentarán para regalar su arte o firmar sus obras. 

El editor colombiano de Cohete Cómics, Pablo Guerra, que estará presente en algunas de las conferencias del salón, apunta que "ya hacía falta" que se creara un espacio como este. El también escritor y crítico hablará del potencial del género dentro de la industria: "Hay un aumento diferencial en la producción en varios países latinoamericanos que nace de manera independiente, asociada a blogs y a la autopublicación, y ahora por fin retoma desde espacios formales". Y, aunque reconoce que vivir del oficio en América Latina es todavía difícil, cree que lo importante es que se comience por "entenderlo como un lenguaje único, no como un subproducto de la palabra escrita". Guerra añade que los pioneros en la región son los argentinos y los chilenos, pero advierte un tímido boom en Colombia, México y Ecuador.

"La historieta tiene una presencia importantísima en Latinoamérica y en México en particular, pero con la triste característica de que siempre ha sido considerada como una artesanía menor, algo que la gente leía en el transporte publico, y era desechable", explica el autor mexicano Bernardo Fernández, más conocido como Bef. "A mi generación y a la que sigue, nos ha tocado legitimar la historieta en México. Y nuestro logro histórico ha sido este: llevarla de los quioscos a las librerías", explica el novelista, máximo exponente del género en su país.

Otro historietista, que creció leyendo Astérix, Mortadelo y Filemón y Tintín, autor de Arrugas (Astiberri, 2008), el español Paco Roca, añade que el público ha cambiado y ha percibido un aumento del interés femenino por el género. "Estos nuevos lectores ya no le dan tanta importancia al grafismo y buscan identificarse con las historias. Las editoriales generalistas apuestan por aquellos que no son los habituales del cómic, pero que pueden ir picoteando lo que les interese". Roca, que ha intervenido en la FIL durante el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas otorgado a María Luque, ha comparado satisfecho la instalación del nuevo salón con un festival de cine: "Es como si se juntara en un mismo festival el porno, el de terror, la comedia...".

"Como editor independiente de novela gráfica, llegarle al mismo público que lleva 50 años leyendo manga me parece un error. Me gusta pensar en que alguno de nuestros libros puede ser la primera novela gráfica para un lector. Tratar de no responderle a lo que cree que ya sabe, desubicarlo un poco", apunta Guerra.

Persépolis, de la iraní Marjane Satrapi, fue la primera de María Luque. Y a partir de ahí se convenció de que algún día podría hacer lo mismo. En unas páginas que nunca hubiera imaginado que podrían publicarse y mucho menos venderse, aparece la misma chica que habla a este diario, con unos lentes rojos de ojo de gato y una sonrisa emocionada. "Queremos ser un semillero para que aquí se desarrollen los nuevos talentos de Latinoamérica", confiesa Montes.

"Cuando pensamos en el cómic convencional siempre nos remitimos a los superhéroes, que son personajes corporativos. Y me encantan. Pero el cómic autoral, que expresa los sentimientos y preocupaciones de un autor, es el menos conocido. Eso no lo puede hacer el hombre araña", concluye Bef sobre lo que se mostrará en el nuevo espacio de la FIL. Y remata: "Es como elegir entre ir al McDonalds o comer un menú en un restaurante donde el plato lo ha cocinado una persona real".

El País:Paco Roca y Seguridad Social se unen en un cómic-disco


Más allá de semejanzas obvias, hay una marca de origen que hermana al dibujante Paco Roca (Valencia, 1969) con el músico José Manuel Casañ (Valencia, 1963): un entorno contrariado con sus afanes creativos. Que ambos son tenaces perseguidores de imposibles queda claro en La encrucijada (Astiberri), el cómic-disco que han elaborado juntos, donde hablan de la música del siglo XX, de sus procesos creativos, de sus padres y de sí mismos, y que llevarán de gira por pequeños teatros en 2018.

La primera historieta que Paco Roca publicó fueron cinco páginas de sexo en una revista porno: Kiss Comix. La primera vez que José Manuel Casañ se escuchó cantar en la radio estaba amasando en la panadería de su padre.

Ni el padre de Casañ ni el padre de Roca veían con buenos ojos aquellas inclinaciones artísticas de sus hijos. Ni la música ni los dibujos les resultaban lo bastante serios a dos hombres venidos de la prosa de la posguerra. Hay en La encrucijada una suerte de retrato generacional, la de los niños de los sesenta que huían de las veredas conocidas. “Mi padre fue a verme a un concierto por primera vez cuando llevaba 15 años con la banda. Y nos queríamos con locura; tampoco es que tuviésemos mala relación. Los hijos también vamos enseñando a los padres. Él luego se jubiló, se relajó y tuvo la oportunidad de evolucionar”, reflexiona el líder de Seguridad Social en la librería madrileña Swinton & Grant, donde el jueves presentarán la obra. “Al mío tampoco le gustaba lo del cómic. Afortunadamente, tuvo la oportunidad de ver que me ganaba bien la vida con el dibujo”, tercia Roca. Y de presumir de los dos premios Goyaque recibió el dibujante por Arrugas, que presidieron la habitación del hospital donde pasó sus últimos momentos. Crecer a la contra, buscar el aplauso, son viejos estímulos para el arte. “Una de las mayores motivaciones a la hora de trabajar siempre es querer demostrar al mundo de lo que eres capaz”, reconoce en el cómic Casañ.

Del proceso creativo hablaron ambos cuatro años en interminables citas en un restaurante de Valencia. Cómo se hace un cómic, cómo se escribe una canción, cómo se convive con la industria, cómo se preserva la libertad creadora, cómo sobrevivir en la cima... “El éxito te hace perder la rabia por comértelo todo”, sostiene en una viñeta Casañ, compositor de éxitos de los noventa como Quiero tener tu presencia o Chiquilla. “Llegado a este punto nadie te dice: ‘Esto no mola; te estás equivocando’. Posiblemente, sea más fácil hacer tu peor obra cuando ya estás arriba que cuando estás subiendo”, replica Roca.

Concebido en origen como un libro de relatos gráficos a partir de canciones que secuenciarían la historia de la música popular contemporánea, el proyecto ha ido mutando después de alguna crisis de crecimiento. Quedó la espina dorsal: Casañ compuso las canciones que recorren en orden cronológico la música en el siglo XX a través de 11 géneros, que comienzan con una percusión africana y concluyen en el reggae, después de pasar por el blues, el son, la rumba o la psicodelia, entre otros.

Cada uno de estos temas tiene una equivalencia dibujada por Roca, que adopta un estilo gráfico vinculado al contexto histórico en que sonaban, ya sean Winsor McCay, Walt Disney o Moebius. Estas breves historietas se intercalan en una narración gráfica que el autor de Los surcos del azar ve como un híbrido entre el diario de a bordo de un largo diálogo con sus concesiones humorísticas —el dibujante cuenta un viaje en la comitiva del presidente Rodríguez Zapatero a China y Japón que tuvo momentos de “fiesta de Erasmus”— y un ensayo sobre la creación. “El grueso de la historia es contar la duda, la encrucijada. Y lo más difícil era hacer interesante una conversación. Me planteé no usar ningún recurso cinematográfico ni ninguna artificialidad para darle un carácter documental”, explicaba ayer el dibujante. “Para mí, es como el disco que llevo haciendo toda mi vida. Me ha resultado más natural de lo que pensaba, aunque me he metido en algunos géneros que no conocía como el heavy. Pero Paco me enseñó a estudiar, a ponerme las pilas para abordar cualquier tema. Me ha servido para conocerme más a mí mismo”, indica el músico.

Comparten marca de origen, pero distan de parecerse. Paco Roca sopesó tirar la toalla muchas veces, mientras que José Manuel Casañ no lo ha pensado nunca. Habría, eso sí, cambiado algo que ocurrió hace 34 años en una cola de la Seguridad Social: “Si hubiera pensado que el grupo iba a durar hasta ahora, me habría esmerado más con el nombre”.

martes, 28 de noviembre de 2017

Pablo Auladell, entre el cómic y el cine


Galardonado con el Premio Nacional de Cómic el pasado año por su revisión del poema de John Milton El paraíso perdido, Pablo Auladell será el próximo invitado a las cenas literarias del ciclo de autores alicantinos «El sabor de las palabras», que se celebra el viernes a las 21.30 horas en el hotel Abba Centrum.

De esta y otras obras de la treintena de cómics, novelas y álbumes que ha ilustrado este alicantino charlará con el periodista Rafa Burgos y con el público que desee ir a la cena.

Auladell se encuentra ahora enfrascado en un trabajo con el director de cine Gonzalo Suárez, quien pidió al ilustrador su colaboración para su próxima película tras detenerse en una librería ante el ejemplar de El paraíso perdido y convencerse de que algo así quería para su proyecto, El sueño de la Malinche.

«En eso estoy, básicamente, desde que me llamó en el mes de abril. Me encargó que hiciera unos dibujos interpretando el guión con ese aire del libro que hice de Milton. Es una película un poco experimental porque no es animada, sino dibujada o, como él dice, con dibujos no animados», explica el ilustrador alicantino, que aunque apenas ha visto imágenes montadas y sin querer desvelar mucho más, avanza que «si sale como yo me imagino en la cabeza, será una película muy onírica, muy chula».

Auladell, al principio, se sorprendió de la propuesta del cineasta «porque cuando me llamó no entendía bien qué quería de mí», pero después de armar la estructura con una veintena de dibujos, la película va avanzando. Un reto para el ilustrador en su debut en el cine, que de la obra de Suárez destaca, especialmente, «los guiones tan bien escritos, la ambientación y el planteamiento de las escenas».

Con permiso de Gonzalo Suárez, Auladell trabaja desde hace años en un cómic con texto propio, del que ya tiene el guion escrito, Tres descensos, tres historias «que funcionan exclusivamente en tebeo, sin pretender hacer ninguna novela», indica. El autor sitúa esta obra en la línea del cómic más poético, del estilo de La torre blanca pero más oscuro, alejado de esa tendencia de ver el cómic como novela gráfica. Yo quería alejarme de eso y crear cosas que solo funcionen dibujadas en un tebeo, incluso acercarme más al teatro».

lunes, 27 de noviembre de 2017

'Los sonidos del bosque': cómic epopeya sobre la búsqueda del yo


 Nunca hemos estado faltos de tradición de tebeos en España, pero la llegada del underground americano fue un impacto. Un servidor la recibió en la adolescencia, justo cuando ya empezaba a cansarse de Ivá y de buscar Papus en el rastro de Madrid. De todos los artistas que descubrí gracias al Víbora de Hernán Migoya hubo uno que me marcó. Era Peter Bagge.

Como miembro de la generación más preparada de la historia, la que había vivido toda su vida en democracia, en lugar de leer a Ramón J. Sender, dedicaba la mayor parte de mi tiempo libre a ver Sensación de Vivir, Melrose Place, Salvados por la campana, California Dreams y un largo etcétera de subproductos americanos. Cuando Bagge cayó en mis manos, concretamente Odio, tenía ante mí el reverso tenebroso de todas esas series. Era como si Albert Pla le escribiera el discurso de Navidad al rey.

Por otro lado, no sé de dónde salió, pero de repente también empezó a causar estragos entre la población joven y adolescente el "buen gusto musical". Una verdadera epidemia, sobre todo porque la música prototípica era muy mala. El grunge, excelentes músicos y personas, no lo dudo, era muy malo. Era deprimente sin ironía ninguna y comercializaba con el underground. Esto es, con lo que no se podía comercializar. Por eso era muy falso, pero la gente se lo tomaba muy en serio, como pasó con el indie dichoso después. Peter Bagge, cuyo personaje, Buddy Bradley, se encontraba en Seattle en esos momentos en los que era la capital grunge del mundo, se descojonaba de toda esa escena.

Por eso Bagge fue tan terapéutico, tan útil. Daba "Fuerza para vivir", como el libro de una secta ultraderechista que vendía Donato en un spot televisivo, porque nos daba herramientas para poder reírnos de lo ridícula que es la adolescencia y la juventud y sus ínfulas. Desde entonces, mucho ha avanzado el cómic como industria, pero quizá uno de los alumnos más aventajados de Bagge en España fue Ferran Esteve.

Al igual que el neoyorquino, Esteve publicaba un fanzine. Se llamaba Gagarin que tenía un formato similar a Mundo Idiota, el zine de Bagge. Un cajón de sastre de historietas de diferentes estilos en cuyas páginas el autor se desfogaba y daba salida a sus ansias por dibujar.

Entre sus números, hubo escenas memorables, como la historia cruzada del colegio religioso en la que un chaval tenía problemas con un profesor por burlarse del beato fundador de la institución, el cual a su vez chateaba con una menor -en realidad, con otra persona que trataba de aprovecharse de él, como el noventa por ciento de los varones que chatearon con nicks femeninos antes de las redes sociales en las salas de chat de los portales más famosos.

El patetismo se mostraba en todo su esplendor, con realismo soviético, atención al detalle y transiciones suaves y pausadas. Además, el remate de la hilarante historia era una reflexión bastante pertinente sobre el catolicismo que tenemos incrustados en el cerebro aunque no creamos en Dios.

Otro personaje, llamado "Falso antisistema", también tenía un comportamiento totalmente ridículo y lamentable, propio de su condición de rebelde de pega. La crueldad que Esteve mostraba con él también era muy Bagge, Crumb, Clowes o Tomine.

Pero si hay que destacar algo eran sus múltiples referencias al engorde del ego masculino con la acumulación de objetos, ya sean juguetes o souvenirs de cosas de culto, tipo películas o referencias rockeras, y discos y deuvedés. Una conducta sobre la que ahora, que lo tenemos todo en internet, se puede frivolizar, pero que no era cosa de broma en su día. Mal llevada, se convertía en una obsesión que costaba mucho dinero, quitaba mucho espacio y no satisfacía más que un ego enfermo.

Esteve conocía ese mundillo y se lo repasaba con alusiones a la actitud de los críticos musicales, la gran mentira que fue la industria cultural en este país, aquellos treintañeros amargados que por trabajar en una tienda de discos sentían que tenían al sistema cogido por los huevos y un momento mágico, el de la llegada de las gafas de tolai o pardillo de las películas estadounidenses que, por lo que sea, se pusieron de moda hasta hoy. Ya fuese de pasta, modelo 60s y 70s, ya fuesen de pera, modelo 80s.

El fanzine Gagarin desapareció, Esteve digamos que maduró, pero no dejó nunca de dibujar. Ha seguido trabajando como ilustrador al margen de otras ocupaciones más lucrativas y lanzando fanzines. Ahora con un denominador común, la libertad absoluta, que es una de las ventajas que tiene autoeditarse. Preguntado por esta afición, el autor explica que no puede dejar de dibujar, porque sencillamente: "Es lo que me sale".

Los sonidos del bosque es su última creación. Reúne muchas de las características del noble arte de la viñeta que tanto amamos, el único en el que absolutamente todo es posible. Trata de la aventura de un chaval cuya cabeza es un radiocassette de los antiguos que se va por ahí con un amigo, con cabeza de perro, con la intención de tocar música. Recorren pueblos, acaban en el bosque y terminan viviendo en comuna, antes de que sucedan reveladores fenómenos.

Podría ser cualquier película independiente de los 90 antes de que Sundance significase un género peyorativo. Por ejemplo, tiene un aire a la dulzura de Box of Moonlight de Tom DiCillo, pero como hablamos de viñetas, Esteve se da el placer de plantear situaciones de corte onírico. Todo al servicio de la revelación final, una enseñanza contra el dolor de comedura de tarro innecesaria que muchos sufren, sufrimos o hemos sufrido.

Un registro, la ficción en lugar del autobiográfico, que, según me explica el autor, ha llegado a él de forma natural a causa de, entre otros motivos, la sobre exposición de vida personal que existe en la actualidad por las redes sociales. Cuando empezó a dibujar sobre sí mismo y su vida, confiesa, no había tenido lugar este fenómeno ni nos lo imaginábamos. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

La Vanguardia:El origen de Tintin, ¿en Tarragona?


Parece un cúmulo de coincidencias, pero todas ellas podrían tener relación. En una de las vitrinas del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT) se encuentra, protegida por lo que parece ser un secreto a voces pero sin ninguna confirmación oficial, una figura de la antigua Tarraco interpretada como amuleto doméstico de prosperidad.

Lo más curioso de esta pieza, que data del siglo 1 aC y que fue hallada en el Fòrum de la Colònia, es su denominación: recibe el nombre genérico de tintinnabulum –habitual en este tipo de objetos– y su forma resulta familiar a muchos visitantes. Seguro que no pocos identificarán la silueta con el personaje creado por el dibujante belga Georges Remi (Hergé) a partir de 1929. 

Esta figura se parece mucho, según la investigadora Laura Gual, a la del valiente reportero. Las semejanzas entre ambos han sido, desde hace años, el objeto de estudio de esta profesora de Torredembarra, que junto con su hermana ha publicado varios trabajos sobre la posible insipiración de Hergé en la figura tarraconense. Dejando al margen, eso sí, los símbolos que presenta grabados la pieza romana y que se atribuyen a Príapo, un signo para a atraer a la suerte.



Por ejemplo, uno de los puntos en común que reseñan los estudios de la investigadora torrense atañe al número de identificación de la figura romana en el museo de Tarragona, el 542, una cifra que sospechosamente se repite en muchas de las viñetas de los diferentes libros de Tintin. Por ejemplo, en los volúmenes de L’affaire Tournesol o en el L’Oreille cassée, donde la cifra añade un 3 delate. 
En una de las viñetas de esta obra se muestra un museo con pistas que evidencian la predilección del autor por copiar de la realidad. Un vigilante, además, toca la campana, en una clara alusión al nombre del reportero, que recuerda al tintineo de este objeto, detalles que según la autora, son pistas de que Hergé pudo inspirarse en una pieza real para dar cuerpo a su personaje. 
Laura Gual trabaja desde hace años observando la figura y esta semana, con motivo de la décima edición de la Setmana del Còmic de Tarragona, presentó algunas de sus últimas observaciones en la Antigua Audiencia de Tarragona.

Tras años de observar las páginas de Tintin para dar con más coincidencias, Gual ha contrastado que Hergé dejó varios mensajes ocultos en sus obras, que cuentan con una gran cantidad de detalle en sus ilustraciones. Cita varias referencias, por ejemplo, a libros como el Apocalipsis, en el que se recogen la gran mayoría de palabras que componen los títulos de las aventuras del intrépido reportero.

Gual detalla que en la última obra de Hergé, Tintin et l’alph-art, un volumen inacabado que cuenta una historia de falsificadores de arte que finaliza en la Campania –posible lugar de fabricación del tintinnabulum– es quizás la obra con más mensajes sin desvela. Según la investigadora “es un volumen en el que Hergé trabajó con la convicción que el final estaba cerca”.

Lo curioso de esta última aportación del autor es el final de la historia, que acaba con el mismo Tintin convertido en una pieza de museo de esta zona de Nápoles. “Como una irónica vuelta a los orígenes”, apunta Gual. Hoy por hoy, afirma, centra su trabajo en “desvelar más mensajes ocultos que se encuentran en estos libros y que no son casuales”.

sábado, 25 de noviembre de 2017

ABC:Daniel Torres: «El cómic es una de las imágenes de la Transición»


Era la época en la que nos dividíamos entre los que leíamos Cairo o Víbora. Esperábamos la salida de las revistas como si fueran las antiguas novelas por entregas por aquello del «continuará». La época de los héroes y los antihéroes, o la de cuando las chicas nos incorporamos a consumir comics. Era la transición y todo valía. Incluso una estética de comic sirve para cartelería electoral, como el cartel realizado por José Ramón Sánchez para el PSOE en 1982.

Parte de esta historia se puede ver en la exposición del ilustrador Daniel Torres, «La memoria del futuro», en la Casa de la Provincia, donde se cuenta la trayectoria de este ilustrador y guionista que en esos años comenzó a trabajar en Valencia, en el grupo al que bautizaron como la «línea clara valenciana», «lo hicieron sin nuestro permiso. Queríamos un estilo que nos diferenciara y salió así, un grafismo muy depurado».

Su primera revista fue todo un clásico, «Víbora». «Terminé Bellas Artes y recién colgados los pinceles, cogí unas páginas y me fuí a Barcelona. Entré en la redacción del Víbora y José María Berenguer cogió mis páginas, y no sólo eso, sino que me pidió más. Fue un regalo».

Su primer personaje fue Claudio Cueco un detective de serie negra lleno de humor e ironía. Del «Víbora» a «Cairo», donde crea «Opium», hasta que y luego pasó a Cimoc. En 1983 llega su mítico personaje «Roco Vargas» con el que lleva más de treinta años y para el que ha creado últimamente, «Júpiter», que dicen es su creación más ecológica.

Los dibujantes sabían de la «guerra» entre los lectores, «nos decían: los que publicaban en Cairo son de la línea clara, los de Víbora, de la línea chunga. Era un chascarrillo divertido. Pero es verdad que los dos retrataban muy bien la época de España. El comic fue una de las imágenes de la Transición. Muchas instituciones políticas hicieron cosas con estética de comic, porque era lo que gustaba».

En la exposición, dibujos, bocetos y reproducciones que nos transportan en ocasiones a la época dorada de las revistas, una época que no volverá, «eso dicen los editores, que no es comercial. Yo tengo mi apuesta personal, y es que si saliese una revista, me pondría a publicar. Tengo nostalgia de esa época. Marcaba una forma de hacer, plazos de entregas, línea editorial..., había que entregar ocho páginas al mes, hasta acabar las 48. No se podía estar sin publicar». Mueren las revistas y Daniel Torres se pasa al álbum, algo que ya se hacía cuando se acababa las series en las revistas.

Los ilustradores españoles estaban entre los mejores. De hecho, Daniel Torres trabajó durante más de veinte años con editores de Estados Unidos, en series como «Sandman Mystery Theatre» para Vertigo y también lo hace con Alan Moore en «The Spirit». «Aquelo era la primera división. Trabajar en Esados Unidos es muy difícil».

Sigue dibujando a mano, «no uso el ordenador. Lo digital es una revolución mala porque ha permitido que gente que no está formada como ilustrador, con un programa accesible, se convierta en «pseudoilustrador», y eso ha hecho mucho daño. No son ilustradores, es falso, pero se cargaron el mercado. Yo mantuve que lo analógico iba a volver, que querían ilustraciones hechas a mano...,, pero no acaba de volver».

Su último álbum ha sido «La casa», un fantástico y depurado trabajo, al que sigue un nuevo proyecto sobre Picasso, titulado «Picasso en la guerra civil». «Es el poder mágico de la viñeta, poder hacer otra vida. Picasso dijo que le hubiera gustado luchar a favor de la República, y entonces se fabricó una vida falsa y le encargó a un dibujante que le hiciera esta historia. En mi álbum voy a contar justo ese episodio y la relación entre ambos. Me he divertido mucho».

viernes, 24 de noviembre de 2017

El País:La filosofía explicada por Teminator: llega el cómic que arrasa en Internet


No miento si digo que este cómic ya existía en mi cabeza hace mucho tiempo. Me pasé los años universitarios rodeada de estudiantes de filosofía, y ellas ya descontextualizaban a los filósofos y filosofas que estudiaban y los ponían a discutir de las cosas más absurdas. He ido encadenando carcajadas página a página, disfrutando de las diferentes tiras cómicas. La imagen de Leibniz queriendo un bocadillo de choricillos se me repite sin parar en la cabeza, la de Kant intentando ligar o "chulesco" Camus siendo callado una y otra vez por la imponente Simone de Beauvoir.


Rebobinemos. Pensemos por un segundo qué pasaría si mezcláramos a filósofos y pensadores de toda la Historia -Platón, Wittgenstein, Beauvoir, Kant, Spinoza o Hannah Arendt-, en medio de un bosque, en un bareto, en una oficina de trabajo o en un tribunal. Imaginaros que los juntamos a todos jugando un partido de fútbol americano o en el mismísimo cielo. El ingeniero de software Corey Mohler (Portland,1985) es capaz de trasladar la filosofía de toda esta lista de autores a contextos improbables con una trascendencia y humor insospechado. Desde que creó la web Existential Comics en 2013, ha publicado 161 cómics con 121 filósofos diferentes como personajes. Un site que recibe más un millón de visitas por mes y es uno de los sitios web temáticos sobre filosofía más populares de Internet.

Ahora, Cómics existenciales ofrece la oportunidad de disfrutar a través de sus páginas de mini relatos que pivotan con equilibrio, entre la reflexión sosegada y el chiste fácil. En la actual adaptación que la editorial Stirner ha hecho al castellano del webcomic original se han reunido en un solo tomo y a todo color, más de cien de sus mejores tiras protagonizadas por los pensadores estrella de la Historia de la Filosofía.

El cómic se divide en 8 capítulos distintos: revolución, libertad radical, angustia, desasosiego, autenticidad, ansiedad, ambigüedad y un lapidario octavo capítulo, la vida carece de sentido y después te mueres. Hay algunos extras un tanto naifs a los que debo confesar, no me he podido resistir... ya sé cómo dibujar a Marx y al mismísimo Sartre. Para dibujar a Marx solo necesitas seis sencillos pasos, muchos círculos, trazar una especie de papa Noel, cambiarle la chaqueta, quitarle el gorro y pintarle un bigote muy oscuro. Dibujar a Sartre ya es otra historia porque implica hacer uso de la libertad radical.

Como no podemos destripar cada una de las tiras, desde Stirner han tenido la amabilidad de dejarnos compartir y comentar algunas.

jueves, 23 de noviembre de 2017

‘Refugiados, Viñetas Solidarias’, un cómic con el que ayudar a los desfavorecidos


Lo ideal es que un proyecto como ‘Refugiados, Viñetas solidarias’ no existiese. Que la causa por la que más de 60 autores españoles han colaborado en la realización de este cómic no tuviese lugar en nuestro mundo. Pero por desgracia está ahí, y no deberíamos mirar a otro lado. Hablamos de los horrores de la guerra, de las consecuencias que tiene siempre en el más débil y de la impasividad de los espectadores. La fuerza para acabar con estos conflictos nos sobrepasa a todos, pero en nuestras manos está aliviar el sufrimiento de las victimas. ‘Refugiados, Viñetas solidarias’ surge de ahí, de la afirmación “Los autores de cómics deberíamos hacer algo”, y piden nuestra ayuda para conseguirlo.

‘Refugiados, Viñetas solidarias’ es un recopilatorio de historias cortas donde cada uno de los 64 autores que han colaborado en el proyecto aportan su visión del mundo. ¿Cómo podemos dar nuestro granito de arena? Haciéndonos con la obra a través de la campaña de crowfunding que está teniendo lugar en Spaceman Project. En la propia página se explica con detalle todo el proceso para hacernos con él, aunque también os dejamos una breve explicación de Álex Ogalla, director de la revista Cthulhu, y del cómico Pepe Villuela.

Ante todo, cabe destacar que en la meta de la campaña solo se contemplan los gastos de impresión de la obra ya que ni los autores ni la plataforma recibirán beneficios por este crowdfunding. Todo las ganancias que excedan de la campaña así como el 10% de las ventas en tiendas especializadas irán destinadas a la ONG Save the Children y su programa de ayuda a los refugiados para paliar el sufrimiento del pueblo sirio desplazado.

Y no solo tendremos la oportunidad de adquirir el cómic, ya que hay una serie de recompensas, como los originales de la propia obra o litografías realizadas especialmente para la ocasión, para aquellos que tengan la posibilidad de aportar un poco más a la causa.

Por ahora, tenemos por delante 24 días más para que el proyecto alcance la meta, y si todo va como esperamos, tendremos en nuestras manos ‘Refugiados, Viñetas solidarias’ alrededor de marzo de 2018. Igualmente, para que veáis la dedicación que han puesto todos los autores, tenemos disponibles una serie de páginas interiores que os dejamos a continuación, al igual que la lista completa de los implicados en el proyecto.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El País:El Barón Rojo despega de nuevo convertido en un psicópata asesino


A pocos meses de cumplirse los cien años de su derribo y muerte, vuelve el Barón Rojo convertido en personaje de cómic y retratado como un psicópata asesino: no puede decirse que sea precisamente un homenaje. Sabíamos que Manfred von Richthofen, el célebre aviador alemán de la I Guerra Mundial conocido como el Barón Rojo, el mayor as de caza de la contienda, con 80 victorias, no era un tipo lo que se dice simpático. Las biografías más recientes y sus propios escritos, como El avión rojo de combate, nos muestran a un hombre frío y calculador obsesionado con ganar prestigio y medallas (especialmente la Pour le Mérite, el Blauer Max) y que consideraba la guerra en el aire una actividad cinegética: derribar pilotos enemigos era como abatir presas de caza. Matar no le suponía ningún problema, al contrario. Despiadado, arrogante y ambicioso, Von Richthofen aparece todavía peor de lo que fue en el extraordinario Barón Rojo, del guionista francés Pierre Veys (pertinentemente nacido en Cambrai) y el dibujante madrileño Carlos Puerta, que retratan al aviador, mezclando su vida real con la ficción, en tonos muy negros. La imagen que ofrecen del piloto ha provocado controversia pues no son pocos los que lo admiran aún como un combatiente noble y caballeroso.


Norma editorial acaba de editar en un solo volumen la integral de los tres álbumes de que consta el insólito biopic dibujado del famoso y discutido aviador que se hizo especialmente temido en los cielos de la Gran Guerra a los mandos de su Fokker triplano rojo, uno de los iconos de aquella contienda (aunque en realidad el piloto consiguió más derribos volando en los Albatros). La publicación llega ya cerca del centenario de la muerte de Von Richthofen, que se produjo, de manera aún no del todo esclarecida, cuando fue abatido el 21 de abril de 1918 sobre el Somme.

Barón Rojo, dibujado de una manera impresionantemente realista, muestra todo el horror y la épica de la lucha en el aire en los tiempos pioneros de la aviación –hacía apenas diez años que los Wright habían realizado el primer vuelo- con una atención minuciosa al dibujo de los aviones y demás ingenios y equipo bélico (incluidos tanques, zepelines y hasta ¡un submarino!), así como a los uniformes y escenarios. Se trata de una de las mejores plasmaciones jamás hechas de la guerra aérea en las viñetas, comparable a ese otro espléndido cómic (también en formato de trilogía) que es El gran duque, de Hugault/ Yann, sobre otro aviador alemán, este de ficción y en la II Guerra Mundial. Hugault y Puerta fueron dos de los invitados el pasado Salón del Cómic de Barcelona, dedicado a la aviación, y protagonizaron una mesa redonda sobre los aeroplanos en las viñetas.

Barón Rojo, compuesto por El baile de las ametralladoras, Lluvia de sangre y Torreones y dragones, empieza con un preámbulo estremecedor en el que Von Richthofen da caza implacablemente a un Spad francés y tras obligar a aterrizar al piloto malherido desciende él también y lo observa agonizar en la carlinga. “Le he metido una bala y lo veo morir. Y para mí este espectáculo supone un placer extraño”, monologa el as alemán mientras las viñetas nos lo aproximan en un zoom dibujado hasta un primer plano de sus ojos de rapaz, de un gris acerado. “No conozco nada mejor en el mundo. La guerra es algo fantástico”. El piloto alemán real solía aterrizar junto a sus presas para obtener algún elemento del aeroplano vencido que se exhibía luego como trofeo.

El cómic nos lleva a continuación a Berlín diez años antes. Cuando Von Richthofen es aún un estudiante. Se enfrenta a un grupo de compañeros que le acosan por su éxito en gimnasia y su arrogancia. Y descubre que posee la facultad de prever los movimientos de sus adversarios, lo que le permite adelantarse y vencerlos. Imbuido de una sensación de poder omnímodo, el joven Manfred disfruta viciosamente con su don, desarrollando una personalidad violenta y criminal que se deleita en matar.

La historia salta al inicio de la I Guerra Mundial y podemos seguir la carrera militar de Von Richthofen desde su primer destino en los ulanos, la caballería ligera (es cierto que su unidad ahorcó monjes en Lorena, lo contó él mismo), hasta su etapa de aviador, primero como observador en un aeroplano AEG, luego piloto de caza en diferentes modelos de Albatros y Fokkers, en los que va perfeccionando su instinto asesino hasta devenir el mayor as de la guerra. El que decidiera pintar sus aparatos de rojo se explica en el cómic porque así despierta mejor en el rival el miedo o el odio que permiten al aviador alemán prever sus reacciones.

“Nos apetecía hacer algo sobre el Barón Rojo, y nadie nos hacía caso, hasta que a Pierre se le ocurrió que tuviera poderes sobrenaturales”, explica Carlos Puerta (Madrid, 1965), que ya le había cogido gusto a la aviación de combate dibujando sendas historias sobre la aviadora nazi Hanna Reitsch y Godwin Brumowski , el as de caza austrohúngaro coetáneo de Richthofen. “No queríamos una biografía al uso así que seguimos la carrera real de Von Richthofen con la evolución al mismo tiempo de esa característica tan particular de que lo habíamos dotado, convirtiéndolo en un asesino nato”. ¿El Barón Rojo un psicópata? “Algo debía tener en realidad un señor que va a la guerra a derribar aviones y que disfruta con ello. Nuestra versión incluye cosas que obviamente nada tienen que ver con la biografía real del personaje, inventadas, pero también posee mucho rigor histórico en todo lo demás. Esencialmente, lo que hacemos es llevar al límite al personaje convirtiéndolo en un verdadero mal nacido”.

La documentación del álbum es exhaustiva y los modelos de los aviones (aparecen una decena distintos), por ejemplo, están impecablemente dibujados. “Soy un obseso con eso, y me lo paso pipa documentándome e investigando. Me encanta que en el salpicadero los mandos e indicadores estén en su sitio exacto”. El dibujante, en cuya carrera figuran títulos como La casa de Pollack Street, El Perdición o Adamson, y que ilustró las aventuras del Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte,  vio todas las películas ambientadas en la I Guerra Mundial, pero, “no me fiaba de que hubieran puesto los aviones correctos, así que contacté con gente que reconstruye esos aeroplanos y luego los vuelan, y ahí me nutrí de detalles”. Algunos dibujos tuvo que corregirlos, como los del episodio de los bombarderos Gotha atacando el nudo ferroviario ruso: “Me hicieron ver que los aparatos tenían que moverse de otra manera”. De los aviones dice que prefiere el Albatros, “un puro con alas”, que le parece el más bonito. El que menos le gusta es precisamente el Fokker triplano, “un horror para dibujarlo”.

Puerta destaca que tuvo total libertad para desarrollar plásticamente la narración, que incluye secuencias sensacionales de una expresividad magistral, como la del duelo con el aeroplano Farman que termina estrellándose contra una catedral (una de las escenas favoritas del propio artista, junto con el salvaje ametrallamiento desde el aire de un escuadrón de cosacos). Si los aeroplanos y los escenarios resultan impactantes en su realismo, no lo son menos los rostros de los personajes, especialmente los de los aviadores sometidos al estrés y el horror del combate, y que caen envueltos en llamas, con la cabeza reventada por los disparos o quemándose vivos. Uno casi cree percibir el hedor de beicon frito del que hablan los testimonios de la época. “Lo más importante es tener un espejo delante al dibujar”, explica Puerta de su habilidad para plasmar rostros. “La gestualidad la pones tú”. El dibujante dice que para el Barón Rojo, se ha basado en los rasgos de distintos actores, entre ellos Christian Bale.

De la controversia que ha provocado el cómic, Puerta señala que “hay mucha gente indignada, igual que aplauden mi rigor al dibujar, les parece horrible que hayamos convertido al Barón Rojo en un monstruo. Y lo que más les molesta es que lo hayamos dotado de poderes paranormales”.

Al final de la trilogía, Veys y Puerta hacen caer a su negro (y rojo) héroe de una manera que no es la histórica. ¿Una forma de distanciarse definitivamente de su biografía? “Ese final puede no ser definitivo y abre posibilidades de recuperarlo”, responde Puerta, que avanza que existe el proyecto de una continuación en la que se explicarán algunos de los secretos de su Barón Rojo...

martes, 21 de noviembre de 2017

ABC:La «Tintinmanía» llega a las casas de subastas


Las subastas de cómic originales se multiplican estos últimos años con un éxito creciente y con Tintín como estrella indiscutible.

La más reciente tuvo lugar el sábado en París, donde un dibujo en color de Tintín y Milú, realizado por Hergé para la publicación de «El Cetro de Ottokar», ha sido vendido por 505.000 euros. A pesar de que su precio estimado fue fijado entre 600.000 y 800.000 euros, fue la venta de mayor cuantía de esta subasta, dedicada a Hergé creador del joven periodista.

Para Eric Leroy, experto en cómics de casa de Artcurial, organizadora de la subasta: «las obras originales de Tintín hoy son cada vez más raras en una subasta, sobre todo las de años 1930/1940», y en particular las planchas originales. En este contexto, «los coleccionistas se interesan cada vez más por los dibujos de la misma época publicados en la prensa belga antes de ser recogidos en un álbum».

Así lo demuestra también el segundo precio más alto de la citada subasta. Dos tiras de la «Estrella misteriosa», publicados en «Le Petit Vingtième» (suplemento infantil y juvenil del diario belga «Le Vingtième Siècle») en 1941, alcanzaron los 381.000 euros (su precio estimado era de entre 300.000 y 400.000 euros).

El dibujo que representa a Tintín y Milú escoltados por un mayordomo en el palacio real de Sildavia, reino imaginario en el corazón de la acción del álbum «El Cetro de Ottokar», también apareció publicado como portada del mismo suplemento belga el 14 de febrero de 1939.

Hitos en subastas

El joven reportero trotamundos ideado por Hergé acumula un buen número de récords, de París a Bruselas, pasando por Hong Kong

En mayo de 2014, una doble página que recogía la cobertura para los álbumes de las aventuras de Tintín de 1937 se vendió por 2,5 millones de euros. Ese precio estableció el récord en materia de cómics.

Más originales de Tintín han sobrepasado el millón de euros: la portada de «La estrella misteriosa» alcanzó 2,5 millones de euros en 2015 en la feria de arte y antigüedades de Brafa, en Bruselas

Una doble plancha original del álbum de Tintín «El cetro de Ottokar», publicada en 1939, se subastaba en París en 2015 por 1.563.000 euros. Este es el precio más alto alcanzado por una doble página original de Hergé.

Un coleccionista pagaba en 2016 1,55 millones por una plancha de «Objetivo la luna», en 2016. Y así se fijaba el récord mundial para una única página de los álbumes de Tintín.

lunes, 20 de noviembre de 2017

El cómic de Dentro del laberinto revelará el origen del personaje de David Bowie


Entertainment Weekly ha informado de que Boom! Studios a través de Archaia publicará el primer cómic basado en la película. La serie, titulada simplemente Jim Henson's Labyrinth, está escrito por Simon Spurrier con dibujos de Daniel Bayliss y seguirá el camino de Jareth, el Rey de los Gooblins y sus orígenes. El personaje fue interpretado por David Bowie en el filme.

En el cómic veremos al Rey Gooblin recordar su infancian a Toby, el bebé hermano de Sarah (Jenner Connelly en el filme), al que intenta salvar la joven. Los lectores conocerán también a los padres del Rey de los Gooblins por primera vez, que vivieron en la Venecia del siglo XVIII.

Una buena manera de revivir el filme, y de alguna manera mantener vivo el personaje y a su propio actor, David Bowie, que falleció el día 10 de enero del pasado año 2016, por lo que cualquier continuación cinmeatográfica ya no podría contar con él (algo que ya a día de hoy no es un problema gracias a la tecnología informática).

viernes, 17 de noviembre de 2017

El País:Mucho más que el creador de ‘Deadpool’


Fabian Nicieza (Buenos Aires, 1961) lleva 30 años escribiendo cómics para las dos grandes editoriales estadounidenses, Marvel y DC. Allí ha escrito algunos de los más famosos personajes, de la Patrulla X a Batman, pero cuando hoy lo presentan siempre utilizan la misma coletilla: "Fabian Nicieza, co-creador de Deadpool". Así fue presentado también en la Heroes Comic-Con de este fin de semana en Madrid. Él no lo esconde: "Me he vuelto maduro y realista. El éxito repentino tardó 25 años en llegar para el personaje, y sé que puede esfumarse en cinco minutos. Simplemente me siento mejor siendo el co-creador (junto a Rob Liefeld) de un personaje popular y que conecta que no siéndolo. Y cuando pase, no será una sorpresa. Todo es un ciclo. Pasará", explica a EL PAÍS.

El autor parece sobrellevar con filosofía incluso la segunda línea que toman los creadores de cómics cuando sus personajes son adaptados a la gran pantalla: "Recibo más que otros y menos de lo que debería", apunta con realismo, sin olvidarse de los Bill Finger, Jerry Siegel, Jack Kirby o Bob Kane: "Es un problema en la industria para los autores que crearon las figuras icónicas, pero yo llegué justo en la época donde se cuestionaba lo que deberían haber ganado. Las empresas por fin nos reconocían algo. Pese a no llegar al nivel de un cómic del autor como hacen Robert Kirkman (The Walking Dead) o Todd McFarlane (Spawn), sí mejoró. Así que ingreso algo por el personaje regularmente. Sabía a lo que atenerme desde el principio: era trabajo por encargo. Si me quejo 25 años después, o soy un hipócrita o un idiota ¿Es mi participación proporcional a lo que gana Marvel o Fox mundialmente? Claro que no, pero menos da una piedra".

El autor ha recorrido el mismo camino que Leonard Nimoy, cuando, tras años de querer hacer otras cosas, por fin abrazó la suerte que tenía de haber sido encasillado con Spock en Star Trek: "Cuando Nimoy absorbió ese mensaje venía de madurez, edad y perspectiva. Soy suficientemente mayor para hacerlo. Además, para mí no es una asociación diaria, salvo por las personas que me lo recuerdan. Lo creé en 1982 [su primera aparición data de Nuevos Mutantes 98] y desde hace 10 años, cuando terminé con la serie Cable y Masacre, de 2004 a 2008, ya no lo escribo regularmente".

Masacre, como es conocido en los cómics en España, nació, de hecho, casi por casualidad. "Liefeld me dijo que quería un cruce entre Punisher y Spiderman, pero solo tenía el concepto, así que hubiera sido muy distinto de ser presentado en la primera página o en la número 13. Lo utilicé para contraponerlo al sentido del humor de Cable", que ahora también se enfrentará al mercenario bocazas en la gran pantalla, en Deadpool 2. Al autor le encantan las adaptaciones, aunque tampoco piensa que sean fundamentales en su trabajo: "Seamos realistas, los lectores no vienen del cine al cómic".

Tanto le debe el personaje cinematográfico a su padre que Nicieza llegó a apostar ya en 2004 por quién sería el actor ideal para interpretarlo: "Parezco un cruce entre Ryan Reynolds y un perro Shar Pei", decía Masacre en las viñetas. "Ryan no tendría trabajo sin mí. Y él lo sabe", bromea el autor entre una risa estridente y contagiosa en la que se atisba un parecido más que claro con el personaje cachondo y políticamente incorrecto que creó. "Como diría mi padre: es un hinchabolas ¿eso se utiliza aquí?", pregunta el autor que imigró de Argentina a EE UU con solo cuatro años en un panel.

Nicieza, que salta con sobrado desparpajo del inglés al español de sus padres (algo olvidado, pero perfectamente articulado) cuando habla para un público hispano, abraza hoy esa madurez, aunque reconoce que lo hace desde un punto alejado de la industria. "No estoy envuelto desde hace tiempo. En parte por elección y en parte, no. Pero la parte que elegí es por entender que no estarás siempre en lo alto. Mi escritura no es suficientemente buena para garantizarme un puesto vitalicio. Soy un trabajador profesional. No un Alan Moore ni alguien que gane premios, sino alguien que te hará disfrutar. Creo que escribo bien, pero sin cambiarte la vida. Algunos buscan eso en todo lo que leen. Ese no es mi objetivo y quizás sea uno de mis problemas", reconoce.

Pese a ello, su popularidad sigue estando más que vigente. Prepara una miniserie de Pantera Negra en Marvel que coincidirá con la llegada de su película; el equipo de Nuevos Guerreros que creó para la editorial también se adaptará a la televisión (en una versión muy distinta, pero con la que ha colaborado) y otro de sus personajes propios, Dominó, está a punto de hacer el mismo salto en Deadpool 2, donde precisamente hace su aparición Cable de Josh Brolin a quien escribió en más de 100 números (el récord). Lo que más le interesa hoy es, sin embargo, un webcómic propio que ha creado en la compañía digital coreana Line webtoon con el dibujante Reilly Brown (con quien compartió Cable y Masacre) sobre un justiciero de trolls de las redes sociales, Outrage: "No digas nada estúpido en las redes, porque saldrá de tu dispositivo y te pegará. Él o ella es el acosador de los acosadores de los acosadores en Internet. No razona. Responde. La primera mitad del cómic es un misterio que descubre quién es y la segunda trata de entender por qué lo hace. Explicar por qué actuamos e interactuamos así en las redes, de una manera que no haríamos en la vida. Quiero que sea una exploración de qué narices está mal con nosotros. Es divertido y misterioso".

El autor se lo toma, además, como un nuevo reto en su dilatada carrera: "Escribir es escribir, pero el formato, de cinco páginas por semanales, 26 capítulos y leyendo las viñetas independientemente, cambia la manera de narrar. Vamos aprendiendo. Llevamos tres capítulos y cuando Reilly controle la lectura vertical, comenzaremos a ver lo que funciona. Es una nueva manera de crear y presentar una historia y un estudio de personajes".

Lo que tiene muy claro es que desde que empezó a trabajar, la industria del cómic ha evolucionado. "Me consideran de la vieja escuela. Porque simplemente escribo para la necesidad de los personajes. Si es un personaje establecido, como Tim Drake en Red Robin, respeto su voz, la historia de los que vinieron antes y su público. Mi trabajo es que evolucionen y darles historias interesantes. No poner una voz nueva. Últimamente, leo mucho la voz de los autores, más que la de los personajes. El mayor halago de mi carrera fue cuando me dijeron que si cerrabas los ojos leyendo diálogos de Los Nuevos Guerreros, sabías el personaje que hablaba en cada momento". Nicieza, debajo de capas y golpes, siempre ha estado interesado en la humanidad de los personajes, en el clasicismo de sus situaciones. Así lo demostró en la química de sus Nuevos Guerreros, X-Force o en Thunderbolts, equipo de villanos reformados donde se mantuvo siete años.

Pero el cómic no solo evoluciona en la forma: "Cuando presenté al personaje de Nómada en 1991, tenía el virus de sida, pero no me dejaban decirlo. Los que estaban por encima de Marvel tenían miedo de meter en un tebeo temas todavía estigmatizados". También dio voz al primer superhéroe gay de Marvel, incluso si nunca pudo decirlo: "Escribía siendo consciente de que Estrella del Norte (personaje del grupo canadiense Alpha Flight) era homosexual, aunque quería presentarlo como alguien más. Eso creaba un problema, porque en Marvel no me dejaban revelar su identidad sexual", explica. Años más tarde, el guionista Scott Lobdell lo sacó del armario con un grito mientras volaba donde no dejaba lugar a duda: "¡Soy gay!". Hoy Nicieza se ríe de aquella viñeta: "Siempre que veo a Lobdell, me burlo de él ¿quién iría volando con un puño en alto dicieno eso? No es humano".

miércoles, 15 de noviembre de 2017

ABC:El universo de Disney llega al CaixaForum de Sevilla


El universo desarrollado durante un siglo por Disney y su actualización de los cuentos y leyendas populares llegan desde este jueves al CaixaForum de Sevilla, en la que será una de las exposiciones de esta Navidad en Sevilla.

«Disney. El arte de contar historias» repasa, en 212 piezas, más de 75 años de la compañía estadounidense, creadora de un icono del siglo XX, como Mickey Mouse, y cuya forma de narrar ha cambiado la forma en que niños y mayores se acercan a mitos ancestrales como «Hércules» o cuentos de hadas como «Blancanieves».

La exposición, que se podrá ver en el CaixaForum de Sevilla hasta el próximo 18 de febrero, iniciará después un recorrido por los centros culturales de esta entidad financiera en España, siendo sus siguientes paradas Barcelona, en marzo, y Madrid, en julio.

Las 212 piezas que componen «Disney. El arte de contar historias», coproducida por la Obra Social «la Caixa» y la Walt Disney Animation Research Library, proponen un recorrido visual que arranca con «Los tres cerditos» (1933) y que concluye en «Frozen» (2013), dos de sus grandes éxitos.

Cien años que se muestran en la exposición a través de bocetos para personajes como Blancanieves, con pruebas descartadas de los diseñadores en la que se la puede ver con el pelo largo y rubio; una «hoja de personaje» («Rough Model Sheet») con Mickey Mouse en diferentes posiciones para que todo el equipo gráfico lo dibujara de modo uniforme; un boceto preliminar a lápiz de Ariel, la protagonista de «La Sirenita»...

En definitiva, un amplio conjunto de dibujos de personajes y escenarios creados con gran variedad de técnicas, como acuarela, carboncillo, pastel, grafito, tinta, témpera, acrílicos y pintura digital. A lo que se añaden notas de producción, esbozos, páginas de guión que ayudan a comprender el proceso de producción de estas historias animadas.

Entre los documentos más curiosos, destaca una carta enviada a finales de los años 30 por la que fuera primera dama de Estados Unidos Eleanor Roosvelt a Walt Disney pidiéndole que llevara a la gran pantalla, por su carácter edificante, el cuento «Stamble Peter», del que se incluyen algunos dibujos preparatorios.

Junto a todo este material gráfico, la exposición presenta, además, la proyección de tres cortometrajes y el documental «How Walt Disney Cartoons Are Made», de 1939, sin olvidar el espacio específico de creación para toda la familia que incluyen todas las muestras del CaixaForum o un «photocall» de Robin Hood.

Todos estos fondos se exponen, además, con un cuidado diseño expositivo, reproduciendo, por ejemplo, las mesas de trabajo de los diseñadores de Disney junto a fotos del exterior de los estudios o mediante expositores que simulan las casas de «Los Tres Cerditos» o los árboles de un bosque.

Cinco ejes temáticos

El recorrido se estructura en cinco ejes temáticos. Comienza con «Los mitos», con paradas, entre otras, en «La Sinfonía Pastoral», de «Fantasía» (1940); y «Hércules» (1997). Continúa con «Las fábulas», esas historias morales protagonizadas por animales», entre las que se cuentan algunas tan conocidas como «El sastrecillo valiente» (1938), con Mickey Mouse; «Lo mejor de Donald» (1938) y «Los tres cerditos».

«Las leyendas» forma el tercer bloque temático de la exposición, donde se muestran dibujos de películas como «Robin Hood» (1973), antes de pasar al cuarto y quizás más desconocido por el público europeo, los denominados «Tall Tales», cuentos populares estadounidenses que transmiten los valores asociados a los pioneros americanos.

El último capítulo es, quizás, el más definitorio del universo Disney,: «Los cuentos de hadas», donde el empresario estadounidense fue pionero en los largometrajes de animación musicales, con «Blancanieves y los siete enanitos» (1939), el inicio de un camino de éxito que llega hasta «Frozen».

La exposición plantea, de esta forma, «un entorno perfecto para la visita en familia», explicó la directora adjunta de la Fundación Bancaria «la Caixa», Elisa Durán, pero también incluye elementos para interesar a aquellos que busquen «la visita más especializada en la creación artística».

Todo ello, en el caso de Sevilla, durante unas fechas que encaran la Navidad. «Es un regalo iniciar el recorrido aquí», señaló Durán sobre la que es la quinta exposición que organiza el CaixaForum de Sevilla desde su inauguración marzo y por el que han pasado ya 190.000 personas.

En ese sentido, Durán animó a la visita de una muestra que presenta un «recorrido simbólico» y una «experiencia inmersiva» para ilustrar la forma en que Disney modernizó y enriqueció artísticamente los cuentos populares, las leyendas y los mitos, adaptándolos a la sociedad del siglo XX y XXI.

«Disney transformó esa comunicación ancestral a través de los dibujos animados, dando un salto cualitativo en la forma de contar esas historias», señaló la directora adjunta, sobre una exposición que también es «un homenaje» a estos estudios y el «trabajo en equipo y artístico» de sus diseñadores.

En este último aspecto abundó la directora de la Walt Disney Animation Research Library y cocomisaria de la exposición, Mary Walsh, quien destacó cómo la compañía tomó unas historias que se cuentan los hombres desde el principio de los tiempos para convertirlas en «imágenes», haciendo de la animación un «instrumento muy importante de contar historias».

De ahí que en esta exposición se haya querido poner el acento en esos cinco grandes géneros o formas de contar historias, del mito al cuento de hadas, y «el arte de la colección» que atesora la Walt Disney Animation Research Library, una institución que archiva todo el material gráfico, de dibujos a imágenes generadas por ordenador, de la compañía y que atesora 65 millones de piezas desde 1920 hasta la actualidad.

La muestra, cuyo recorrido se inicia este jueves en Sevilla, se perfila como una de las grandes citas de los CaixaForum en esta temporada, capaz de atraer a numeroso público familiar, como ya hizo «Pixar. 25 años de animación», que logró más de 800.000 visitas en su recorrido por estos centros culturales.

ABC:Las nuevas aventuras de los personajes de Santi Balmes de «Yo mataré monstruos por ti»


En 2011, Santi Balmes, cantante y compositor de Love of Lesbian, publicaba su primera incursión en literatura infantil: «Yo mataré monstruos por ti». Ilustrado por Lyona, se ha convertido en uno de los libros infantiles más vendidos en nuestro país en los últimos años, con más de 100.000 ejemplares vendidos.

Ahora los personajes de la historia protagonizan un nuevo título: «Martina y Anitram en el País de los Calcetines Perdidos» (Principal de los Libros). Las nuevas aventuras, que también ilustra Lyona, están destinadas a niños entre 3 y 10 años.

En el nuevo libro, la niña y su amiga monstruo han crecido y viajan hasta el País de los Calcetines Perdidos para enfrentarse a un malvado rey y recuperar a sus hermanos pequeños. Así, mientras que en «Yo mataré monstruos por ti» giraba en torno a los miedos infantiles, «Martina y Anitram en el País de los Calcetines Perdidos» se centra en los celos entre hermanos.

martes, 14 de noviembre de 2017

Paco Linares: "El cómic permite contar historias de un modo diferente a la literatura o el cine"


Figuras icónicas de la crítica y la edición, como Luís Gasca o el fallecido Paco Camarasa, participaron en aquella edición de 2015, en la Seu Universitaria de la UA. En 2016, Miguelanxo Prado, el Premio Nacinal de Cómic, el alicantino Pablo Auladell, los autores de la resurrección de Corto Maltés, Rubén Pellejero y Juan Díaz Canales, o el historiador del cómic Jordi Ojeda, ocuparon un nuevo espacio en las Cigarreras.

Este año se repite ubicación, el CCC Cigarreras, con el título La historia en el cómic, los días 15, 16 y 17 de noviembre. Uno de los puntales de la línea clara valenciana, allá por los ochenta, el valenciano Sento Llobell, traerá su nuevo trabajo, la narración gráfica de las peripecias de su suegro, el Dr. Uriel, durante la Guerra Civil Española. Junto a él, nuevos valores como Fidel Martínez y su Fuga de la muerte, Carlos Puerta con su versión a todo color de la leyenda del Barón Rojo, o las Pinturas de guerra de Ángel de la Calle y el Asylum de Javier de Isusi".

Pero mejor que nos hable de ello su organizador y mente pensante, Paco Linares (Alicante, 1978, aunque originario de Onil), casi recién estrenado su cargo de Social Media Marketing para la Compañía Cong S.A. Hugo Pratt Art Properties, la sociedad suiza que gestiona el legado de Hugo Pratt, bajo la dirección de la administradora de su legado, Patricia Zanotti.

- Terceras Jornadas ya, ¿parece que el buque va cogiendo velocidad de crucero, no?

Sin duda, tercera edición y sumando, espero. La verdad es que en ocasiones miro hacia atrás y me cuesta creer que hayamos conseguido traer a Alicante a autores y teóricos a los que sigo y admiro desde hace mucho tiempo. Recuerdo que en la presentación de la primera edición tenía a don Luis Gasca y Antoni Guiral a mi lado y pensaba: “primera y segunda generación de teóricos e investadores de la historieta de nuestro país… ojalá algún día yo pueda seguir sus pasos”. Y bueno, en eso andamos.

- De la Seu Universitaria d’Alacant a Cigarreras, ¿tienes la sensación de que es el lugar definitivo para el evento?

Me encuentro muy a gusto desarrollando estos encuentros en Las Cigarreras, aunque debo decir que la primera edición en la Universidad de Alicante, no fue diferente. Aunque surgieron ciertas dificultades que me hicieron replantear las Jornadas en otro lugar. Mi objetivo es que Las Jornadas crezcan cada año, que podamos ampliar, tanto en la asistencia de autores participantes como de teóricos. Pero siempre dentro de la línea que tenemos marcada: huyendo del evento entendido como feria y espectáculo.

- ¿Todo empezó con Corto Maltés?

Bueno, en realizad si hecho la vista atrás y repaso todo lo realizado compruebo que llevo desarrollando proyectos culturales y artísticos desde el año 2006: comisariados, conferencias y otras tantas cosas. Pero si te refieres a estas Jornadas teóricas sobre la historieta, sin duda, todo empezó con Corto Maltés, pero no en 2015, año de la primera edición sino antes. La idea de realizar un ciclo teórico dedicado Hugo Pratt y a su alter ego me vino en 2013, durante un viaje que realicé a Venecia para realizar una investigación sobre el genio italiano, aunque no lo pude materializar hasta 2015.

- Ahora mismo formas parte del grupo de trabajo que gestiona el legado de Hugo Pratt, ¿Cómo te has integrado en él?

Ahí sí podría decirte que es un sueño cumplido. De algún modo las lecturas sobre Corto Maltés en particular y el estudio de la obra de su creador en general siempre me han acompañado. Pero fue en 2015, con el proyecto Itinerarios Cruzados cuando establezco contacto directo con Patrizia Zanotti, colaboradora de Hugo Pratt durante mucho tiempo y responsable directa de todo su legado tras el fallecimiento del dibujante italiano. Contacté con ella para pedirle autorización en cuestión de derechos de imagen para la exposición que pretendía realizar, vio que lo que planteaba era muy serio y profesional. A partir de ahí, la exposición viajo de Alicante a Cataluña… que resultó todo un éxito y finalmente desde Cong S.A. Hugo Pratt Art Properties me plantearon que realizara labores de promoción y social media sobre todo lo referente a publicaciones y proyectos relacionados con  Corto Maltés en España y América Latina. Respecto al equipo Cong, integrarse en un grupo compuesto por gente con el mismo amor y pasión que tú a la obra de Pratt, resulta bastante fácil. A partir de ahí, sin duda mucho trabajo y horas por Skype!

- El año pasado la relación entre el mar y el cómic trajo a Alicante un plantel de figuras centrales en la historia del tebeo hispano. Este año se centra en la historia a través de las viñetas, también con históricos como Sento, junto a nuevos valores, como Fidel Martínez. ¿Cómo se consigue el equilibrio?

Lo ocurrido el año pasado fue espectacular. Yo no buscaba en realidad tal concentración de Premios Nacionales. Tenía un tema en la cabeza que era el mar, quería tratar su representación en el ámbito de la historieta. A partir de Ahí Miguelanxo Prado era la piedra angular, junto a Pablo Auladell: el Atlántico frente al Mediterráneo. Y claro, un mes antes de las Jornadas Auladell recibe el máximo galardón dedicado a la historieta por el Ministerio de Cultura. Fue bonito lo de los titulares de “los cuatro Premios Nacionales sentados en una misma mesa”.

En relación a esta edición de 2017, debo decir que lo primero que me planteé fue la temática. Quizás haya influido que soy licenciado en Historia, y por ello he vuelto de algún modo a mis orígenes formativos. A partir de ahí pensé en que obras serían ideales para mostrar la historia y su relación en los tebeos. Había que seleccionar un periodo concreto, toda la historia de la humanidad sería demasiado ambicioso e inabarcable en unas Jornadas de este tipo. Y después establecer un equilibro entre autores que me interesaban y sus obras; desde dos puntos de vista, plástico y conceptual. Son muchas las virtudes de la historieta pero una de las que más me interesan a mí es la relación que podemos encontrar entre deleitarnos con una buena historia y que además esté representada con un gran nivel plástico. Lo que trato de explicar se podría entender rápidamente al visualizar una de las maravillosas viñetas realizadas por Carlos Puerta, por ejemplo.

- ¿Qué se van a encontrar los asistentes en este La historia en el cómic de 2017?

El esquema no ha cambiado respecto a la pasada edición. Se trata de conversaciones entre un autor y un teórico alrededor de la obra del primero. Ambos dialogan sobre la trayectoria del artista y la obra elegida, enmarcando todo en el contexto histórico en cuestión. Y por supuesto, invitando al público a que participe. Ese es el objetivo principal: que resulte interesante a los asistentes a los encuentros. Como teóricos ejerceremos Manuel Barrero, uno de los grandes sabedores de este medio en nuestro país y fundador de la revista Tebeosfera y un servidor, yo por mi parte intentaré aprender de Barrero todo lo que pueda. Y como autores, Fidel Martínez fue la primera opción que tuve clara, ya habíamos hablado poco después del fallecimiento de Paco Camarasa, que fue quién editó Fuga de la muerte, y me pareció uno de los autores más interesantes del panorama actual de la historieta, tanto en lo conceptual como en lo plástico. También estará Ángel de la Calle con su Pinturas de guerra, un libro inmenso que me atrevo a pronosticar como Premio Nacional 2017. Para abordar la guerra civil española,  quién mejor que Sento Llobell y su Dr. Uriel, que nos mostrará las andanzas médico novato de convicciones republicanas durante este terrible conflicto. Por otro lado tendremos el privilegio de contar Carlos Puerta, un excelente pintor, dibujante y colorista que entre otras tantas aportaciones ha realizado esta magnífica trilogía sobre el Barón Rojo y la Primera Guerra Mundial. Con todo este plantel y reorganizándolo todo de forma cronológica llegamos a la actualidad con Javier de Isusi, y Asylum, una obra necesaria que muestra las experiencias del exilio, adentrándose en las historias de quienes, ayer y hoy, se ven forzados a emprender un camino para salvar su vida y su integridad, buscando un lugar donde vivir con dignidad. Y para acabar, contextualizando y enmarcando esta representación de la historia de los siglos XX y XXI en los cómics, la persona ideal para hacerlo es Fernando J. Alcantarilla, miembro del Cuerpo de Letrados del Tribunal Constitucional y teórico de la historieta, que en su conferencia de clausura hará un maravilloso repaso por la historia a través de los tebeos que contaron a los lectores lo acontecido en los dos últimos siglos de una forma diferente, enseñando y entreteniendo.

Además de todo esto contaremos con una pequeña muestra de los cómics de los autores con algunas rarezas y ediciones ya difíciles de encontrar y por supuesto, el viernes 17 a partir de las 20:30 una sesión de firmas y dibujos de los autores a todos los asistentes que deseen tener un recuerdo de estos grandes creadores.

- ¿Es tal vez el cómic el arte más transversal actualmente? ¿Todo se puede contar a través de las viñetas?

No podría decirte si es el más transversal pero  sí puedo asegurar que el cómic, como medio y como lenguaje, reúne unas condiciones enormes para contar historias de un modo diferente a como lo hacen la literatura o el cine, por ejemplo. Ni mejor ni peor, es una forma de expresión más y por supuesto, bajo mi modo de ver un lenguaje artístico que nos ha acompañado desde hace mucho tiempo y que en la actualidad está obteniendo un enorme reconocimiento al haber quedado ya, claramente constatada esa transversalidad.

En la actualidad el cómic se sigue expandiendo, evoluciona y sigue encontrando nuevas formas de contar. Por ejemplo, el periodismo, ¡hoy en día se están contando noticias a través del cómic!

- Como lector, ¿eres expansivo o selectivo? ¿Cómo lees historieta gráfica?

Soy selectivo, sobre todo porque la oferta de lecturas que me interesan es tan grande que no puedo permitirme el lujo de perder el tiempo con algo que no me interese. Respecto a la lectura, debo decir que me recreo bastante en ella. Se puede contar una buena historia con un buen guión y un dibujo mediocre. Pero no al contrario, si el guion no es bueno, la historia fallará aunque un dibujo sobresaliente la acompañe. Personalmente me gusta disfrutar del dibujo, analizarlo y disfrutarlo, al igual que la historia que se cuenta.

- Como crítico, ¿cómo bucear entre el pobladísimo mar del cómic actual? ¿Algunas recomendaciones?

Vivimos una época de enorme oferta, el lector tiene todos los medios a su disposición, lo digital, el papel… y las librerías generalistas lo ofrecen prácticamente todo. Eso sí, el hecho de que haya tanta novedad en el mercado obliga a que sea difícil encontrar títulos relativamente nuevos, que acaban pronto en los fondos de las estanterías o aún peor, fuera de mercado.

Mis recomendaciones, esta es difícil. Por supuesto todos los libros que trataremos en las Jornadas. Yo pensé en ellos porque me parecen enormemente interesantes. A partir de ahí siempre recomendaré a autores clásicos como Alberto Breccia o H.G. Oesterheld, la editorial Astiberri acaba de reeditar Mort Cinder, uno de los grandes títulos realizados por este tándem. Aunque suene tópico siempre recomendaré al gran Paco Roca, cualquiera de sus títulos, aunque mi predilección es La casa. Y por supuesto, La balada del mar salado, de Hugo Pratt.

- ¿Importa mucho el nombre? ¿Cómic, tebeo, historieta gráfica, novela gráfica,…?

Creo que se está sobrevalorando el concepto de novela gráfica en la actualidad. En determinados ámbitos se le concede un estatus y se incluye dentro de este género “creado recientemente” a unos autores y se deja fuera a otros que perfectamente podrían estar dentro… pero en definitiva a mí lo que interesa es el todo, es decir, es el arte secuencial, como lo llamaba Will Eisner, y a partir de ahí, me encanta la palabra tebeo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El País:Frank Miller. Hombre, leyenda


Hay algo profano y chocante en conocer a las leyendas, porque todas las leyendas que conocemos son humanas y, por tanto, falibles, imperfectas, contradictorias. El Frank Miller leyenda, esas pequeñas capitulares FM con las que ha firmado muchas de las mejores viñetas de la historia del tebeo, se presenta en la mente del amante del noveno arte como un titán. Cómics como Batman. Año uno (ECC Ediciones, 2017), Daredevil. Born Again (Panini, 2016), Ronin (ECC Ediciones, 2016), 300 (Norma Editorial, 2014) o la eterna El regreso del caballero oscuro (ECC Ediciones, 2016) engradecen esa imagen casi mitológica del autor. El Frank Miller persona, el que frisa ya sus 60 camino de sus 61, es un ser de carne y hueso, con sus tics, sus achaques, sus chascarrillos, sus titubeos y sus silencios.

Sin embargo, por lo que se pudo ver ayer durante su multitudinaria intervención en la Heroes Comic Con de Madrid, arropado más que acompañado por sus amigos del alma Brian Azzarello y Bill Sienkiewicz, por lo que pudimos ver hoy en la breve conversación que compartió con Ka-BOOM, las dos caras de Frank Miller se han reconciliado en un rostro apacible. Miller ha vuelto de un tártaro, físico y existencial. Y el hombre que arropa ahora la leyenda parece mucho más sabio, empático y moderado que el que entró al averno y al ostracismo.

Si hay que creer a su exmujer, Lynn Varley, el alma de color de muchas de sus mejores obras, a Miller se le quebró algo cuando esas dos torres cayeron el 11 de septiembre de 2001. “Creo que hay gente que no ha podido superarlo, que continuará afectada por ello en sus vidas para siempre. Y creo que Frank es una de esas personas”, confesaba a Wired Varley en una entrevista en 2014. Miller y Varley cortaron una relación de décadas con su divorcio en 2005, poco después de la premiere de Sin city.

En lo profesional, se abrió para Miller una etapa singularmente dulce, aduladora, en la que Hollywood lo cameló y mimó con premieres y alfombras rojas. Varley confesó también que creía que la farándula había calado en Miller: “Frank se convirtió en alguien aún más famoso, se expuso a un tipo de celebridad que jamás había experimentado. Era una verdadera distracción. No quieres volver a Hell's Kitchen [el barrio neoyorquino, de pasado violento y marginal, hogar de Miller] a dibujar viñetas después de eso. Parece un fracaso”. El fracaso fue, sin embargo, la manzana envenenada de Hollywood. Miller mordió con su adaptación del The spirit de su amado Will Eisner y el fracaso cerró las puertas de la Meca del cine con la misma facilidad que las había abierto. Su amigo sincero, Robert Rodríguez, logró levantar una segunda película de Sin city en su compañía. Pero las llamadas para continuar con esa carrera de director, en la que el genio del tebeo ha confesado en Madrid seguir interesado, parecen haberse extinguido. Por cierto, si pudiera volver a dirigir, Miller lo tiene claro: “¡Batman!”, exclamó, y el público madrileño estalló en vítores.

De 2006 a 2011 algo ocurrió. Tal vez ese estrés post traumático del que habla su mujer sobre el 11-S. Tal vez el tormento de una enfermedad que nunca ha aclarado pero que a todas luces se intuye como cáncer. El caso es que el autor de Martha Washington, una afroamericana de los suburbios que acababa siendo la heroína de Estados Unidos, de El regreso del caballero oscuro y Sin city, corrosivas críticas al capitalismo desaforado y reflexiones hondas, ambiguas, sobre el pulso entre la libertad individual y colectiva, cargó de manera salvaje contra el movimiento antisistema Occupy: “No son más que una pandilla de ladrones y violadores, una turba rebelde alimentada por la era de Woodstock [el festival más legendario del movimiento hippie] y una pútrida y falsaria justicia. Estos payasos no pueden hacer otra cosa que dañar América”. Amén de sus insultos a Occupy, que desataron la indignación de otros tótems del medio como Alan Moore, Miller fijaba una mirilla de francotirador en su enemigo: “Despertad, escoria. América está en guerra con un enemigo sin piedad. […] tal vez hayáis oído hablar de Al-Qaeda o el fundamentalismo islámico”. Ese mismo año, 2011, Miller publicaba una novela gráfica titulada Terror sagrado. Y su ostracismo llegaría a la cumbre.

En un texto extremadamente valiente y de calidad digna de estudio, un tal Julian Darius escribe una larguísima reflexión sobre el autor titulada: Entendiendo a Frank Miller. El argumento que esgrime, simétrico al que hace poco firmó Guillermo Alonso en ICON a tenor del muro de olvido que Hollywood quiere imponer sobre Kevin Spacey, toca en la llaga: “La cuestión, entonces, es cómo juzgar un trabajo artístico con responsabilidad. Porque, aunque los juicios artísticos sean subjetivos, que lo son, no pueden ser meramente reducidos a lo que a uno personalmente le gusta o no sobre el arte objeto de análisis. No puede, incluso aunque ese arte cargue consigo complicados o reprobables mensajes políticos. […] El arte puede ser peligroso, desafiante o incómodo y al mismo tiempo ser poderoso, vital e inteligible como arte en sí. Y Holy terror, de Frank Miller, ciertamente cumple con estos epítetos”.

Para quien esto escribe, después de leer, durante veinte años, la práctica totalidad de la obra del autor, Holy terror tiene, como mínimo, una de las viñetas más estremecedoras, magnéticas y epatantes del noveno arte. La primera. El fondo es rojo sangre y, sobre él, abalanzándose sobre el lector como si fueran a atravesar la carne del que mira, siluetas de clavos en negro grafito. El arte, como bien dice Darius, puede incomodar. Me arriesgo a decir que debe incomodar. La dictadura que quiere imponer sobre el arte lo políticamente correcto debe poner en guardia a la intelectualidad tanto como cualquier otro tipo de fascismo.

Pero la opinión sobre Miller, tras Holy terror, se polarizó como suele ocurrir en la época de las redes sociales. Fascista fue lo mínimo que le llamaron. Infames fueron las bromas con su aspecto mientras luchaba con la enfermedad. El historietista español David Rubín, entre otros muchos, alzaron un grito de indignación contra cómo se ha llegado a vituperar a un genio total de su medio hasta extremos inhumanos aprovechándose de la inmunidad de la red. Se le dio por juzgado y perdido. El propio Miller, para ironía de Wired, confesó en su entrevista de 2014 que no estaba ya en Internet porque tenía estropeado el ordenador. Felix Pffäli, el periodista que firmó el reportaje, se la jugó acorralando a Miller en este asunto:

Sin embargo, el 29 de octubre 2016, Miller sorprendió a propios y ajenos con un tuit: "Solo hay una candidata, y voy a votar por ella". Y el enlace en la entrevista a La Repubblica en la que manifestaba, sin asomo de dudas, su sentir político. En los comentarios de Twitter, abundaba la estupefacción; “¿pero usted no era republicano?”, se preguntaba un tuitero. Salto a hoy, a Madrid, Hotel AZ Cuzco, 12 de noviembre de 2017. Este periódico le pregunta a Miller por Donald Trump y su querencia por Hillary Clinton. Esto es lo que contesta: “Tuvimos la oportunidad de elegir a una presidenta que habría sido excelente y revolucionaria, y la rechazamos”.


Hay algo profano y chocante en conocer a las leyendas, porque todas las leyendas que conocemos son humanas y, por tanto, falibles, imperfectas, contradictorias. El Frank Miller leyenda, esas pequeñas capitulares FM con las que ha firmado muchas de las mejores viñetas de la historia del tebeo, se presenta en la mente del amante del noveno arte como un titán. Cómics como Batman. Año uno (ECC Ediciones, 2017), Daredevil. Born Again (Panini, 2016), Ronin (ECC Ediciones, 2016), 300 (Norma Editorial, 2014) o la eterna El regreso del caballero oscuro (ECC Ediciones, 2016) engradecen esa imagen casi mitológica del autor. El Frank Miller persona, el que frisa ya sus 60 camino de sus 61, es un ser de carne y hueso, con sus tics, sus achaques, sus chascarrillos, sus titubeos y sus silencios.

MILLER SOBRE LAS MAJORS Y EL TEBEO
"Lo primero que quiero decir es que hay mucha gente maravillosa trabajando en Warner Bros, Disney o Netflix. Asumir que son todos unos desalmados buscando pasta es un error. La cruz de mi respuesta es que es esto, precisamente, por lo que insistí tanto en que un creador retenga la posesión de sus obras. De tal manera que cuando una compañía adapta tu obra, te la alquila, no coges a tu niño, lo pones en una cesta y lo lanzas al río. Es responsabilidad de todos que siga siendo así".

Sin embargo, por lo que se pudo ver ayer durante su multitudinaria intervención en la Heroes Comic Con de Madrid, arropado más que acompañado por sus amigos del alma Brian Azzarello y Bill Sienkiewicz, por lo que pudimos ver hoy en la breve conversación que compartió con Ka-BOOM, las dos caras de Frank Miller se han reconciliado en un rostro apacible. Miller ha vuelto de un tártaro, físico y existencial. Y el hombre que arropa ahora la leyenda parece mucho más sabio, empático y moderado que el que entró al averno y al ostracismo.

Si hay que creer a su exmujer, Lynn Varley, el alma de color de muchas de sus mejores obras, a Miller se le quebró algo cuando esas dos torres cayeron el 11 de septiembre de 2001. “Creo que hay gente que no ha podido superarlo, que continuará afectada por ello en sus vidas para siempre. Y creo que Frank es una de esas personas”, confesaba a Wired Varley en una entrevista en 2014. Miller y Varley cortaron una relación de décadas con su divorcio en 2005, poco después de la premiere de Sin city.

En lo profesional, se abrió para Miller una etapa singularmente dulce, aduladora, en la que Hollywood lo cameló y mimó con premieres y alfombras rojas. Varley confesó también que creía que la farándula había calado en Miller: “Frank se convirtió en alguien aún más famoso, se expuso a un tipo de celebridad que jamás había experimentado. Era una verdadera distracción. No quieres volver a Hell's Kitchen [el barrio neoyorquino, de pasado violento y marginal, hogar de Miller] a dibujar viñetas después de eso. Parece un fracaso”. El fracaso fue, sin embargo, la manzana envenenada de Hollywood. Miller mordió con su adaptación del The spirit de su amado Will Eisner y el fracaso cerró las puertas de la Meca del cine con la misma facilidad que las había abierto. Su amigo sincero, Robert Rodríguez, logró levantar una segunda película de Sin city en su compañía. Pero las llamadas para continuar con esa carrera de director, en la que el genio del tebeo ha confesado en Madrid seguir interesado, parecen haberse extinguido. Por cierto, si pudiera volver a dirigir, Miller lo tiene claro: “¡Batman!”, exclamó, y el público madrileño estalló en vítores.

De 2006 a 2011 algo ocurrió. Tal vez ese estrés post traumático del que habla su mujer sobre el 11-S. Tal vez el tormento de una enfermedad que nunca ha aclarado pero que a todas luces se intuye como cáncer. El caso es que el autor de Martha Washington, una afroamericana de los suburbios que acababa siendo la heroína de Estados Unidos, de El regreso del caballero oscuro y Sin city, corrosivas críticas al capitalismo desaforado y reflexiones hondas, ambiguas, sobre el pulso entre la libertad individual y colectiva, cargó de manera salvaje contra el movimiento antisistema Occupy: “No son más que una pandilla de ladrones y violadores, una turba rebelde alimentada por la era de Woodstock [el festival más legendario del movimiento hippie] y una pútrida y falsaria justicia. Estos payasos no pueden hacer otra cosa que dañar América”. Amén de sus insultos a Occupy, que desataron la indignación de otros tótems del medio como Alan Moore, Miller fijaba una mirilla de francotirador en su enemigo: “Despertad, escoria. América está en guerra con un enemigo sin piedad. […] tal vez hayáis oído hablar de Al-Qaeda o el fundamentalismo islámico”. Ese mismo año, 2011, Miller publicaba una novela gráfica titulada Terror sagrado. Y su ostracismo llegaría a la cumbre.

En un texto extremadamente valiente y de calidad digna de estudio, un tal Julian Darius escribe una larguísima reflexión sobre el autor titulada: Entendiendo a Frank Miller. El argumento que esgrime, simétrico al que hace poco firmó Guillermo Alonso en ICON a tenor del muro de olvido que Hollywood quiere imponer sobre Kevin Spacey, toca en la llaga: “La cuestión, entonces, es cómo juzgar un trabajo artístico con responsabilidad. Porque, aunque los juicios artísticos sean subjetivos, que lo son, no pueden ser meramente reducidos a lo que a uno personalmente le gusta o no sobre el arte objeto de análisis. No puede, incluso aunque ese arte cargue consigo complicados o reprobables mensajes políticos. […] El arte puede ser peligroso, desafiante o incómodo y al mismo tiempo ser poderoso, vital e inteligible como arte en sí. Y Holy terror, de Frank Miller, ciertamente cumple con estos epítetos”.

Para quien esto escribe, después de leer, durante veinte años, la práctica totalidad de la obra del autor, Holy terror tiene, como mínimo, una de las viñetas más estremecedoras, magnéticas y epatantes del noveno arte. La primera. El fondo es rojo sangre y, sobre él, abalanzándose sobre el lector como si fueran a atravesar la carne del que mira, siluetas de clavos en negro grafito. El arte, como bien dice Darius, puede incomodar. Me arriesgo a decir que debe incomodar. La dictadura que quiere imponer sobre el arte lo políticamente correcto debe poner en guardia a la intelectualidad tanto como cualquier otro tipo de fascismo.

Pero la opinión sobre Miller, tras Holy terror, se polarizó como suele ocurrir en la época de las redes sociales. Fascista fue lo mínimo que le llamaron. Infames fueron las bromas con su aspecto mientras luchaba con la enfermedad. El historietista español David Rubín, entre otros muchos, alzaron un grito de indignación contra cómo se ha llegado a vituperar a un genio total de su medio hasta extremos inhumanos aprovechándose de la inmunidad de la red. Se le dio por juzgado y perdido. El propio Miller, para ironía de Wired, confesó en su entrevista de 2014 que no estaba ya en Internet porque tenía estropeado el ordenador. Felix Pffäli, el periodista que firmó el reportaje, se la jugó acorralando a Miller en este asunto:


Sin embargo, el 29 de octubre 2016, Miller sorprendió a propios y ajenos con un tuit: "Solo hay una candidata, y voy a votar por ella". Y el enlace en la entrevista a La Repubblica en la que manifestaba, sin asomo de dudas, su sentir político. En los comentarios de Twitter, abundaba la estupefacción; “¿pero usted no era republicano?”, se preguntaba un tuitero. Salto a hoy, a Madrid, Hotel AZ Cuzco, 12 de noviembre de 2017. Este periódico le pregunta a Miller por Donald Trump y su querencia por Hillary Clinton. Esto es lo que contesta: “Tuvimos la oportunidad de elegir a una presidenta que habría sido excelente y revolucionaria, y la rechazamos”.


Miller es breve hablando de Trump y la oportunidad perdida de Clinton. Su rostro se nubla y su voz baja varias octavas, hasta casi un susurro, cuando repite su opinión sobre la era Trump: “Vivimos tiempos tristes. Vivimos tiempos realmente desafortunados”. Entremedias, de la nada, se desmarca con un destello de humor a lo Chaplin: “Y bueno, en un tono más sarcástico, le podría decir a Trump [y se quita el sombrero para mostrar su cráneo lampiño] que todos los hombres nos quedamos calvos”. Un chiste sobre esa mata de pelo rubio que suena tan a postverdad como su política tuitera. Eso sí, abundando en la figura de Trump y comentándole que Paul Levitz invitado también de la convención, le comentó a este periódico que creía que su presidencia podía servir como revulsivo para que la era de la intolerancia de carpetazo, Miller es mucho más cauto: "No lo sé. El daño que hizo Richard Nixon se dejó sentir durante largo tiempo... Cuando alguien así gana de manera tan abrumadora es... descorazonador. No sé, tengamos esperanza en tiempos mejores".

¿En qué anda este Miller-Alighieri, pues, tras vencer sus demonios? En nada que sus fans pudieran esperar, aunque resulte, a poco que se piense, de lógica aplastante. “¿A que no os esperabais que habláramos encantados de nuestro amor por los libros para niños?”, preguntó retóricamente al público de la Heroes Comic-Con tras confesar en directo que sí, que iba a hacer un libro infantil y con Bill Sienkiewicz de escudero. A Ka-BOOM no quiso darle más detalles, más allá de confirmar que no le toma el pelo a nadie: “Es un proyecto tremendamente importante para mí. No quiero apresurarme a hablarte de ideas que barajo porque aún estoy estudiándolo. Me quiero tomar mi tiempo”.

En la última viñeta del DK 3, tercer capítulo de su universo paralelo protagonizado por Batman, Miller y su colaborador Azzarello le tiran un guiño a la portada más famosa de la historia del cómic. La silueta del Caballero Oscuro lanzándose a la noche, con un relámpago rompiendo el firmamento. En esa viñeta final hay dos siluetas, fulminando por un lado la eterna soledad del personaje y por otro virando el rumbo de la negrura a la esperanza usando la misma imagen icónica. Se siente como declaración sutil de intenciones que Miller ahondó en una entrevista con Deadline: "Mi sentimiento es que el cinismo puro es un refugio. Es el lugar donde van los cobardes. Lo tienes que combatir con idealismo y propósito. El trabajo que tengo planeado en el futuro... Tal vez haya quien se decepcione por lo poco cínico que es". Entre estas obras por venir está una esperadísima Superman. Año Uno en el que Miller reinterpretará a ese bucólico Clark Kent que descubre, en la campiña de Kansas, lo extraordinario de su ser.

Miller ha querido matizar un poco este viraje a EL PAÍS: "Depende de la historia. Evidentemente, mi trabajo para Superman sí será luminoso. Mi obra infantil, sea lo que acabe siendo, también. Pero no voy a convertir a Jerjes en una historia amable. Tenlo por seguro". La vertiente histórica de su obra, hasta ahora solo explorada en 300, es la otra gran pasión que obsesiona al Frank Miller presente. Especialmente en dos figuras a las que dedicará sendas obras: Jerjes y Alejandro Magno. "Todos los términos que hemos acuñado, globalización, multiculturalismo, como si pertenecieran a esta última generación reflejan algo falso. Porque el origen de este mestizaje es bíblico o prebíblico. Un personaje como Alejandro Magno no solo conquistó el mundo conocido. También se dejó asimilar por otras culturas. Sus amigos llegaron a acusarlo de persa por verstirse como ellos y disfrutar de su comida y cultura".

El gran proyecto de Miller será unir su recreación de la batalla de las Termópilas llevada al cine por Zack Snyder con la gesta sin par de Alejandro Magno. El puente entre esos dos grandes momentos de la cultura helena es el persa Jerjes, al que Miller quiere pintar bajo una nueva luz. "Me gusta asumir el punto de vista de mis protagonistas en mis ficciones. Así que Jerjes en 300 no fue para mí más que un cliché megalomaníaco. Pero estoy descubriendo, según hablo con gente que lo conoce mucho mejor que yo y a través de lecturas, que era una personalidad de lo más compleja. Era un tipo que se disfrazaba para espiar a los demás, a pesar de la dificultad de camuflarse por su enorme altura. Y era alguien, está totalmente documentado, que dudó de sí mismo. Por hacer la analogía con Darth Vader o Doctor Muerte, hay un aspecto mucho más profundo tras el villano".

Miller parece en paz consigo mismo. Lo dicen su voz y sus gestos. Lo dicen sus sonrisas, sus palmadas en la espalda y cuchicheos a su amigo Bill Sienkiewicz durante su conferencia conjunta. Lo dice esa luminosa mirada que le dedicó a una joven que le preguntó, ayer viernes, por Martha Washington. "Gracias por preguntarme por ella. A mí también me encanta". Lo dice su constante mención a que quiere abandonar el cinismo, "refugio de cobardes". Lo que no dice Miller, y probablemente nunca dirá, es quién es realmente. ¿Liberal o reaccionario? ¿Violento o pacifista? La respuesta más cercana a la verdad que le dio a este periódico llegó de casualidad, hablando de su obra infantil.

—¿Qué temas quiere usted tratar en su futuro libro infantil?

—Las historias tienen temas que subyacen. Pero yo no me lo planteo jamás como: "¡Voy a decir esto, esto y esto!". Cuento historias que creo que son realmente divertidas y emocionantes de leer. Y, a lo mejor, que enseñan algo. Pero no me voy a poner a dogmatizar y afirmar: ‘¡Solo deberías vestir zapatos rosas! ¡O deberías votar por tal o cuál!'. Ese no es mi trabajo.

A buen entendedor...