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viernes, 30 de noviembre de 2018

Reeditan un comic en el que Lobezno, de los X-Men, lucha contra los fascistas en la Guerra Civil española


El comic es obra del dibujante Marc Silvestri y el historietista Larry Hama y se editó originalmente en 1991. El resumen de la historia es que “Lobezno viaja en el espacio y en el tiempo, para luchar contra el fascismo en la Guerra Civil Española. Con Gernika como telón de fondo, el mutante de las garras de adamántium se reencuentra con sus peores enemigos”.

    La escena empieza el 26 de abril de 1937 un poco antes del bombardeo sobre Gernica de la Legión Condor alemana. Allí aparece “gracias a un vértice temporal” Lobezno que asiste primero a una corrida de toros y luego indignado a la matanza de niños y mujeres causada por el ataque nazi. Ante esto último decide intervenir atacando a uno de los aviones alemanes.

Posteriormente, el personaje de los X-Men llega a un campamento partisano de republicanos, en el que están también Ernest Hemingway y George Orwell. Y es que, a pesar de ser un vehículo de entretenimiento, Lobezno toma claramente partido en la historieta por el bando anti-franquista. De hecho la definición que se hace en el libro de los falangistas españoles es: “rebeldes fascistas que luchan para derrocar a la República española ayudados por la Alemania nazi y la Italia fascista”.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La locura hecha cómic


En 1946, la OMS reconocía 26 enfermedades mentales. Hoy las cifra en más de 400. De ahí que se hable de ociofobia (el temor a no tener nada que hacer), coprolalia (tendencia a proferir obscenidades y palabrotas) y de tantos otros trastornos, filias y fobias que no implican, pese a las apariencias, que la sociedad se haya vuelto loca sino que cosas que «antes podían pasar por rasgos de la personalidad ahora sirven para crear perfiles y delimitar comportamientos que se sitúan en el terreno de la patología», alerta Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952), quien denuncia en Yo, loco (Norma) «las malas praxis de la industria farmacéutica, que se enriquece vendiendo medicamentos» para esos nuevos trastornos.

Catedrático de Literatura francesa y celebrado guionista de cómic, ganador del Premio Nacional en el 2010 con El arte de volar (inicio del díptico de memoria histórica sobre sus padres que junto al dibujante Kim cerró con El ala rota), Altarriba presenta con Yo, loco la segunda entrega de la perturbadora trilogía «egoísta», sobre las sombras del alma humana, «mucho más oscura y terrorífica, con más pesadillas y desesperanza» que Yo, asesino. En ella vuelve a formar tándem con el dibujante Keko (Madrid, 1963) para, con elementos de thriller, hacer «crítica social y moral».

EL HOMBRE MÁS ODIADO / El físico del protagonista, un doctor que crea perfiles psicológicos e imagina enfermedades para que una empresa diseñe tratamientos para ellas, es el de «Antonin Artaud, gran loco de la literatura francesa del siglo XX, que revolucionó la dramaturgia con el teatro de la crueldad», revela el guionista desde Vitoria, donde vive y ambienta la serie. «Era guapísimo, pero en los 40 acabó su vida en un psiquiátrico y se deterioró hasta el punto de que parecía un fantasma de sí mismo». También el cínico jefe del protagonista se inspira en alguien real: Martin Shkreli. «Siendo muy joven presidió una gran farmacéutica y se le conoce como uno de los hombres más odiados de Estados Unidos por aumentar en un 5.000» el precio de un medicamento básico para la hepatitis tras hacerse con la patente. Eso causó muertes porque muchos no podían pagarlo». Y, como en el libro, alardeaba de fortuna y poseía la tarjeta de crédito de Kurt Cobain. Ahora le han condenado a prisión por fraude.

«A las farmacéuticas no les interesa invertir en enfermedades raras porque eso no les da suficientes clientes. No ocultan que en su balanza priman los beneficios. Porque si curan a la humanidad su industria se viene abajo. Y muchos de los expertos que deciden los nuevos trastornos cobran de laboratorios por encargos diversos», asegura antes de contar el agradecimiento de un lector, con el libro apenas llegado a librerías. «Me decía que lleva 10 años tomando 10 pastillas diarias de distintos medicamentos para un trastorno inespecífico de la personalidad. No saben lo que le pasa pero le medican».

«Me preocupa el poder y la opacidad de las grandes corporaciones. Además de las farmacéuticas, vemos la industria automovilística, que truca motores para disimular la contaminación, a bancos en los tribunales por prácticas abusivas, a Facebook vendiendo tus datos no sabes para qué, el monopolio de las eléctricas... Las decisiones de los altos directivos cada vez tienen más incidencia», lamenta.

LA DRAPETOMANÍA / Altarriba también destaca «enfermedades crueles y muy reales, cercanas», como el alzhéimer, o la depresión, que llevó a la muerte a su propio padre. Y constata la absurdidad de datos contrastados del libro como que hasta 1990 la OMS consideró la homosexualidad un trastorno, o que en 1850 el obcecado psiquiatra «Samuel A. Cartwright catalogó de enfermedad mental la drapetomanía, que decía que sufrían los esclavos negros ¡que tenían una continua necesidad de huir de la esclavitud!».

Marca de la casa vuelven a «la impostura del arte contemporáneo» con un Jeff Koons, cual showman, «que como otros artistas tan cotizados se mueven en el terreno del espectáculo, el escándalo y la publicidad». La trilogía mantiene el fuerte contraste de blancos y negros característico de Keko y, si en Yo, asesino creaba puntos de atención en rojo sangre, aquí eligieron el «amarillo chillón y estridente que perturba», ligándolo al mundo de la locura.

El verde lima lo reservarán para Yo, mentiroso, el cierre de la serie, para el 2020, donde hablarán «de la política y su relación con los medios, las fake news y los bulos en las redes, con personajes como un álter ego de Villarejo». Pura verdad.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Un nuevo cómic de terror celebrará los 100 años de El Zorro en 2019


Uno de los más famosos vigilantes enmascarados, que no contaba con súper poderes, pero sí tenía su propio traje para batallar la justicia, conmemorará su centenario en 2019. Es El Zorro, el personaje creado por Johnston McCulley y que surgió por primera vez en la novela serializada “La maldición de Capistrano”.

Publicada en 1919, fue la primera de los 65 relatos en las que el héroe batalló en contra de la injusticia en el Pueblo de Los Ángeles, situado en una California controlada por los españoles. A partir de ahí, las aventuras de Don Diego de la Vega fueron el foco de múltiples adaptaciones en la cultura pop, incluyendo cómics, dibujos animados y un montón de películas.

En ese escenario, la editorial American Mythology publicará un nuevo cómic llamado Zorro: Sacrilegio, cuyo primer número saldrá en febrero y que continuará lo ya hecho por la propia compañía en Zorro: Espadas del Infierno, que incluyó al héroe en un escenario sobrenatural para batallar a un grupo de jinetes infernales.

La nueva serie, escrita por Mike Wolfer, le dará un desafío aún mayor: un mal aún más oscuro atrapado al interior de una misión religiosa. Según el propio Wolfer, estos cómics buscan introducir al héroe de la Z a nuevas audiencias.

“Un siglo después, los lectores modernos están un poco relucientes para abrazar los temas del Western, así es que estamos apelando a los gustos más modernos inclinando nuestras historias hacia el horror y lo divertido es que estamos presentando el Viejo Oeste, su configuración y temas, a los lectores que nunca lo han visto. Eso nos da historias del Zorro que tiene un enfoque fresco pero que también son nostálgicas”, explicó en un comunicado.

martes, 27 de noviembre de 2018

De Bigastro a Angulema: Lola Lorente, en la meca del cómic europeo


Casa Bardín, sede del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, inaugura la exposición MI de Lola Lorente el martes 27 de noviembre, a las 19 horas, comisariada por Gertrud Gómez y enmarcada en el II Concurso Arte. Hasta el 15 de enero se podrá visitar esta muestra de la artista de Bigastro, que hace un recorrido completo por toda su trayectoria artística, permitiendo que nos acerquemos a su mundo interior, sensible y ambiguo, el cual deja ver a través de sus ilustraciones, estampas, esculturas y páginas de cómic. Nació hace 38 años en la localidad del Bajo Segura y las vivencias durante su infancia y adolescencia en este pequeño universo son una fuente importante de inspiración que la acompañaran hasta la actualidad. Pero la exposición inicia su recorrido a partir de la época del “Fanzine Enfermo” creado entre 2003-2007, experiencia que ella denomina como su verdadera escuela.

Participa en revistas nacionales especializadas en cómic como Humo o Nosotros somos los muertos, donde comienza a desarrollar su lenguaje gráfico blanco y negro, rico y minucioso, en páginas de composición elaboradas, hasta llegar a su primera novela gráfica, Sangre de mi Sangre (Astiberri, 2011) publicada en Italia y Francia, galardonada con el premio Autor Revelación 2012 en el Festival Internacional del Cómic de Barcelona. Una obra que explora en cada página la migración de la niñez a la adolescencia, con una mezcla desasosegante de ternura y crueldad. Por otro lado, en las páginas de La alumna, su próxima novela gráfica que verá la luz a principios de 2019, se narra un viaje de vuelta al pasado donde Mary Pain, una joven mujer de personalidad particular, intenta encontrar su sitio bajo un escenario de fondo en crisis social y familiar. Su exposición MI está comisariada por Gertrud Gómez, licenciada en Conservación y Restauración de Arte por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, conocida activista cultural alicantina a través de su galería de arte, Santamaca, y asesora para Casa Mediterráneo en Arte y Cultura.

De Bigastro a València, de València a Barcelona, de Barcelona a Angoulême. ¿Cómo se transita desde el corazón de la Vega Baja del Segura a la meca del cómic europeo?

Recuerdo a mi profesor de dibujo artÍstico en el instituto, sus clases eran el mejor momento de la semana. Decidi despues, hacer los estudios universitarios de Bellas Artes en la Politécnica de Valencia. Alli no habia ningun tipo de materia relacionada con el cómic, la formación en general era bastante académica. En mi cuarto año de estudios aparecieron estudiantes que venían de la Universidad de Pontevedra y que ya desarrollaban su práctica del dibujo de una forma mucho más abierta y creativa. Gracias a ellos, descubrí el mundo de la ilustración y del cómic. Pasábamos el tiempo en librerías especializadas, en aquel entonces internet no era lo que es ahora, y nos sentimos motivados para crear el Fanzine Enfermo, dirigido por Félix Díaz y Alberto Vázquez. Este fue un período de mucha riqueza creativa, de mucha producción. En esa época empezaba a desarrollar mis primeras historietas de cómic y rápidamente me propusieron participar en numerosas revistas especializadas en cómic de tirada nacional. Continué mis estudios de ilustración en La Escola Massana de Barcelona, al mismo tiempo que seguíamos con el fanzine y con alguna otra historia corta para revistas como NSLM, Inrevés, sins entido y Humo de Astiberri. Llegó progresivamente la intención de crear una historia más larga, una novela gráfica; Sangre de mi Sangre y fue con este proyecto que vine a hacer mi primera residencia en Angoulême, a la Maison des Auteurs. Fue un año de vital importancia para conocerme a mi misma como autora y dedicarme plenamente a la elaboración de un proyecto de esta envergadura. De vuelta en España y sin muchos recursos ni apoyos para trabajar en mi segundo proyecto, obtuve una beca del Centro Nacional del Libro en Francia para venir de nuevo a la Maison des Auteurs y desarrollar mi siguiente proyecto. Desde entonces continúo viviendo aquí.

¿Cuales son tus referentes gráficos? ¿De qué influencias te sientes más cercana? ¿Hasta qué punto han guiado tu estilo?

En cuanto a mis referentes gráficos puedo decir que han ido evolucionando a lo largo del tiempo. En un principio, podría citar entre otros a Charles Burns, Blanquet, Max Anderson, Anke Feutchtenberger, Debbie Dressler, Ludovic Debeurme, Jason, Robert Crumb y un largo etcétera que comprendería a autores con una fuerte identidad gráfica. Yo hasta entonces había sido una lectora muy poco habitual de cómics y mi acercamiento a estos sin duda fue determinado por su lenguaje gráfico, por su fuerte universo personal. Los referentes han ido cambiando con el paso del tiempo, cada vez me siento más interesada por otros medios como la fotografía, el cine y el teatro y la danza. Estos medios me inspiran a descubrir nuevas formas de contar historias. En cuanto al estilo, siempre en evolución, lo que me preocupa es cómo encontrar la forma de poder transmitir la emoción que necesito en cada momento. En La Alumna, mi próximo cómic, el estilo se ha vuelto mas intuitivo, realista y vibrante  lo cual me permite encarnar así a Mary Pain, la protagonista de la historia, en una realidad más próxima y sensible.

Sangre de mi sangre te supuso el premio a autora revelación del Saló del còmic de Barcelona, pero parece que tu exilio francés es definitivo. A pesar de que es una batalla internacional, ¿es más fácil ser “autora” de cómic en Francia que en España?

Mi primer cómic, Sangre de mi sangre fue editado en Francia y en España al mismo tiempo, y posteriormente en Italia. Este segundo será publicado, al mismo tiempo, en estos mismos tres países. Francia es un país mucho más difícil y complicado para hacerse un hueco. La industria del cómic es incomparable a la española, poseen un ritmo de producción de títulos tan enorme que quizás el tiempo que se le puede dar a un libro en librerías sea de 2 semanas, algo casi dramático, la competencia es brutal. Por otra parte, existen numerosas becas del Centro Nacional del Libro, que apoyan a autores para la realización de cómics. Ojalá esta iniciativa llegase a España, el autor podría vivir a veces un poquito más tranquilo. El apoyo que se le da a la cultura en Francia sigue siendo muy superior comparado con el de España. Sin embargo,  España está viviendo un momento muy especial en promoción y creación de cómics, hay una muy fuerte cantera de jóvenes autores que tienen mucho por decir.Por otra parte, no siento que mi exilio francés sea definitivo, no me gusta creer en las fronteras.

MI es tu primera exposición en casa. ¿En qué momento de tu carrera llega este reconocimiento?

Cuando editamos Sangre de mi sangre hice un encuentro en Bigastro, mi pueblo. Fue un momento entrañable, mucha gente vino y les pude explicar en qué consistía ser autora de cómics, es una profesión bastante "rara", con ningún ejemplo hasta entonces en el pueblo. Aunque he expuesto en otras ciudades españolas y francesas, es la primera vez que expongo en Alicante, donde podré mostrar otras facetas diferentes a la del cómic. Esta posibilidad llega en un momento en el que mi segundo libro está a punto de ser acabado, con la fatiga que eso implica. Estoy muy agradecida de tener la oportunidad de poder reunir a amigos y familiares y a todo aquel que quiera venir y entrar en el universo que recreo. El visitante encontrará numerosas páginas de mis dos historias de cómic, así como ilustraciones, serigrafías y algunas piezas de esculturas que realizo de una forma más libre, como evasión de la enorme concentración que exige la elaboración de una novela gráfica.

La alumna, el álbum previsto para 2019, ¿saldrá primero en Francia que aquí?

Saldrá al mismo tiempo, ya queda poquito. Terminar un álbum es un momento bastante delicado,  la historia queda perfilada y se convierte en definitiva.

lunes, 26 de noviembre de 2018

‘La Brigada Lincoln’, el cómic que homenajea a los estadounidenses que combatieron contra Franco


Este sábado se ha presentado en el Ateneo Cómics de Alicante el cómic ‘La Brigada Lincoln’, sobre el batallón de voluntarios estadounidenses que aterrizó en el inicio de la Guerra Civil en la España republicana que combatía el alzamiento militar del general Franco.

 De esta manera, el guionista e impulsor de este proyecto, Pablo Durá, ha querido reconocer el papel que jugaron los casi 3.000 combatientes del batallón Abraham Lincoln dentro de las unidades de las Brigadas Internacionales en defensa de la democracia, de los que se estima que murieron unos 800.

¿Por qué transformar ese acontecimiento histórico en un cómic? “Porque apenas se conoce”, explica Durá. Aunque el motivo que de verdad le llevó a “dar el salto”, fue el descubrir un personaje como el de Oliver Law, un comunista y sindicalista estadounidense que acabó convirtiéndose en el primer afroamericano comandante de una unidad de blancos y negros. “El ejército estaba segregado en aquella época y de hecho lo llegó a estar hasta en la II Guerra Mundial y eso se rompió primero aquí en España”, recuerda. Law fallecería en julio de 1937 en el ataque en el cerro del Mosquito, Villaviciosa de Odón (Madrid).

‘La Brigada Lincoln’ partió de una campaña de micromecenazgo en octubre de 2016 que logró superar las expectativas con los 17.533 euros recaudados de los 13.500 que pedían gracias, en parte, al apoyo recabado por los propios americanos, que se volcaron a través de la asociación de veteranos y familiares descendientes de esta brigada. Durante este “largo proceso”, han logrado que se interese la editorial Panini Comics, dentro de su sello Evolution, que lo lanzó al mercado el pasado jueves con 136 páginas a todo color, con las firmas del dibujante Carles Esquembre y la colorista Ester Salguero.

La demostración de que este tema sigue de interés, añade Durá, es que David Simón, creador de la afamada ‘The Wire’, anunciara hace unos meses que haría una miniserie sobre el batallón estadounidense en la Guerra Civil Española con el título de ‘A Dry Run’. “Mi idea es mandarle una copia del cómic en inglés, que también está disponible, para que lo tenga en cuenta”, avanza. En 2016, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, le regaló al entonces presidente de los EEUU, Barack Obama, un libro sobre la Brigada Lincoln, una actuación militar a la que Durá se empezó a aproximar a través de la novela ‘Por quién doblan las campanas’ del escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway, presente en el conflicto.

Pablo Durá, guionista que se estrenó en el sector hace cuatro años con una publicación en Marvel Comics, tiene pensado llevar al cómic otra historia bélica, como es la de los últimos días del gobierno republicano de Negrín en la provincia de Alicante camino del exilio, por donde pasaron Dolores Ibárruri “la Pasionaria” y el poeta Rafael Alberti, entre otros.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La historia de 'Superlópez': mucho más que un cómic


 En los años 70, la simple idea de competir contra el imperio de los personajes de Ibáñez era, más que una temeridad, un imposible demostrado. La editorial Bruguera, sabedora del tirón de, claro, Mortadelo y Filemón, pero también de Pepe Gotera y Otilio, Sacarino, Rompetechos y tantas y tantas otras creaciones del dibujante, decidió olvidar toda su tradición de décadas para lanzarse en plancha a explotar hasta extremos de difícil comprensión a los personajes. Equipos de dibujantes trabajaban día y noche para producir más y más historietas, dejando la calidad a un lado y olvidando que la editorial había sido cuna de los momentos más memorables que el cómic había tenido en los duros años del franquismo.

Si hubo alguna edad de oro creativa en esa oscura época, fue la explosión de creación, de vitriolo corrosivo que protagonizaron los Cifré, Escobar, Conti, Peñarroya y Vázquez en los 50; pero, dos décadas después, el oro era real ante el monopolio casi absoluto de Bruguera en los quioscos que poblaban por entonces la geografía de las ciudades. Como mucho, sobre todo si eras un recién llegado, lo máximo que podías hacer era aceptar algún encargo para rellenar los pocos huecos que la todopoderosa editorial de Mortadelo dejaba.



Jan se había formado como dibujante en la Cuba castrista, a la que llegó con su padre, trabajando primero para revistas infantiles y, después, en la potente animación cubana donde coincidió con Juan Padrón, aprendiz y luego amigo, al que enseñó esa capacidad para la expresividad y la ironía que le aupó a figura de las revistas y animación cubanas. Pero la situación en el país comenzó a empeorar y decidió volver a España, donde intentó conseguir un lugar en ese escenario tan complejo de los últimos años de la dictadura. En 1973 logra uno de esos escasos encargos de Euredit, editorial que le propone realizar parodias de famosas películas y personajes.

Historietas cortas de cuatro o cinco viñetas que, englobadas bajo el nombre Humor del siglo XX, dieron luz a nuevas versiones de los clásicos como Franciscostein, Tarzanilo, King Tongo y Superlópez, un timorato y bigotudo funcionario que recordaba más a un apocado López Vázquez que al musculoso kryptoniano de la editorial DC, siempre soñando con emular al famoso Superman. Jan intentó precisamente con este personaje entrar en Bruguera, pero sólo logró incorporarse a la rueda de dibujantes anónimos que se dedicaban a cualquier trabajo: de dibujar aventuras apócrifas de los personajes de Escobar e Ibáñez a realizar las adaptaciones de las primeras series japoneses que arrasaban en televisión, como 'Marco' o 'Heidi'.

 Pero Superlópez, medianía en las viñetas, tenía la moral a prueba de bombas de un superhéroe y, finalmente, tuvo su oportunidad: a raíz del éxito de la adaptación al cine protagonizada por Christopher Reeve, la editorial aprueba darle una oportunidad al personaje. Jan, más expresivo que nunca con los lápices y ayudado por Francisco Pérez Navarro en los guiones, dio a luz a una sátira descacharrante del mocetón de la gran S: las primeras historias cortas del personaje son una parodia canónica de los tópicos del superhéroe, que traslada los escenarios del Daily Planet de Metrópolis a una oscura oficina de una reconocible "Parchelona" preolímpica, donde Juan López trabaja junto a su novia Luisa Lanas y su amigo Jaime, que desconocen que su compañero es el gran Superlópez.

El éxito fue inmediato, amplificado después con las delirantes aventuras de El Supergrupo, donde el torrente satírico de Efepé y Jan se extendía para incluir en nómina a los equivalentes de los héroes más poderosos de Marvel y DC. El Capitán Hispania, El bruto, La chica increíble, Latas y el Mago se unen al bigotudo superhombre hispánico para lograr lo imposible: una serie que pudiera hacerle frente al éxito de los personajes de Ibáñez. La fórmula filosofal es ahora evidente: unir la hábil utilización de los referentes del género de superhéroes, que Efepé domina y exprime para atraer tanto a los aficionados como a los que buscan simple diversión, con la expresividad berlanguiana del trazo de Jan, que consigue en cada gag que sus personajes se salgan de las viñetas.

 Las páginas de la revista Mortadelo albergan un auténtico duelo de titanes con el nuevo y pujante personaje, que pasará a ser de autoría completa de Jan poco después, introduciendo argumentos más conectados con la sociedad y siguiendo los intereses de su autor. Comienza una etapa gloriosa con aventuras como 'Los alienígenas' o 'Los Cabecicubos', que lograrían que Superlópez alcanzara el Olimpo particular brugueriano: primero, con una serie propia de recopilatorios dentro de la mítica colección Olé!; después, con una cabecera propia que aparecería en 1985. El giro más comprometido del personaje funciona y cada nueva entrega es esperada con ansia por cada vez más fans, pero el hundimiento de la editorial Bruguera fue tan espectacular que ningún superhéroe pudo salvarla: apenas un par de meses después de la aparición de la revista Superlópez, la mítica editorial catalana cierra, siendo adquiridos todos sus fondos y personajes por el grupo Zeta, que renombra la empresa como Ediciones B.

En esta nueva singladura, el protagonismo de Jan y de su creación será evidente: junto al relanzamiento de Mortadelo, se recupera la cabecera de Superlópez, dejando claro que el emporio sentimental de los aficionados era cosa de dos. Jan sigue creando sin pausa, mirando siempre a la actualidad desde una mentalidad progresista de compromiso social que le hace plasmar en sus páginas temas de actualidad como los desahucios o la telerrealidad desde una postura reflexiva que va mucho más allá del gag aprovechado. Manteniéndose fiel a su estilo de humor basado en la extraordinaria gestualidad de sus dibujos, sus historias entran en una línea mucho más seria que la de sus inicios, que se consolida cuando el personaje deja las revistas –tras el cierre de su cabecera y una vuelta temporal al refugio de Mortadelo– para seguir siendo fiel a su cita de dos álbumes anuales.

Jan consigue crear, con más de 80 álbumes, un discurso coherente y definido, tanto en contenidos como en estilo gráfico, que es admirado y copiado por multitud de jóvenes dibujantes que se declaran sin pudor como sus discípulos. De hecho, no es difícil ver la influencia de su dibujo y su estilo en cualquier serie de humor actual, demostrando que la huella de la gran 'S' en el pecho de Superlópez perdurará para siempre en el cómic español.


Enlace articulo original:  https://www.revistagq.com/noticias/cultura/articulos/superlopez-historia-comic-espana-estreno-pelicula/31841

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Un universo llamado cómic


El universo, es ese gran desconocido y conocido. Es esa totalidad en la que se encuentran el espacio y el tiempo, de todas las formas de la materia, la energía, el impulso, las leyes y las constantes físicas que las gobiernan. El universo lo conocemos como un todo del que forman parte múltiples elementos que hasta ahora nos son conocidos. A gran escala, está formado por galaxias y agrupaciones de galaxias.

En las artes podemos incluir la metáfora de que están compuestas de múltiples universos. Multiversos de los que sales ideas, filosofías, pensamientos, trabajos que se dan a conocer en múltiples formatos, etc. Uno de ellos es el cómic. El cómic como universo fantástico. Luis Gasca (1933), editor, estudioso español del cómic y Román Gubern (1934) escritor e historiador de medios de comunicación español, singularmente de cine y cómic (destaca su famosa Historia del cine en Anagrama), son dos fuentes de sabiduría de un soporte como es el cómic, y por tanto dos voces más que reconocidas para dar su sabiduría sobre el tema. Con El universo fantástico del cómic (Ediciones Cátedra) han arrojado más luz sobre un medio, como es el cómic, que a día de hoy va perdiendo esa vergüenza infantil para irse convirtiendo en un soporte válido, tanto de entretenimiento, como de ensayo, de denuncia, de transmisión de conocimientos e historias de escritores y dibujantes, con el valor añadido de la imagen como representación y atractivo principal.

Haciendo un poco de historia, los egipcios fueron el primer pueblo que produjo manuscritos ilustrados en los que combinaban palabras con imágenes para transmitir una información o incluso una historia. Su majestuosa cultura sobrevivió más de tres mil años. Los jeroglíficos, los papiros y los manuscritos ilustrados son el legado de su comunicación visual. Junto con los logros de Mesopotamia, estas innovaciones desencadenaron la evolución del alfabeto y las comunicaciones gráficas en civilizaciones venideras como la Fenicia y en el mundo grecorromano.

En la antigüedad clásica, los griegos y los romanos diseñaron e ilustraron manuscritos, aunque son pocos los que se conservan. En los pocos que se han ido conservando el método de diseño consistía en numerosas ilustraciones pequeñas, hechas con una técnica sencilla, distribuidas por todo el texto, cuya frecuencia crea una secuencia gráfica similar a lo que ocurre con el cómic actual. Por tanto, esa forma de expresión gráfica viene ya desde muchos atrás. No es una invención de la revolución industrial, ni de la época dorada de los periódicos y sus tiras cómicas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Will Eisner bautizó al cómic como «el arte secuencial», unas narraciones gráficas que, haciendo uso de una secuencia de bloques llamadas viñetas, las acompañan -en algunos casos- con textos dentro de una nube que recibe el nombre de bocadillo. El bocadillo fue un dispositivo formal muy utilizado por los caricaturistas ingleses de la primera mitad del siglo XIX, y en especial por George Cruikshank, quien les dio la forma de nube que es a lo que hoy estamos acostumbrados. Entonces, como todo, ha ido sufriendo una evolución para irse adaptando a las culturas y a esas personas que las forman.

La narración gráfica en el medio impreso es uno modo expresión tan antiguo que esa forma de narrar una historia con imágenes y textos no siempre ha llegado a ser la misma. Desde la invención de la imprenta las viñetas han funcionado como unas estampas individuales cuya disposición en las páginas dependía del texto que las acompañaba. En el siglo XVIII, se desarrolló un sistema de elementos gráficos que permitían dar orden y coherencia a esa secuencia de imágenes. Entonces Rodolphe Töpffer (1799 – 1846) pedagogo, escritor, pintor y caricaturista suizo, considerado el padre de la historieta moderna, acercándose más sus obras a lo que conocemos hoy como novela gráfica que a las manifestaciones que le seguirían, introdujo el libro como soporte de las historietas, acabando así con las limitaciones de espacio y haciendo así posible una segmentación de las escenas y el desarrollo de estas a lo largo de un número variable de viñetas. Poco después de que el diferente modo visual de Töpffer se extendiera a otros soportes condicionados por los límites de espacio, apareció la cronofotografía, dotando a la narración gráfica de la posibilidad de representar secuencialmente el movimiento y potenciando sus recursos expresivos.

En El universo fantástico del cómic, podemos apreciar de una forma estructurada y didáctica esa evolución que ha sufrido el cómic con las imágenes representadas de cómics históricos, pero el núcleo de la obra está en esos componentes que dan vida al fantástico universo del cómic. Brujería y artes mágicas, divinidades, fantasías oníricas, criaturas extraordinarias, objetos fantásticos y otros lugares y otros tiempos, han dado vida a una comunicación visual expresiva y evocadora de la imaginación. «La cultura de la imagen, desarrollada meteóricamente en las industrias culturales desde el siglo XIX (el siglo del nacimiento de la fotografía, del cartel, del cine y de los cómics) daría nueva presencia a estos arquetipos míticos. La imagen figurativa, añadió un plus de presencia a los mitos, más allá de la vida de sus creadores, pues a su muerte otros artistas heredaban sus personajes. En el caso de los cómics, la libertad creativa del dibujante era muy superior a la del fotógrafo o a la del cineasta primitivo. Con su plumilla podía crear sin dificultad civilizaciones perdidas en medio de la selva o guerras intergalácticas. El cine primitivo todavía no podía hacerlo. Y así desfiló por sus viñetas tempranamente una extravagante taxonomía de sujetos imposibles surgida del imaginario de sus creadores».

El universo de los cómics ha generado en poco más de un siglo una espectacular constelación de fantasías y mitos, que unas veces procedían de la tradición artística multisecular, pero en otras se forjaron como invenciones específicas para el nuevo medio. Así se codearon, desde sus primeras décadas, los seres fabulosos de la arcaica tradición grecolatina con los héroes lanzados a viajes espaciales, los centauros con los primeros astronautas, las walkyrias con los científicos perversos que aspiraban a destruir la civilización, por no mencionar el temprano despliegue de barrocas fantasías oníricas. Coetáneos del cine, los cómics gozaron de la ventaja de no estar sujetos a los imperativos del naturalismo fotográfico, que sólo podía eludirse con laboriosos trucajes. De este modo forjaron sus estirpes visionarias que hoy nos siguen deslumbrando.

Un libro que hace posible contar el tiempo de la construcción simbólica de iconos gráficos que dependen de culturas en las que se producen, teniendo una amplia gama de variantes. A partir de una abstracción del pensamiento y de el entorno gráfico que rodea al universo visual, se produce una eclosión en paralelo de las formas y mundos dónde se sitúa el nacimiento de un arte como es el cómic. Un imprescindible en nuestro idioma para querer y entender el cómic clásico y sobre todo actual.

martes, 20 de noviembre de 2018

La Junta edita 5.000 ejemplares de la guía didáctica sobre el cómic elaborada por Agustín Rodríguez


La Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha editado 5.000 ejemplares de la guía didáctica para el profesorado ‘Iniciarse en el cómic. 30 comics imprescindibles para iniciarse en el noveno arte’, un material elaborado por el bibliotecario Agustín Rodríguez Herrera, quien trabaja en la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real e impulsó la creación y desarrollo de la Comicteca en este espacio cultural. Esta guía será distribuida a los centros educativos y se completará con la posibilidad de que aquellos centros interesados soliciten la presencia en el centro de la  exposición de carteles sobre ‘Historia del cómic’.

El consejero, Ángel Felpeto, presentó esta guía e inauguró la primera de las exposiciones de carteles que puede verse en la Escuela de Arte ‘José María Cruz Novillo’ de Cuenca, el único centro en Castilla-La Mancha donde se imparte el ciclo formativo de Grado Superior de Cómic, que según apreció el consejero “es un material de enormes posibilidades para la enseñanza y el aprendizaje.

Felpeto lamentó que, a pesar de que en el Marco Europeo de referencia para las lenguas (MCER), e incluso en el Plan Curricular del Instituto Cervantes para la enseñanza del español, se hace referencia al cómic y a su uso en la enseñanza y en el aprendizaje, entre otras asignaturas, en la de lengua española, sus manuales apenas cuentan con la presencia del cómic como recurso didáctico, hay escasez de estudios o propuestas de actividades con este material.

Herramienta pedagógica

De ahí que, según destacó, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes “no ha querido dejar pasar la propuesta realizada por Agustín y su equipo de colaboradores para mostrar la idoneidad de dicho material como herramienta pedagógica para las clases, aprovechando el potencial didáctico que acredita: fundamental como vehículo de comunicación, esencial como producto cultural y como reflejo del habla viva, lo que resulta fácil de comprender para el alumnado,  gracias a la interacción entre la lengua y la imagen”.

El consejero reconoció públicamente el trabajo realizado por Agustín Rodríguez, que tiene la mejor ‘comicteca’ de España y que “se ha preocupado de crearla y de formar a otros compañeros bibliotecarios haciendo de su pasión su profesión y se ha comprometido a la Comunidad Educativa para seguir formando lectores y docentes que conociendo el cómic, aprendan a usarlo y, algo fundamental, a amarlo, para trabajarlo con pasión. A su imagen y semejanza”.

Junto a la guía didáctica, la exposición creada cuenta con 12 carteles de gran formato con la historia del cómic complementados con unos noventa carteles de formato pequeño con los ejemplos más importantes de cómics a lo largo de la historia. La Consejería ha editado 100 juegos de esta exposición que permitirá su exhibición este curso en todos los centros educativos de la región que así lo soliciten.

El responsable de Educación aprovechó su presencia en la Escuela de Arte para entregar a los estudiantes ejemplares de la edición de la Constitución realizada por el Gobierno de Castilla-La Mancha con motivo del 40 aniversario de la Carta Magna y en cuyas ilustraciones han participado los alumnos y alumnas de este centro educativo, a quienes agradeció su colaboración.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Nazario, padre del cómic underground español: "La religión y el rey siempre fueron intocables"


A Nazario Luque (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944) muchos le consideran el padre, o al menos uno de los padres, del cómic underground en España. Retrató con una visión radicalmente propia y un estilo deudor del underground norteamericano una Barcelona efervescente. Él es el creador, por ejemplo, de Anarcoma, una detective transexual en quien se cruzan, en un solo cuerpo, Lauren Bacall y Humprey Bogart. También de otras obras que le valieron censura y persecución, como La Piraña Divina o San Reprimonio. Después siguió su camino como destacado pintor, escritor y fotógrafo.

Del desenfreno en Barcelona dio cuenta en La vida cotidiana del dibujante underground, primera parte de sus memorias (Anagrama, 2016). Ahora presenta  Sevilla y la Casita de las Pirañas  (Anagrama, 2018), donde repasa su formación sexual y cultural en una Sevilla más permeable que nunca a las influencias externas, sus aventuras en el Torremolinos más desprejuiciado que se recuerda y algún encuentro sexual con todo un Papa. Presentó el libro en  La Térmica de Málaga.

 ¿Qué cuenta en esta segunda parte de las memorias?

Esta segunda parte, después de la infancia, abarca desde que termino de estudiar Magisterio, hago oposiciones y me pongo a dar clases en Morón de la Frontera. Allí me encontré con una colonia gitana de flamencos artistas. Todo giraba alrededor de Diego del Gastor, una especie de ídolo y referencia para esa gente, y hoy para mí también. Viví la eclosión de ese flamenco, los últimos dinosaurios, como Fernanda y Bernarda, Juan Talega, Manolito Marías, Borrico de Jerez… Estaban ya en la cumbre o en la decadencia. Describo este mundo, no ya sólo los flamencos, sino el que gira alrededor en Morón. Hay muchos americanos hippies que vienen a aprender a tocar la guitarra, y como maestros nos vemos entre unos y otros y empezamos a estudiar la guitarra flamenca. Estuve estudiando guitarra flamenca durante ocho años, hasta que empecé a dibujar cómics.

¿Cuál era la influencia de la base americana de Morón?


La mayoría vivían en la base o tenían residencia en una barriada de Sevilla. Los americanos de los que yo hablo no tenían nada que ver con los de la base. Sí tuvieron alguna relación con gente como Joaquín Salvador, facilitando discos de música moderna que se hacía en Estados Unidos, y gracias a él el público sevillano llegó a adquirir una cultura musical muy por encima del resto del país. Un poco parecido pasaba en Barcelona, pero por el trasiego de hippies de Ibiza y Formentera que pasaban por Barcelona.

Yo iba buscando los cómics de la época, lo único que se editaba, y gracias a algún americano de la base, que dejó cómics de Mad en un kiosco de Sevilla, encontré aquello que aquel kiosquero había conseguido. A pesar de que estaba en inglés y yo no sabía, la estética de esos cómics me influenció bastante, e hizo que me dedicara más a fondo. Cuando después descubro a los underground americanos, me entero de que ellos habían recibido también influencia de Mad, y es curioso que yo, sin tener ni idea de quiénes eran Crumb, Sheldon y estos, también recibiera por caminos diversos influencia de los dibujantes de esa revista.

¿En qué circunstancias conoció al Papa del Palmar de Troya?

Este hombre, Clemente, circulaba por los ambientes gay de Sevilla como los váteres públicos. Yo vivía cerca de los Jardines de Murillo, y una noche me encuentro un tío con los pantalones bajados. Yo iba caliente y follé con él. Resultó ser Clemente, que tenía visiones. Mi amigo pintor mantenía relaciones con Manuel Alonso Corral, que luego sería el segundo de Clemente. Manuel Alonso Corral sería el instigador. Era un homosexual que tenía arranques de ascetismo y se metía a monje cartujo, pero a los cuatro meses volvía a Sevilla a follar con este. Mi amigo y yo nos reíamos, porque consideramos que estábamos santificados [ríe].

¿Cómo se vivía la homosexualidad en ese ambiente?


En este libro está mi salida del armario. Yo era homosexual, pero tenía mis amigos heterosexuales, para los que yo era heterosexual. Un día ligué con un pintor en Sevilla, y este hombre me introduce en esta estética de homosexual progre, vamos muchos a la Filmoteca.... Estudiaba Filosofía y Letras y empiezo a destaparme como homosexual, y llego un día a pasar la Nochevieja en Málaga, y en Torremolinos despierto al mundo libre de homosexuales que se reúnen en bares, se acarician en público y tienen un comportamiento normal. Yo esto no lo había visto nunca.

Habla de Torremolinos en los años 70. Aquello ha quedado como un  símbolo de apertura que acabó porque a un Gobernador civil le pareció que había llegado demasiado lejos y ordenó una aparatosa redada en 1972.


Esto pasó también en Sitges. Es curioso porque había redadas, pero ya en aquella época Ocaña y yo nos paseábamos por las Ramblas disfrazados de mujer y no pasaba nada. Una especie de doble rasero: por una parte metían en la cárcel a homosexuales, y en Torremolinos o nosotros en Barcelona nos manifestábamos libremente, hasta que hubo esa especie de represión. Con poca vista, porque era turismo que venía.

El régimen decía que una cosa era tolerar que lo hicieran extranjeros, que traían divisas, y otra que eso ocurriera entre nacionales…

Siempre se hablaba de la corrupción de la población local. Que ellos fueran pervertidos, vale, pero que pervirtieran a los nacionales, no. Yo tuve un novio noruego, durante cinco años, que conocí en Granada. Íbamos de Granada a Almería y en el tren estábamos enardecidos de amor, nos rozábamos, empalmados, y nos salimos al pasillo. Eran de estos trenes como del Oeste. Estábamos mirando la ventanilla, rozándonos, vino un túnel y nos besamos, y de pronto alguien encendió un mechero y empezaron a gritar, que si maricones, que si vienen a corromper… Yo tendría 20 años y el noruego 23 o 24. Con quien más se metían era con él, porque me estaba corrompiendo a mí.

¿Cuál era la actitud ante la homosexualidad en Sevilla?

Era una ciudad de provincias, como otra cualquiera. El retrato de mi vida privada es también el de todos los homosexuales de la ciudad. Nosotros nos relacionábamos en el cine: ibas al cine, ligabas, te sentabas al lado y mantenías relaciones sexuales en el cine, no en la cama. Cuando conozco a este pintor, hay círculos en estudios de artistas, casitas de pirañas como las llamo, donde nos reuníamos y hablábamos de nuestros ligues, nuestros gustos… Era todo clandestino, en círculos reservados y con mucho miedo a que se enteraran los demás. Teníamos un argot para hablar en público, de forma que los que estaban al lado no se enteraban de qué hablábamos.

¿Cuándo percibe que esa actitud está cambiando en la sociedad?

Yo salí del armario cuando conozco al noruego. Los dos amigos con los que también iba no sabían nada. No lo asimilaron de golpe. Otro amigo mío, al que dedico varios capítulos, pensaba que era una actitud intelectual, que estaba probando qué tal era esto de mantener relaciones con un hombre. Para él un homosexual era un afeminado, no una persona que mantiene relaciones con hombres como un heterosexual las mantiene con mujeres. Poco a poco se fue dando cuenta de que yo era igual, pero para irme a la cama prefería hacerlo con un tío.

Cuando me voy a Barcelona, ya es otro mundo. Había más libertad, había bares de homosexuales… Allí cambia todo: la vida es más liberal. Se muere Franco y todo cambia, de forma que la Transición es tan de un día para otro que yo en 1975 publico clandestinamente La piraña divina, por el que nos persigue la Policía, y en el 78 estas mismas historias las publico en un álbum que se vende en los kioscos y no pasa nada. En tres años ha habido una especie de evolución en las revistas, prensa, cómics y en la censura, de forma que lo que has sacado clandestinamente puedes sacarlo públicamente tres años más tarde.

¿Cree que si lo publicara hoy, podría hacerlo en los kioscos y la reacción sería parecida?

Mmmmm [duda]. Bueno, cuando se publica El Víbora se publica libremente y se vende en todos los kioscos. Anarcoma integral la publiqué el año pasado y ahí está el libro, se publicó también en Francia. Pero curiosamente la primera parte había sido traducida al inglés, al francés, al alemán, al italiano, y ahora cuando publican el integral, en alemán y en inglés dicen que no está el horno para bollos, que es un producto delicado. Es una historia que normaliza la conducta de los homosexuales y los transexuales. Pero parece que la ola de puritanismo ha llegado a un extremo que cada vez es más difícil hacer lo que se hacía antes.

Da la impresión de que se esté consolidando un inexistente derecho a ofenderse…

A mí me han cerrado la página de Facebook seis veces. Yo me autocensuro para meter mis fotografías e historias. Hay muchas historias que no puedo poner en mi página de Facebook, historias de Anarcoma o de sexo explícito. Hay una censura terrible en redes sociales. Mientras que la violencia está permitida en todos los medios, el sexo tiene que ser en un sitio específico en el que pongas: "Esta página puede herir tu sensibilidad. ¿Estás de acuerdo en que te hieran la sensibilidad?". Sí, y entonces te ponen lo que sea. Pero de normal ninguna red social te permite una libertad como te la permite una publicación en un libro o cómic.

 Hace unos años, en Málaga, la agrupación de cofradías criticó un  montaje de El Jueves porque la revista había utilizado un montaje con el Cristo de la Crucifixión. La portada se viralizó y las cofradías se ofendieron.

La religión ya es otra historia. La religión y el rey siempre fueron intocables. Tú podías poner todas las pollas que quisieras, pero si te tocaban la Virgen del Pilar ya era otro cantar. Ha habido una permisividad con el sexo, pero sin meterte con la religión o con la Casa Real. Hoy no hay permisividad con el sexo, y sigue sin haberla si te metes con la religión o con la Casa Real.

La cuestión es que las redes sociales han generalizado el acceso a contenidos que antes se limitaban a quienes estaban interesados en ellos.


Yo este problema no lo tengo si me creo un blog. Tengo dos blogs, nazariocanalla, donde están todas mis historias, y nazarioluque, y son tu web y puedes poner lo que quieras porque es privada. Pero cuando es una red a la que puede tener acceso cualquiera, hay gente con cuatro ojos a la mínima que saques. Una de las veces que me censuraron fue por la cabeza de una polla, pero sólo se veía la cabeza de la uretra, virada, desenfocada… Lo llamaba volcán de amor y pasó desapercibida. Insistí y puse la fotografía un poco más abajo, y se veía más claramente. Lo prohibieron y me prohibieron también el anterior porque se dieron cuenta. Cuando pude reabrir la página hice un comentario de que había visto un glande en la Wikipedia, bastante aparatoso y aparente, y dije que por qué me lo prohibían, si cuando lo buscas te viene una foto… A los tres días lo comenté con un amigo y habían cambiado la foto.

jueves, 15 de noviembre de 2018

‘Mallorca tiene nombre de mujer’ ya tiene su cómic


La Dirección Insular de Igualdad ha lanzado la campaña ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ para “visibilizar a las mujeres” y “recuperar del olvido a aquellas que han dejado un hito de una manera u otra en la Isla”. La protagonista de la campaña de este año es Dorothea Bate, paleontóloga galesa que descubre el ‘Myotragus balearicus’, y esta ya cuenta con un cómic propio creado por la ilustradora Elisa Martínez, el cual se ha presentado este miércoles en el Centro Cap Vermell en Cala Rajada.

Desde hace tres años, ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ es una campaña que ha recuperado nombres como Catalina Homar, Clara Hammerl, Margarita Jofre, Dorothea Bate o colectivos como las zapateras de Inca, además de potenciar el debate sobre la presencia o la situación de las mujeres en la educación, la ciencia, el emprendimiento económico o en materia de atención social.


“Es cuestión de justicia”

La ilustradora ha presentado este miércoles el cómic junto con el vicepresidente segundo y conseller de Participación Ciudadana y Presidencia, Jesús Jurado, la directora insular de Igualdad, Nina Parrón, y el alcalde de Capdepera, Rafel Fernández.

“Durante estos tres años, hemos podido recuperar seis mujeres y colectivos olvidados por nuestra sociedad y esperamos poder visibilizar muchas más porque forman parte de nuestra historia y es hora de que tengan su lugar”, ha declarado Jurado.

En la misma línea, Parrón ha señalado que “invisibilizar a las mujeres, sus gestos, es violencia simbólica y ‘Mallorca tiene nombre de mujer’ las recupera de la oscuridad, es cuestión de justicia”.

martes, 13 de noviembre de 2018

RTVE:Tomeu Pinya: "Llevar 'La Catedral del Mar' al cómic ha sido un desafío increíble"


La Catedral del Mar (Grijalbo, 2006), de Ildefonso Falcones narra la vida de la Barcelona del siglo XIV teniendo como punto central la construcción de la iglesia de Santa María del Mar. Un enorme éxito internacional que ha vendido más de 6 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido adaptado a una serie de televisión. Ahora nos llega la versión al cómic, La Catedral del Mar (Random Cómics), realizada por la guionista Pilar Alonso y uno de los mejores dibujantes españoles actuales: Tomeu Pinya (Palma de Mallorca, 1982), con el que hemos hablado.

“Adaptar la historia al cómic era un desafío increíble –confiesa Tomeu-, no solamente por la responsabilidad de adaptar una novela de tanto éxito, sino por la dimensión del trabajo: ¡170 páginas en menos de un año! Nunca había hecho un proyecto tan largo, y siempre es complicado mantener el ritmo y el nivel a lo largo de todas esas páginas”.

En el prólogo del cómic, el propio Ildefonso Falcones se muestra encantado con esta versión. “La mayor parte de la adaptación –asegura Tomeu- ha corrido a cargo de Pilar Alonso, la guionista. Siempre hay que hacer sacrificios a la hora de pasar de un medio tan descriptivo como la novela a uno tan visual como el cómic, y creo que en general el guion ha mantenido muy bien la sensación general de la obra, a pesar de perder por el camino algunos personajes y escenas”.
Una fantástica reconstrucción de época

Basado en hechos históricos el libro (y el cómic) tiene como telón de fondo la construcción de la Iglesia de Santa María del Mar, en la Barcelona del Siglo XIV, y su impacto en los habitantes de la ciudad. La historia se centra en Arnau Estanyol, que llega a Barcelona en busca de una nueva vida como hombre libre, para lo que tendrá que enfrentarse a una de las familias más adineradas de la ciudad.

“Desafortunadamente no hemos podido coincidir en persona con Ildefonso Falcones –confiesa Tomeu-, pero ha estado muy atento al desarrollo y nos ha comentado muchos detalles que quería incluir. Ha sido muy exigente con su visión del proyecto y esto nos ha obligado a darlo todo para estar a la altura”.

Como la novela, el cómic se centra en la vida de la gente normal de la época, los siervos. “Desde el punto de vista gráfico –asegura Tomeu-, para mí ha sido muy interesante intentar describir el mundo cotidiano, fuera de los grandes hitos históricos: qué había en las casas, cómo eran las herramientas, las calles… La documentación fiable ha sido difícil de encontrar, pero el proceso ha sido muy gratificante”.


“La iglesia tenía un poder enorme”

Como ya sabéis, en esa época la Iglesia y su Inquisición, eran la ley. “La iglesia tenía un poder enorme, para lo bueno y para lo malo –asegura Tomeu-. Era un gran aglutinador social, como demuestra el trabajo incansable de los bastaixos, pero también un estamento que luchaba por su cuota de poder y dinero, como demuestra el corrupto inquisidor Eimeric”.

“En cuanto a la relación entre siervos y nobles –continúa el dibujante-, el libro la describe como de sumisión y de abuso muchas veces, pero también recalca los derechos que cada siervo tenía y podía en un momento dado hacer valer”.


Los protagonistas

Una de las cosas más complicadas de adaptar una novel tan popular es que cada lector tiene una imagen formada de los protagonistas. ¿Cómo es el Arnau de Tomeu Pinya? “Arnau es en muchos aspectos un hombre adelantado a su época, en su relación con otras razas, y hasta cierto punto con las mujeres. Sobre todo es un ejemplo de resistencia, de solidez. Es capaz de aguantar con resignación las grandes desgracias que la novela le impone, y resurgir más fuerte”.

“Físicamente –añade-, ha sido interesante pasar del niño inocente al adulto recio pero amable que el libro describe. Arnau termina pareciéndose bastante a su padre, especialmente en las escenas del juicio”.

En cuanto a los otros protagonistas, Tomeu confiesa que: “Personalmente disfruté mucho con el diseño de Guillem, el amigo musulmán de Arnau, y también de Mar, a quien vemos crecer y convertirse en una mujer fuerte e interesante”.

“El otro personaje que fue un reto –concluye- era el inquisidor Eimeric: no salía demasiado, pero tenía que resultar ladino y amenazador casi instantáneamente, el brazo de una iglesia oscura e interesada capaz de hundir la vida de Arnau. Los villanos siempre son interesantes de dibujar, y éste no fue una excepción”.


La Catedral del Mar


En cuanto a la catedral del cómic: “La inspiración no podía ser otra que la auténtica Santa María del Mar –asegura Tomeu- teniendo este edificio espléndido, ¿para qué buscar en otra parte?”

“La mayor dificultad –continúa el dibujante- ha sido encontrar documentación sobre los procesos de construcción de la época: herramientas, materiales, andamiajes… Tuve la suerte de que me recomendaran el trabajo de Chema Román y Jaime Nuño González, que han publicado un par de excelentes libros sobre la vida medieval que me han sido de gran ayuda, junto a otras muchísimas fuentes”.

Tomeu asegura que esta complicada adaptación le ha servido para darse cuenta de algo: “Como dibujante, la importancia del entorno en una obra histórica. Cómo los pequeños detalles son los que construyen un mundo coherente y sólido, aunque esté muy alejado de nosotros en el tiempo”.
Dibujado en un tiempo récord

Afrontar un proyecto tan complicado y de tanta responsabilidad como este tampoco ha sido fácil. “El proceso de trabajo en este proyecto me ha obligado a depender de otras personas, lo cual en el cómic europeo es relativamente raro –confiesa Tomeu-. En este caso, por la velocidad a la que había que trabajar y la cantidad de gente implicada, había que dejar a parte algunas ínfulas de autor y hacer concesiones”.

“Afortunadamente –continúa-, el equipo era muy bueno y siempre dispuesto a ayudar. Quiero destacar sobre todo a Ester Lovera, la colorista, que ha hecho un trabajo excelente en tiempo récord, y siempre ha estado animándonos al resto, y también al equipo de la editorial, que ha mediado con el resto de agentes para que el libro quedara lo mejor posible. Han hecho de un proyecto titánico un encargo muy agradable”.

En cuanto a su estilo para el cómic, Tomeu confiesa que: “En lo gráfico, esta obra es hasta la fecha mi cómic más realista. Esto no fue una exigencia del autor, pero salió orgánicamente: por un lado me apetecía darle un sabor que recordara a los cómics clásicos, por otro, al trabajar con un estilo realista la codificación del entorno histórico ha sido menor, y eso me ha ahorrado tiempo y dolores de cabeza”.

Por último, Tomeu Pinya nos avanza su nuevo proyecto, que también está relacionado con la historia: “Ahora mismo trabajo en un nuevo cómic llamado Posturismo, ambientado en Madrid en los años 20 y con gran presencia de personalidades de la época: Lorca, Unamuno, Valle-Inclán… ¡Un código completamente distinto, pero espero que igual de satisfactorio!”

El País:Muere Stan Lee, creador para Marvel de Hulk, Spiderman, Vengadores y Los Cuatro Fantásticos


Stanley Martin Lieber ha muerto a los 95 años en un hospital de Los Ángeles, según ha informado su hija al portal estadounidense TMZ. Spiderman, Patrulla X, Vengadores, Daredevil o Dr. Extraño son algunos de los héroes con los que plagó el universo Marvel, pero su mayor creación fue el propio personaje de Stan Lee. En su juventud, Stan soñaba con escribir la gran novela americana. Por eso, cuando le encargaron cómics de monstruos, modelos y vaqueros decidió no manchar su nombre y firmar con el seudónimo Stan Lee. Ese camino hizo que ese joven del Bronx nunca llegara a ser novelista. Su risueño alter ego, sin embargo, no solo transformó la incipiente industria del tebeo, sino que tejió un nuevo panteón de deidades en la industria del entretenimiento. Su imagen y forma de comunicar eran icónicas, tenía decenas de créditos como actor e incluso crearon muñecos que reproducían su imagen. Su vida se basó hasta el último minuto en un propósito: “Solo quiero divertirme”.

Nacido el 28 de diciembre de 1922 en Nueva York, el interés de Stanley por la fantasía como escapismo parece sacado de un libro de psicología. Tras la gran depresión, su padre, inmigrante rumano, solo encontraba trabajos esporádicos. En su piso de una habitación, las peleas eran constantes. Así que Lee, una especie de Peter Parker extrovertido, se refugiaba en las películas de Errol Flynn, la lectura y en mejorar sus dotes dialécticas.

Sus empleos de adolescencia fueron variopintos: escribió obituarios para el Centro Nacional de Tuberculosis, vendió vaqueros y fue acomodador en Broadway. Todo cambió cuando su tío le invitó a las oficinas de su editorial, entonces conocida como Timely Comics. Lee no sabía nada de historietas, pero el cometido era claro: “¿Podéis darle algún encargo?”. Joe Simon, redactor jefe a punto de lanzar Capitán América, lo contrató al instante.

En meses, el joven pasó de limpiar ceniceros a rellenar viñetas para los héroes ficticios de la Segunda Guerra Mundial. Algo que le inspiraría. Lee se alistó en el Ejército tras el ataque de Pearl Harbor. Su primera creación fue Destroyer, un superpoderoso doctor antinazi. A los 19 años ya era redactor jefe, pero los monstruos y el terror no le motivaban; seguía queriendo desarrollar sus ideas en literatura. Un encargo de sus jefes en Marvel colmó su paciencia: copiar la JLA, grupo de Superman y Batman en la rival DC. “Queremos más acción y menos diálogo”. Después de una década, estaba decidido a dejarlo todo. Pero su mujer, que murió en 2017, le paró: “Desarrolla tus cómics con tus ideas ¿Qué harán, despedirte?”. Era el momento de quitarse los grilletes. El 8 de agosto de 1961 llegó a las estanterías Los Cuatro Fantásticos y todo cambió.

El cuarteto, creado junto a Jack Kirby, era lo contrario a los superhéroes llamativos que le pidieron: era una familia de astronautas con poderes que no llevaban disfraz. Sus problemas personales ocupaban tantas viñetas como las peleas. Además, vivían en la muy real Nueva York. Sin saberlo, la semilla del universo Marvel estaba plantada. Pronto las antologías de monstruos y modelos fueron sustituidos por héroes imperfectos como Hulk, Thor, Spiderman, Iron Man o Los Vengadores, donde Lee recuperó al Capitán América de Simon y Kirby como héroe fuera de lugar. Su mensaje iba más allá de las peleas. Lee fue el primero en trasladar al cómic asuntos como la drogodependencia, las analogías de los derechos civiles y las minorías en los X-men y también en presentar superhéroes negros como Halcón o Pantera Negra. Hasta Federico Fellini o Alain Resnais paraban para visitar las oficinas neoyorquinas.

Lee escribía y controlaba decenas de títulos mensuales, lo que le llevó a diseñar también un método de trabajo eternamente rodeado de polémica. Él escribía el argumento para dibujantes como Kirby o Steve Ditko, que se encargaban de dibujar y distribuir las páginas. Entonces, el trabajo volvía a Stan, The Man, que simplemente rellenaba los diálogos. Nunca quedó claro dónde empezaba el trabajo de cada uno y numerosos dibujantes rompieron su relación con Marvel al sentirse injustamente tratados. Los 4F, por ejemplo, era el título más inventivo, pero las versiones sobre quién puso el germen difieren. Allí se tejía la mitología Marvel con conceptos grandilocuentes, galaxias recónditas y personajes como Estela Plateada. Kirby cada vez necesitaba menos dirección y Lee cohibió su creatividad desenfrenada que en cada número daba un nuevo personaje.

Mientras, Lee rehuía polémicas y no mencionaba las acusaciones de Kirby y herederos sobre la autoridad de la obra. Era el rostro y el mensaje de Marvel, respondía el correo y narraba los dibujos en TV. Las cabeceras leían "Stan Lee presenta". Vitalista y entusiasta, el guionista contaba las mismas historias a sus fans siempre con una cadencia dramática y pasional apuntalada con latiguillos como “¡Excelsior!”. Detrás de su inconfundible bigote canoso y gafas oscuras, era difícil diferenciar la persona de su excesiva caricatura.

En 1972 dejó de ser redactor jefe para heredar el título de editor de su tío, que mantuvo hasta 1996. Aunque ya no parara por el bullpen Marvel, era una celebridad, el icono del cómic que había despertado la pasión de autores y cineastas. Solo le quedaba una espinita: alcanzar Hollywood. Y Kevin Smith, uno de sus fans, fue el primero en aprovechar esa vena cinematográfica, al transformarlo en sabio mentor en el filme Mallrats. Pero fue la colonización de Hollywood de sus personajes lo que le dio una segunda vida en los focos.

Sus decenas de cameos en pantalla eran lo más esperado por los seguidores, así que fueron ganando minutos: desde su aparición entre la multitud en X-men hasta colarse en el póster de Deadpool o interpretar al cartero de Los 4 Fantásticos. Tras décadas de fracasos cinematográficos y algún bache con Marvel, no había nadie más entusiasta vendiendo las películas que Lee, reconvertido en el productor más poderoso de la historia. Sus divertidos cameos incluso lo llevaron a colarse en proyectos ajenos como Princesa por Sorpresa 2, Big Bang Theory y Los Simpson. Hasta presentó un reality-show en busca de superhéroes reales. Su último cameo hasta la fecha era el de Venom, aunque diversas fuentes informan que le dio tiempo a rodar Vengadores 4, el final de la saga más taquillera de su historia.

Lee nunca dejó de escribir (si bien los últimos años fueron azarosos por su neumonía y su herencia), tanto en proyectos puntuales con Marvel como desarrollando productos de discutible calidad como Stripperella, una superheroina con voz de Pamela Anderson. Fundó su productora y cada mañana iba a su oficina. En 2015 lanzó su autobiografía en viñetas y meses después estrenó la teleserie Stan Lee's Lucky Man. Aunque su sello fuera ya más marca que creatividad, seguía siendo el invitado más esperado en las convenciones de cómic hoy multiplicadas por el mundo. No podía dar un paso sin una foto. Él había visto surgir de la nada este movimiento cultural. Era el patriarca fuera de tiempo. Un icono. Eso sí, seguía contestando con arrojo cualquier duda sobre quién era más fuerte, si La Cosa o Galactus: “Depende del guionista”.

50 años después de renunciar a su sueño, lo reconocía: “No tendría paciencia como novelista. Me sentaba siete horas y acababa el cómic ese día. Era el mayor placer. No me queda nada por hacer pero si me jubilara, solo querría escribir”. Como diría él: 'nuff said (está todo dicho).

lunes, 12 de noviembre de 2018

Berlín, la trilogía en cómic que analiza las luces y sombras de la República de Weimar


Ocurrió todo nueves de noviembre. En el 18 abdicó el Káiser y se proclamó la república. En el 23, fue el Putsch de la cervecería, en el que lo que parecía solo un grupo de tronaos intentó emular a Mussolini apoderándose de Baviera, proclamar allí un estado rebelde y destruir así la democracia en todo el país. En la cárcel, Hitler cumplió solo unos pocos meses y estuvo autorizado a recibir visitas. A su salida, volvió a intentar conquistar el poder, pero esta vez con métodos pragmáticos. Cuando lo consiguió, el nueve de noviembre de 1938, fue la Noche de los cristales rotos. El pistoletazo de salida para el exterminio del chivo expiatorio de su discurso político, los judíos. La guerra que declaró después dejó el país convertido en cenizas y dividido en dos partes separadas por un muro en Berlín. Tuvo que ser otro nueve de noviembre, esta vez de 1989, cuando este cayera.

A menudo se ha retratado la República de Weimar, los años críticos en los que se gestó el nazismo, como una época oscura, convulsa y degradante. Pero según el historiador Eric D, Weitz hay que tener en cuenta muchos aspectos positivos de este periodo. Se hicieron ambiciosos planes de vivienda, se redujeron por fin las jornadas laborales. Hubo una revolución sexual y el legado artístico es enorme, con joyas de la literatura como La montaña mágica de Thomas Mann.


"A lo largo del siglo XX, pocos son los lugares y momentos de consecuencias intelectuales y culturales tan sobresalientes y duraderas que soporten la comparación con el Berlín de 1920, o sus avanzadilas de Dessau, Munich, incluso Friburgo, Heidelberg o Marburgo", sostiene este historiador, para sentenciar: "Aunque la vida en Weimar no fue fácil, sí fue un momento de intensa creatividad. Las sociedades narcotizadas, sonámbulas o satisfechas no se plantean nada, no se cuestionan nada".

La novela gráfica Berlín, de Jason Lutes, de la que Astiberri ha publicado este año su tercera y última parte, retrata toda esta época de una manera muy fiel al espíritu de historiadores como Weitz. A través de numerosos personajes, se muestra una ciudad convulsa, pero no necesariamente abocada al desastre que padeció.

En primer lugar, aparece Berlín como capital en su sentido más profundo. Como ciudad donde la gente de lugares donde es más difícil guardar el anonimato puede llegar y perderse. Ser libre. La protagonista de la trilogía, Marthe, que viene de Colonia, descubre su sexualidad. El arte. Un mundo nocturno lleno de aventuras.


La acción transcurre en bares de lesbianas. Solo para chicas y donde, como actualmente, hay monologuistas que pronuncian discursos feministas de humor corrosivo. Algunas de ellas deciden vestirse como hombres. Al mismo tiempo, en otros lugares más exclusivos se producen orgías entre la jet. Fiestas de sexo desenfrenado con máscaras y bien lubricadas con cocaína.

Es un Berlín al que llega el jazz. En el cómic, los que giran son solo unos músicos afroamericanos. En la realidad, pasaron por la República de Weimar músicos y orquestas pioneras del jazz en Estados Unidos desde los años 20.

Al mismo tiempo hay miseria. Tras la capitulación en la I Guerra Mundial, miles de obreros están en paro. Mucha gente ya ha perdido toda esperanza y vagabundea. Bastante magnánimo es en este aspecto Lutes, se sabe que en los años 20 miles de burgueses se quitaron la vida al caer en bancarrota y ver arruinados sus negocios de toda su vida.
En ese contexto de miseria obrera, está la revolución. En 1923 había concluido la salvaje Guerra civil rusa. Los rojos habían triunfado. Stalin se hacía con el poder a la muerte de Lenin. La burguesía y la oligarquía alemanas tenían pánico a una revolución. Ya había ocurrido y fue sofocada, pero, como muestra el tebeo, en cuanto aparecieron los nacionalsocialistas, para los que tenían miedo de perder sus propiedades, estos se convirtieron en la opción más viable. Ellos, dice un diálogo, se enfrentan a los comunistas de verdad, no como la policía.

Los socialdemócratas no apoyaron el intento de revolución comunista que hubo en Alemania. Se pusieron del lado de la república y ayudaron a combatirla. En esa revuelta, fueron asesinados Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, sus líderes. Desde ese momento, juraron venganza y su principal rival fueron lo que llamaron los "sociafascistas", es decir, los socialdemócratas, por traidores a la causa marxista.

El cómic pone el acento en esta división entre los obreros sobre todo con una familia divorciada en la que el padre y un hijo es nacionalsocialista y la madre y la hija, comunistas. Pero también muestra los roces entre la izquierda trotskista -se narra la llegada de la noticia de que le van a expulsar de la URSS- y los comunistas ortodoxos.


Ese trotskista es el gran protagonista de la obra, Kurt. Como periodista, destapa las violaciones del tratado de Versalles, en lo referente al rearme de Alemania, que se estaban produciendo. Se siente atropellado por los acontecimientos. Le superan. No puede unirse al Partido Comunista por su espíritu dogmático y violento y el ascenso del nazismo le tiene aterrorizado. En esa parálisis se abandona al alcoholismo.

Normalmente, las visiones sobre la II Guerra Mundial y su gestación, o sobre el ascenso del nazismo, suelen ser a posteriori. Ya sabemos quién es el bueno y quién es el malo. Se sitúan frente al lector en ese marco. Sin embargo, en este caso, hay una gran fidelidad histórica. Para las generaciones que vieron la Gran Guerra, el delirante sacrificio humano que supuso, su prioridad era que no volviera a reproducirse semejante locura. Cuando toda la sociedad se va entregando de nuevo al discurso bélico, estos personajes de espíritu humanista y pacifista quedaron aterrorizados y, también, atenazados. Ahora, a posteriori, es fácil ver que debieron apoyar sin fisuras desde el principio a todo lo que se enfrentase a Hitler. Entonces, la confrontación para ellos era repetir los errores de un pasado inmediato, sencillamente, infernal.

Este tercer tomo concluye con el instante en el que Hindenburg le entregó el poder a Hitler. Son casi quinientas páginas escudriñando desde todos los ángulos una sociedad de la que pudo salir lo mejor de la historia europea, pero brotó lo peor. Una trilogía que puede equipararse al clásico de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El País:El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos


La pistola de una mano anónima apunta a su cabeza, cara a la muerte. El resplandor como tímido fondo de un cauto amanecer no borra la negrura de la noche. Olivos, pedruscos y la sombra del poeta rodean la fosa en los alrededores de Alfacar (Granada). Por la contraportada desfilan el resto de víctimas que acompañaron a Federico García Lorca en la hora final. A paso lento, le sigue Dióscoro Galindo, el maestro republicano y cojo de Pulianas. Al fondo, un guardia de asalto sujeta en lo alto del vehículo a uno de los banderilleros anarquistas —Francisco Galadí o Joaquín Arcollas— que cayeron también en aquella jornada de odio, sangre y hiel…

Es el dibujo elegido en la portada de Vida y muerte de Federico García Lorca (Ediciones B), el cómic que Ian Gibson y el dibujante Quique Palomo han creado conjuntamente. Muestra a Lorca sin tabúes ni tapujos. Su infancia en la Vega de Granada y su juventud en Madrid como inquilino de la Residencia de Estudiantes. Familia y amores clandestinos; triunfos globales —España y América— y los fracasos de sus intimidades. La proteína de su obra y el desperdicio que supuso su caída a manos de un escuadrón asesino. Una inmolación, con señales de escarmiento, a manos, dice Gibson, “de la que el poeta había llamado poco antes la peor burguesía de España: la granadina”.

No es fácil dibujar a un mito. Todo el mundo guarda en la memoria cualquier gesto, una fotografía, el sintagma de una sonrisa. “Existe una iconografía lorquiana”, comenta Palomo. “Dentro de esas circunstancias hay cosas que resultan fáciles y otras no tanto. La primera es que lo puedes caricaturizar. Existe en él una relación entre las cejas y la frente muy característica. Algo pasa con su barbilla, también”.


Pero debe dar juego para 600 imágenes. “Con variaciones sobre esos elementos, se puede intentar”, asegura el dibujante. Y entre diversos escenarios que te conducen por una vida intensa. “Trazándole y estudiándole te das cuenta de que fue alguien que aprovechó su vida y sus circunstancias para ir a por todas”. Y eso que en ciertos aspectos no lo tuvo fácil. “Ser homosexual en las primeras décadas del siglo XX conllevaba demasiadas restricciones. Pero, por otra parte, eso produce en él unas revelaciones y cuestionamientos que enriquecen su obra”.

Su identidad sexual fue uno de los motores principales a exprimir en su afán creativo. “Todo un eje para el trabajo”, comenta Quique Palomo. Su crimen, también: “Aquella situación de caos y represión debía ser reflejada en nuestro cómic”. También el escarnio, enjaulado en una gélida coreografía de sombras, al mismo nivel que la alegría de vivir.

Como la que nos transmite desde su infancia, donde alternaba los juegos callejeros con su afición a representar misas. Su fascinación por los cómicos de la legua, los títeres y la música popular junto a un apego a la mística de la tierra y los arados, contagiada por su padre. O su juventud en Madrid, con sus inseparables Dalí y Buñuel. Anduvo enamorado del primero, con quien compartió escarceos y verdadera pasión, pero mosqueado a menudo con el otro, debido a ese empeño que tenía el aragonés en pasearle por burdeles para ahuyentar —o confirmar— sus sospechas de que fuera homosexual.

Junto a ellos también desfilan por las páginas otros grandes cómplices del autor: Manuel de Falla, Andrés Segovia, Margarita Xirgu, sus poetas más o menos coetáneos… También amantes cruciales, caso de Emilio Aladrén. O los lugares donde se transformó y triunfó: Nueva York, Cuba, Buenos Aires. Un completo recorrido por la luz de su imán antes de que lo despeñaran en el martirio.

La complicidad entre Palomo y Gibson no ha fallado desde el primer momento: “Empatizamos enseguida”, afirma el hispanista experto en la figura del poeta. “Quique ya admiraba a Lorca, de modo que nada de empezar desde cero. Le pasé una sinopsis de su vida y obra y leyó mi biografía. En nuestras primeras sesiones decidimos poner mucho énfasis sobre la larga infancia del futuro autor en la Vega de Granada, raíz de su mundo. Y sobre la extraordinaria vitalidad creativa que le permitió elaborar en solo veinte años (1916-1936) un muy variado corpus literario hoy admirado y estudiado universalmente”.

Aparte de los temas ya mencionados, Gibson hace hincapié en otros: “Su obsesión por la injusticia social, visible desde sus escritos iniciales y su público y notorio antifascismo. La identificación con la Granada mestiza perdida desde 1492 y sobre la que Lorca creía que le había empujado a sentirse cerca de los perseguidos. Su compromiso con el programa cultural de la República y una incomparable combinación de dones, entre ellos, el de la música. La extraordinaria mezcla de lo popular y lo más contemporáneo característica en su producción…”, apunta el autor. Con ese deseo perpetuo de acercarse continuamente a lectores de todos los ámbitos y su afición al dibujo, a Lorca, sin duda, le hubiera encantado este guiño a la cultura popular en forma de cómic.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Llega a las librerías la biografía en cómic de Freddie Mercury


Freddie Mercury nació tres veces. La primera, como Farrokh Bulsara. La segunda, como Freddie. La tercera, como leyenda. En Freddie Mercury: una biografía, Alfonso Casas busca desvelar dos preguntas claves: ¿quién fue Freddie? ¿cuál es su historia? De esta manera, el autor acompaña a Freddie Mercury desde Tanzania, donde nació, hasta Reino Unido, donde murió y se hizo inmortal cantando The Show Must Go On.

Detrás de estas canciones, que forman parte de la historia de la música y de nuestra historia personal, hay un nombre propio: Freddie Mercury Con su bigote, su chaqueta amarilla y su voz in confundible, el líder de Queen es un icono para varias generaciones, que bailó sus pegadizas melodías y lloró su muerte en 1991.

Esta obra desarrolla no sólo una vida apasionante sino quizá una de las vidas más emblemáticas de la cultura pop. La figura de Freddie Mercury renace aquí con un atractivo único, el concedido por el autor del libro quien, a través de su trabajo, propone toda una revisión del líder de Queen como persona y como personaje, también un acercamiento al recorrido que hubo de hacer para llegar a convertirse en estrella, uno de los músicos más celebrados de los últimos tiempos.

Alfonso Casas es guionista e ilustrador de varios cómics, entre ellos Amores minúsculos, que fue llevado al teatro, y el reciente El final de todos los agostos (Lunwerg, 2017). También es autor de varios libros, como Se(nti)mental (Lunwerg, 2015) y Freddie Mercury: una biografía, que ya se encuenta a la venta.

lunes, 5 de noviembre de 2018

El cómic, la herramienta de los dibujantes para transformar la sociedad


El cómic es una "herramienta muy potente" para romper con estereotipos, dar visibilidad y conectar a un público de "jóvenes, frikis y adultos" con temas sociales que no se cuentan en los medios tradicionales, como la inmigración y el género.

Así lo explicó hoy a Efe el historietista zaragozano Álvaro Ortiz, quien dirigió un taller en el Instituto Cervantes de El Cairo para dibujantes egipcios sobre cómo el cómic puede transformar y concienciar a la sociedad.

"El cómic se puede utilizar para dar visibilidad a ciertos temas que no se cuentan en los medios tradicionales", aseveró el creador de las novelas gráficas "Cenizas" y "Rituales" durante el taller, organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) y al que acudieron una veintena de ilustradores.


El dibujante, caricaturista durante cinco años en "El Heraldo de Aragón", recalcó que "el cómic es una herramienta muy potente para romper estereotipos", ya que "es un espacio en el que convergen lectores jóvenes y adultos".

La directora de proyectos de la Oficina de Cooperación Española en El Cairo, María Luisa Caparrós, destacó a su vez que el cómic puede ser un vehículo para el cambio social.

"A través de las actitudes que desarrollen los personajes femeninos, se pueden crear nuevos referentes de mujeres con roles distintos a los tradicionales", afirmó, al referirse al papel de las historietas al tratar asuntos de género.

El taller, que se prolongará hasta el día 4 en el Instituto Cervantes de El Cairo, se enmarca dentro del programa de actividades del festival CairoComix, la cita de referencia del género en Egipto.

El ilustrador Álvaro Ortiz fue uno de los invitados internacionales a la cuarta edición del CairoComix, en la que ofreció una charla a los asistentes sobre su trayectoria personal.

El festival del cómic de El Cairo representa una oportunidad para que jóvenes dibujantes egipcios muestren sus obras y se den a conocer al público.

El País:Paco Roca convierte el tesoro del Odyssey en una novela gráfica de aventuras


La historia de la pelea entre el Gobierno de España y la empresa estadounidense Odyssey por el tesoro de La Mercedes —un galeón español hundido a principios del siglo XIX— tiene todos los ingredientes de una novela clásica de aventuras: medio millón de monedas de plata y oro, piratas, batallas navales, relaciones internacionales, información confidencial… Así que es casi lógico que haya acabado siendo la base para una novela gráfica titulada El tesoro del Cisne Negro, firmada por el dibujante Paco Roca (autor entre otros de Arrugas, Los surcos del azar y El invierno del dibujante) y el diplomático y escritor Guillermo Corral, que vivió en primera persona todo aquel proceso entre 2007 y 2012 desde el Ministerio de Cultura y la Embajada de España en Washington.

Entre ese punto de partida verdadero que Corral quería llevar hacia la ficción de aventuras clásicas —al estilo de Tintín o Indiana Jones— y que Roca quería mantener en un plano casi de crónica documental, ha nacido esta obra que es un poco las dos cosas. Un libro (publicado por Astiberri, llega a las librerías a finales de este mes) en el que no hay ni héroes ni villanos puros y que acaba siendo un homenaje a unos funcionarios y trabajadores anónimos cuyo esfuerzo no se suele valorar, apunta Corral, aunque culminen hazañas como la de recuperar el tesoro de La Mercedes que había rescatado del fondo del Atlántico, a unas 180 millas al oeste de Portugal, una empresa cazatesoros.


“No hemos hecho un documental, pero es evidente que está íntimamente ligado a la realidad. ¿En qué medida y hasta dónde? Eso se lo dejamos a cada lector. Es parte del juego”, explica Corral sobre un texto en el que hay agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), pinchazos de comunicaciones internacionales, presiones de embajadores y congresistas estadounidenses y, por supuesto, una historia de amor. “A mí me hubiera gustado contar más, pero bueno, estamos jugando con muchas personas que son reales.... La pátina de ficción nos salva un poco”, añade Roca.

Ambos cedieron, cuenta el dibujante, para lograr el equilibrio, y, si todos los nombres están cambiados —la empresa cazatesoros del libro se llama Ithaca en la ficción—, los despachos del ministerio que aparecen son los despachos del ministerio y el búnker que sale es como el que custodiaba el tesoro en Estados Unidos; Corral ha conservado imágenes que tomó durante el proceso. Y el ministro se parece tremendamente a César Antonio Molina, el hombre que ocupaba el cargo cuando España decidió llevar a los tribunales a la empresa que había encontrado los restos de La Mercedes y se los había llevado a Florida vía Gibraltar. “En algo así tienes que tener voluntad política. En algún momento alguien tiene que decir: me la juego, voy a ponerles un pleito. Y si sale mal te crujen”, cuenta Corral, que ha ejercido como diplomático en Turquía, Tanzania y Bruselas y ha sido director general de Política e Industrias Culturales y consejero cultural en las embajadas españolas de Washington y La Habana.


Para Roca, ese realismo era fundamental para poder hacer suya la narración en un contexto extraño, no solo por el tipo de relato, sino porque suele trabajar solo. “He intentado llevarlo a mi terreno, con ese realismo y con algunos puntos de humor. Al final, yo creo que, aunque sea un poco distinto, y siendo muy fiel a lo que quería contar Guillermo [que firma como guionista], los lectores van a reconocer que es una historia de las mías, de las que les pueden haber gustado”.

Y lo cierto es que en ella, aunque están todos esos elementos del relato de aventuras, la búsqueda de veracidad ha trastocado las jerarquías tradicionales. Por ejemplo, porque aquí la figura del cazatesoros aventurero no es tan atractiva y la mayor parte de la acción no se narra a través de persecuciones y batallas navales (aunque también están), sino en “conversaciones, despachos, juicios...”, explica Roca. Él, como muchos de los que siguieron en la prensa el devenir del Cisne Negro —nombre que se da a los galeones que conservan el tesoro completo—, empatizaba al principio más con unos cazatesoros que habían hecho el esfuerzo de sacar los restos y que defendían que, sin ellos, nunca habrían salido del fondo del mar. “Pero ahora he comprendido que el valor del tesoro no es el económico, sino que ese patrimonio nos pertenece a todos. Además, vi que habían destrozado el yacimiento para sacar las monedas”, señala el dibujante. Añade, en todo caso, que han huido en su libro de maniqueísmos y moralejas: “Queríamos también crear debate. En estas cosas lo peor que puedes hacer es un panfleto”.

Por su parte, Corral, como protagonista directo entre toda “la gente de patrimonio, del museo naval, los militares, la Guardia Civil…”, quiere dejar algo claro: “La pelea jamás fue por el tesoro; fue por la dignidad y por la memoria como nación. Y no puede llegar alguien a expoliártela y venderla en cajitas de souvenirs”.


Mezcla de estilos para una crónica de dos siglos

El 5 de octubre de 1804, la fragata La Mercedes pasaba frente al cabo de Santa María, muy cerca ya de la Península, procedente de Perú junto a otras tres naves de la Armada española que cargaban los caudales reclamados por el Gobierno dos años antes. Aunque eran tiempos convulsos, su capitán estaba tranquilo porque todas las noticias que le habían llegado confirmaban la neutralidad de España en la guerra que mantenían Inglaterra y Francia. Por eso fue especialmente sorprendente que varias fragatas inglesas de guerra se aproximaran a ellos y les comunicaron su intención de llevarles a su país y quedarse con toda la carga que transportaban. Al negarse los españoles, los cañones ingleses comenzaron a disparar, haciendo saltar por los aires La Mercedes, que se llevó con ella al fondo del mar a sus 249 pasajeros y más de medio millón de monedas de plata y oro.

Un relato similar a este —en el caso del tebeo La Merced— está insertado en mitad del Tesoro del Cisne Negro, de Paco Roca y Guillermo Corral, con un formato muy diferente al resto, esto es, con dibujos clásicos a página completa, como una novela de época. Pero este no es el único juego de estilos de la obra, pues otras veces las viñetas se convierten en mapas, en imágenes explicativas o en esquemas, casi cuadros sinópticos para explicar algún momento de los juicios —una sucesión de sentencias y recursos entre 2009 y 2012—, las enrevesadas conexiones entre servicios de inteligencia o algún caso de compra de voluntades políticas. “Ese es uno de los poderes del cómic y que precisamente en esta historia funcionaba muy bien”, explica Roca. “Cuando tienes que narrar la acción, es muy parecido al cine y está muy bien. Pero a veces eso tiene límites, cuando lo que intentas contar son pensamientos abstractos o estás explicando información muy complicada. Entonces tienes que romper con la idea de que la viñeta es una cámara de cine y usar cualquier cosa que haga que lo que estás contando sea más comprensible. El cómic es un género muy abierto a la mezcla de estilos”, asegura el dibujante.