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martes, 28 de febrero de 2017

'El ala rota', mejor cómic del 2016, según los libreros


Las librerías especializadas integradas en Zona Cómic, de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), han elegido ‘El ala rota’ de Antonio Altarriba y Kim, editada por Norma Editorial, como el mejor cómic nacional publicado durante el 2016.

‘El ala rota’, que se publicó en abril del año pasado, ha sido elegida tras obtener el mayor número de votos en un proceso en el que han quedado finalistas ‘Jamás tendré 20 años’, de Jaime Martín (Norma); ‘La Visión 01. Visiones del futuro’, de Tom King y Gabriel Hernández Walta (Panini), y ‘Lamia’ de Rayco Pulido (Astiberri); estos dos últimos en tercer lugar con el mismo número de votos.

La entrega del premio Zona Cómic, que se otorga en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, tendrá lugar en Málaga el próximo 4 de marzo.

LOS NOMINADOS DEL SALÓN DEL CÓMIC

'El ala rota', 'Jamás tendré 20 años' y 'Lamia', que ya habían sido seleccionados entre los 50 cómics esenciales del 2016 por la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic (ACDCómic), también han entrado en la lista de nominados para los premios del Salón del Cómic de Barcelona, en la que, en la categoría de obra de autor extranjero entra además 'La Visión 01'.

La 35ª edición del Salón, que se celebrará del 30 de marzo al 2 de abril, hizo públicos los finalistas a sus galardones la pasada semana, votados por profesionales del sector.
La lista completa de los diez nominados a Mejor Obra de Autor/Autora Español, premio dotado con 10.000 euros, es la siguiente:

'Avery's Blues', de Núria Tamarit y Angux (Dibbuks)
'Como viaja el agua', de Juan Díaz Canales (Astiberri)
'El ala rota', de Antonio Altarriba y Kim (Norma Editorial)
'El boxeador', de Manolo Carot y Rubén del Rincón (La Cúpula)
'Gran Hotel Abismo', de David Rubín y Marcos Prior (Astiberri)
'Intemperie', de Javi Rey (Planeta Cómic)
'Jamás tendré 20 años', de Jaime Martín (Norma Editorial)
'Lamia', de Rayco Pulido (Astiberri)
'Materia', de Antonio Hitos (Astiberri)
'Presas fáciles', de Miguelanxo Prado (Norma Editorial)

En la categoría a Mejor Obra de Autor/Autora Extranjero hay 11 nominaciones por un empate en la décima votación:

Cuadernos japoneses', de Igort (Salamandra Graphic)
'El Olor de los Muchachos Voraces', de Loo Hui Phang y Frederik Peeters (Astiberri)
'Escapar. Historia de un rehén', de Guy Delisle (Astiberri)
'Intrusos', de Adrian Tomine (Sapristi)
'La Favorita', de Matthias Lehmann (La Cúpula)
'La Luna al revés', de Blutch (Norma Editorial)
'La Visión', de Gabriel Hernández Walta y Tom King (Panini Comics)
'Last Man', de Vivés, Balak y Sanlaville (Diábolo)
'María lloró sobre los pies de Jesús', de Chester Brown (La Cúpula)
'Paciencia', de Daniel Clowes (Fulgencio Pimentel)
'Paper Girls', de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang (Planeta Cómic).

Como Autor/Autora Revelación (dotado con 3.000 euros) optan a los premios del Salón del Cómic Angux, Conxita Herrero, Javi Rey, Lorenzo Montatore y Víctor Puchalski. Aspiran al mejor fancín 'Fanzipote', 'La máquina de las albóndigas', 'Los Diletantes', 'Paranoidland' y 'Zócalo'.

lunes, 27 de febrero de 2017

El País:Si tú también te enganchaste al Tetris, este cómic te interesa


Hubo otros videojuegos muy populares antes de Tetris. Sin embargo, ninguno logró a) una disputa épica entre gigantes como Nintendo, Atari o Sega, b) abrir una grieta capitalista en la URSS y c) que la abuela de Box Brown se enganchase a su versión en Game Boy.

"Mi yaya se pasaba el día jugando", explica este dibujante y guionista de cómics de Filadelfia. A su manera, eso sí: "Posaba la consola en la mesa y usaba solo los dedos índices". Después de su biopic sobre el excéntrico wrestler André el gigante (Astiberri), cuenta en Tetris, el juego del que todos hablan (Héroes de papel) la extraordinaria historia de cómo un profesor universitario de Moscú, Alekséi Pázhitnov, ideó el puzzle definitivo con solo seis piezas y un scroll vertical. Ah, y sin ver un rublo. "Es un auténtico artista: otros se quedaron con los millones, pero millones comprobaron su talento", opina Brown, que también vio fichas cayendo cuando cerraba los ojos. "Es lo que hace especial a Tetris, que te hace algo en el cerebro. Es como hacer meditación. ¡Yo he llegado a tener alucinaciones jugando!".

"Llámadlo Tetris, que es como un tenis con tetrominós", le dijo a sus colegas Pázhitnov. Era 1984 y en pocos meses las autoridades soviéticas tuvieron que prohibir a los funcionarios tenerlo instalado —se pasaban el día jugando— y negociar un acuerdo comercial histórico.

domingo, 26 de febrero de 2017

'Filmish', viñetas para analizar el cine


Decenas de ensayos más o menos académicos han tratado de explicar la historia del cine, pero pocas veces se había hecho tal cosa a través del cómic. Quien lo ha intentado, y lo ha conseguido con creces, es el dibujante, guionista e ilustrador británico Edward Ross, que acaba de publicar en España 'Filmish' (Reservoir Books), un sorprendente y ameno volumen que aborda los entresijos del séptimo arte en siete (quizá no sea una coincidencia) capítulos.

Ross cuenta en la introducción que desde niño ha sido un 'cineherido'. Con siete años vio Parque Jurásico y se quedó “alucinado”; con ocho, 'Terminator' le dejó “embelesado”; de adolescente, las cintas VHS se acumulaban en su habitación. Obviamente, se licenció en Estudios Cinematográficos y de esa fascinación por la gran pantalla ha acabado naciendo 'Filmish', que pudiendo ser una obra erudita (que a su manera lo es), aparece como un manual de divulgación para entender qué subyace detrás del cine.

Así, el autor recuerda que el séptimo arte es una industria que ve el mundo a través del ojo “masculino, blanco y heterosexual”, una ideología que se ha filtrado a veces de manera evidente, a veces subrepticiamente, en las películas. “Como afirma Mary Beltrán, aunque en gran medida el cine moderno asigna los papeles con una mentalidad multicultural, la ideología de la superioridad blanca y la subordinación no blanca conserva una gran influencia y en la actualidad los héroes blancos siguen dominando la pantalla”, argumenta Ross, que pone el ejemplo de infinidad de largometrajes, entre ellos, 'Arma Letal', donde Mel Gibson dice a su compañero, Danny Glover: “Hemos vuelto. Somos malos. Tú eres negro y yo estoy loco”.

'Ciudadano Kane', '2001. Una odisea del espacio', 'Memento', 'Jungla de cristal'... Son algunas de las cintas que Ross analiza con su particular bisturí. Y de esa manera descubre que además del racismo también hay machismo, con la cosificación del cuerpo de la mujer (“está presente solo para que se la admire y el héroe la reclame como premio”), o de falta de sensibilidad con la discapacidad, que “se identifica con inmoralidad e incluso con maldad”.

Pero donde el libro alcanza una grandísima altura es en el capítulo dedicado al poder y la ideología. “El cine cumple una función vital en la determinación de los valores morales y en la reafirmación de las normas y las expectativas sociales”, sostiene Ross. Relata el autor cómo todos los grandes regímenes, hayan sido dictaduras o democracias, desde el nazismo hasta el Japón imperial, han tratado de formar a su población a través del cine, pero reconoce que ninguno lo ha hecho tan bien como Estados Unidos.

Las películas de 'western', por ejemplo, servían en los años 50 y 60 para mostrar una visión mítica de Estados Unidos que permitía al espectador, además, “comprender mejor el papel de su país en tiempos de la Guerra Fría”. “Con sus héroes masculinos y rectos, se proyectaba la imagen de una tierra levantada por hombres blancos para hombres blancos, un mito que contribuyó a justificar la desigualdad y la discriminación existente”, continúa.

La etapa de Reagan

La etapa de Reagan en el Gobierno llevó hasta el extremo esta simbiosis cine-ideología. Rambo, por ejemplo, ejemplifica este cine “dominado por hombres musculosos que se tomaban la justicia por su mano para proteger los intereses estadounidenses a base de violencia y para reforzar los valores familiares conservadores”. “Y mientras”, razona Ross, “cintas como 'Atracción Fatal' (1987) e 'Instinto básico' (1992), con mujeres profesionales, liberadas sexualmente y asesinas, identificaban la independencia femenina con la irresponsabilidad e incluso la psicosis”.

Ross da una clave muy importante para entender por qué el cine se ha puesto tantas veces al servicio del Gobierno y del Ejército de Estados Unidos. “Como ha demostrado el historiador militar David Robb, los productores hollywoodienses piden ayuda al ejército de forma habitual a fin de reducir costes y reciben desde jeeps y uniformes hasta helicópteros, soldados y portaaviones”. A cambio, continúa Ross, el Pentágono tiene acceso a cinco copias de los guiones, hace los cambios pertinentes y obliga a rodar el guión exactamente tal y como lo ha aprobado. Por eso, películas como 'Punto Límite', 'Platoon' o 'Trece días', “que muestran las consecuencias negativas de la guerra y se niegan a mitificar la historia militar de Estados Unidos, no reciben ninguna ayuda”.

Pero donde Edward Ross mete completamente el dedo en la llaga es con las películas de Disney. Los personajes femeninos, explica, deben ser doncellas que hay que rescatar, como en 'Blancanieves' o en 'La Bella y la Bestia'. Los árabes son malvados en 'Aladdin', el orangután de 'El libro de la selva', que tiene acento afroamericano, canta 'Quiero ser hombre como tú'; y los cuervos de Dumbo fueron creados como personajes afroamericanos en la versión original de la cinta. Una visión del mundo, una vez más, hecha por hombres blancos para hombres blancos.

sábado, 25 de febrero de 2017

El camino del cómic al Goya


Es la película de animación española del año. Después de conseguir numerosos galardones y de competir en los Premios del Cine Europeo, Psiconautas, los niños olvidados logró el Goya en su categoría y demostró que la originalidad y el riesgo artístico pueden ganar la partida a los grandes presupuestos.

Pero el camino hasta llegar aquí no ha sido fácil. Eso lo sabe Alberto Vázquez, su creador, que comenzó a perfilar lo que sería el germen de esta película en las páginas de una novela gráfica 11 años atrás, cuando aún no se había planteado introducirse en el mundo de la animación. Fue Pedro Rivero, que ya había dirigido el largometraje La crisis carnívora, quien le animó a trasladar el particular universo que había creado en cómic a imágenes en movimiento. De esa colaboración surgió Birdboy, un cortometraje que ganó el Goya en el 2012 y que supone una precuela a modo de presentación de personajes de Psiconautas, los niños olvidados.

Una metáfora

En esta última nos sumergimos en una distopía tras una catástrofe industrial. El mundo se ha convertido en un lugar hostil donde hay seres que rebuscan en la basura, jóvenes que están enganchados a sustancias tóxicas y en el que nadie parece ser feliz. Por eso el niño pájaro Birdboy y la ratita Dinki quieren escapar, huir hacia un futuro mejor. «Lo planteamos como una metáfora en torno a la adolescencia», nos cuenta Alberto Vázquez. «De esa necesidad por querer escapar al control de los adultos. La mayor parte de los personajes son niños porque los mayores están embrutecidos por el paso del tiempo. Por eso tiene un aire muy naíf, muy ingenuo y minimalista, pero al mismo tiempo muy oscuro».

A partir de esa base estructural, Psiconautas aborda temas como la contaminación y las drogas. «La historia hace referencia a la Galicia de los años 80, cuando comenzó a entrar la heroína por la costa dejando a varias generaciones truncadas por la adicción. Queríamos vincular cómo la decadencia del entorno afecta a las personas por dentro». Y para imbricar todos estos aspectos, Vázquez utiliza el simbolismo a través de unas criaturas antropomorfas que entroncan directamente con el elemento fabulador presente en los cuentos. «Los animales se encuentran integrados en casi todas las culturas, en su folclore. Son universales y pueden pertenecer a cualquier época y espacio».

Quizá lo más sorprendente de Psiconautas es la capacidad de Vázquez a la hora de crear un mundo propio que sorprende por su capacidad evocadora, poética y onírica, y por unos personajes lacónicos bañados por la melancolía. Vázquez se formó con el cómic underground y en sus dibujos se rastrea la influencia de artistas como Edward Gorey. Pero lo cierto es que ha logrado filtrar todo su background en una pieza que destila una enorme personalidad, presente en otro de sus trabajos, Decorado, cortometraje ganador del Goya con el que hizo doblete en esta edición.

Después de sus éxitos recientes, Vázquez, que no considera la animación como un género, sino como un lenguaje para contar historias, prepara su siguiente proyecto, Sangre de unicornio, una parodia del cine bélico que, según sus palabras, promete ser un cruce entre Apocalypse now y Bambi.

viernes, 24 de febrero de 2017

ACB:Antonio Gaudí y su fantasma se cuelan en el Salón del Cómic


Además de arquitecto estrella y visionario del diseño, el reciclaje, la eficiencia energética, el coworking y la seguridad laboral, Antoni Gaudí se convertirá también en personaje de cómic gracias a una exposición con la que el Salón del Cómic de Barcelona quiere indagar en su proceso creativo así como en su particularisimo imaginario artístico.

La muestra, que podrá verse en la próxima edición del salón, propone un diálogo a partir de «El fantasma de Gaudí», obra de El Torres y Jesús Alonso Iglesias galardonada en 2016 con el premio al mejor cómic de autor español, y maquetas, artefactos y esbozos inéditos que el arquitecto catalán utilizó para idear sus obras más emblemáticas.

«El objetivo de esta exposición es explicar el proceso creativo de Gaudí, más que hablar de sus obras, en comparación con las láminas del cómic», destacó Marià Marín, uno de los comisarios de la exposición. Es por eso que la exposición mostrará todo el proceso de creación de un cómic, desde páginas del guión, a bocetos, y páginas a tinta y acabadas en color y, al mismo tiempo, ahondará en los mecanismos creativo del propio Gaudí.

Todo ello enmarcado por «El fantasma de Gaudí», una obra de suspense que narra una serie de crímenes truculentos que tienen lugar en las principales obras del famoso arquitecto catalán y que son descubiertos por una cajera de supermercado, llamada Antonia, que asegura haber visto el fantasma de Gaudí.

La exposición se podrá visitar durante los cuatro días de actividades del Salón del Cómic y luego pasará a exponerse, hasta final de año, en el Gaudí Exhibition Center, ubicado en el Museo Diocesano de Barcelona.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Crónica negra en cómic


“De Madrid es todo el que llega a Madrid, pero está muriendo la generación que más conocía la ciudad y tenemos la responsabilidad de seguir contando esas historias”. Así de contundente se muestra la ilustradora Carla Berrocal (Madrid, 1983), responsable de la última exposición de La ciudad en viñetas, muestra que cada pocos meses tiene nuevo inquilino en la cuarta planta de Centro Centro (Plaza Cibeles, 1).

Su trabajo son cuatro murales que ocupan dos enormes paneles y hablan de Madrid en forma de leyenda urbana. “Son, básicamente, historias chungas”, explica Berrocal, “soy muy seguidora del género negro y la ciudad tiene un pasado muy vinculado a los sucesos, con episodios que son pura novela negra”.

Reconoce que le dio “muchísimo morbo” descubrir el pasado de algunas calles y edificios de la ciudad: “Una vez que empiezas a investigar, te engancha. Madrid es puro misterio, pero no lo conocemos”.

Muchos han sido los autores que han investigado la historia de las calles de Madrid. Las librerías de la ciudad contienen volúmenes que encierran algunas de ellas. En el siglo XIX Madrid fue retratada por uno de sus mejores cronistas, Mesonero Romanos (El antiguo Madrid: paseos históricos-anecdóticos por las calles y casas de esta villa). “Parece que al siglo XX le hace falta recuperar este conocimiento en forma de cómic”, explica la dibujante madrileña. “El cómic es cercano y la ciudad se presta a contar historias apasionantes y terroríficas”, asegura. “Estéticamente a todos nos gusta el casco antiguo de la ciudad… pero no lo conocemos, no sabemos qué pasó en muchas de las casas que vemos cada día”.

Basta con asomarse al ventanal que tiene detrás la dibujante en Cibeles, para toparse con la primera de las historias en las que se ha inspirado Berrocal: “Hablar solo de Casa América hubiera sido lo más fácil, yo quería buscar historias que no se conocieran tanto”. Así, su labor de documentación —“en Internet lo encuentras todo”, apunta, “aunque la Biblioteca Nacional está llena de periódicos antiguos con muchas historias”— le llevó a toparse con varios crímenes que ocurrieron en la calle de Antonio Grilo, en Noviciado. Historia que cuenta a través de una tira gráfica de ocho imágenes.

Traslada a viñetas también la leyenda de la calle de la Cabeza, detrás de Tirso de Molina. La casa de las siete chimeneas protagoniza la cuarta y última de sus piezas, realizadas en solo tres colores y cargadas de fuerza onírica y un halo fantasmagórico.

La exposición de Berrocal podrá visitarse hasta el 2 de abril. Entonces, dará relevo al ilustrador Roberto Massó, conocido dibujante tanto por sus trabajos en cómic como por su participación en diversos fanzines.

martes, 21 de febrero de 2017

Alberto Vázquez: "'Psiconautas' es una película artística que entronca con el cómic e incluso con el videojuego"


Los directores Pedro Rivero y Alberto Vázquez, ganadores del Goya 2017 al mejor largometraje animado por Psiconautas, los niños olvidados, que se estrena el próximo viernes, aseguran que "para una película de animación no destinada al público infantil es muy complicado colocarla en el mercado", pese a que haya sido premiada.

Rivero ha señalado que aunque el premio sí ha significado "un empujón" para su película, el principal obstáculo para distribuir el filme ha sido que, "mientras en otros países hay una cultura más avanzada de ser espectadores de todo tipo de animación, aquí, en España, todavía es muy difícil".

Sin embargo, para Vázquez no se trata de un problema de interés, pues Psiconautas es "una película artística que entronca con el cómic e incluso con el videojuego y, si se publicita bien, tiene un nicho de mercado muy claro, grande y potente".
Un mundo desolado

Psiconautas, los niños olvidados es un largometraje de animación que cuenta la historia de una isla poblada por animales antropomorfos, que deben superar los traumas y las pérdidas generadas por una catástrofe ambiental que arrasó con buena parte del lugar y acabó con la vida de muchos de ellos.

La adpatación de un cómic
La película surgió a partir de un cómic escrito en 2007 por Vázquez, quien llegó a la animación por primera vez con el corto Birdboy, también con la codirección de Rivero, con el que ganaron otro Goya en 2012.

Según explica Vázquez, ambos directores han intentado ser fieles a la obra original, pero el paso del cómic a la animación fue más difícil de lo que esperaban, pues "en el cómic los 'flashbacks' y las digresiones funcionan muy bien. En la animación, en cambio, tienes que tener cuidado de no perder al espectador".

Los directores han asegurado que, para completar un largometraje, tuvieron que ampliar la trama e incluir nuevos personajes, además de trabajar la historia "en el lenguaje de la animación, que tiene sus propias reglas".

Para solucionar los problemas del paso del cómic a la animación, Vázquez ha señalado que han construido la película como una serie de "microcortos" donde todos los personajes confluyen en un final común. Porque, al final, el verdadero personaje es el personaje coral, que es la isla", ha destacado Vázquez.

Una metáfora del aislamiento
Los directores han indicado que la isla funciona como una metáfora del aislamiento, del cual los personajes buscan escapar para ir a esa ciudad donde "hay un futuro mejor".

Alberto Vázquez ha reconocido que parte de la inspiración para construir la ubicación de la historia le vino de su tierra natal, La Coruña, pues "es casi una isla, hay mar por todos lados".

La Coruña, además, fue también el lugar donde se produjo la mayor parte del largometraje, cuya postproducción se llevó al País Vasco, como parte del trabajo en conjunto de las dos productoras del film: Zircozine, de Galicia, y la bilbaína Basque Films.

Psiconautas llegará el 24 de febrero a una treintena de salas de cine españolas, para luego viajar a Francia en mayo y a Estados Unidos en septiembre, dos de los mercados más importantes del mundo en el campo de la animación.

domingo, 19 de febrero de 2017

Cuando los cómics dejaron de ser para niños


Los cómics nunca han sido solo para niños. El suizo Rodolphe Töpffer, considerado el padre de este arte, alumbró una serie de caricaturas a comienzos del siglo XIX que poco tenían que ver con la imagen de los tebeos infantiles que tenemos hoy en día. Le seguirían otras manifestaciones más cercanas al público juvenil, como The Yellow Kid, protagonista de viñetas en dos periódicos estadounidenses a finales de ese mismo siglo. Pero no nos engañemos, muchas obras, incluso las que consideramos orientadas a los niños, como Mortadelo y Filemón o Tintín, tienen en el fondo un doble mensaje. Por eso pueden ser disfrutadas por jóvenes y adultos. Cada uno, de una forma.

Aunque no siempre lo han tenido tan fácil. A mediados de la década de 1950 el cómic sufrió un ataque en EEUU que movilizó sus cimientos y lo reorientó hacia el público infantil. A raíz de la portada del cómic 'Crime Suspenstories' #22 en la que se veía a un hombre con un hacha junto a la cabeza cortada de una mujer, el psiquiatra Fredric Wertham criticó que era un medio consumido por niños y que por ello no se podían permitir ciertos contenidos. Se inició así una nueva caza de brujas, hasta el punto de obligar a instaurar un sistema de censura que llevaba por nombre Comics Code Authority. Cómic que no tuviera este sello, cómic que las tiendas se negaban a vender para evitar problemas.

Así, las historias fueron abandonando su carácter adulto y fueron prevaleciendo las que pasaban la estricta censura, y por ende, eran destinadas a un público más joven. Los superhéroes ya no realizaban acciones de dudosa moral y el contenido de las historietas se veía reducido a relatos mucho más blancos. El periodo duró un par de décadas, fomentando la imagen de que el cómic era solo para niños. Pero en 1978 el estadounidense Will Eisner, una de las principales figuras del cómic, decidió terminar con esta asociación y añadió a la portada de su cómic 'Contrato con Dios' el término “Novela gráfica”. En España ya habían sido pioneros en su uso, dentro del semanario ilustrado 'Monos' de principios del siglo XX, pero no con el sentido que Eisner le quería dar. El autor buscaba diferenciarse del resto y acercarse más al término novela, producto que consumía el público adulto.

La 'novela gráfica' empezaba a sonar entre los lectores, pero mientras tanto el cómic también vivía una revolución interna. Marvel y DC empezaban a plasmar en sus viñetas los problemas que se estaban dando en EEUU: el rechazo a las minorías, el racismo e incluso el consumo de drogas. 'Green Lantern' #85 mostraba en su portada a Speedy, el joven ayudante del héroe que daba nombre a la serie, con un grave problema de adicción. Marvel por su parte hacía lo propio en el 'Amazing Spider-Man' #96 con el amigo del trepamuros, Harry Osborn. Las dos editoriales declaraban la guerra a las drogas y buscaban trasmitir un mensaje a los jóvenes, no a los niños.

Los héroes se volvían cada vez más oscuros y el sello de censura, el CCA, dejaba incluso de aparecer en algunas de las portadas sin temor ya a que no se vendieran. Este nuevo rumbo en las historietas fue propiciado también por la llegada en la década de 1980 de varios autores que habían crecido leyendo cómics y que ahora querían contar historias más adultas. Alan Moore y Frank Miller fueron dos de estos pilares. Ambos trabajaron para las grandes editoriales americanas e idearon relatos que se encuentran entre los mejores cómics publicados hasta la fecha. 'Watchmen', 'Batman: Año Uno' o 'From Hell' son solo algunos ejemplos.

El tiempo fue pasando y los niños que leían cómics se habían convertido en adultos que demandaban historias propias para su edad. Algunos optaron por el cómic underground, pero otros querían ver a sus héroes crecer. Surgieron editoriales nuevas, mientras que las ya existentes sacaban nuevas líneas orientadas a este público, como Vertigo en DC Comics. La novela gráfica se estaba asentando y era cada vez más demandada. En países europeos esto llevaba ya un tiempo, pero en España tardó en llegar.

Pero la historia ha dado un giro de 180 grados. En la actualidad, la mayoría de cómics están orientados a un público adolescente o adulto, ya no solo por ese doble mensaje que nunca se ha perdido, sino también por su contenido. Cualquier lector podrá concluir que los superhéroes son más agresivos que antes y que las superheroínas están más sexualizadas. Los cómics, que otrora fueron considerados para niños, copan ahora las estanterías de numerosas librerías, compitiendo con las principales novelas.

McKean, genio del cómic: "La cultura pop es feliz con las tonterías de los superhéroes"


La peor pesadilla de Dave McKean está en la portada del periódico. De uno cualquiera, reciente, sin importar la fecha. «Es esa sustitución deliberada de evidencia, investigación, reputación y empatía por fe, deshonestidad, populismo y prejuicios», detalla el historietista inglés (Maidenhead, 1963). «La realidad se ha convertido simplemente en algo que se manipula para conseguir un resultado. Eso es muy peligroso, y la razón principal por la que he perdido el interés en la fantasía».

McKean, uno de los grandes renovadores del cómic y el genio que firmó las fantasmagóricas portadas de la serie The Sandman para su compadre Neil Gaiman, no se asusta fácilmente. Hace 25 años enjauló muchas de sus inquietudes en Cages, una novela gráfica largo tiempo descatalogada en España que ahora se presenta en una edición conmemorativa y con introducción de Terry Gilliam.

«Después de lo que pasó con Salman Rushdie [fue amenazado de muerte tras publicar Los versos satánicos] sentí que tenía que decir algo para reivindicar la libertad de la imaginación y criticar una visión del mundo basada en la fe», contextualiza así McKean una obra que bebe del Génesis y permite un primer acercamiento al mundo gótico-surrealista de sus viñetas, collages, carátulas de discos y películas (de Coraline a La máscara de los sueños). 

Entonces, a mediados de los 90, Cages era una rareza frente a los tebeos americanos de tipos con capa y poderes tremendos. «La cultura popular puede ser feliz con las mismas tonterías de superhéroes una y otra vez, en cómic o grandes producciones de cine. Pero hay muchas más cosas». Él mismo se probó en el género con Batman: Arkham Asylum, una de las tramas más perturbadoras -y aclamadas- del hombre murciélago. No repitió. Una vez dijo que si se hubiera dedicado sólo a dibujar superhéroes, se habría vuelto loco.

Además de la prensa, hay otra cosa que aterra a McKean: la victoria del Brexit. «Fue muy decepcionante», reconoce. «Estoy acostumbrado a que mi partido no entre en el gobierno o que mi diputado local no sea elegido, pero siempre sentí que al margen de si uno estaba a la derecha o a la izquierda había un amplio consenso en el centro de la vida británica. Ya no, y esa decepción y amargura ha empapado la novela gráfica en la que estoy trabajando». 

Theresa May, la primera ministra británica, entró en el Parlamento en representación de Maidenhead. La cuna de McKean. Pues eso: miedo.

sábado, 18 de febrero de 2017

El guionista de cómic Zidrou abre en Sevilla el nuevo ciclo literario 'Viñetas Capitales'


El Centro Andaluz de las Letras (CAL), en colaboración con el Institut Français en Sevilla y la editorial Norma, organiza en la Biblioteca Infanta Elena un encuentro de lectores con el conocido guionista de cómic Zidrou. La actividad, que será abierta para todos los públicos, propone a los asistentes mantener un diálogo con el autor francófono sobre toda su obra, especialmente sobre novelas gráficas como 'La piel del oso' o 'Quién le zurcía los calcetines al rey de Prusia'. 

Precisamente en estos días, y hasta el 14 de febrero, en la Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena puede verse su exposición 'Déjame que te cuente. Once historias llenas de amor, vida y esperanza'. La actividad, según un comunicado, se encuadra en el ciclo 'Viñetas Capitales', que pretende difundir la obra de reconocidos autores de cómic y novela gráfica mediante la presentación de novedades editoriales y encuentros con los lectores de diferentes edades.

Benoît Drousie, verdadero nombre del heterónimo Zidrou, nació en Anderlecht (Bélgica) en 1962, aunque lleva décadas afincado en España. Zidrou se inició en el mundo del cómic como guionista de la célebre revista Spirou en los años 90 del siglo pasado. Tras su paso por la historieta juvenil francesa se sumerge en el cómic adulto con dramas cotidianos donde el realismo se alterna con lo fabuloso y la alegría de vivir forma una fuerte alianza con la tristeza. 

Entre los dibujantes a quienes guioniza están Jordi Lafebre, Francis Porcel, Oriol Hernández, Man, Homs, Roger Ibañez o Mai Egurza. Abel Ippólito, por su parte, es un ilustrador nacido en Lorca (Murcia) en 1969. Licenciado en Bellas Artes y en idiomas (japonés e inglés), 2º premio en el concurso de cómic Toutain Editor. Becado por la editora japonesa Kodansha para publicar en sus revistas Morning y Afternoon durante un año. Guionista del libro educativo 'Dibújalo'.

Ha publicado 'Golondrino ama a Venancia' y 'Nosotros las bestias' en ediciones de Ponent, además de historias breves de cómic en revistas como 1984, Zona 84 y otras. Además, es ilustrador editorial para Grazalema, Anaya, Algaida, Santillana, Vicens Vives e ilustrador publicitario para las agencias Bassat, Tapsa, Shackleton, Orbital, DDB, Tiempo, El Laboratorio o The farm.

viernes, 17 de febrero de 2017

Bases Exposición "Blacksad 2017"


Blacksad es una de las series de cómic europeo más importantes de la actualidad. Tanto su dibujo, su guión como sus personajes, han encandilado a crítica y público, por lo que en esta próxima edición del Festival de Cómic Europeo de Úbeda, hemos querido hacerle un homenaje a esta joya del cómic.

Con esta temática, la organización del Festival de Cómic Europeo de Úbeda ha convocado una exposición colectiva de ilustraciones.

Pretendemos seleccionar una muestra con interpretaciones artísticas personales y libres, tanto en estética como en técnica, de reinterpretaciones de los personajes, de escenas del cómic, o cualquier tipo de ilustración relacionada con el cómic Blacksad.

Es libre en interpretación, técnica (tradicional o digital). Se trata de que os llevéis los personajes a vuestro terreno estilístico, pero debe ser identificable, así que nada de abstracción.

No se permite incluir elementos de excesivo gore, pornografía o política/religión que puedan llegar a resultar ofensivos a cualquier colectivo.

¿Cómo y Cuándo envío el original a la preselección?
Con independencia a la técnica escogida, ya sea tradicional o digital, NO se aceptarán originales. Es obligatorio escanear o copiar la imagen en formato jpeg (máxima calidad) a 300ppp y tamaño A3.

Las ilustraciones deben enviarse a :
ubedabaezacomic@gmail.com  oantonelli.ilustration@gmail.com Incluyendo en el mensaje: nombre completo, DNI con letra, edad, número de teléfono y título de la obra (Ojo!, no puede pesar más de 7 megas cada lámina. Si tenéis varias, las mandáis una a una en cada correo).

Se pueden enviar trabajos para la preselección hasta el domingo 28 de mayo de 2017 a las 23:00 horas.

¿Es obligatorio que sean a color?
Libre interpretación: puede ser en blanco y negro o como queráis.

¿Se pueden hacer más de una obra y entregarla?
Sí, se pueden hacer varias, pero más vale calidad que cantidad.

¿Cómo sé si me han seleccionado?
El martes 30 de mayo de 2017 se notificará por email a los afortunados qué obras han sido seleccionadas.

¿Hay que imprimir y enmarcar los trabajos?
No. La organización del Festival de Cómic Europeo correrá con los gastos de reproducción, se hará cargo de enmarcar las láminas seleccionadas, y del montaje expositivo.

IMPORTANTE:
1.No entrarán a selección aquellas obras que no guarden ningún tipo de relación estética, formal o conceptual con el evento.

2.Todas las obras artísticas seleccionadas y expuestas se podrán reproducir y comunicar al público por las entidades que convocan y organizan esta exposición, con finalidad promocional o de divulgación, en publicaciones de ámbito general y/o revistas especializadas.

3.Así mismo, estas obras artísticas se podrán publicar en las direcciones (URL) propias de las entidades antes mencionadas con una finalidad no comercial y mientras se haga difusión del evento en las respectivas webs. En todos los casos antes mencionados se consignará el nombre de los autores y autoras de las obras. La autorización contemplada en este apartado no generará retribución alguna, habida cuenta que la finalidad de la reproducción y comunicación al público de los proyectos se basa en la difusión y promoción de la exposición, de las entidades que convocan y organizan el concurso, de las obras artísticas presentadas y de sus autores/as.

4.Las presentes Bases son de obligada aceptación y cumplimiento para todas las personas que decidan participar en la exposición, y se entienden aceptadas por los participantes por el hecho de inscribirse en la preselección.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Convocatoria para la "Exposición Blacksad" del Festival de Cómic Europeo


Empezamos los preparativos para la V edición del Festival de Cómic Europeo de Úbeda y publicamos la convocatoria para participar en la exposición Blacksad que estamos preparando desde la organización con la colaboración de Norma Editorial.

Si estáis interesados en participar con alguna obra o dibujo poneros en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico.

martes, 14 de febrero de 2017

El País:Jiro Taniguchi, el dibujante que rompió las barreras del manga



Jiro Taniguchi, el dibujante japonés fallecido el sábado a los 69 años, fue el principal divulgador del manga fuera de su país y un autor que logró dotar a sus tebeos de una poesía de la vida cotidiana que cautivó a millones de lectores en todo el mundo. Una visita a un cementerio, un paseo junto a un río, una conversación en la yerba, un cuenco de ramen... Cualquier cosa se convertía bajo los trazos de este artista en una experiencia estética y vital única.

Fue también un autor de mangas de aventuras, muy populares en su país, pero su gran salto creativo y estético se produjo con obras como El gourmet solitario, Barrio lejano, El almanaque de mi padre, El caminante o Los años dulces. Taniguchi era un dibujante minucioso, que nunca utilizó ordenador, y supo reflejar las calles del Japón actual, pero también la historia de su país. El Festival del Cómic de Angulema, que le rindió un homenaje en 2015, le definió como "el más transversal y ecuménico" de los dibujantes japoneses por su capacidad para unir diferentes tradiciones de tebeo sin abandonar nunca el manga.

Ninguna obra resume su estilo de una manera tan precisa como Barrio lejano, que Ponent Mon reeditó recientemente (junto a Astiberri es la editorial española en la que se encuentran la mayoría de sus tebeos). En Francia su éxito fue tan contundente que se realizó una versión cinematográfica y una obra de teatro. Relata la historia de un hombre que se confunde de tren, en un acto fallido que le lleva a la ciudad de su infancia. Decide, ya que está allí, acercarse al cementerio donde reposa su madre. Se queda dormido y, cuando despierta, ha regresado a su adolescencia, aunque conserva todos los recuerdos de un adulto. ¿Conseguirá cambiar lo que entonces salió mal?

El tebeo es a la vez una reflexión sobre los recuerdos y los remordimientos, un cómic fantástico —puesto que implica un viaje en el tiempo— sin fantasía y una magnífica recreación de Japón en dos épocas diferentes, cuidada hasta los más mínimos detalles. Es una de esas raras obras maestras a la que se puede volver y una otra vez. Sus mangas ofrecen un viaje temporal similar: sin quererlo, nos enfrentan con nuestros propios recuerdos, gracias a la profunda empatía que emanan.

Cuando anunció el sábado su fallecimiento, la editorial francesa Casterman emitió un comunicado en el que aseguraba que "el humanismo que marcó su trabajo resultará muy familiar a sus lectores, pero el hombre en sí era mucho menos conocido, porque su carácter era muy reservado y quería que su trabajo hablase por sí mismo". Esa humildad queda reflejada en sus viñetas y en sus historias, en la precisión cristalina de su trazo y en su capacidad para hacer que sus lectores se metan en el pellejo de unos personajes.

"No sé por qué he tenido tanto éxito fuera de Japón", reflexionaba en 2012 en una entrevista en Tokio con la agencia AFP. "Quizás por que mi trabajo se acerca a los cómics occidentales, que seguí durante más de 30 años y que han influido mi subsconsciente", agregó. La misma agencia citaba al dibujante Vincent Lefrançois, un comiquero francés residente en Japón que ha adaptado alguna de sus obras: "El ritmo de su narración, su trazo realista y puro, su economía de medios, su énfasis sin caricaturas permitieron que muchos lectores occidentales superasen los prejuicios sobre el manga".

Nacido en Tottori, en el sur del país, en 1947, dos años después del final de la II Guerra Mundial cuando Japón se estaba recuperando de una destrucción total, era imposible que su obra no reflejase la historia contemporánea, pero lo hace de forma sutil, mucho más a través de sus personajes que de tesis. Sus protagonistas tratan de adaptarse a un mundo que cambia demasiado rápido y también a los profundos e implacables códigos sociales japoneses.

El almanaque de mi padre (Planeta) es seguramente su cómic que mejor refleja la transformación de Japón durante la posguerra, a través de la historia de una familia, pero los dos tomos de El Gourmet solitario (Astiberri) describe con fidelidad el Japón actual. La historia no puede ser más sencilla: relata las comidas de un viajante de comercio, glotón, que siempre se ve obligado a comer en sitios diferentes. Aparte de dar una lección inolvidable de gastronomía, Taniguichi describe todas las normas que rigen la comida en Japón, la relación entre los clientes y los cocineros y artesanos, pero también el delicado equilibrio entre los ingredientes. Lo que parece sencillo nunca lo es, ni en la vida ni en la obra de ese maestro inolvidable de los tebeos.

lunes, 13 de febrero de 2017

80 años de 'Prince Valiant', la gran novela gráfica del cómic

Antes de la televisión, cuando la mayoría de las películas eran todavía en blanco y negro, los cómics de los domingos eran un oasis de color en el mundo gris de la Depresión. Las tiras de cómics más populares impulsaban las ventas de los periódicos a principios del siglo veinte, así que no es de extrañar que sus creadores fueran considerados famosos. La epopeya Príncipe Valiente en los días del Rey Arturo de Harold "Hal" Rudolf Foster apareció en la sección de cómics en color el 13 de febrero de 1937. Antes de Príncipe Valiente, Foster creó el género de aventuras protagonizadas por adultos al adaptar Tarzán como tira diaria en blanco y negro en 1928, a la que siguió la página dominical en color desde 1931 a 1937. Frente a los límites creativos y financieros del trabajo como artista por cuenta ajena, Foster concentró su considerable capacidad como ilustrador en la producción de su propio titulo. El extraordinario esfuerzo consiguió reconocimiento internacional tanto para Príncipe Valiente como para Foster. Hoy, después de 80 años, "Val" sigue siendo una de las pocas tiras de aventuras que se siguen publicando.

Es difícil imaginar el impacto que Príncipe Valiente tuvo en la cultura popular de los años 30 y 40. Cuando comenzó Príncipe Valiente, aún faltaba un año para el debut de Superman en Action Comics 1. Los creadores de comic books de las dos primeras generaciones tienen una gran deuda con Foster. Pueden encontrarse "préstamos" del arte de Foster en el origen de Batman, y en cómics dibujados por Jack Kirby, el co-creador de muchos de los héroes del cine de hoy, incluyendo el Capitán América, Los Vengadores, La Patrulla X y Thor. Lo más importante de todo: Val encarna un código moral caballeresco, creando un estándar ético de conducta que ejemplificaba la verdad, la justicia, y lo que significaba ser un héroe.

Obras capitales como El Hobbit, El rey que fue y será y Las Crónicas de Narnia no existían aún en febrero de 1937. Para cuando se publicó la impactante El héroe de las mil caras de Joseph Campbell, Príncipe Valiente ya llevaba doce años de su propio viaje de héroe monomítico. Sin embargo, al contrario que Campbell, las aventuras de Val incluían mujeres heroicas, fuertes y autosuficientes, debido a la influencia en la serie de Helen, la esposa de Hal. Para los no iniciados, Valiente, un modesto príncipe de Thule, se enamoró y acabó casándose con Aleta, la reina de las Islas de la Bruma. Gracias a Hal y Helen, Aleta se convirtió en modelo a seguir por los millones de mujeres capaces que llevaron las riendas de América durante la Segunda Guerra Mundial, manteniendo a raya a los villanos con su astucia, encanto, inteligencia y, en ocasiones, una daga oculta atada al muslo. Aleta pateaba culos mucho antes de que la princesa Leia, Katniss Everdeen, o la mayoría de las princesas Disney fueran siquiera una idea.

Aunque situado en la época del Rey Arturo, el Príncipe Valiente de Hal Foster era sorprendentemente contemporáneo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Val combatió a los hunos, por lo que la serie fue cancelada en los periódicos alemanes. En 1943, Val entabló amistad con un muchacho lisiado que no podía "jugar a los soldados" con los demás niños. Sin embargo, el muchacho recibió ánimos para que afinara sus habilidades para poder ser un día "fabricante de flechas del rey Arturo". La historia apareció un año después de una epidemia de poliomielitis y 16 meses después de Pearl Harbor, y fue una llamada al servicio para todos aquellos que no pudieron ir a combatir. Después de la guerra, cuando los soldados norteamericanos volvieron a casa, Val y Aleta navegaron hasta el "Nuevo Mundo" y tuvieron un hijo, heraldo del baby boom por venir. Luego, igual que la demografía de la América de los años 50 cambiaba, las parejas multiculturales en Príncipe Valiente se casaron y tuvieron hijos igual que sucedió en la popular serie de televisión Aquí está Lucy.

Príncipe Valiente de Hal Foster no es sólo una serie de aventuras, romances o humor... aunque está sazonada con todo esos elementos. Es una novela gráfica sobre la vida donde la gente se enamora, se libran guerras, los niños nacen y crecen, se rompen corazones, los amigos mueren en batalla, las parejas se casan, e incluso personajes desfigurados y discapacitados, jóvenes y viejos, hombres y mujeres tienen su sitio en este bello mundo creado por Foster. Aunque algunos puedan pensar que Príncipe Valiente es arcaico para los baremos de hoy en día quizás simplemente su claro mensaje "la fuerza por la justicia" está simplemente por delante de su tiempo. ¡Larga vida a Val!

(Brian M. Kane, Ph. D, es autor de la biografía 'Hal Foster: Príncipe de Ilustradores', y dirige la serie de reediciones Prince Valiant, best seller del New York Times, para Fantagraphics Books).

domingo, 12 de febrero de 2017

Fallece Jiro Taniguchi, el dibujante japonés más europeo



Jiro Taniguchi, uno de los maestros del cómic japonés, cronista de la vida contemporánea de su país, murió el sábado en Tokio a los 69 años, anunció Casterman, su editor en Francia. Galardonado en numerosas ocasiones en su país y en Europa, incluidos premios en España, Taniguchi causó sensación a finales de los años 80 con 'La época de Botchan'. Falleció por complicaciones de una grave enfermedad contra la que luchó intensamente en las últimas semanas, explicaron fuentes cercanas.

Sus historias sencillas y humanas reflejaban con precisión la intimidad de los barrios japoneses, y trascendieron ampliamente el horizonte del manga para ser traducidas y publicadas en numerosas lenguas. En la década de los 1990 volvió a deslumbrar al mundo de la historieta con 'Chichi no koyomi' (El almanaque de mi padre) o 'Kodoku no gurume' (El gourmet solitario). No se limitó a un campo y cultivó desde las historias detectivescas hasta las de fantasía, aunque destacó en su nexo con la naturaleza, un rasgo que le emparenta con la tradición sintoísta de Japón.

En 2003 recibió el Alph'Art al mejor guión en el Festival Internacional de Cómics de Angulema, (Francia) por 'Harukana machi-e' (Barrio lejano). Esa misma obra fue premiada en el Salón del Cómic de Barcelona al año siguiente. También recibió premios en años posteriores en el Salón del Cómic del Principado de Asturias. El XXIII Salón del Manga de Barcelona, que se celebrará del 2 al 5 de noviembre de este año, ha anunciado que rendirá un homenaje al autor.

Tanichugi nació en agosto de 1947 en Tottori, en el seno de una familia muy modesta. Empezó en el cómic en 1970 con 'Un verano seco'. Reconocía la influencia de dibujantes europeos como el francés Jean Giraud (Moebius), con quien publicó 'Ícaro'. Su gusto por el detalle y el hiperrrealismo se emparentó más con el tebeo de Francia y Béglica que con el habitual en el manga de su país, aunque el espíritu contemplativo y su faceta naturalista unieron ambos mundos.

El tsunami y el posterior desastre nuclear de Fukushima, en 2011, estuvieron a punto de hacerle abandonar, confesó en una entrevista con la AFP en su pequeño taller atestado de libros. Solamente el aliento de los lectores le llevó a superar ese momento de pesimismo. El que fuera bautizado como 'el potea del manga' recibió en 2011 en Francia la insignia de Caballero de la Orden de Artes y Letras.

sábado, 11 de febrero de 2017

El País:«En busca del tiempo perdido» se pasa al manga


Así, esta monumental obra, que se inicio en el mente del protagonista con el sabor de una magdalena en té, la magdalena de Proust, que le destapa todos sus recuerdos y su memoria, ha quedado reunida en un solo volumen.

Un viaje literario que se inicia para recuperar la felicidad del pasado, porque, como decía el propio Proust, los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos.

«En busca del tiempo perdido» es una obra a la que siempre hay que volver, según dice Vargas Llosa, porque Proust «trabajó por la libertad», ya que su lectura proporciona una mayor sensibilidad al ser humano y llena el vacío espiritual. Para Vargas Llosa, lo que hizo Proust fue crear un tipo de sensibilidad que enriqueció a muchos y generó la conciencia de que hay derechos humanos.

La obra es todo un compendio de sabiduría que ahora se pude leer en viñetas y transita por temas como la burguesía, la Primera Guerra Mundial y la homosexualidad.

jueves, 9 de febrero de 2017

El País:La puerta en el tiempo que une Japón con la Roma clásica


Lucius Modestus tiene un oficio muy importante en la antigua Roma: es ingeniero de termas. De hecho, es el mejor ingeniero de termas del Imperio, lo que ha cautivado al emperador Adriano y provocado todo tipo de intrigas políticas por su influencia en la corte. El problema es que no puede confesar de donde surge su genio: por motivos inexplicables, ha encontrado una puerta que le permite viajar en el tiempo hasta el Japón actual, donde recoge todo tipo de ideas que aplica en su época, desde las pantallas —instala una pecera frente al baño— hasta las duchas o los retretes bastante menos primitivos de los que se utilizaban hace dos milenios. Con este planteamiento, que puede parecer bastante peregrino, la autora japonesa de manga Mari Yamazaki ha escrito seis tomos de la serie Thermae Romae (Norma Editorial), que ha vendido diez millones de ejemplares en todo el mundo y que se ha convertido en un fenómeno en Japón.

Ahora, Yamazaki (Tokio, 1967) acaba de lanzar una nueva serie de romanos, Plinius, que firma junto al dibujante y guionista Tori Miki (Kumamoto, 1958) y que en España edita Ponent Mon. Está centrada en la figura de Plinio el viejo (23-79), el naturalista más importante de la antigüedad. El trabajo de documentación es impresionante y queda reflejado en la reconstrucción minuciosa de la antigua Roma con unos iluminadores dibujos. Roma y Japón están alejadas por miles de kilómetros y muchos siglos.

Los historiadores todavía debaten si hubo contactos entre las dos civilizaciones, aunque el descubrimiento en septiembre de monedas romanas, enterradas durante cientos de años, en el castillo de Katsuren, en Okinawa, lleva a pensar que sí existieron. Pero, más allá de las evidencias históricas, Yamazaki ha basado sus mangas más populares en los paralelismos entre estos dos mundos. "Creo que a pesar de la distancia tanto espacial como temporal, la Roma antigua y el Japón actual tienen muchas cosas en común, un contexto espiritual politeísta, la práctica cotidiana del baño como un momento de relax, pero también la capacidad de desarrollarse adaptando las aportaciones culturales exteriores (en el caso de Roma desde Grecia) para construir algo nuevo", declaró la dibujante a la prensa francesa en el Festival del Cómic de Angulema, donde fue una de las estrellas invitadas.
Volcanes y terremotos

También une a las dos civilizaciones otra cosa: los volcanes y los terremotos, la conciencia de la capacidad destructora de la naturaleza. La serie Plinius, de la que se publicaron en enero los dos primeros tomos y el tercero saldrá este mes, arranca con su protagonista en sus horas finales: acaba de empezar la erupción del Vesubio que arrasó en el año 79 de nuestra era las ciudades del golfo de Nápoles, entre ellas Pompeya y Herculano. Su inmensa curiosidad impide al naturalista salir huyendo, más bien todo lo contrario. Un flashback lleva al lector hasta los inicios de la carrera de Plinio, cuando ya había empezado a escribir su Historia natural —una obra cuya influencia llega hasta nosotros—, pero a la vez tenía que sobrevivir en un entorno extremadamente peligroso: la corte de Nerón, en la que la vida o la muerte dependían de los caprichos del emperador.

"Japón es uno de los países más expuestos a los seísmos y seguramente el que ha desarrollado una capacidad de respuesta más urgente ante esos fenómenos. ¿Cómo se enfrentaban a este problema en Roma? Para tratar de comprender eso convertí a Plinio en un personaje de manga", señala Yamazaki en una entrevista que acompaña al primer volumen. El éxito de estos mangas demuestra que el eco de aquella vieja pregunta de los Monty Python —"¿Qué han hecho los romanos por nosotros?"— se prolonga más allá del tiempo y el espacio.

El País:La cárcel de las viñetas

Le salvó Napoleón. Y eso que el general había muerto hacía casi dos siglos. Sin embargo, regresó para una última hazaña: darle esperanza a Christophe André. En 1997, en su primera misión humanitaria, este activista francés fue secuestrado y encerrado durante 111 días en Chechenia. Esposado, sin certezas de salir vivo, huía al menos con la fantasía. Un día, por ejemplo, su mente se puso a repasar la batalla de Austerlitz, el triunfo quizás más extraordinario de Napoleón. Y así lo retrata el dibujante Guy Delisle en su cómic Escapar. Historia de un rehén (Astiberri), donde repasa el cautiverio de André, sus agobios y sus estrategias para seguir adelante.

Así, de repente, las páginas de Delisle viajan por las llanuras de Austerlitz, entre ejércitos y bayonetas. Son las pocas pausas que el artista concede sin embargo al lector, ya que el cómic es una agobiante inmersión en tintes oscuros en el día a día de André. Las jornadas se hacen tan iguales como infinitas, la puerta se abre solo para una ducha o una sopa y el prisionero se agarra a su cerebro para no derrumbarse. “Siempre me ha fascinado el tema del secuestro. ¿Cómo lidias con ello? ¿En qué piensas? He leído algunos libros y hay puntos en común: todos procuran mantener la cuenta de los días, les asignan apodos a sus carceleros y se escapan con la imaginación”, asevera Delisle (Québec, 1966).

El propio artista, en el fondo, era preso de este relato. Entrevistó a André hace unos 15 años y preparó un borrador. “Era como una película de acción, lleno de efectos. Y eso podía dejar en segundo plano la historia. Quería algo simple: un nombre secuestrado y su perspectiva”, recuerda. Además, Delisle pertenece a la corriente de pensamiento de Art Spiegelman, ganador del Pulitzer por el cómic Maus: el lápiz ha de servir a la trama. “Mis páginas no son súperbonitas. El cómic es una narración, y las viñetas apoyan la historia. Nunca colgaría mis dibujos en una pared”.

Así que Escapar quedó apartado. Y Delisle se hizo famoso. Vivió en distintos rincones del mundo, los observó con los ojos fascinados del intruso occidental y lo narró en cuatro celebérrimas novelas gráficas: Shenzhen, Pyongyang, Crónicas Birmanas y Crónicas de Jerusalén (todas ellas publicadas por Astiberri). Tras la última, retrató en Guía del mal padre sus fracasos cotidianos como progenitor. Y se encontró de nuevo frente a Escapar: “Si no lo hacía ahora, tendría que borrarlo de mi memoria”.

Entonces aceptó el reto. Doble, porque suponía varios cambios en su estilo. Por primera vez, el protagonista no sería él mismo. “Estoy acostumbrado a contar mis propias situaciones embarazosas. Intenté centrarme en los pequeños detalles, que es lo que me suele gustar. No tenía ni idea de si Christophe había dicho exactamente lo que yo dibujaba, así que cada 10 páginas le enviaba el material”, rememora el creador. Este daba su visto bueno, y Escapar continuaba. Aunque los seguidores de Delisle tampoco encontrarán aquí otra marca de la casa: “Siempre necesito el humor. Pero en esta historia no había espacio para ello”. Aun así, el artista no puede evitar un puñado de guiños cómicos. “Me gustaría que los lectores me recordaran como un autor que los ha hecho divertir y les ha enseñado algo”, reconoce.

Pese a tantos cambios, Delisle no cree haber cruzado un punto de inflexión. “Era un relato especial para mí. Y te puedes identificar. Conozco historias increíbles, por ejemplo de alguien que acabó fumando opio con el traductor del Dalai Lama, pero son tan exóticas que nunca te pasarían”, afirma Delisle. Eso sí, la fuente de la que saca sus páginas sigue siendo la misma: el mundo de las ONG, ya que su mujer fue enviada por Médicos sin Fronteras a Myanmar o Israel, Delisle la acompañó y lo convirtió en un tebeo.

Aquella etapa, al parecer, se terminó. Y con ella sus cómics de viajes. “He hecho cuatro libros sobre las diferencias culturales entre países. Es un proceso largo: pasas un año allí, vuelves, preparas un tebeo. Últimamente estuve en Vietnam pero al regresar no tenía mucho que contar. ¿Y si me pasara de nuevo? Y mis dos hijos son la otra razón”, cuenta. Así que el futuro por ahora prevé una serie animada de Guía del mal padre.

¿Y los cómics? Delisle celebra el sector: “En Francia solo en el mes en que salió Escapar se editaron otras 300 obras”. Él pertenece además al selecto club de los que lo viven del tebeo. Y no solo. Su obra no deja de regalarle satisfacciones: “Hay maestros que usan mis libros en clase para explicar historia o religión”. Con las viñetas, los niños pueden aprender del conflicto árabe-israelí o sobre el budismo. Y, ahora, escaparse hasta la batalla de Austerlitz.

miércoles, 8 de febrero de 2017

"Vázquez era un genio; Ibáñez es más previsible"



Con el paso de los años y la transformación de la editorial Bruguera en un nombre propio indiscutible de la cultura pop española, asistimos a un fenómeno muy interesante. Quedan a un lado visiones nostálgicas de aquellos años, disfrutables pero livianas, y surgen lectores y teóricos que exigen estudios y reediciones críticas del material de Bruguera.

Las reediciones siguen suponiendo una tarea titánica y de futuro incierto. A día de hoy la mejor manera de documentarse en condiciones acerca del material de Bruguera no reside en confiar en la labor de Ediciones B, actual propietaria de los derechos, sumergida en los beneficios que le proporciona la eterna huida hacia adelante de cada nuevo álbum de Mortadelo y Filemón y Superlópez.

En su lugar, el lector curioso tiene que recurrir a Internet y al escaneado alegal y artesanal de material en muchos casos hoy irrecuperable, ya que a menudo los originales de las historias clásicas de Bruguera se perdían porque la propia editorial no creía entonces que en ellos residiera el más mínimo valor artístico.

El estudio de aquellos años desde el punto de vista teórico, en cambio, avanza a pasos agigantados. Junto a los inevitables tomos recopilatorios de estampitas nostálgicas, empiezan a surgir trabajos que se replantean el estudio de Bruguera de nuevas formas.

El reciente Auge y caída de una historieta - La historia detrás de Bruguera de Pablo Vicente, publicado por Léeme, es uno de los casos más recientes: atiende al valor artístico y social de Bruguera, pero sobre todo plantea una crónica de la empresa como negocio y detalla los horrendos padecimientos financieros que tuvo que vivir la casa del Capitán Trueno a causa de la (muy brugueriana, eso sí) concatenación de malas decisiones estratégicas.

Nunca antes se había dedicado tanta atención a la intrahistoria de Bruguera, y Auge y caída de una historieta lo hace libre de nostalgias, pero muy consciente de que está hablando de una parte muy importante de nuestra historia cultural.

Pablo Vicente charla con eldiario.es de Anacleto, Carpanta y Esther, sí, pero también de Ibáñez, Francisco Bruguera y Rafael González, algunos de los nombres propios que construyeron el mito de esta editorial.

Pese a que Bruguera ha marcado a varias generaciones de lectores con el inequívoco sello estético de sus tebeos, su libro evita caer en el enfoque nostálgico y plantea un acercamiento más cerebral.

Es cierto que un tema así se puede enfocar desde la nostalgia, pero no me gusta mucho porque es muy comercial. Siempre que se hace algo tipo "Estos son los tebeos que leíamos cuando éramos niños" es muy similar a lo que hacen los de Yo fui a EGB, que son libros en los que el contenido es un mero gancho. Yo no quería aprovecharme de Bruguera como gancho, aunque obviamente existe y muchos lectores vendrán al libro por la nostalgia.

Por otra parte, es un autor muy joven, 28 años. La nostalgia estaba fuera de la ecuación porque como mucho habrá vivido una Bruguera tardía, cuando los derechos de sus tebeos ya estaban en manos de Ediciones B.

Mi padre me compraba revistas de Bruguera de segunda mano y a mí se me mezclaban con la Bruguera tardía de Ediciones B. Yo no sabía qué era viejo y qué no.

¿Cómo ha sido el trabajo de documentación y desarrollo del libro?

Tengo un blog, En todo el colodrillo, donde ya empecé a desarrollar ciertos temas. Desde la suspensión de pagos en 1982 hasta que finalmente la editorial cierra sus puertas. Lo investigué todo en la hemeroteca y me pareció interesantísimo: cómo van pasando ciertas cosas, como por ejemplo la aparición de Leo Antúnez, un señor uruguayo que promete que va a comprar la empresa, luego desaparece y la deja al borde de la quiebra. Había muchas que no se habían contado, todo ese proceso de desmantelamiento de Bruguera. Pasó el tiempo y coincidió que primero Tebeosfera y luego Léeme se interesaron por el libro y ahí fue cuando empecé a darle forma.

Imagino que habría partes de la documentación que fueron más complicadas.

Desde 1970 hay muy pocos libros que hablen de lo que pasó. Es cierto que a partir de esa época la editorial no tiene ese halo mítico que todos asociamos a la primera Bruguera, no hay personajes y autores nuevos tan emblemáticos como los clásicos, pero sigue siendo muy interesante. Esa parte no está tratada, y entrevistar al director editorial, Joaquín Miñano, me dio muchos datos que desconocía. El propio cierre de la editorial se ha tratado siempre muy vagamente: "Bueno, pues deuda externa, malas decisiones editoriales y quiebra". Pero hubo mucho más que valía la pena contar.

Dedica mucha atención al tema de los trabajadores, y no solo a los creadores de historietas: cómo Bruguera se preocupó de darles buenas condiciones de trabajo, de procurarles derechos como un sindicato que además era anarquista.

Durante el franquismo, la editorial tenía un sindicato anarquista clandestino. La empresa sabía que existía y posiblemente lo incentivaría, ya que el editor había sido anarquista y cierto poso ideológico conservaría. No dejaba de ser un señor capitalista que tenía una empresa que quería ganar dinero, pero había ciertos beneficios sociales para los trabajadores muy poco comunes: un comedor con la comida a bajo precio, enfermería, ambulancia, un pequeño mercado para comprar o una revista interna donde se permitía la crítica a la dirección. Lo más llamativo es que cuando la editorial decide trasladar los talleres fuera de la ciudad, a Parets del Vallès, pone autobuses y paga a los trabajadores un extra por desplazamiento, algo que hoy sería inconcebible.

A eso se suma que hubo autores que estuvieron en la cárcel y la propia editorial no tuvo problemas con ello e incluso les guardaba los puestos de trabajo.

Escobar es el más conocido. Francisco Bruguera estuvo en un campo de concentración. Enrich perdió a su padre en la guerra. Víctor Mora también es muy conocido, su familia huyó de Cataluña y en Francia acabaron en un campo de concentración, su padre murió enfermo y cuando vuelve a España su madre tiene que sacar la familia adelante ella sola. Rafael González, que es el que impulsa la Escuela Bruguera (personajes fijos, historias de una sola página, con coletillas y frases hechas, que reflejasen la realidad de la época, acción y violencia para todos los públicos…) también estuvo en la cárcel.

¿Quién bautiza a la Escuela Bruguera?

Terenci Moix, que escribe Los Cómics: Arte para el consumo y formas pop. Ahí ya habla de los cómics en un contexto social. A Bruguera le dedica poco espacio, pero cuando lo hace habla de que Bruguera no es panfletaria pero sirve como testimonio social de la España del franquismo. Él crea el concepto de Escuela Bruguera para referirse a los autores que habían abandonado la editorial para crear Tío Vivo en 1957 (Escobar, Peñarroya, Conti, Cifré y Giner).

Moix les venera porque Escobar había sido su profesor de dibujo, él mismo había trabajado como cartillero en la redacción de Tío Vivo. Escribe que los que vinieron después (Ibáñez, Raf, etc.) destrozan esta escuela inicial, pero ahora mismo se considera Escuela Bruguera a todos, incluidos los que vinieron después.

Pero como dice, fue Rafael González el que planteó unas directrices que los dibujantes debían seguir.

Rafael González y, seguramente también, Francisco Bruguera (a quien le gustaba intervenir a fondo en el apartado editorial) fueron los que dieron pie a ese estilo que esencialmente se resume en que los protagonistas fueran personajes reales, no de fantasía, en un contexto histórico y social muy cercano.

Es significativo que a pesar de no centrarse nunca en él deja muy claro hasta qué punto Ibáñez era la columna vertebral de Bruguera.

Llega un momento en el que Ibáñez se convierte en Bruguera y marca mucho el dibujo tanto de sus compañeros como lo que la propia editorial pide a sus dibujantes. Posiblemente, cuando Ibáñez empezó con Mortadelo y Filemón, Agencia de Información, no hacía nada muy distinto de sus compañeros, pero después del éxito de la adaptación animada de los estudios Vara en cortos para cine, más los álbumes de Mortadelo, muy afrancesados y que consiguen mucha aceptación, como El sulfato atómico o Valor… ¡y al toro!, Ibáñez se convierte en el favorito de los lectores. Es el que consigue mejores resultados en las encuestas, y casi todas las revistas clásicas ( Tío Vivo, DDT y la propia Mortadelo) acaban teniendo portadas de Ibáñez, con un estilo que funcionaba.

Hay un aspecto sobre el que yo no había leído apenas: la enfermedad o supuesta enfermedad de Ibáñez a principios de los ochenta que le tuvo apartado de dibujar Mortadelo durante parte de la década.

En el año 83 o 84, cuando Bruguera ya está mal y hay retrasos en los pagos, Ibáñez deja de entregar páginas unos meses. La excusa que da la editorial es que Ibáñez está mal de las cervicales, que aunque al parecer es cierto, coincide tanto en el tiempo con los retrasos en los pagos que es fácil pensar que Ibáñez aprovecharía la situación para apretar las tuercas a la empresa. Él estaba sosteniendo a la editorial con un icono de éxito incluso fuera de España.

Lo que conduciría, como cuenta en el libro, a que Bruguera pusiera a otros dibujantes a dibujar Mortadelo sin que firmaran las historias. Todo esto (la enfermedad, los autores apócrifos) ha llevado décadas sumido en la oscuridad más absoluta, aunque era un secreto a voces.

Una de las primeras veces que se habló sobre el tema fue en una larga entrevista que Ibáñez concedió a la revista U, el hijo de Urich. Y ahí creo que lo único que reconocía era que le entintaban, cosa que tampoco es tan rara si tienes éxito. Pero luego estaban los apócrifos, que hacían cómics completos de Mortadelo sin acreditar. Son páginas que que Ibáñez puso como condición que nunca se reeditaran para colaborar en Ediciones B.

Es decir que esas páginas estarán oficialmente perdidas aunque estén escaneadas en Internet, ¿no? Buena parte del Mortadelo de los ochenta es apócrifo.

Son muchísimas páginas. Podría ser una parte muy muy importante de la producción de Mortadelo durante los ochenta. El problema era que lo hacían dibujantes muy jóvenes y poco experimentados, y además se les decía que calcaran a Ibáñez para mantener el estilo original. Era muy poco natural, se nota que el dibujante está obligado a seguir un estilo que no es el suyo. Y hay algunos guiones que son muy divertidos, pero otros son atroces. Pero hay apócrifos, como Cassanyes, que eran buenísimos.

Entre los valores del libro creo que está el discutir y reivindicar una Bruguera de la que no se habla mucho, la de los ochenta y los vaivenes que los personajes y autores dan a principios de los noventa. ¿Se ha convertido en un lugar común que se transmite de ensayista en ensayista que la Bruguera buena es la vieja, la de la posguerra?

Sí, es que por ejemplo el Anacleto de los ochenta es el que más me gusta, ahí tienes a un Vázquez completamente libre no solo en términos de lo que se le permite hacer, sino que él como artista tiene un dominio del dibujo y la composición de página, la gestualidad, el movimiento... En los ochenta es cuando despega como artista y lo que hace en Bruguera es apasionante. Es posible que haya habido muchos ensayistas que hayan reivindicado las décadas anteriores de la editorial y eso haya quedado como tópico, pero es que en los ochenta hay cosas como Benito Boniato, que retrata la vida de unos estudiantes y es estupendo. O los Astrosniks, un producto completamente comercial (tebeos-merchandising para promocionar unos muñecos inspirados en los Pitufos), y que de salida tenía muy mala pinta, pero el guión de Ribera y el dibujo de los Fresno es estupendo, y es una cosa que sería vendible hoy o adaptable a película.

O cosas como Mini Rey o Tranqui y Tronco de March, que revisé para el libro: en esos últimos años de Bruguera hay una manga ancha con lo que que se permite a los dibujantes asombrosa, se les deja experimentar porque la suspensión de pagos estaba encima y había que encontrar fórmulas de éxito. March, por ejemplo, tiene historietas que son simplemente él mismo como personaje comentando qué es lo que sucede en un bar. O las cosas de Cera y Ramis: este hacía unas historias de Estrellito Castro en una de las revistas de Zipi y Zape donde el lector podía elegir cómo continuaba la historia.

También en esa época Jan, autor de Superlópez, dio un salto gráfico.

Él había pasado un par de años fuera de Bruguera, haciendo otros tebeos y animación, y cuando vuelve lo hace inspirado para crear lo que le dé la gana. Viaje al centro de la Tierra, el primero de sus tebeos de regreso es incluso clásico comparado con lo que viene después. Hay páginas de álbumes como En el país de los juegos, el tuerto es el rey que son una locura, o Un camello subió al tranvía en Grenoble y el tranvía le está mordiendo la pierna, con páginas y referencias gráficas hiperrealistas muy acusadas. Es cierto que los guiones no son tan divertidos como en los primeros tiempos del personaje, pero gráficamente es muy bueno.

Como lector de Bruguera qué es: ¿ibañista o vazquiano?

Esto es incontestable: Vázquez era el mejor. Hay gente que dice que como se hizo la película con Santiago Segura, ahora todo el mundo se ha subido al carro de "Vázquez era el mejor". Pero si te vas a los tebeos, se ve claramente que era un genio: va improvisando todo, no tiene ni idea de dónde va a acabar la historieta, va encadenando chistes sobre la marcha. Por eso nunca se repite.

Ibáñez es más previsible, o lo ves venir o detectas que unos chistes se parecen a otros. Hay más fórmula. También es verdad que gracias al libro he aprendido a apreciar más a Ibáñez: si se vuelve previsible, es porque él entiende cómo es Bruguera y trabaja a favor de la empresa, dibujando muchas páginas y muy graciosas. Otros dibujantes como Martz Schmidt eran superiores técnicamente, pero no era eso lo que buscaban los lectores. O Raf, que podía haber hecho chistes de trompazos cada tres viñetas, pero él era más de sonrisa contenida, mientras que Ibáñez va más a la explosión de carcajadas.

También reivindica a Escobar.

También a Escobar lo estoy apreciando más gracias al libro: es un autor que adora a sus personajes, le gusta salir en sus historietas, interactuar con ellos...  Eso sí, también se domesticó: en los primeros tiempos de Escobar, allá por 1946, publicaba cosas enloquecidas en los primeros números de Tío Vivo. Hay una historieta que es La boda de Cifré, a la que van todos los dibujantes de Bruguera, mientras que el jefe de redacción, Rafael Gonzáles, intenta sabotear la fiesta y Carpanta comanda a los personajes de la revista para enfrentarse a los dibujantes.

Hay un par de personajes que son muy populares pero que no terminan de identificarse con la imagen de Bruguera contaminada por los éxitos de Mortadelo y Zipi y Zape y demás personajes de humor, pese a ser éxitos internacionales a la altura de Mortadelo: el Capitán Trueno y Esther. ¿A qué cree que se debe?

El problema es que a Bruguera se la identifica con el humor principalmente. Tú dices Bruguera y la gente piensa en Mortadelo, pero Bruguera publicaba libros, coleccionables, recortables, cuentos... todo lo que puedas imprimir. Y dentro de ese "todo" entraban tanto lo que entonces llamaban tebeos "para chicas" como los tebeos de aventuras. El Capitán Trueno llegó a distribuir de algunos números un millón de ejemplares, que es una burrada. En cuanto a Esther, hace poco escribió Hernán Migoya un artículo sobre su creadora Purita Campos en el que decía que no solo era creadora de cómics, lo que ya tiene poca categoría, sino que encima era una mujer, con lo que ha sido doblemente olvidada.