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lunes, 31 de diciembre de 2018

El cómic con trasfondo social e histórico será el protagonista de 2019

 
Marcado por el 60 aniversario de los galos más famosos, Astérix y Obélix, así arranca 2019, un año en el que los títulos firmados por mujeres siguen aumentando y las historias con trasfondo social e histórico, sobre todo las firmadas por autores españoles, se apoderan del noveno arte.

 Tras un 2018 muy internacional, con títulos de autores como Neil Gaiman, Andrea Pazienzia, Tom Gauld o Gipi, estos son algunos de los títulos 2019 que antes de salir al mercado ya cuentan con un gran número de lectores que esperan su llegada a las librerías.

- "Astérix: El secreto de la poción mágica" (Anaya): Se trata de uno de los acontecimientos del próximo año, ya que los personajes de la irreductible aldea gala cumplen 60 años. Por eso 2019 arrancará con la publicación de esta nueva historia (Grupo Anaya) con ilustraciones de Fabrice Tarrin y texto de Oliver Gay basada en la historia que Alexandre Astier y Louis Clichy han creado para cine.

- "Los espeluznantes casos de Margo Maloo" (Maeva): En su colección infantil, esta editorial apuesta por esta obra del ilustrador Drew Weing donde da a conocer el mundo sobrenatural a través de los ojos de una pequeña heroína valiente, ambiciosa y decidida y de su compañero Charles.

- "Esos días que desaparecen" (Dibbuks): ¿Y si un día te das cuenta de que solo vives un día sí y otro no? Esta es la pregunta que se hace el personaje creado por el joven autor francés Timothé Le Boucher, uno de los nombres de referencia del cómic europeo que ha conseguido atraer la atención del director galo Jonathan Barré, quien llevará la historia a la gran pantalla en Francia.

- "Black hand Iron head" (Astiberri): El dibujante español autor de personajes como Catwoman o Capitana Marvel, David López, se sumerge con este cómic en la vida de Alexia, una joven hija de un superhéroe que quiere convertirse en la superheroína más grande de todos los tiempos. Aunque en su camino se cruzará con una chica dura y furiosa que quiere arreglar cuentas con el pasado para poder abrir una puerta a su futuro.

- "El futuro es brillante" (Astiberri): Elisa Ribera da el salto de Instagram al papel con este cómic que recopila y amplía la historia que publicó en esta red social, una historia que narra la vida de Elisa y cómo tras crearse un perfil de Tinder conocerá al peor tío del que se podría haber encandilado.

- "Los sentimientos el príncipe Carlos" (Reservoir Books): La historietista sueca Liv Strömquist, una de las voces feministas con más auge mundial, llega a España con esta historia en la que explora, desde el prisma del feminismo, cómo han cambiado los conceptos de amor y romanticismo. Y lo hace basándose en la pregunta que una periodista le hizo a Lady Di y Carlos de Inglaterra en su presentación en sociedad: "¿Estáis enamorados?".

- "Buñuel en el laberinto de las tortugas" (Reservoir Books):

Pese a ser una reedición, se trata de una de las grandes propuestas dado que, tras su publicación hace diez años, esta obra de Fermín Solís volverá a las librerías con material renovado y novedoso con motivo del estreno de la adaptación cinematográfica el 26 de abril.

- "Retrato de un bebedor" (Fulgencio Pimentel): La editorial riojana vuelve a apostar por el que ya podemos considerar como su autor fetiche: Olivier Schrauwen, aunque en esta ocasión viene acompañado de Rupert & Mulot para contar una deslumbrante y fantasmagórica crónica naval, surcada por asesinos, piratas y ríos de vino.

- "El puente del Troll" (Planeta Cómic): 2019 nos trae la adaptación de la artista americana Collen Doran de este relato de Neil Gaiman en el que cuenta la historia de un niño que conoce a un troll y hace un trato con él que le acompañará hasta adulto.

- "Mi vida en barco" (Gallo Nero): El manga más auténtico llega con Tadao Tsuge, quien vio cómo esta obra perteneciente al género "gegika" (imágenes dramáticas) se publicaba entre 1997 y 2001 en la revista Comis Tsuritsuri. Se trata de una historia con fuerte carga autobiográfica en la que un hombre en plena crisis existencial compra un barco y se aleja de todo para encontrarse a sí mismo.

- "Doomsday Clock" (Título provisional) (ECC Ediciones): Batman, Superman y otros muchos héroes y villanos de DC Comics se encuentran por primera vez con los personajes de Watchmen en esta obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons, el cómic más vendido en 2018 en Estados Unidos creado con un equipo creativo estelar formado por Geoff Johns y Gary Frank.

- "La Pieza" (Panini): Fernando Llor, Rafael Vargas y José

Expósito se sitúan en 1938 para contar cómo el General Queipo de Llano recibió unas declaraciones de Picasso condenando el alzamiento y atacando al fascismo y cómo organizó un comando secreto para tratar de robar y quemar el Guernica. Pero no contó que sus planes llegarían a oídos de los republicanos, quienes enviaron a dos maquis a intentar proteger al cuadro y al pintor.

sábado, 29 de diciembre de 2018

... y el cómic se hizo película


Es la adaptación del cómic homónimo del valenciano Paco Roca. Memorias de un hombre en pijama es la historia de cuarentón que logra el sueño de trabajar desde casa en pijama.

Es la historia de Paco, un cuarentón soltero empedernido, que en la plenitud de su vida consigue su sueño infantil: trabajar desde casa y en pijama. Pero cuando creía haber encontrado el súmmum de la felicidad, irrumpe en su vida Jilguero, la chica de la que se enamora y que tendrá que luchar por permanecer al lado de un hombre cuyo máximo objetivo vital es quedarse en casa en pijama. Memorias de un hombre en pijama es la historia de los solteros y las parejas, amigos de ambos, que con sus divertidas anécdotas influyen en sus vidas y en su relación.

Con música de Love of Lesbian, la película es la versión cinematográfica de la novela gráfica Memorias de un hombre en pijama del dibujante valenciano de cómics, Paco Roca. La historia es el relato autobiográfico del autor y de sus amistades, quien desde pequeño soñó con dirigir una película de animación. Durante la escritura de guión, el galardonado Ángel de la Cruz ( Wrinkles o el El bosque animado, por ejemplo) y el propio Paco Roca, relatan que sintieron la necesidad de un arranque en imagen real en el mismo estudio del dibujante, para a través de los ojos del propio autor, trasladar al espectador al universo animado de Memorias de un hombre en pijama. Al personaje de Paco Roca, en parte por su gran parecido físico, lo dobla Raúl Arévalo. «Es una película distinta, y cautivará al público a través de la originalidad, utilizando recursos cinematográficos; flashforwards, ensoñaciones, flashbacks y sobre todo buscando la sintonía con la gente. Todos nos sentiremos identificados con la película, todos conoceremos al amigo que le ha sucedido el gag que narraremos o seremos nosotros mismos los protagonistas», apunta Carlos Fernández, director y guionista. «En la película nos valemos del mejor marketing emocional existente: la risa como principal referente y denominador común de diferentes culturas y gustos», explica.

«La película refleja la sensibilidad social actual. Las familias monoparentales, los matrimonios del mismo sexo, los singles, trabajar desde casa, las redes sociales y sus relaciones, el sexo sin ataduras ni complejos etc., todo en clave de comedia y a través de nuestro personaje, Paco, alter ego del autor, que en cierto modo no deja de ser un Woody Allen más actual y en nuestro caso, animado y su pareja, Jilguero, ejemplo de la mujer joven y liberal», desarrolla Fernández para el que uno de los retos ha sido el paso de la novela gráfica a la gran pantalla. «Después de la adaptación de Arrugas a formato cinematográfico, con Memorias de un hombre en pijama afrontamos nuevas exigencias artísticas y narrativas. La evolución de los personajes, los escenarios, la paleta de colores, la luz, etc, es un proceso que parte del trazo del autor Paco Roca y evoluciona de la mano de todos los «concept artists», dirección de arte, coloristas, fondistas, e iluminadores que están participando en esta evolución. Esto requiere un gran trabajo, una gran coordinación para no perder la esencia de la imagen original dibujada por Paco y una nueva creatividad para dar la forma que el cine exige. Por otra parte, el ritmo característico del humor que Paco inyecta a su obra escrita, se juega hábilmente con los silencios, poses y expresiones de los personajes; en este sentido, dirección, dirección de animación y edición, son variables fundamentales para traducir este tempo a la versión animada de la novela original» desglosa. La película se estrena hoy.

viernes, 28 de diciembre de 2018

ABC:«El tesoro del Cisne Negro», un cómic sobre la victoria de España contra los cazatesoros


Los ingredientes de la mejor intriga clásica están en la última obra de Paco Roca y Guillermo Corral, «El tesoro del Cisne Negro» (Astiberri). El nuevo cómic del autor de «Arrugas» cuenta la historia del mayor expolio de la historia de España, el que cometieron los cazatesoros de Odyssey Marine Exploration en el pecio de la fragata Mercedes.

Pero esta novela gráfica, basada en hechos muy reales, tiene la voluntad de atrapar al lector con el ritmo de la ficción más calibrada y la aventura sutil que nace en los despachos del poder. Recordemos: en 2007 una empresa (aquí Ithaca) se llevó a Florida 600.000 monedas de un pecio español, el de la fragata (aquí la Merced). Hubo un juicio en los tribunales de EE.UU. que otorgaron la propiedad del tesoro a España. Las monedas regresaron en 2012 a nuestro país.

Guillermo Corral era agregado cultural en Washington y vivió todo aquello en directo. Luego, fue director general en el Ministerio de Cultura, durante las últimas etapas del caso. Así que la idea surgió de su experiencia personal y su amor por el cómic: «Estaba Quai D’Orsay, un cómic sobre la política exterior francesa, muy bueno. Y pensé que en España nadie ha contado cómo es la Administración desde dentro. No hemos visto suficientemente como materia literaria ese mundo de la alta política», dice Corral.

Personajes reconocibles

Dicho y hecho: como si fuera una de la CIA, aquí salen ministros, espías del CNI, funcionarios buscando documentos y argumentos para ganar el juicio a los cazatesoros, abogados y profundidades marinas, he ahí los ingredientes del cóctel. «Nuestras historias pueden ser tan intensas como las de los demás. Puedes ver una película americana y te parece la leche lo que pasa en los despachos. Pues aquí también hay tensión, riesgo y aventura». Corral subraya que cuenta lo que vivió, aunque concede que fue un esfuerzo colectivo y que muchos ayudaron desde la sociedad civil en aquella batalla.

Lo más gracioso es que la libertad que les dió contarlo con herramientas de ficción «nos permitió ser más fieles al relato, le hemos sacado la grandeza a la historia, que la tiene», añade Corral. Y en esa libertad los personajes reconocibles cobran protagonismo: un ministro que se parece a César A. Molina, varios funcionarios con los nombres apenas trasliterados, incluso el jefe de los cazatesoros se parece mucho al fundador de Odyssey. ¿Lo habrán leído? De esa parte no les ha llegado nada a los autores.

Paco Roca se enamoró de la historia cuando Corral se la contó en Washington. Es heredero de la línea clara (Tintín y la tradición franco-belga), pero tenía ideas sólidas sobre el cómic que debían salir: «Me gustaba la idea de quitarle al relato de los cazatesoros todo el romanticismo que suele acompañarlos y contar las cosas más como ocurrieron en realidad», dice.

Fue una ardua negociación. Paco Roca comenta que «Guillermo buscaba el Tintín y la aventura. Yo vengo de intentar buscar nuevos caminos al cómic, de alejarme de los clichés de la aventura y explorar el camino de la no ficción o el máximo realismo posible. El quería huir de donde yo iba y yo quería huir de donde él venía. Hemos hallado un punto de encuentro en la mitad del camino entre la aventura y el realismo», dice orgulloso el dibujante.

Roca quería salir del registro intimista de sus obras más famosas: «Lo difícil no era encontrar la épica en los despachos, sino elegir bien las conversaciones que portaban el interés del relato. Reflejar el romanticismo de la aventura clásica, de Tintín, de Stevenson y todo ese tipo de historias, pero siendo realista. Que la acción ocurra en despachos -sobre todo los momentos de crisis- me parece muy interesante, pero había que hacérselo interesante al lector». El resultado devuelve con creces el empeño.

Tesoro de cubos

Guillermo tenía fotos del búnker en el que los cazatesoros tenían las monedas. Y cuando se abre, resulta que el tesoro era una acumulación de cubos de plástico. «Si te tienes que inventar cómo es todo eso, te lo imaginarías más épico y glamuroso. La realidad es como es, y ese es el momento cumbre del cómic, al abrirse la cámara y ver el tesoro, los cubos de plástico que lo contienen, que parece una ferretería más que el botín de plata», dice Roca. «Pero yo creo que ese realismo llega al lector y hace que el comic gane», añade.

El dibujante se coló en el Ministerio a hacer fotos hasta que le echaron por llegar a zonas protegidas. Trabajó con fotos y vídeos de los protagonistas reales. Visitó el Museo Naval (un lugar maravilloso donde se puede conocer la mejor historia que nos queda por contar como país). Queda muy claro «cómo un cazatesoros está alejado de la arqueología y debe ser controlado si se quiere evitar un expolio».

jueves, 27 de diciembre de 2018

RTVE:Bruguera convoca su primer Premio de Cómic y Novela Gráfica para 2019


Bruguera, el sello editorial más importante de la historia del cómic español, recuperado este año por Random House Mondadori, lanza la primera convocatoria de su premio anual de cómic y novela gráfica, para 2019.

La obra ganadora será publicada en el sello editorial Bruguera y tendrá una dotación de 12.000€. El plazo de admisión de originales se cerrará el próximo 31 de mayo.

El ganador compartirá sello con autores consagrados como Francisco Ibáñez, Jan, Escobar, Víctor Mora, Vázquez o Raf, así como con nuevas promesas del género, ya que la editorial prepara nuevos cómics originales y actualizaciones de clásicos como Zipi y Zape.

Aquí tenéis las bases del premio:https://secure.megustaleer.com/BasesPremioBruguera2019.pdf

 
Buscan reconocer el talento literario y gráfico


Con el fin de celebrar cada año un homenaje a la historia de Bruguera y alentados también por el propósito de dar visibilidad a las nuevas generaciones de historietistas, Penguin Random House Grupo Editorial anuncia que se abre el plazo de admisión de originales para optar al I Premio Bruguera de Cómic y Novela Gráfica. Isabel Sbert, editora del sello Bruguera, afirma que “es una gran satisfacción para nosotros que el Premio de Cómic y Novela Gráfica Bruguera se convierta en una realidad este año.

Una de las cosas que más singularizó la Bruguera clásica era su capacidad para detectar talentos gráficos inmensos y, fieles a este espíritu, con este premio buscamos reconocer el talento literario y gráfico, ya sea de nuevas voces o de autores ya consolidados”.

El premio tendrá una dotación de 12.000 € y será editado bajo el mítico sello Bruguera. Además, podrá ser comercializado en todos los países del mundo dado el ámbito internacional de actuación de Penguin Random House Grupo Editorial.

Las obras con formato cómic o novela gráfica, que tiene que ser inéditas y no haber recibido premios anteriormente, tendrán que ser enviadas a la sede de la editorial Bruguera antes del 31 de mayo de 2019. Entre algunos de los requisitos que se pueden consultar en las bases publicadas aquí los trabajos aspirantes al premio tendrán que estar escritos en idioma castellano con independencia del lugar de procedencia del autor. El fallo del premio se hará público a finales de julio y el jurado estará compuesto por destacados miembros del mundo cultural y literario español.

El sello Bruguera volvió a las librerías el pasado mes de octubre con el propósito de recuperar el espíritu que durante décadas la convirtió en la editorial de tebeos de referencia con la publicación de cuarenta y cinco títulos al año. En palabras de Gemma Xiol, directora literaria Infantil, Juvenil & Cómic en Penguin Random House Grupo Editorial, “Queremos que Bruguera siga siendo fiel al espíritu innovador que la definió y sea capaz de sintonizar también con los gustos e intereses de los lectores de hoy. La nueva Bruguera albergará también nuevas voces del cómic del panorama nacional e internacional, y sus editores seremos sensibles a todo tipo de talento con el fin de llegar, como hicieron quienes nos precedieron, a un público amplísimo y diverso.”

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Ana Penyas: “El cómic vive un momento dulce, ya no es un mundo de frikis”


La ganadora del Premio Nacional del Cómic 2018, Ana Penyas, considera que el mundo del cómic vive “un momento dulce” y cada vez tiene una mayor divulgación, ya que la gente consume más visualmente, e incluso ha cambiado el perfil “típico” de quienes los leen y ya no es “un mundo de frikis”.

Penyas (Valencia, 1987) asegura, además, que el mundo del cómic “se está feminizando”, aunque todavía es “supermasculino”, como se puede ver en los salones de cómic, y queda “mucho por hacer”, pues hay “una herencia de estereotipos machistas muy fuertes”. La ilustradora valenciana dice que es “un poco triste” que haya sido la primera mujer en lograr el Premio Nacional de Cómic -gracias a su novela gráfica Estamos todas bien (Salamandra), que narra la historia de sus abuelas y busca dar voz a esa generaciones olvidadas-, y espera que esto “se normalice” en el futuro. “Para mí lo relevante no es que yo haya sido la primera mujer, sino que haya ganado un relato sobre las mujeres de esa generación, porque al final las protagonistas son ellas”, destaca, y lamenta que una de sus abuelas, Maruja, no se haya enterado mucho del premio por su enfermedad, si bien la otra, Herminia, está “muy contenta”. Preguntada por el hecho de que el 60% de los premios nacionales concedidos en 2018 por el Ministerio de Cultura haya recaído en mujeres, afirma que espera que sea “un cambio real”, aunque alerta de que “hay mucha parte de lavarse la cara las instituciones” en muchos ámbitos, donde buscan a mujeres porque “son todo hombres”, para que no se les “echen encima”.

Penyas asegura que desde la concesión de este galardón “ha subido mucho el nivel de propuestas de trabajo” que recibe, y opina que “lo bueno de esto” es que ahora tiene “el poder de decir que no” y de concentrarse en lo que le gusta y en proyectos de más larga duración.

Desvela que ha empezado a trabajar ya en un nuevo cómic, que en líneas generales versará sobre turismo y territorio, aunque está “muy en los inicios” y espera poder concentrarse en él después de Navidad, pues hasta ahora ha sido “imposible”, entre otras cosas por la repercusión mediática del premio, que le ha “sobrepasado”. En esa nueva historia avanza en el tiempo con respecto a obras suyas anteriores, pues Estamos todas bien se publicó casi a la par que En Transición, ambas ambientadas en el mismo contexto histórico, y quiere que abarque desde los años 60 hasta la actualidad.

Explica que también tiene un proyecto de álbum ilustrado infantil, que firmó hace ya tiempo con una editorial colombiana, y asegura que la “parte feminista” intenta que esté “siempre” en el enfoque de sus trabajos. Respecto a la presencia de mujeres en el mundo del cómic, opina que no es que en la actualidad haya más, sino que ahora se está “visibilizando” su trabajo y también “hay más lectoras mujeres, que reclaman también su parte”, al tiempo que considera que ella ha “caído en un momento muy justo” en este ámbito. Admite que cuando estudiaba Bellas Artes no imaginaba lo que está viviendo ahora y recomienda a quienes quieran dedicarse a este ámbito que se lo planteen “como carreras de fondo” y luchen por lo que desean, pues “no hay fórmulas” ni es “un mundo fácil”, el del cómic menos que el de la ilustración, pues en España “se paga muy mal”.

lunes, 24 de diciembre de 2018

ABC:El cómic en Córdoba: el éxito de la tenacidad y la supervivencia


Contra viento y marea, Córdoba tambié es ciudad del comic. Así lo demuestran algunos hechos. Por ejemplo, que dos dibujantes cordobeses de larga trayectoria, Miguel Ángel Cáceres y Paco Muñoz del Castillo, hayan resultado hace unas semanas ganadores, junto al guionista Manuel Amaro, del premio Ignotus, de los más prestigiosos de España. También que otro cordobés, Andrés G. Leiva, haya logrado el Ciudad de Palma con una novela gráfica ambientada en el Sector Sur.

No existe industria que les facilite la dedicación plena, ni en Córdoba ni en buena parte de España. «Casi nadie come de esto», explica José Vicente Galadí, promotor durante años de la premiada revista «Dos veces breve». En en eso coinciden además todos los consultados para este reportaje, muchos de los cuales se dedican de forma central a otros oficios o lo alternan con otras disciplinas.

Hay un pasado, una especie de relato fundacional: las Jornadas del Cómic de los virginales años 80, que promovió el concejal José Luis Villegas y en la que se involucraron con muy corta edad algunos de los creadores que hoy son protagonistas del cómic cordobés. Recuerda bien esos años el histórico aficionado José Antonio Ortega, que evoca esos días en los que «la plaza del Potro se atestaba de gente» para asistir a las actividades o el impacto que supusieron las exposiciones de grandes maestros como los italianos Hugo Pratt, creador de Corto Maltés, y Nilo Manara.

La desaparición de las jornadas dio pie a nuevos programas de cómic de menor dimensión, que aún perduran bajo el patrocinio de la Casa de la Juventud o de la Diputación. Pero el género entró en depresión, y se vivieron unos años, los 90, «en los que no había apenas nada», como recuerda Galadí. Quedaron, eso sí, algunos grupos a modo de resistencia, como es el caso de los autores vinculados a la histórica revista «Killer Toons», fundada en 1995 y que aún perdura, o de publicaciones de larga persistencia como el fanzine «Fanzipote», nacido en el 92 y promovido, entre otros, por Juan Román.

Tampoco desistieron de su empeño tipos de gran empuje cultural e inquietud comiquera como el propio José Vicente Galadí, «el Juan Pérez» o Rafael Infantes, que abanderaron o participaron en diferentes proyectos. Así hasta que con el inicio del siglo XXI comenzó a apreciarse una lenta mejoría hasta la actualidad, marcada por cierta sensación de resistencia de esta disciplina creativa frente a las dificultades de un medio inhóspito.

En ese contexto de moderado optimismo se abren paso algunos autores que han conseguido publicar con regularidad. Es el caso de Raulo Cáceres, que publica en EEUU en el sello Avatar Press y en Francia con la editorial Tabou y que ahora ultima una nueva edición de su adaptación de Justine y Juliette del Marqués de Sade. Reconoce que Francia y Estados Unidos «son otro rollo» y añora una industria española que permitiese a los artistas realizar creaciones para su propia tierra. En su caso se da la paradoja de que sus cómic se publican en España por la editorial Panini, pero como traducción de la edición norteamericana. El mercado USA, en el que también trabajan otros autores cordobeses como Miguel Ángel Ruiz, se convierte así en una buena salida, que ha facilitado internet. «Antes viajábamos allí pero era difícil que nos hiciesen caso, mientras que ahora, por paradójico que parezca, es más fácil que te presten atención si envías tus trabajos», explica Miguel Ángel Cáceres, hermano de Raulo y uno de los pioneros.

Aparte de eso, también en el siempre complicado mercado español se han ido abriendo paso autores como Andrés G. Leiva y Fernando González Viñas. El primero de ellos se ha ido construyendo una carrera sólida, con un sello muy personal. Su última obra, «Uno de esos días», trata de la infancia de un chaval ochentero en la periferia urbana, una historia con claro matiz biográfico con la que está cosechando excelentes críticas. González Viñas, escritor que previamente había abarcado otros géneros como la biografía o el libro de viajes, también ha apostado en los últimos años por la novela gráfica con trabajos como «El ultimo yeyé» y «El ángel dadá», sobre la poeta alemana Emmy Hennings. El movimiento se extiende en la provincia con casos como el del dibujante de Los Pedroches Antonio J. Moreno, autor de una novela gráfica sobre el grupo de rock Guadalupe Plata.

Hasta aquí algunos apuntes del presente de una disciplina que anhela el prestigio del que goza en otras geografías, pero que también, como explica Rafa Infantes, necesita de un relevo. Renovación que pueden propiciar los alumnos de los cursos de la Casa de la Juventud, como Ana Morales. A sus treinta años, se enfrenta ahora a su primera novela gráfica bajo guion de González Viñas y reconoce que, aunque en el cómic haya más hombres que mujeres, cada vez son más las que se incorporan.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Astérix, la forja de un rebelde


Astérix y los normandos me introdujo en el deslumbrante universo creado por René Goscinny y Albert Uderzo. Desde la primera página intuí que me había topado con algo extraordinario, donde el humor y la fantasía trabajaban conjuntamente para seducir a cualquier mente despierta. Publicado en 1967, el álbum no llegó a mis manos hasta principios de los setenta, cuando mi sensibilidad se había forjado leyendo El Capitán Trueno y El Jabato. Astérix me divirtió desde el primer instante, pero no experimenté las mismas sensaciones que me habían proporcionado el caballero andante y el íbero indomable. Es cierto que Astérix resistía a la ocupación romana desde una aldea de irreductibles, causando disgustos sin cuento a Julio César, un conquistador arrogante y nada estúpido, pero incapaz de acabar con el minúsculo foco de resistencia surgido al noreste de la Galia. Sin embargo, Astérix no era un héroe con músculos de acero y facciones de galán cinematográfico, sino un hombre bajito y con un rostro común, casi anónimo. Valiente e ingenioso, su físico rompía estereotipos, especialmente a los lectores acostumbrados a los mitos. Quizás por eso no le presté demasiada atención, limitándome a realizar pequeñas incursiones en sus historietas. Disfrutaba con sus aventuras, pero no me emocionaban tanto como los viajes en globo del Capitán Trueno y sus inseparables Goliath y Crispín, cruzando los continentes para luchar contra déspotas y bandidos. El Capitán Trueno era pura épica, una especie de Ulises moldeado por la ética cristiana. En cambio, el heroísmo de Astérix estaba inspirado por las virtudes laicas y republicanas, lo cual explicaba su espíritu racional y su saludable escepticismo.

Al cumplir años, el prestigio de lo épico decae y los mitos resultan menos convincentes. Nunca dejé de admirar al Capitán Trueno, cuyo talante cristiano no excluía un clarividente racionalismo, reacio a las supersticiones y los prejuicios, pero Astérix comenzó a parecerme más cercano. Aunque contaba con la fuerza sobrehumana que le proporcionaba la poción mágica del druida Panorámix, sus mayores victorias no procedían de ese brebaje, sino de su inteligencia, pragmatismo y honestidad. El Capitán Trueno no carecía de esas cualidades, pero su ejemplaridad le situaba en el dominio de los superhombres. Por el contrario, Astérix era muy humano y sencillo. Indulgente con los defectos ajenos, comprometido con el bienestar de su aldea y solidario con los pueblos oprimidos, pertenece a la estirpe de esos héroes discretos que no gozan de un gran protagonismo en la historia, pero cuya aportación a la comunidad desborda cualquier medida. Sin la ocupación romana, Astérix se habría limitado a pasear por el bosque, cazar jabalíes, tomar el sol, charlar con sus amigos y reír alegremente en los banquetes. No me cuesta trabajo imaginarlo en el papel de maestro rural, enseñando historia o literatura, o realizando excursiones peripatéticas con el druida Panorámix para divagar sobre los dioses y el cosmos. Los cuatro campamentos romanos que cercan su aldea le alejaron de ese destino, forjando una rebeldía que le convertirá en un audaz guerrillero, siempre dispuesto a vapulear a los legionarios que han invadido su país. No sé si Goscinny y Uderzo pensaron en Jean Moulin, héroe de la Resistencia francesa contra el Reich alemán, pero no es difícil imaginar a Astérix luchando contra los nazis, sin dejarse intimidar por la brutalidad de la Gestapo. De hecho, viajará a Germania para liberar a Panorámix, secuestrado por una partida de godos, unos bárbaros sin muchas luces, pero con un gran sentido de la disciplina y un enorme ego. Aficionados a desfilar al paso de la oca, sus delirios imperialistas serán temporalmente neutralizados por el druida, que repartirá pequeñas dosis de la poción mágica entre distintos caudillos, fomentando los enfrentamientos entre clanes.

La rebeldía de Astérix se acentúa con sus viajes por todo el planeta. En Roma, lucha contra la explotación de los gladiadores, abocados a morir cruentamente en la arena del circo. En Atenas, obtiene una palma de oro en los Juegos Olímpicos, sin recurrir a la poción mágica. En Alejandría, es agasajado por Cleopatra tras humillar a Julio César. En Hispania, se revela como un espada magistral, enlazando verónicas y pases de pecho con un toro bravo de muy malas pulgas. Sus triunfos no se basan tan sólo en el valor físico. Su prodigioso ingenio chispeante y su prudencia le permitirán dar la primera vuelta completa a la Galia, convirtiéndose en el pionero de Le Tour de France. También le servirán para educar a Gudurix, sobrino del jefe de Abaracúrcix e insufrible niño pijo amante de los carros deportivos y las noches de Lutecia, o para disolver la cizaña propagada por Perfectus Detritus, un agente de Julio César experto en guerra psicológica. Asimismo, le ayudarán a desenmascarar a un adivino al servicio de los romanos. Astérix actúa como un filósofo ilustrado, ahuyentando a los prejuicios con la antorcha de la razón, pero su lucidez –¡ay!- se revelará impotente frente a la pasión amorosa. Su corazón se rendirá ante Falbalá, la joven rubia y esbelta que ya había conquistado a Obélix. Su pasión será efímera, pero durante unas viñetas se comportará como un tonto enamorado, columpiándose en una rama con una flor en la boca y ojos de carnero degollado.

Sólo Panorámix supera la inteligencia de Astérix. De hecho, muchas veces parece su maestro, una especie de sabio presocrático que contempla a los humanos con ternura, y al cosmos con asombro. Panorámix habla godo, conoce la civilización griega y ejerce un liderazgo silencioso, preservando la cohesión social, particularmente en los momentos de crisis. Jamás se muestra rencoroso, ni intransigente. Cuando los habitantes de la aldea obran de forma mezquina y egoísta, lejos de reprochárselo, siempre los excusa, comentando: “Son unos cabezas de chorlito… pero hay que quererlos. ¡Son humanos!”. No se equivoca: Abaracúrcix, el jefe, es bobo, vanidoso y glotón; Karabella, su mujer, chismorrea sin parar, reacciona con envidia ante los éxitos ajenos y nunca desperdicia la oportunidad de intrigar; Asurancetúrix, el bardo, cree que posee un gran talento, pero desafina terriblemente, causando estragos en humanos y animales, que huyen indistintamente de su voz, como si se tratara de una plaga o una catástrofe natural; Esautomátix, el herrero, aprovecha cualquier pretexto para dejarlo inconsciente con un buen porrazo, y no se muestra menos violento con Ordenalfabetix, el pescadero, que presume de vender género de primerísima calidad “importado” en carretas de bueyes desde Lutecia o Masillia. A veces, las discusiones entre el pescadero y el herrero desencadenan una riña en la que interviene todo el pueblo. Edadepiédrix suele apuntarse a la trifulca, pese a sus noventa y tres años. Casado con la mujer más explosiva de la aldea, le enfurece que no le peguen por respeto a sus canas. A los galos les gusta murmurar, armar bronca y pelear. A pesar de todo, hay que quererlos, como dice el druida, pues son humanos y sus pequeñas miserias conviven con virtudes nada despreciables, como la amistad, el sentido del humor y el valor.

Obélix es sin duda el personaje más entrañable de la serie. De niño, era débil y tímido. Sus compañeros de escuela se burlaban de él, pero dejaron de hacerlo cuando se cayó en la marmita de la poción mágica. Susceptible, sensible y enamoradizo, nunca se separa de Idéafix, un perrito blanco simpático y avispado. Obélix no es consciente de su fuerza descomunal y a veces arranca un árbol de una patada, provocando la consternación de Idéafix, que llora desconsolado, pues su sensibilidad ecológica no soporta que los humanos maltraten a la naturaleza. Al igual que el capitán Haddock, Obélix posee un carácter inestable. Se enfada muchísimo cuando alguien insinúa que debería adelgazar y puede ser tan caprichoso como un niño. Su frase favorita es: “¡Están locos estos romanos!”, casi un mantra que le sirve para expresar su estupor ante lo que no entiende o le irrita. Obélix forma parte de esa espléndida galería de secundarios que con sus flaquezas e imperfecciones tiñen la ficción de humanidad, dejando recuerdos inolvidables en los lectores, a veces abrumados por la excesiva ejemplaridad del héroe principal.

Cuando al cabo de los años volví a leer Astérix y los normandos, descubrí que la edad me había alejado de la épica, acercándome a la comedia. Sentí que Goscinny y Uderzo habían prolongado el esfuerzo de Balzac en la Comedia Humana, retratando de forma indirecta la sociedad de su tiempo, con su grandeza y sus miserias, transitando con fluidez de la vida privada a la vida pública, de las pequeñas anécdotas a los hechos destinados a permanecer en la memoria colectiva. No se habían conformado con recrear las peculiaridades de la sociedad francesa, jugando con el pasado y el presente. Además, se habían adentrado con humor y agudeza en Grecia, Alemania, Reino Unido, Suiza, Bélgica, Córcega, España o América, lo cual les había posibilitado hablar del milagro griego, el militarismo germánico, la flema británica, la pulcritud suiza, las patatas fritas belgas, el orgullo corso, el quijotismo ibérico y las exóticas costumbres de los nativos del otro lado del Atlántico.

Los libros se parecen a los seres humanos. Cambian con los años, pero envejecen de otro modo. Algunas veces no superan la criba de las generaciones posteriores, que los arrojan –con razón o injustamente– al olvido. No es el caso de las aventuras de Astérix, el galo indomable, que aún sigue vivo y presente en la mente de varias generaciones de lectores. De niño, soñaba con internarme en el mundo del Capitán Trueno, usurpando a Crispín su papel de pupilo. Ahora fantaseo con vivir en la “aldea de los locos”, disfrutando de sus banquetes bajo la luz de la luna y sus bailes dionisíacos hasta el amanecer. Eso sí, sin el bardo atado y amordazado, pues nunca me ha gustado que le cierren la boca a los artistas.

viernes, 21 de diciembre de 2018

La resucitada editorial Bruguera convoca un premio de cómic y novela gráfica


Penguin Random House, grupo editorial al que pertenece Bruguera, ha anunciado este viernes que se abre el plazo de admisión de originales para optar a la primera edición del premio de cómic y novela gráfica convocado por el histórico sello, dotado con 12.000 euros.

Isabel Sbert, editora de Bruguera, ha afirmado que "una de las cosas que más singularizó la Bruguera clásica era su capacidad para detectar talentos gráficos inmensos y, fieles a este espíritu, con este premio buscamos reconocer el talento literario y gráfico, ya sea de nuevas voces o de autores ya consolidados".

Además de la dotación de 12.000 euros, la obra ganadora será publicada por Bruguera y podrá ser comercializada en todos los países del mundo dado el ámbito internacional de actuación de Penguin Random House.

Las obras con formato cómic o novela gráfica, que tienen que ser inéditas y no haber recibido premios anteriormente, tendrán que ser enviadas a la sede de la editorial Bruguera antes del 31 de mayo del 2019.

Entre algunos de los requisitos que se pueden consultar en las bases, los trabajos aspirantes al premio tendrán que estar escritos en castellano con independencia del lugar de procedencia del autor.

El fallo del premio se hará público a finales de julio y el jurado estará compuesto por destacados miembros del mundo cultural y literario español.

El sello Bruguera volvió a las librerías el pasado mes de octubre con el propósito de recuperar el espíritu que durante décadas la convirtió en la editorial de tebeos de referencia con la publicación de 45 títulos al año.

jueves, 20 de diciembre de 2018

El País:El cómic que muestra la represión a los homosexuales durante el franquismo


Antoni Ruiz conoce bien la oscuridad. Hasta los 17 años vivió encerrado en su secreto y, cuando destapó sus intimidades, fue enviado a prisión por “invertido”. “Quería ser yo mismo, así que lo conté en casa. Mi madre consultó con su hermana y esta con una monja, que me denunció”. Ruiz tiene ahora 60 años y preside la Asociación de expresos sociales. El guionista Juan Sepúlveda se topó con su historia mientras veía un documental en los años noventa. Junto a Antonio Santos Mercero y la ilustradora Marina Cochet ha creado El Violeta (Editorial Drakul), una novela gráfica que rescata la represión que sufrieron los homosexuales durante el franquismo.

La sociedad de aquellos años era muy conservadora. Existían unas arraigadas costumbres católicas y el canon de la familia tradicional se convirtió en una imposición. La homosexualidad se consideraba un delito por el que fueron castigados miles de personas. Franco reinterpretó en los cincuenta la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada durante la II República para tratar con dureza los comportamientos antisociales de vagabundos y proxenetas. El dictador decidió sustituirla en 1970 por la Ley de Peligrosidad Social, que invitaba a reprimir con dureza la homosexualidad. Ruiz sufrió aquella norma en sus propias carnes. Durante meses, sin juicio alguno, divagó por distintas cárceles: la Modelo de Valencia, la de Carabanchel y otra en Badajoz.

“Convivía con ladrones y asesinos, pero yo solo era un niño”, rememora Ruiz, que pertenecía a una familia humilde y republicana. Un sacerdote intercedió por él. Lo dejaron en libertad el día que cumplía los 18 años. Todavía tendría que sufrir un año de destierro de su Chirivella natal. “Lo hacían para que no tuviera contacto con las personas que conocía, por si eso curaba mi homosexualidad”. Durante su presidio le sacaban cada noche para que denunciara a otros como él. Nunca lo hizo y eso le costó algunas palizas. Otros corrieron peor suerte y fueron confinados en Tefía, en Fuerteventura, un campo de concentración exclusivo para homosexuales donde picaban piedra con la intención de ser “reeducados”. Su último superviviente, Octavio García, murió en julio, pero antes compartió sus testimonios, que también forman parte del cómic.

Ruiz subraya que ser homosexual durante el franquismo no solo significaba represión, también era sinónimo de exclusión, ya que los antecedentes penales les impedían encontrar trabajo. Ni siquiera la Constitución garantizó los derechos del colectivo. La homosexualidad no se despenalizó hasta 1979. Tres años más tarde se aprobó la Ley de Escándalo Público. “Los homosexuales podíamos ser detenidos por ir cogidos de la mano por la calle”, indica Ruiz. La derogación total de la Ley de Peligrosidad Social no se produjo hasta 1995. “Parte de El Violeta está inspirada en mi vida, aunque en la obra el protagonista se casa con una mujer para que no le pase nada, algo que yo nunca hice porque significaba destrozar dos vidas”.

En el cómic, Bruno es un joven de 18 años que vive en la España en blanco y negro de los cincuenta. Frecuenta lugares clandestinos de Valencia, como el cine Ruzafa, donde cae en una trampa tendida por la policía. “Contamos la represión de los homosexuales a través de la historia de amor entre dos jóvenes, uno que sufre cárcel por mantenerse fiel a su identidad y otro que prefiere ocultar su inclinación sexual a costa de su felicidad”, indica Santos Mercero, uno de los guionistas. La suerte de los detenidos también dependía de su estatus social. “Durante el reinado de Alfonso XIII se establecían multas que solo podían permitirse los ricos. Los homosexuales pobres iban a la cárcel. Esa distinción también la hacía el franquismo”, destaca Sepúlveda.

El nombre del libro no es casual. Parte de la “redada de violetas” que realizaba la policía del régimen. En ellas obligaba a los homosexuales a denunciar a otros como ellos. “El cómic plasma cómo la policía de Valencia conocía los lugares donde se reunían y cómo se les chantajeaba. También ilustra la actitud de la Brigada Criminal y la hipocresía de muchos agentes que, a pesar de ser homosexuales, los perseguían y se ensañaban”, reconoce Sepúlveda. Algunos de los dibujos están inspirados en fotos. Otros escenarios y personajes están creados a partir de la imaginación de Cochet, la ilustradora. Sus trazos son concienzudamente realistas: “Cabe poca poesía visual en la narración. Se relata una constante lucha de emociones y eso requiere muchas viñetas. El objetivo es sumergir al lector lo máximo posible”.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

‘El método Gemini’, el cómic que te hará vivir la mafia desde dentro


Aborda una realidad peliaguda a través de una cuidadísima estética, viene envuelto en la más fina edición, con tapa dura y a todo color. Nos encontramos ante un cómic de extraordinario atractivo. 216 páginas que reúnen el trabajo de un año y medio en las que conviven línea clara, tonos intensos, gracia, detallismo, una trama compleja y diálogos bien brutos.

A medio camino entre el estilo cartoon de los cincuenta y tu peor pesadilla, estos vibrantes y estudiados colores primarios nos brindan la historia de Mike Dioguardi, basada en la vida del mafioso real Roy DeMeo, que se dedicó al blanqueo de dinero, el narcotráfico, la venta de coches robados y el asesinato profesional con tremenda eficacia. Sus dotes para el crimen le harán ascender y llegará a poseer el Gemini Lounge, local desde el que hará desaparecer multitud de cuerpos.

La prolífica y peculiar carrera de Magius, alias de Diego Corbalán, nacido en 1981, que toma su nombre de un monje miniaturista del siglo X, ha venido marcada por la autoedición, una visión muy personal de Murcia, su tierra natal, y cierta fijación por los fenómenos humanos que incluyen rituales oscuros. Y la mafia tiene mucho que ver con el enfoque ocultista que siempre le atrajo.

“Me gustan los rituales porque me interesan el ocultismo, la magia y la religión, y la mafia tiene mucho de eso, porque se comporta como una forma de masonería para delincuentes. Los adeptos a una secta mafiosa deben hacer un juramento a sus superiores para que haya un vínculo entre ellos que no les haga dudar en saber a qué pertenecen y con quién están. Todo este tipo de rituales son como una comunión y tienen un aspecto sangriento o de sacrificio, se muere en algo para renacer en otro algo. Es como que dejas de pertenecer a la familia en la que te has criado para pertenecer a otra distinta. Ya no debes fidelidad a tus padres o familiares, sino a los padrinos”.

La inmersión en este mundo oscuro y sumergido a través de la más intensa y pura cuatricomía funciona psicológicamente a un nivel semejante al de la célebre serie ‘Los Soprano’, de la que el autor es un gran seguidor, especialmente de los personajes más espeluznantes: “Mis personajes favoritos son los villanos, los mafiosos más malos, si es que se puede considerar bueno a Tony Soprano.” Lo singular es que, donde la excelente ‘Los Soprano’ flaquea, en la estética, las páginas de Magius brillan como ninguna otra obra sobre mafiosos ha brillado, lo que añade a la experiencia multitud de nuevos matices.

El contexto adquiere un papel vivo y esencial en la sensación envolvente que otorga la lectura de ‘El método Gemini’. Las calles de Nueva York a lo largo de décadas pasadas, sobre todo la de los setenta, son representadas con un virtuosismo muy personal que cabalga entre el género documental y el fantástico. El proceso de documentación para recrear el paisaje urbano, los coches o la moda propios de la época ha sido complejo y el autor ha tenido que beber de diversas fuentes.

“Desde hace tiempo tenía en mente hacer un cómic sobre mafiosos neoyorquinos, y principalmente ambientarlo en los años setenta porque las películas de Scorsese sobre mafia están ambientados en aquella época, y la idea era trasladar todo ese mundo al cómic. Sin tener ninguna historia a mano, descubrí la de Roy DeMeo, un gángster que se hizo muy famoso y útil para la mafia a finales de los setenta. DeMeo es un personaje bastante atractivo para el género negro, ya que se convirtió en uno de los mayores asesinos de Nueva York. No fue fácil documentarse sobre su vida, pero sobre todo no fue fácil ambientar el Nueva York de entonces, porque ni es una época que he vivido ni jamás he estado allí. Tuve que beber de muy diversas fuentes, desde películas como ‘Fiebre del sábado noche’ o ‘Taxi Driver’ a viejas revistas de moda, catálogos de Cadillacs y Lincolns o conocer la historia de Nueva York y la construcción de sus rascacielos”.

También en esta ocasión el murciano ha visto posibilidad de conectar la historia con características propias de su tierra de forma coherente, divertida y sutil. Algunos personajes emplean fresquísimas expresiones propias de Murcia y aparece el pan con higos, una combinación muy clásica de la región levantina: “No veo casi ningún punto de conexión entre Murcia y Nueva York,” puntualiza Magius, “salvo que Murcia empieza a ser ahora una ciudad multicultural, como tantas otras. Lo que sí veo en común es la cultura, la religión y la forma de ser de los viejos mafiosos neoyorquinos de origen siciliano y los viejos murcianos. Realmente veo conexiones entre Murcia y Sicilia, por ser lugares donde el caciquismo y el feudalismo (y la corrupción) aún imperan”.

También se da una conexión urbanística muy curiosa dentro del cómic, ya que aparece representada la Sevilla de finales del siglo XVI. El autor nos explica sus motivaciones: “Sí que vi conexión entre la Nueva York de finales del siglo XX y la Sevilla de finales del siglo XVI; Sevilla tenía en esa época su Empire State: la Giralda, y era una ciudad cuyo puerto era tan importante como lo ha sido luego el de Nueva York. También había en Sevilla mucha gente de muchos sitios, y un mundo criminal o hampa similar a la mafia, como se puede ver en el relato de Cervantes ‘Rinconete y Cortadillo’”.

Con influencias de autores clásicos del underground como Robert Crumb o Sheldon, ‘El método Gemini’ es un volumen vistoso y pesado que llama la atención desde el primer momento. En su particular diseño ha tenido mucho que ver la labor siempre atenta, valiente ingeniosa de la editorial, Autsaider Cómics.

“En un principio yo hice una portada en la que aparecía la banda de Roy DeMeo con un fondo de ladrillos detrás, pero al editor le pareció demasiado simple. Como a lo largo del cómic aparecen numerosas imágenes de los rascacielos de Nueva York, pues la ciudad es una de las grandes protagonistas de la historia, dispuse a los personajes en un escenario amplio donde apareciese algún elemento característico como el puente de Brooklyn".

"El editor pensó que una imagen que empezase en la portada y continuase en la contraportada podría ser bastante satisfactoria a la hora de introducir al lector, ya que esta es una historia de gángsteres en los bajos fondos y la cubierta del libro lo deja bien claro mostrando a los pandilleros y su jefe recibiendo a los jefes del hampa”. Lo cierto es que funciona perfectamente y el resultado es espectacular.

Pese a que se trata de una lectura tan disfrutona, Magius no cree que a Roy DeMeo, fallecido en 1983, le hubiera gustado.

“No parece un tipo que fuera por ahí leyendo tebeos. Supongo que le hubiese gustado no salir en ninguno, ni siquiera en una película, ya que los mafiosos normalmente no quieren publicidad, a no ser que seas John Gotti. La publicidad es mala para el negocio. Además, si hacen un cómic o una película sobre un mafioso, lo normal es que ese mafioso esté en el trullo o muerto, normalmente asesinado por sus propios compañeros.” Lo arriesgado de la propuesta no supone sino una razón de más para incluir el cómic en la lista de los más deseados de 2018.

martes, 18 de diciembre de 2018

El País:Tintín vuelve a salir de órbita


Las escafandras estratonáuticas anaranjadas, el célebre cohete X-FLR6 que lucía imponente desde la cubierta de los tebeos, el tupé enhiesto del intrépido reportero apuntando directamente al espacio... «¡A la Luna! ¡Tornasol se quiere ir a la Luna! Señores viajeros rumbo a la Luna, suban al tren; ay, perdón, ¡al cohete!», que diría el capitán Haddock desde una densa nebulosa de whisky a medio digerir.

Porque, por más que la historia oficial, la que se instala en los libros y se cobra aparatosos homenajes, empezase a escribirse con el pequeño gran paso que Neil Armstrong dio en verano de 1969, antes de que la bota del astronauta estadounidense lamiese suelo lunar, antes incluso de que Buzz Aldrin se convirtiese en un manojo de celos, Georges Remi, más conocido como Hergé, ya había salido de órbita para llevar a Tintín y a su séquito de paseo por cara oculta de Luna. «¡Ya estoy aquí! ¡He dado unos cuantos pasos!», dejó dicho el reportero belga en 1953 tras adelantarse en casi dos décadas a la llegada del hombre a la Luna.

Es por eso que, a la hora de conmemorar el 50 aniversario del alunizaje de la primera misión tripulada , Cosmocaixa ha querido anudar ciencia y ficción, tecnología y cómic, con una exposición que aspira a cubrir prácticamente todas las dimensiones que separan el viaje del Apolo XI del de ese X-FLR6 diseñado con todo lujo de detalles por Bob de Moor, ayudante de Hergé, en «Objetivo: la Luna» y «Aterrizaje en la Luna».

«Sumamos conocimiento y expresión artística, ciencia y emociones», destacó durante la presentación de la exposición la directora general adjunta de la Fundación Bancaria La Caixa, Elisa Durán. Así, partiendo de las primeras observaciones lunares de Galileo en 1609 y de la «pasión» del hombre por conquistar el espacio, «Tintín y la Luna» aborda desde la prehistoria de la carrera espacial, con una réplica de la escafandra espacial diseñada por Emilio Herrera en 1935, a los preparativos que llevaron a Armstrong, Collins y Aldrin a plantar bandera en la Luna el 20 de julio de 1969.

Es en este primer apartado en el que la ciencia lleva la voz cantante y el protagonismo se lo reparten una reproducción a escala del módulo lunar en el que alunizaron los astronautas, recreaciones de paneles y secciones de mandos, experimentos que lo mismo permiten reproducir de forma casera el mecanismo de propulsión de un cohete que recrean las condiciones de gravedad que se dan en la Luna... Una didáctica y amena lección de ciencia e historia que se completa con curiosidades como herramientas técnicas, kits de supervivencia empleados por los cosmonautas, productos de higiene, latas de refresco de ida y vuelta, recortes de prensa de la época, diarios...
Pruebas a todo color

No hubiese desentonado, por aquello de hilar aún más los dos relatos, una reproducción de aquella ilustración en la que Tintín, Milú, el capitán Haddock y el doctor Tornasol recibían con los brazos abiertos a Armstrong y compañía pero, a falta del dibujo conmemorativo con le que Hergé celebró la llegada del hombre a la Luna, buena es la sección de la exposición que ahonda en el proceso creativo del historietista belga y en la gestación de sus dos aventuras lunares.

De modo que ahí están, recién llegadas del Museo Hergé de Bélgica, algunas pruebas en blanco y negro y color que sirven para ilustrar hasta qué punto el creador de Tintín se preocupaba por los detalles y por ser fiel a la realidad. Para crear «Objetivo: la Luna» y«Aterrizaje en la Luna», por ejemplo, Hergé tomó como referencia «Astronautique», tratado espacial de Alexandre Ananoff.

«Al confeccionar la maqueta del cohete fuimos muy minuciosos, y al terminarla la mostramos al propio Ananoff para que nos diera su visto bueno. Quería que cuando Bob De Moor dibujara el cohete supiera exactamente en qué parte de la nave se encontraban los personajes. Era básico que todos los detalles estuvieran en su lugar y que todo fuera perfecto», recuerda el propio Hergé en uno de los paneles de esta exposición que muestra también algunos de esos dibujos a lápiz que Hergé realizaba «con furia, como un poseso», borrando, rayando, explotando y renegando. Dibujos para adelantarse a su tiempo y, porqué no, también para volver a salir de órbita.

lunes, 17 de diciembre de 2018

RTVE:Un cómic celebra el 50 aniversario de la película 'Yellow Submarine', de The Beatles


El pasado 17 de julio se cumplieron 50 años del estreno de Yellow Submarine (George Dunning, 1968), la película más famosa de The Beatles y uno de los icónos del fenómeno hippie y la psicodelia de los 60. Una película que, bajo su apariencia de cuento infantil, escondía una metáfora sobre las libertades individuales y la necesidad de un mundo mejor.

Para celebrar ese aniversario, el guionista y dibujante Bill Morrison (Los Simpson) ha adaptado la famosa película en un cómic excelente que ahora llega a España, The Beatles: Yellow Submarine (Panini), que respeta la historia y la estética originales de la cinta. Un cómic para leer acompañado de la banda sonora de la película, sobre todo de uno de sus temas más famosos, "All you need is love".

Y es que el dibujante ha invertido casi una década en este proyecto, que se basa en la famosa canción de John Lennon y Paul McCartney, y en el guion de la película, firmado por Lee Minoff, Al Brodax, Jack Mendelson y Erich Segal.

Visualmente es muy fiel al estilo de dibujo y los diseños originales de Heinz Edelmann, que marcaron un antes y un después en la historia de la animación. Y, por supuesto, a sus brillantes colores;  con los que retrataba un mundo utópico en el que la música era una metáfora de otro típo de libertades.

Morrison ha contado con la ayuda de los entintadores Andrew Pepoy y Tone Rodriguez y el colorista Nathan Kane, que también imita al de la película.

Destacar también los estudios preliminares y bocetos con lo que se completa esta estupenda edición

Un cómic, y una película, que podríamos describir como el país de las Maravillas de The Beatles, con su reivindicación del amor y el movimiento hippie. Un paraíso, visualmente espectacular, que respeta la revolucionaria estética de una película que cambió para siempre el mundo de la animación, hasta entonces dominado por Disney.

Por cierto que el mensaje de Yellow Submarine, aunque parezca infantil y trasnochado, sigue siendo una utopía a la que tendríamos que aspirar.

Los malvados Mezquinos azules

El argumento del cómic es similar al de la película: Pepperland es un paraíso musical bajo el mar, protegido por la Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Pero todo cambia con el ataque de los Malvados Mezquinos Azules, unos seres uniformados como militares y que odian la música. Encierran a la banda en una burbuja, paralizan a los ciudadanos y lo tiñen todo todo de color azul.

Su única esperanza está depositada en el joven Fred, que logra escapar en un abandonado submarino amarillo para buscar ayuda. Fred llega a Liverpool, donde se encuentra con un cabizbajo Ringo y le pide ayuda. Ringo reúne a Los Beatles: John, George y Paul. Y juntos viajarán a Pepperland en el submarino amarillo. Allí se enfrentarán al malvado Jefe mezquino Azul y a su ejército de mordientes Turcos-Tortuga, Chalados-Manzana y el Guante Volador.

Una historia psicodélica, en todos los sentidos, y que, como os contamos a continuación, cambió para siempre el mundo de la animación.

The Beatles no quisieron saber nada de la película


Aunque hoy en día Yellow Submarine está considerada uno de los grandes clásicos del cine musical y de animación, al principio los Beatles no quisieron saber nada de la película. Y es que venían del fracaso de Magical Mistery Tour (Paul McCartney, 1967), que fue un fracaso de crítica y público.

Ni siquiera quisieron doblar a sus versiones animadas y sólo aceptaron hacer un pequeño cameo en imagen real. Aunque cuando la vieron por primera vez, fliparon.

Además, la película apareció en un momento clave de la historia de la animación en el que Disney estaba en decadencia y estaban apareciendo otras productoras con estéticas menos realistas y más frescas, que conquistaron al público de la época.

Y su influencia, tanto estética como argumental, fue decisiva en toda una generación de animadores posteriores, que buscaron nuevos retos y desafíos gracias a que Yellow Submarine demostró que las posibilidades de la animación eran infinitas. 

Además de que está considerada la película hippie por excelencia y la que mejor ha trasladado el lenguaje pop al cine. Sin olvidar su mensaje de paz y amor.

Destacar su fabulosa banda sonora que incluye temas como "Eleanor Rigby", "When I’m Sixty-Four", "Lucy in the Sky With Diamonds", "All You Need Is Love", "It’s All Too Much" y la propia "Yellow Submarine".

Un cómic realmente espectacular, que nos permite recordar una película histórica por muchos motivos, sobre todo porque es una auténtica joya del cine musical y del de animación.

Os dejamos con el imprescindible reportaje que Días de Cine dedicó a Yellow Submarine por su 50 aniversario. ¡Imprescindible!

sábado, 15 de diciembre de 2018

'Una historia de perros viejos', el debut en cómic de H. Martín y Espinosa


El cineasta onubense Manuel H. Martín, como guionista, y el ilustrador sevillano Juanma Espinosa, se han estrenado hoy en el mundo del cómic con la novela gráfica 'Una historia de perros viejos', que sale a la venta publicada por Dolmen Editorial.

La novela gráfica cuenta con un prólogo del escritor Carlos Zanón, y supone un relato de redención, con toques de western crepuscular y género negro, protagonizada por perros.

El protagonista es Munny, un viejo perro que decide abandonar la casa de sus amos tras vivir media vida con ellos, pero "algo terrible ha producido que el perro sienta que la casa ya no es su hogar, por lo que el viejo Munny vuelve a las calles, en una oscura noche, para emprender un viaje hacia un lugar tranquilo y alejado en el que vivir sus últimos días", explica su sinopsis.

Sin embargo, el camino emprendido será todo menos tranquilo ya que Munny se topará con una pequeña perra perdida en busca de su familia, además de con una peligrosa banda de perros callejeros y de viejos amigos y fantasmas del pasado. 

Manuel H. Martín explica que ver publicado 'Una historia de perros viejos' es "un sueño cumplido, ya que se trata de un proyecto muy personal, que comencé a desarrollar hace ya más de cinco años".

El cineasta detalla que en la obra "hay muchos elementos de la literatura, el cine y el cómic... y, especialmente, del western, uno de mis géneros favoritos", entre cuyos directores destaca a Sergio Leone, Clint Eastwood o Sam Peckimpah, "cuyas películas han sido referentes claros a la hora de abordar la creación de esta novela gráfica desde el guión al dibujo."

En cuanto al resultado final, Martín confía en "que llegue al mayor público posible, no solo a los lectores de cómics, porque, aunque sus protagonistas sean perros y sea un relato contado en viñetas, creemos que el enfoque de la historia es muy universal".

viernes, 14 de diciembre de 2018

Luis Royo, galardonado con el Gran Premio del Cómic Aragonés 2018


El autor turolense Luis Royo ha sido galardonado este jueves con el Gran Premio del Cómic Aragonés 2018, en la Gala celebrada en el Centro Cívico Universidad. Esta gran fiesta anual del cómic aragonés, que cumple su octava edición, está organizada por el Salón del Cómic de Zaragoza y el blog de Viñetario, de Óscar Senar.

Antes del inicio de la Gala se ha celebrado el acto de homenaje que la ciudad de Zaragoza rinde a Carlos Ezquerra, uno de sus dibujantes más importantes y queridos, recientemente fallecido. En este acto han estado presentes familiares de Carlos Ezquerra y John Wagner, guionista y creador, junto al autor aragonés, del mítico personaje Juez Dredd.

Posteriormente, en una ceremonia conducida por el trío de cómicos, dibujantes y actores Diego Peña, Rafa Blanca y José Antonio Bernal, se han entregado los galardones de esta edición.

Este acto sirve de preámbulo a la XVII edición del Salón del Cómic de Zaragoza, que abre sus puertas este viernes 14 de diciembre a las 17.00 horas en la Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza.

Reseña biográfica de Luis Royo

Nace en 1954 en Olaia/Olalla (Comarca del Xiloca). Comenzó a exponer sus pinturas a partir de 1972 y a publicar su trabajo de cómic en revistas como 1984, Rambla, el Víbora y Heavy Metal en 1980.

En 1983 se vuelca en la ilustración, donde cosechará sus mayores éxitos y desde entonces, publicará sus obras a nivel internacional. Entre otros países, realiza trabajos para Estados Unidos, Alemania, Inglaterra… así como portadas para libros de las más prestigiosas editoriales, Tor Book, Berkley Books, Avon, Warner Books, Batman Books y otras.

Las revistas recurren con frecuencia al arte de Luis Royo para ilustrar sus portadas. A revistas estadounidenses como Heavy Metal o National Lampoon se unen revistas europeas como Cimoc, Cómic Art, Ere Comprime, Total Metal y otras. Estos no serán sus únicos trabajos en estos años, también comienza a realizar carátulas de videos y videojuegos que se han convertido en míticos, como Game Over, Turbo Girl o Navy Moves.

A partir de 1990 y una vez consolidado en una posición de privilegio en el mercado de la ilustración internacional, ampliará su producción de obra de autor. La mayor parte de esta obra será publicada en diferentes medios y soportes, así como en libros propios de autor, Prohibited, Subversive Beauty, Secrets o Fantastic Art, se encuentran entre sus más de veinte títulos de libros personales.

En su larga trayectoria ha realizado exposiciones de su obra en ferias y galerías de arte de Francia, Estado español, Bélgica, Alemania, Rusia y Estados Unidos. También, ha recibido premios como el Silver Award Spectrum (The best in contemporary, Fantastic Art) y The Inkpot Award Comic Art (Comi-con International San Diego) en Estados Unidos, o el Premio de Fantasía El Peregrino en CTPAHHNK, en Rusia.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Quan Zhou Wu y Ramón Esono hablan de la lucha del cómic contra la racialización


El centro de innovación Las Naves acoge este fin de semana el debate sobre la relación del mundo de los cómics con aspectos de la realidad, como la situación de las personas racializadas, el fenómeno de la migración y la imagen de la realidad en los países del 'sur', y su lucha contra estos estereotipos.

Las Naves abre este sábado, 15 de diciembre, el seminario de Comictools Racialización y cómic, en una iniciativa que pretende reunir a personas expertas de distintos campos alrededor del cómic y cuyo eje principal es la innovación vinculada al cómic, con herramientas para innovar y su utilización como herramienta de innovación en otras áreas.

Bajo este prisma Racialización y cómic busca reflexionar sobre el papel del cómic como "reflejo y vehículo de transmisión de valores", y se centra, principalmente, en los arquetipos raciales con los que la ciudadanía convive y contra los que este arte "puede ayudar a luchar", detalla el espacio de innovación en un comunicado.

En el seminario participarán la ilustradora y diseñadora gráfica Quan Zhou Wu, autora de Gazpacho agridulce; la dibujante, fanzinera, tatuadora, activista y costurera, Jessica Espinoza, autora y coordinadora de Cómic Textil; y el librero, activista, músico y artista Ken Province, director de la librería United Minds, que hablarán sobre si en la industria del cómic tiene cabida la voz de las personas racializadas, sus vivencias, experiencias, ideas y su universo creativo.

El autor, ilustrador, animador audiovisual, bloguero y autor de historieta ecuatoguineano, Ramón Esono, intervendrá a través de videoconferencia. En septiembre de 2017 fue detenido y enviado a prisión por haber ilustrado un cómic sobre Teodoro Obiang, presidente de la República de Guinea Ecuatorial desde el golpe de estado de 1979.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

'El tesoro del Cisne Negro', cómo recuperar el espíritu de Tintín con una aventura real española


En 1942, Hergé empezó a publicar en Le Soir, principal periódico francófono de Bélgica, una nueva aventura de su personaje más popular: Tintín. Aquella vez, el reportero se embarcaba en la búsqueda por recuperar el tesoro de un navío perteneciente a un antepasado de su querido Haddock. Se llamó El secreto del Unicornio y, junto a su continuación - El tesoro de Rackham el Rojo-, se convertiría en uno de los álbumes más influyentes de la historia de la viñeta.

65 años después, sin que medie ninguna relación, la empresa norteamericana de exploración marina Odyssey descubrió los restos de un navío supuestamente llamado Cisne Negro. Allí reposaba medio millón de monedas de oro y plata, un tesoro valorado en 500 millones de dólares -aproximadamente 380 millones de euros-. Sin embargo, por la localización del hallazgo, el Ministerio de Cultura español empezó a sospechar que se trataba de la fragata hispana Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804. Así que reclamó la legitima posesión del tesoro por razones de patrimonio. Se iniciaba un tortuoso proceso judicial digno de película.

Y como a veces el azar une aleatoriamente hechos completamente aislados en el tiempo y el espacio, ahora Paco Roca dibuja y Guillermo Corral escribe el guion de El tesoro del Cisne Negro, que publica Astiberri. Perfecta unión del cómic y el espíritu de  Hergé, con los hechos reales acontecidos en los tribunales durante la lucha por recuperar el tesoro de La Mercedes. Homenaje a las aventuras clásicas que, a su vez, se reivindica como aventura trepidante y rescata del olvido nuestra historia más reciente.

Entre Tintín y el cómic de no-ficción
"Este cómic nació por casualidad", cuenta el dibujante Paco Roca a eldiario.es. "Guillermo [Corral] estaba de agregado cultural en la embajada de Washington, y yo estaba allí presentando Arrugas  en un festival. Nos conocimos y hablamos de nuestra pasión por los cómics. Y me contó que tenía una historia y que no sabía muy bien cómo trasladarla a una novela. Que lo veía más como un cómic", explica el también autor de Los surcos del azar.

"Al principio me mostré escéptico con la idea, pero cuando me contó todo lo que rodeaba el tema de La Mercedes, comprendí que tenía todos los ingredientes de una historia atractiva: tenía tesoros, piratas, intriga política y, lo más importante, Guillermo no la contaba de oídas sino que había vivido todo aquello", explica el artista.

Guillermo Corral siguió de cerca la batalla judicial contra Odyssey como diplomático. Y la transformó en un guion que narraba la historia de Álex, un funcionario novato en el Ministerio que se enfrenta al descubrimiento de un pecio por parte de una empresa llamada Ithaca. Así, El tesoro del Cisne Negro maneja distintos niveles de lectura de forma constante y dialogante: es un relato personal pero también es un largo reportaje sobre un caso real. Y a su vez, es un cómic de aventuras clásico en su forma.

Según Roca, no fue fácil dar con el tono adecuado porque el guionista "había vivido la historia real pero quería abordarla mediante una aventura estilo Tintín y Corto Maltés". Sin embargo, él andaba huyendo de eso en sus obras: "Chocaba con mi trayectoria, porque siempre he intentado evitar de los tópicos de ese tipo de narraciones. Yo veía esta historia casi como un documental. Un cómic de no-ficción. Tuvimos un largo tira y afloja entre esa estructura más clásica y ese poso realista", cuenta el dibujante.

La inspiración en hechos reales y la abundante documentación podrían haber acercado El tesoro de Cisne Negro a otras obras de Paco Roca como Los surcos del azar -la historia de La Nueve, compañía militar formada por republicanos españoles en el exilio-, o La encrucijada -repaso a la historia del punk y el rock patrio de la mano del grupo Seguridad Social-.

Sin embargo, este relato decide coquetear más ampliamente con el terreno de la ficción. Mirando hacia los referentes ya mencionados de las obras de Hugo Pratt y Hergé, pero también a los lances de Blake y Mortimer, la literatura Stevenson, Salgari o Patrick O'Brian e incluso cierto aire de thriller dialogado y juego de poder político propio de House of Cards.

"Es una mezcla de todo eso. No podíamos cargarnos ese aire clásico contando la búsqueda de un tesoro. Pero también tenía que ser muy real: tanto la actitud de los personajes como su forma de hablar, sus puntos de vista, las localizaciones… todo eso tenía que resultar verídico porque si no, para mí, no hubiese funcionado".

Ritmo trepidante sin salir de un despacho
Tras demostrarse equilibrada gracias a un fondo que combina con habilidad fuerza narrativa y dato fehaciente, El tesoro de Cisne Negro se descubre también hábil en su forma: no se trata de un cómic de acción, no hay giros narrativos en cada página ni situaciones desesperadas que impulsen la lectura. Más bien al contrario, tiene todo lo que podría tener un thriller político y un drama judicial. Y por momentos, lo es.

"Queríamos mostrar realmente como es una historia de tesoros. Algo muy alejado de ese romanticismo a lo Indiana Jones. Aquí toda la acción surge de los despachos y la investigación. Harrison Ford era profesor de arqueología pero siempre estaba viviendo aventuras mientras que en la realidad, un arqueólogo se pasa la mayoría del tiempo en despachos, peleando para que alguien le haga caso".

En ese sentido, "es cierto que hay mucho de Hergé aquí, aunque él dibujaba a Tintín corriendo siempre de un lado a otro. Nosotros tuvimos que conseguir un ritmo trepidante a base de conversaciones. Fue difícil encontrar el tempo adecuado para que la atención no decayese. Aunque también es cierto que sabíamos que le hablábamos a un público adulto al que no le hace falta un estímulo en cada viñeta", describe Paco Roca.

Los estímulos, más que visuales, son estructurales. Allí dónde en una ficción al uso de este género el protagonista sería el intrépido cazatesoros, aquí este se convierte en el villano de la función: un magnate corporativista que sólo quiere sacar rédito económico de un hallazgo que no le pertenece. Y por otra parte, allá donde el funcionario sería ese personaje gris y aburrido que encarnaría la burocracia en sí misma, aquí son trabajadores comprometidos con el patrimonio cultural español, personas que lucharon judicialmente contra una gran empresa para recuperar un pedazo de historia.

"Narramos esa parte de las aventuras que no solemos ver, el trabajo de la gente que nunca está en los titulares de las noticias, esas personas que jamás se llevan el mérito mientras el ministro de turno o la Guardia Civil se pone las medallas".

Un nuevo y sorprendente capítulo, en definitiva, de una de las carreras más particulares del cómic español. A lo largo de su obra, Paco Roca ha transitado por la no ficción, la narrativa bélica, el libro ilustrado, la confesión íntima, el reportaje, el humor y la aventura. Y, por lo que parece, no piensa quedarse aquí: "La mayoría de autores cuentan casi siempre las mismas historias. Yo incluido, que hablo mucho de la memoria y la nostalgia. Pero haces como que no, porque vas disfrazando con diferentes trajes el mismo concepto", confiesa. "Con todo, ahora en el mundo del cómic hay mil caminos diferentes de crear una obra gracias a un panorama actual más abierto y diverso. Y claro, quieres recorrerlos todos".

martes, 11 de diciembre de 2018

ABC:Rayco Pulido: «El éxito definitivo de un cómic es contar de la manera más eficiente una historia»

Nacido en Telde (Gran Canaria) hace 40 años, Rayco Pulido alterna la docencia con su trabajo como dibujante de cómics. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, presenta un trabajo sobresaliente que se está convirtiendo en referencia del cómic español. Con cinco álbumes publicados entre los que ha participado como dibujante y como autor completo, entre ellos destaca el premiado «Lamia» (Astiberri, 2017) en dónde Pulido nos mostró su gran faceta como dibujante y narrador, creando un cómic al más puro estilo «noir» que transcurre en la Barcelona de la década de los años 40, mostrándo la dura posguerra sufrida por muchos de los habitantes de aquella época, representando la pobreza y los aspectos sociales y políticos de un momento histórico en el que las mujeres debían afrontar una lucha particular por su supervivencia y su autonomía dante una idea de sociedad represiva.

Recientemente la editorial Astiberri ha recuperado «Sordo», el trabajo que realizó hace diez años junto al guionista David Muñoz, con una nueva rotulación manual, nueva cubierta y extras, que relatan la historia por la supervivencia de un maquis en el norte de España en el año 1942.


¿Cuándo y cómo surge su interés por la ilustración? ¿Cómo fueron sus comienzos?

Antes de empezar hay que dejar claro que en ningún caso el cómic es ilustración, son disciplinas distintas. Yo soy autor de cómic y aunque presto atención a la ilustración, ese no es mi campo. Empecé como casi todos, dibujando mucho de pequeño e intentando contar mis propias historias de mayor. Creo que es un proceso natural, están los niños que se frustran porque quieren dibujar realista y no les sale y los que pasados los 7-8 años seguimos dibujando. Profesionalmente empiezo con el libro «Final feliz» (Edicions de Ponent, 2004) aunque previamente había escrito y dibujado un montón de historias cortas para concursos donde tuve desigual suerte. 


¿Qué significa para usted dibujar?

Es una parte de mi trabajo, creo que ni siquiera es la más importante. No soy un dibujante natural ni compulsivo, pero tampoco entendería mi existencia sin el dibujo.

¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen autor de cómic?


Tener una historia que contar, conocer los mecanismos necesarios para hacerla interesante y tener un dibujo comprensible. Si te sabes hacer entender y eres autocrítico tienes buena parte del camino andado.

¿Qué no soporta ver en una ilustración o en un cómic?

Que no se entienda, que sea pretenciosa, que esté diseñada para encajarla dentro del tema de moda o de cara a premios, que no cuiden la rotulación, que esté llena de atajos (autor perezoso) y que los trucos están mal diseñados y se noten.

¿Tiene ilustradores de referencia que puedan llegar a inspirarle? ¿Quiénes son?


He leído de todo, desde Manga, superhéroes, BD, tiras clásicas, material alternativo... la lista sería innumerable, por citar un par de cada: Tezuka-Tatsumi, Kirby-Ditko, Goscinny-Crepax, C.Gould-E.Bushmiller, C.Brown-los hermanos Hernández.


¿Cómo definiría el cómic?

Es un medio de comunicación híbrido que alterna imagen y texto y que formalmente tiene que ver más con diseño gráfico que con el resto de disciplinas artísticas. Tiene la cualidad específica de que representamos tiempo con espacio, de ahí que la condensación y las elipsis sean elementos importantes. Yo tiendo a darle más importancia a lo visual que al texto, pero cada autor pone el acento en puntos distintos.

¿Por qué la narrativa del cómic es atractiva para usted?


Porque me permite contar historias, que al final es lo que me interesa.

Le concedieron el Premio Nacional de Cómic 2017, por la obra «Lamia» (Astiberri, 2016), por «su capacidad de innovación formal y estética, que aprovecha el andamiaje de una historia de género negro para relatar una parte de nuestro pasado, y por su tratamiento del papel de la mujer en dicho periodo». ¿Qué ha supuesto para usted dibujar y escribir «Lamia», y por tanto recibir este premio?

Pues el Premio se ha traducido en más ventas, más viajes y encargos de entidades que antes no sabían ni que existía o que lo sabían pero que me obviaban. Por lo demás, no ha supuesto un cambio en mi trabajo o en mi manera de enfrentarme a él, al final ganar un premio tiene un porcentaje alto de suerte (que coincida un jurado al que le guste tu trabajo), así tampoco hay que perder esa referencia.
«Lamia» lo concibió de forma artesanal con tinta china, plumilla, escuadra y cartabón. El arte digital y la aplicación de nuevas tecnologías tienen cada vez más importancia en el gremio. 


¿Se está perdiendo la ejecución artesanal?

En cuanto al color, desde luego, respecto al dibujo hay de todo. Cada vez hay más publicaciones y más gente que decide hacer tebeos, así que todos los porcentajes crecen.

¿Existe una mayor implicación personal al ser también dibujante y guionista? ¿Cuánto tiempo le llevó escribir y dibujar esta obra, y por qué el blanco y negro?


La implicación profesional es la misma, haces el trabajo lo mejor posible dentro de tus posibilidades. Pero claro, cuando cuentas tu historia la conexión es distinta de cuando trabajas sobre un guión o un texto ajeno. «Lamia» me llevó unos tres años realizarla desde la idea original, pero estuve centrado en ella durante dos. La hice en blanco y negro porque el tipo de historia que cuento no podía imaginarla de otra manera.

Al realizar un proyecto ¿trabaja en muchos bocetos hasta que llega a la idea final? ¿Qué hace luego con esos primeros trazos? ¿Los tira? ¿Los conserva?


Sí, genero un montón de papel mientras escribo la historia, pero sobre todo mientras la depuro y busco la manera más eficiente de contarla. Guardo bastante material, el que considero clave, pero tiro a la papelera el 70% del papel que gasto.

La posición de guionista y la posición de dibujante, son dos posiciones contrapuestas que en el cómic se complementan, uno emplea la palabra y el otro la imagen ¿Cómo se llega al equilibrio entre estas dos figuras necesarias a la hora de emprender una nueva obra?

Es una cuestión de educación, inteligencia, respeto por las ideas y capacidad del otro, sentido común y control del ego, algo complicado en la gente que nos dedicamos a un oficio creativo.


¿La elipsis lo es todo en el cómic?

Es una parte del trabajo que le dejamos al lector y es lo más delicado de manejar. En la lectura del gutter (la «calle» que es lo que se denomina en el cómic el espacio vacío entre viñetas) está la gran parte de la magia de este medio, pero no lo es todo.

Obras como «Nela», «Lamia» y «Sordo» -ésta última es un trabajo que realizó junto a David Muñoz y ahora reedita Astiberri 10 años después de la primera edición-, se basan en un contexto histórico y literario determinado.


 ¿Por qué su interés por contar acontecimientos del pasado?

Pues no lo sé, nunca lo había pensado. Tengo también «Final feliz» y «Sin título.2008-2011» que transcurren en el momento en el que los hacía, así que hablar del pasado no es una constante en mi trabajo, o al menos no lo considero así.

«Sordo» se ha actualizado con distintos extras, además se va a realizar una versión cinematográfica dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas, con Hugo Silva, Aitor Luna, Asier Etxeandia e Imanol Arias en su reparto.


 ¿El éxito definitivo de un cómic es su adaptación al cine? Háblenos del proyecto.

Ni de broma, el éxito definitivo de un cómic es contar de la manera más eficiente posible una historia. Lo demás son carambolas que hacen los proyectos una vez que los entregas al público.

Sé poco sobre el proyecto aparte de lo que has mencionado en la pregunta. David y yo no quisimos inmiscuirnos en la producción, la película será la criatura de su director, guionista y productor. Nosotros sólo vendimos los derechos sobre la historia y ellos se han inspirado en ella para hacer la suya.

¿Qué consejo daría a los jóvenes que quieren convertirse en ilustradores profesionales?

Este es un oficio duro, dentro del ámbito creativo no conozco ninguno que sea más exigente. No se puede ser vago ni conformista y es una carrera de fondo. Sólo unos pocos pueden vivir de esto y casi todos lo hacen fuera de España, así que es buena idea estudiar idiomas y tener un plan alternativo. Buena suerte.

lunes, 10 de diciembre de 2018

El País:Tintín viajó a la luna 20 años antes que el Apollo 11


En el siglo XX produjo una serie de iconos gráficos universalmente reconocibles: la botella de Coca-Cola, el paquete de cigarrillos Lucky Strike, la boca con la lengua fuera de los Rolling Stones, el lema de I Love New York con el corazón rojo y las letras negras, el huevo frito de Miró para la campaña turística española y… el cohete rojo y blanco, el X-FLR6, con el que Tintín viajó hasta la Luna, casi dos décadas antes de que la realidad, con el Apollo 11, alcanzase al héroe de los pantalones de golf creado por Hergé. Objetivo: la Luna y Aterrizaje en la Luna se publicaron por entregas entre el 30 de marzo de 1950 y el 30 de diciembre de 1953 y rápidamente se convirtieron en algo más que tebeos.

Desde el 17 de diciembre, con motivo del 50º aniversario de la llegada del hombre al satélite terrestre, el 21 de julio de 1969, CosmoCaixa dedica en Barcelona una exposición a la hazaña del personaje de Hergé titulada Tintín y la Luna. 50 años de la primera misión tripulada. “La fuerza del álbum consiste en que no se trata de un relato de ciencia-ficción”, explica Dominique Maricq, uno de los grandes tintinólogos, autor de libros como Hergé por él mismo e investigador desde hace 25 años de Studios Hergé, la fundación que se ocupa de conservar y difundir la obra del autor belga. “Su opción fue desde el principio dibujar una aventura seria, de divulgación científica, eso sí, con el humor típico de sus álbumes y con una intriga de espionaje”, prosigue el experto.

El éxito de los dos tebeos, el decimosexto y el decimoséptimo de la serie, de 62 páginas cada uno, se basa precisamente en eso: dentro de la fantasía, Hergé (1907-1983) trató de ser realista y convincente. No aparecen marcianos, ni rayos láser, ni civilizaciones ocultas en la cara oscura de la Luna, ni otros elementos que proliferaban en la ciencia-ficción aquellos años de descubrimientos y de incipiente carrera espacial, sino que utilizó todos los datos que tenía a mano para tratar de construir una historia verosímil —de hecho, acertó en cosas entonces ignoradas, como la existencia de hielo en el satélite—. Aunque no es el tebeo de Tintín más influido por la Guerra Fría —es justamente el siguiente, El asunto Tornasol, otra de las obras maestras de Hergé—, sí que está muy marcado por el momento en el que fue concebido, en plena pugna de bloques: el intento de alcanzar el espacio se concibe como una hazaña política tanto como un logro científico, y sobre el relato flotan el espionaje, la seguridad y el secretismo.

“Buscó fuentes muy buenas, se documentó sobre experimentos científicos, sobre todo en Estados Unidos”, señala Maricq. “Hergé siempre fue muy sensible a la actualidad, era algo que le interesaba mucho. En 1949 se había lanzado un cohete desde una base estadounidense y al final de la Segunda Guerra Mundial se arrojaron los cohetes V2 nazis. También conoció a ingenieros y hasta a un responsable de investigación atómica en Bélgica, que le dio pistas, a medio camino entre la utopía y la ciencia. Se documentó sobre aspectos muy técnicos sobre el átomo, las máquinas, la energía nuclear. Supo rodearse muy bien para hacer algo creíble”.


Es uno de los álbumes donde la obsesión por los detalles de Hergé es más evidente; por ejemplo, en los dibujos de la superficie lunar o del espacio. Introduce el asteroide Adonis, que no fue descubierto hasta 1936, y el cohete es propulsado por energía atómica, que era entonces un campo en pleno desarrollo. Este realismo, eso sí, se produce paradójicamente dentro de la suspensión de la realidad que caracteriza la serie, no solo porque transcurra en un país inventado, Syldavia, sino porque acaban viajando a la Luna los astronautas más inverosímiles que se puedan concebir. Aparte del ingeniero Frank Wolff y de un polizón, los viajeros espaciales son Tintín, su perro Milú, el capitán Haddock, el profesor Tornasol y los desastrosos detectives Hernández y ­Fernández, que se cuelan por error en la nave, pero para los que también tienen a mano los famosos trajes espaciales naranja que les permiten pasear (con sus bastones) por la Luna. Pero el genio de Hergé reposa precisamente en esa combinación imposible, que sin embargo funciona perfectamente, entre el realismo —­era un obseso de la documentación, consultaba todo tipo de publicaciones para sus esbozos, y un dibujante de una extraordinaria precisión— y la fantasía.

Curiosamente, los diseños, sobre todo el del cohete, han envejecido muy poco durante este periodo, pero una parte del humor aparece hoy como totalmente incorrecto, porque se basa en las tremendas borracheras que se agarra el capitán Haddock, mientras suelta sus maravillosos improperios —“cataplasma, ectoplasma, iconoclasta, astronauta de agua dulce”—, que ponen en peligro su propia vida y la de los demás. La obsesión del capitán es llevarse whisky a la misión lunar, pese a que se lo habían prohibido explícitamente, algo que consigue escondiendo el alcohol dentro de un libro. De hecho, cuando en 1962 se adaptó en dibujos animados, los autores instauraron la ley seca para Haddock y reemplazaron el whisky por café, y el motivo de su salida al espacio ya no fue una borrachera, sino su habitual torpeza. Sin embargo, el tebeo provocó un pequeño escándalo por otros motivos: la Iglesia católica belga protestó por un detalle —el suicidio del ingeniero Wolff para salvar a sus compañeros ante la falta de oxígeno en el regreso—. En la versión que finalmente se publicó en forma de álbum, Hergé accedió a cambiar el tono y la letra de la carta de suicidio para que no pareciese que se quitaba la vida, sino que se sacrificaba por todos lanzándose a una misión con pocas esperanzas de sobrevivir.


“Gráficamente representa una depuración de todo lo que significa Tintín”, explica el autor de cómics Paco Roca, que acaba de publicar El tesoro del cisne negro (Astiberri), un tebeo de corte tintinesco y que, como Hergé, ha cultivado la línea clara como estilo. “Todos sus tebeos, pero en especial los de la Luna, resumen lo que significaba el cómic en ese momento: transportarnos a lugares a los que la humanidad no había llegado, y que solo se podían alcanzar a través de los dibujos y del cine. Además, Hergé se tomaba el cómic muy en serio, aunque en principio se dirigía a todos los públicos, en particular a los niños, no dejaba nada al azar”, prosigue Roca. Este tebeo, sin embargo, se encuentra entre los más oscuros de la serie, sobre todo la segunda parte, y tal vez precisamente por eso sea uno de los que más permanecen en la memoria de los adultos.


El año 1950 es muy importante para el dibujante belga porque es cuando funda su estudio ante la enorme repercusión que alcanza su obra, y se convierte así en una industria del entretenimiento. Cuando la editorial Casterman empezó a publicar hace tres años la Integral Hergé, que pretende recopilar en 12 tomos toda su producción, desde los tintines hasta dibujos desperdigados en todo tipo de revistas, no arrancó cronológicamente, sino con el tomo que cubre el periodo 1950-1958, que concentra muchas de sus obras maestras. No es una casualidad tampoco que el dibujo de Hergé que ha alcanzado un precio más elevado en una subasta sea una plancha original de Objetivo: la Luna en tinta china por la que se pagaron 1,55 millones de euros.

Como en muchos de los tebeos de Hergé, su viaje a la Luna fue un trabajo de equipo. En este caso, colaboró con Bernard Heuvelmans y Jacques Van Melkebeke en la historia que fue perfilando y profundizando según se iba publicando en la revista Tintín. Los álbumes que aparecieron posteriormente, en 1954, también presentan cambios con respecto a la historia difundida por entregas. Cuando comenzó la serie, muchos detalles técnicos se le escapaban y el equipo fue solucionándolos sobre la marcha, pero tuvo la suerte de que justo en 1950 apareciese un ensayo científico de Alexandre Ananoff titulado Astronáutica. De hecho, le rindió un homenaje explícito, ya que el libro aparece en una de las portadas de la revista, sobre la mesa del estudio del profesor Tornasol. Pero, por encima de todos los demás, un dibujante tuvo un papel especialmente importante: se trata de Bob de Moor, que, entre otras cosas, fue quien concibió el icónico cohete y se ocupó de la superficie lunar. “El genio de gran narrador de Hergé se refleja en que algunos objetos acaban por ser tan importantes como los propios personajes. Es sin duda el caso del cohete o del ídolo Arumbaya de La oreja rota”, explica Maricq. Hoy se recuerdan las palabras que pronunció Neil Armstrong al pisar el satélite —“un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”— por encima de las de Tintín –“ya está, he dado unos pasos, por primera vez en la historia de la humanidad, hemos caminado sobre la Luna”—, pero sin duda el rojo y blanco del X-FLR6 ha ganado la batalla al Apollo 11 en la imaginación planetaria.