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miércoles, 31 de octubre de 2018

100 crisis de un papá primerizo. Un cómic transmedia para padres principiantes

El cómic ‘100 crisis de un papá primerizo’ es el relato en primera persona de todo lo que le sucedió a su autor, Eduardo Prádanos, y a su mujer desde que comenzaron a buscar a su hijo Álex hasta que éste tuvo un año y medio de edad.

Este es un libro que narra, desde el humor, 100 situaciones que vivieron sus protagonistas distribuidas en casi 300 páginas. “Todo lo que se refleja en el cómic nos sucedió realmente, fui apuntándolo en mi móvil para que no se me olvidara y, luego, le dimos forma”, comenta el autor.

“Me suscribí a un boletín de noticias y todas las semanas me llegaba un correo electrónico diciéndome que si ya tenía que estar notando pataditas en la tripa o que los pezones se me estaban agrietando… Y yo no notaba nada de eso”, continúa la madre. “Así que observé en primera persona la necesidad de que nosotros también pudiéramos estar acompañados de alguna forma”, sostiene.
Situaciones reales

El cómic relata situaciones reales y no son consejos. “Los consejos a papás primerizos muchas veces son muy difíciles de encajar”, comenta Eduardo Prádanos, “porque vienen desde la invasión y desde la locura de que debemos ser perfectos como padres primerizos”. Y ése fue el segundo detonante por el que decidió trasladarlo en esta obra.

El libro recorre muchos de los momentos por los que pasan los padres primerizos: las clases de preparación al parto, las discusiones sobre por qué comprar un carrito y no otro, las opiniones dañinas de determinadas personas que cuestionan la educación a los hijos y la enorme falta de sueño provocado por un bebé que no duerme bien, entre otras.

Además, el cómic viene acompañado de siete elementos narrativos más que lo complementan de forma transmedia:

– El cómic: como piedra angular del proyecto.

– Los podcasts con Ari: grabaciones de audio de su mujer, donde se explican las diferentes situaciones desde su punto de vista, muy diferentes al de Eduardo.

– Las balas perdidas de Edu: los espermatozoides que no llegaron a fecundar a la mujer del autor.

– Los cuentos para el pequeño Álex: donde el autor escribe pequeños relatos a su hijo.

– La Papipedia: la enciclopedia para los papás primerizos.

– Las charlas en el parque: conversaciones con otros padres en formato vídeo.

– El ‘cuñadobot‘: un chatbot en el que conversar con tres tipos de cuñados: el motivado, el agonías y el punky.

– Y el colega cenizo: ese amigo al que todo lo que le ha sucedido es siempre mucho más importante que lo tuyo.

‘100 crisis de un papá primerizo’ busca conectar con los padres y madres principiantes, además de con todos aquellos que están a punto de tener un bebé, como con los que ya lo tuvieron hace tiempo y quieren recordar aquellos momentos que ya han ido olvidando.

Título: 100 crisis de un papá primerizo.
Autor: Eduardo Prádanos.
Ilustraciones: Marina Rodríguez.
Edita: Independently published.

viernes, 26 de octubre de 2018

La Guerra Civil a través del cómic


Destacados autores de cómics como Antonio Altarriba, José Pablo García, Sento Llobell, Paco Roca o David Fernández participan en estas jornadas organizadas por el Archivo Histórico Provincial de Alicante y el Centro de Formación y Recursos para el Profesorado (CEFIRE) en las que se analizará la influencia del cómic como recurso didáctico, en este caso, como instrumento para hacer comprender a los escolares este periodo convulso de nuestra historia reciente.

Los profesores del CEFIRE Humanístico, Rafael Álvarez y Felipe Sigüenza, destacan la capacidad para transmitir mensajes y captar la atención de los estudiantes y de hecho, con los materiales recogidos se ha elaborado un material didáctico ideado para ser utilizado en nuestros centros educativos.

De hecho, estas jornadas -que se prolongan hasta el sábado,  27 de octubre- también se repetirán en las provincias de Castellón y Valencia.

También hemos hablado con Sento Llobell quien en su libro "Doctor Uriel" ha contado la historia de un joven médico que en el verano de 1936, no podía imaginar que su vida se iba a convertir en una terrible pesadilla.

Llobell destaca la importancia de conservar este tipo de testimonios que no son incluidos en los grandes libros de historia.

Y por otra parte, las jornadas han coincidido con la inauguración de la exposición que se podrá ver hasta el próximo mes de junio en el Archivo Histórico Provincial de Alicante.

Su directora, María del Olmo Ibáñez, destaca de esta muestra la recreación de una escena que recuerda la entrada de "La Novena" en París, que cuenta con aportaciones del Museo Puzol de Elche y que narra la liberación de la capital gala por una unidad de combatientes españoles.

Pero además, también se exhiben originales de cómics de época. Entre ellos, hay ejemplares del TBO, Búfalo Bill, Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz, entre otros.

miércoles, 24 de octubre de 2018

‘Belzebubs’: el black metal llega al cómic


De ser uno de los géneros musicales más extremos que existen, el black metal ha pasado a ser un elemento más del que la cultura popular se está apropiando. De esta manera, desde su explosión en los años 90, este tipo de música no apto para todos los oídos ha ido conquistando a más y más público, hasta el punto de que podamos encontrar en anuncios publicitarios, películas o videoclips comerciales algunos de sus rasgos más característicos: el corpse paint o maquillaje corporal de cadáver, el color negro en la indumentaria o las soflamas contra la religión en sus letras.

En el cómic, el black metal ha tenido una presencia testimonial: alguna adaptación de los hechos sucedidos en Noruega con el llamado “inner circle”, con asesinatos y quema de iglesias incluidas, o el genial cómic Black metal de Rick Spears y Chuck B.B., que permanece inédito en castellano. Ahora Dibbuks se ha animado a editar Belzebubs, del finlandés J.P. Ahonen, un cómic que empezó como webcómic en la revista Metal Injection y que se ha popularizado hasta dar el salto a otros medios como la animación e incluso la música.


Belzebubs es una tira cómica que se organiza narrativamente como un falso documental que sigue la vida de un pareja con dos hijos en un mundo en que el black metal es la cultura que comparte todo el mundo. A medio camino entre la realidad y la ficción, Ahonen aprovecha los tópicos más divertidos de esta subcultura (el maquillaje, la ropa claveteada y ajustada, la adoración al diablo, los nombres indiscernibles en las portadas de los discos) para crear una tira cómica divertida e inteligente. ¿Cómo debe de ser tener un bebé black metal? ¿Y si tu hija blacker adolescente se enamora de un fan del rock progresivo? ¿Quién trae regalos de Navidad a los blackers (Satan Claws, por supuesto)? Estas y otras preguntas de la vida cotidiana de una familia extrema tienen respuesta en esta tira cómica.


¿Es Belzebubs un cómic dirigido a un público muy concreto, a los heavys y, en especial, a los blackers? En cierta forma sí, porque algunas referencias (más explícitas, como que se hace a Emperor, o más veladas, como las que hay a grupos como Immortal o Behemoth) sólo las entenderán los iniciados al género. Pero dejando aparte estas referencias, lo cierto es que este cómic puede ser disfrutado por cualquier lector, teniendo en cuenta que, al igual que Calvin & Hobbes, otra tira cómica de la cual Belzebubs bebe mucho, cada lector proyectará un nivel de lectura diferente. Pero ya sólo por el enorme talento del autor, que sabe conjugar perfectamente un estilo amable y desenfadado, caracterizado por los trazos suaves y redondeados, con una temática agresiva y brutal, la lectura ya vale la pena.

martes, 23 de octubre de 2018

Las mujeres revolucionan el cómic


Mujer. En torno a los 30 y 40 años. Observadoras de lo que les rodea para sacarle punta. Las redes son una herramienta de trabajo para muchas de ellas. Empatizan con los lectores tratando con mucho humor temas cotidianos. El dibujo es su altavoz en el mundo. Éste es el retrato robot de un amplio grupo de ilustradoras, viñetistas, dibujantes, artistas o creativas que han publicado libros gráficos o cómics en los últimos dos años.

Las mallorquinas Enriqueta Llorca, Flavia Gargiulo, Nívola Uyá, Eva Barceló y Margalida Vinyes encajan en el perfil con un proyecto coral que acaba de alzar el vuelo, El terror de las nenas, un recopilatorio de 13 historietas con el punto de vista femenino como denominador común. "Lo que nos diferencia de otras publicaciones sobre temas relacionados con la mujer es la mirada. El enfoque conjunto de las viñetas es el terror. Porque pensamos que en lo cotidiano hay mucho terror", sostienen. Un género que hasta ahora siempre ha gozado de visiones masculinas. "También es terror cuando te pierdes participar en algo porque has de quedarte cuidando a los niños", consideran. "Conciliar es terrorífico", abundan.

El proyecto aspira a convertirse en libro en 2019. De momento, el próximo jueves mostrarán un aperitivo con originales de cinco historietas en el Casal Solleric, en el marco del Festival Còmic Nostrum. "Los lectores verán que no son cómics feministas autobiográficos escritos siempre en relación al hombre. Las protagonistas son mujeres y en sus historias aparecen nuestras angustias y pesadillas, muchas de ellas recurrentes", comentan.

Flavia Gargiulo reflexiona sobre la caducidad del valor social de la mujer. Una historia que bebe de la ciencia ficción y estira del hilo de la cirugía plástica. En Fátima, Enriqueta Llorca da vueltas sobre el trauma enfermizo que sufre la protagonista tras perder a su madre. La hazaña de la primera mujer que corrió un maratón, Kathrine Switzer, se hace cómic con el trazo de Eva Barceló. Margalida Vinyes dibuja una crítica ácida contra la dictadura de la estética a través de Gregoria -guiño a Kafka-, quien tras depilarse sufre una metamorfosis: se convierte en Velluda (título de las viñetas). "Va por las valientes que van sin depilar y han de aceptar la mofa. Arrancarse el pelo duele mucho. Aún me acuerdo de la primera vez que mi madre me depiló con cera y me hizo morder un lápiz para sentir menos dolor", evoca Vinyes. Nívola Uyá incide en un tema tabú en su relato: la pérdida de un feto durante el embarazo, "un hecho que la mujer vive con angustia, culpa y soledad. Luego, cuando hablas en privado con amigas o familiares, te das cuenta de que le ha pasado a muchas mujeres. Es un tema que hay que sacar a la luz", considera la dibujante, en la misma línea que la conocidísima Paula Bonet, quien publicó un libro sobre su doloroso aborto.

El resto de historietas de El terror de las nenas está cogiendo forma en las mesas de estas ilustradoras y dibujantes. Prometen viñetas sobre mujeres invisibilizadas en sus trabajos, sobre la violencia machista, sobre los grupos de whatsapp de madres o sobre las relaciones con la propia vagina a lo largo del tiempo.

La revolución de las mujeres en el cómic no sólo afecta a las temáticas, "también abraza la forma". Su trazo es menos académico, más descontrolado, "aunque en este sentido nosotras no encajaríamos tanto en estilos como el de Flavita Banana o Emma Clit", reconocen.

lunes, 22 de octubre de 2018

Tintín en la Luna tendrá exposición en Cosmocaixa


La programación de la nueva temporada de CosmoCaixa conmemorará los 50 años de la llegada del hombre a la Luna con la exposición Tintín y la Luna, que se inaugurará a mitad de diciembre y permitirá a través del célebre personaje de Hergé, hacer un recorrido por las principales innovaciones que permitieron llegar a la Luna y cómo éstas han afectado en la vida cotidiana.

Titín será la estrella de la nueva temporada en la que también estarán presentes las matemáticas y la física en la exposición Espejos. Dentro y fuera de la realidad en la que a través de este elemento tan cotidiano se podrán revelar distintos fenómenos científicos y la realidad que nos rodea.

La última exposición de la temporada Sables y mastodontes. La megafauna del Mioceno, se inaugurará en junio del 2019 y mostrará cómo era la fauna de la Península Ibérica hace nueve millones de años. Contará con 160 piezas excepcionalmente bien conservada halladas en el Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Madrid). En ella se podrán observar el caparazón completo de una tortuga gigante, dos cráneos completos de tigres de dientes de sables y un cráneo y una mandíbula de mastodonte, antepasados de animales que actualmente no se encuentran en la península, lo cual permite comprobar cómo era y cómo ha cambiado el clima en nuestro territorio.

La nueva programación incidirá, según Elisa Duran, directora general adjunta de la Fundación La Caixa, en los objetivos de este museo que son: “Acercar la ciencia a la ciudadanía, estimular las vocaciones científicas entre los jóvenes y poner en valor la investigación científica en el país”.

También intentarán superar los números de la temporada anterior, “excepcional” según Durán, después de superar el millón de visitantes, convirtiendo al centro en uno de los más concurridos de la ciudad. Otro récord fue el de visitas en un día gracias a la “estrella de la temporada pasada”, la exposición Trix, el ejemplar de tiranosaurio mejor conservado del mundo, que consiguió casi 10.000 visitas en el fin de semana de su despedida.

La presentación sirvió para anunciar que con motivo del 15 aniversario del museo se renovará la sala permanente para “adaptarse a una museografía mucho más moderna e interactiva que nos permita explicar lo que explicamos de una forma más sofisticada”.

sábado, 20 de octubre de 2018

La toma de Badajoz durante la Guerra Civil llega al cómic


Yagüe prepara desde el Cerro Gordo la entrada en Badajoz de las tropas sublevadas. En la ciudad se respira ya el miedo. La familia que la ha protegido desde la Reconquista -los Suárez de Figueroa- lidera de nuevo su defensa. Le acompañan otros tres superhéroes y juntos intentarán frenar el asalto. Así arranca '1936. La Batalla por Badajoz', el primer cómic que narra en viñetas uno de los episodios más funestos de la Guerra Civil.

Lo firman los pacenses Carlos Correia y Marce Parra, quienes al alimón han condensado en 32 páginas el asalto, el choque, la derrota y la represión. Aunque en el bando republicano están los superhéroes, la historia es la misma: Badajoz cae a manos del ejército golpista.

Esta es la primera incursión de los autores en el cómic histórico, quienes hasta ahora han hecho historietas de ficción y cuentos infantiles. Eso les ha obligado a tirar no solo de imaginación, también de libros y de imágenes para documentarse tanto del relato como de los escenarios. «Los hechos son reales», confirma Correia. La peculiaridad de este trabajo es que el rigor histórico se combina con personajes de ficción, unos superhéroes inspirados en leyendas locales que le dan el enfoque original del formato del cómic.

Así, en el bando republicano que defiende la ciudad está la 'Dama de blanco del Guadiana', la sugerente mujer que dicen que se aparece en el río las noches de luna llena. También aparece el 'Caldero del portugués', el osado jinete luso que robó el pendón de la ciudad y se lo llevó a Elvas y que como castigo murió en una caldera de aceite hirviendo. El tercer personaje con superpoderes es el 'Entiznao', quien según la zona de Extremadura donde se cuente es un duende o un gigante que controla las tormentas. Y al frente de ellos, el 'Caballero Guardián', de los Suárez de Figueroa, el personaje inventado por Correia y Parra.

El cómic se centra en la acción de los apenas dos días de agosto que tardó en caer Badajoz. «Se cuenta la toma de la ciudad, la rendición del cuartel de la Bomba primero, el acceso fácil por el río porque el Fuerte de San Cristóbal se unió a los sublevados, el ataque a la catedral que fue uno de los últimos refugios y por último la entrada de Yagüe y sus tropas en el Ayuntamiento».

El cómic no toma partido por ninguno de los bandos y pasa de puntillas por la conocida como 'la matanza de Badajoz'. Precisamente, en la represión acaba el cómic, con una frase que sugiere lo que vendría después, la de Yagüe diciendo: «No podemos avanzar con miles de prisioneros en la retaguardia». «Hemos querido alejarnos del aspecto más polémico y también más conocido. Aquí se habla mucho de la matanza de Badajoz pero no se conoce cómo se llegó a ella y eso es lo que contamos», justifica Correia.

Lo hacen con un afán divulgativo. «Es una forma de acercar la historia al público más joven, porque los libros históricos son muy profundos y salvo que tengas mucho interés, no te los lees», añade.

El cómic de la toma de Badajoz forma parte de una serie que la editorial Verkami está publicando sobre los diferentes episodios de la Guerra Civil. Por su parte, Correia y Parra ya están trabajando en los bocetos del que será su proyecto más ambicioso: contar en viñetas la historia de Badajoz desde la Reconquista hasta nuestros días.

viernes, 19 de octubre de 2018

Cómo leer un cómic


 Los cómics son un medio expresivo ciertamente extraño. Un tal Tom Wolf lo sintetizó en 1977, cuando escribió estas palabras para el Harvard Educational Review:

"Durante los últimos cien años, el actor de leer ha estado conectado de un modo bastante directo al concepto de alfabetismo (...) Aprender a leer significaba aprender a leer palabras (...) Pero la lectura ha ido estudiándose progresivamente más a fondo. Informes recientes demuestran que leer palabras es sólo una pequeña parte de una actividad humana mayor, que incluye la decodificación de símbolos, la integración y ordenación de información (...) De hecho, podemos pensar que leer —en su sentido más general— es una forma de actividad perceptual. La lectura de palabras es una manifestación de esta actividad, pero hay muchas otras: la lectura de imágenes, mapas, diagramas de circuito, notas musicales...".

Estas palabras de Wolf aparecen recogidas en el monumental ensayo 'El cómic y el arte secuencial', de Will Eisner, editado en España por Norma. Publicado en 1985 y revisado en 1990, este libro se considera una auténtica master class impartida por el Orson Welles de su medio, quien no en vano comenzó a escribir los principios, métodos y teorías que lo componen mientras impartía un curso en la School of Visual Arts de Nueva York (más tarde, publicaría algunos fragmentos en las páginas finales de 'The Spirit'). Eisner estaba interesado en algunos aspectos puramente prácticos, como demuestran sus valiosas lecciones de anatomía para dibujantes principiantes, pero su altísimo calibre teórico fue lo que allanó el camino para obras como 'Entender el cómic' (1993), de Scott McCloud.

 Tanto uno como otro tuvieron que enfrentarse a cuestiones tan básicas como la dirección en la que los ojos del lector deben moverse cuando lee un tebeo occidental (el manga es, como seguramente sepas, harina de otro costal). Alex Abad-Santos lo expresó muy bien en este didáctico artículo para Vox: "El texto te salta desde todos los ángulos. En ocasiones, la secuencia de eventos puede ser difícil de seguir. Y hay un montón de títulos que se crearon específicamente para ser un desafío. Y, en general, los lectores de cómics tienden a ser autodidactas: no tenemos un sistema genial para enseñar a la gente cómo leer historias contadas de forma visual".

Eisner consideraba que las estructuras de la ilustración y la prosa eran similares, luego mirar una viñeta con diálogo equivale a leer una imagen y a decodificar un texto. Para McCloud, cuyo ensayo en forma de cómic fue aplaudido a rabiar por el padre de Spirit, la "combinación interdependiente de palabras y dibujos" nace en la Europa del siglo XIX, mucho antes de que nadie pensase en el cómic como arte o vehículo expresivo. No obstante, a ambos les preocupa la forma en la que alguien se enfrenta a una página: por dónde empezar, qué tiempo dedicar a analizar el dibujo, cómo leer los diálogos, de qué manera hay que decodificar la narrativa secuencia que se nos está presentando... En su camino de perfección, Eisner llegó a, por ejemplo, considerar las letras como imágenes, o al menos como parte esencial y orgánica de la ilustración. En ningún lugar se ve mejor que en las splash pages que empezaron a abrir las historietas de Spirit a partir de diciembre de 1940, cuando publica este magistral paisaje con el propio título de la cabecera en modo cuasi-diegético. Desde entonces, se convertiría en señal de estilo.

 De alguna manera, el cómic trabaja siempre con marcos. La propia página es uno, pero cada viñeta, considerada por separado, puede ser también un cuadro dotado de imagen y palabra. La suma de esos pequeños cuadros conforma la famosa narración secuencial, una manera de narrar y componer el tiempo que se antoja como una de las artes más democráticas que existen. A no ser que aterrices de nuevas en una de esas series regulares de superhéroes que se nutren de su propia continuidad, lo normal es que no necesites ningún tipo de background para leer un cómic. A diferencia de otras artes pictóricas, el tebeo no requiere conocimientos de historia o crítica, aunque a veces ayuda. Por ejemplo, el genio de 'Watchmen' es evidente para cualquier tipo de lector, pero sólo aquellos que conozcan la historia del cómic superheroico hasta mediados de los ochenta podrán llegar a sus capas más profundas de subtexto y significado.

Y, ya que hablamos de Alan Moore, esta página de 'Greyshirt', dibujada por Rick Veitch y publicada en el número 2 de 'Tomorrow Stories' (noviembre de 1999), nos sirve para explicar cómo funcionan ciertas cosas en el lenguaje del cómic. De hecho, la propia historieta, ambientada en un único edificio de apartamentos a lo largo de varias décadas, se titula así, en uno de los muchos chistes metalingüísticos que componen su complejo, sobrecogedor andamiaje narrativo. Moore y Veitch estaban rindiendo un homenaje explícito al Spirit de Eisner, quizá el tebeo mainstream norteamericano que más a fondo reflexionó sobre la propia mecánica de su medio (el héroe podía, por ejemplo, correr por el espacio blanco entre viñetas, explicitando su condición de criatura ficticia atrapada entre marcos y espacio negativo).

 En este caso, cada una de las cuatro viñetas que componen cada página de la historia está anclada en el tiempo y en el espacio: así, en la superior siempre es 1999, mientras que vamos retrocediendo veinte años a medida que bajamos. La aventura de Greyshirt (un remedo de Spirit) tiene sentido si leemos cada uno de los pisos por separado, pero sólo alcanza su dimensión final si la leemos en el orden natural de los cómics. Lo que Moore y Veitch logran en su tributo al maestro es recordarnos que los cómics tienen una habilidad única para reflexionar sobre las convenciones de su propio lenguaje, lo que explica por qué tienden siempre hacia la subversión o parodia de códigos semióticos establecidos.

El cómic es, también, un arte de equipo. Incluso en las ocasiones en las que guionista y dibujante son la misma persona, lo normal es que tengamos profesionales dedicados a los colores, el entintado, las letras, la edición. La conjunción de todo ese equipo es lo que hace que un tebeo funcione. No sirve de nada tener al guionista más brillante y minucioso cuando nos encontramos con un dibujante que no sabe narrar con imágenes, y viceversa. Algunos fans de los cómics afirman que no suelen fijarse en el dibujo, pero eso es absurdo: filigranas como las de Frank Quitely en el número 700 de 'Batman' no sólo son enórmemente ricas en detalles, sino que la propia composición de la página, con sus viñetas tambaleándose al son de la pelea, indica una astucia de narrador pursangre.

Actualmente, nos encontramos inmersos en un periodo donde las antiguas categorías culturales están sufriendo un intenso periodo de erosión. El panorama de hoy ya no hace distinciones entre alta y baja cultura, entre el arte serio y el entretenimiento masivo. De este modo, antiguas formas subculturales como los cómics se han consagrado, al mismo tiempo, como mainstream y como arte elitista: aunque mucha gente los siga asociando con superhéroes y fantasías adolescentes, lo cierto es que ahora están ganando premios en los más prestigiosos certámenes o enseñando a las nuevas generaciones el horror del Holocausto. El mejor ejemplo de ambos fenómenos es, por supuesto, 'Maus', ganador del Pulitzer en 1992. Desde entonces, ya dejó de haber excusas para aprender a leer un cómic correctamente, así que imagínate si llegas tarde.

miércoles, 17 de octubre de 2018

El País:Las abuelas de Ana Penyas, Premio Nacional del Cómic



La artista valenciana Ana Penyas ha sido galardonada este martes con el Premio Nacional del Cómic 2018 por la novela gráfica Estamos todas bien. El premio, concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, está dotado con 20.000 euros. El jurado seleccionó esta obra, la primera de la autora, por “rescatar, a partir de una historia familiar, la voz de una generación silenciada; por la innovación y la frescura de la puesta en escena gráfica, además de la habilidad para integrar recursos del cómic y de otros medios”.

La novela nació cuando Penyas estaba finalizando la carrera de Bellas Artes en Valencia. Nunca había escrito un cómic y un profesor les pidió que crearan un tebeo de cuatro páginas. “Tras una visita a mi abuela Maruja, que vivía sola en Alcorcón y empezaba a perder facultades, volví muy sensibilizada”. Después completó el proyecto con la incorporación de retazos de la vida de su otra abuela, Herminia. Y tras el interés de un editor, que luego se desinteresaría, creció el proyecto. El empujón final para su publicación llegó con el X Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC-Salamandra Graphic en 2016.

El relato generacional construido por Penyas habla de “muchas cosas”, como señala la propia autora. Habla de la memoria histórica y del franquismo, de feminismo y de las mujeres olvidadas de toda una generación. Pero, sobre todo, habla de las personas cotidianas que construyen una sociedad. “Cuando se habla del franquismo siempre se hace en términos pasados. Yo quería enlazarlo con el presente, con esa herencia que está en nuestras casas, con esas mujeres que se educaron en los valores del franquismo y lo sufrieron durante 40 años”, explicó.

La ilustradora, de apenas 30 años, registró, con la grabadora en la mano, las anécdotas de sus abuelas. Estamos todas bien es un tributo a las mujeres de la posguerra: “A quienes no solemos cuidar como ellas nos cuidaron, siempre han sido personajes secundarios de otras vidas: la esposa de, la madre de, o la abuela de. Como Maruja o Herminia”

Penyas recibió la noticia del premio entre alegre y abrumada. En el estudio compartido en el que trabaja, confesó que “estaba pendiente del galardón porque sabía que estaba nominada”. Pero sus palabras vuelven a los sentimientos que ahora la dominan: “Súper contenta, pero un poco abrumada al ser obra prima”. Y es que este galardón a la primera no deja de sorprender a Penyas, quien destaca que estos reconocimientos suelen acompañar a carreras consolidadas.

Con esta noticia, Penyas se ha convertido en la primera mujer en recibir este premio: “No sé si estar contenta o triste por lo que supone ser la primera mujer”. La ilustradora resaltó el carácter simbólico que este año está teniendo en su implicación con el movimiento feminista, en el que, respaldadas por ese contexto, muchas mujeres han sido premiadas dentro del ámbito de la cultura. “Esta historia hace unos años no habría tenido tanta repercusión”, sentenció convencida de la importancia del contexto social en su elección.

El compromiso social de la autora ha continuado en proyectos como Mexique (Libros del Zorro Rojo), sobre los 456 niños republicanos que embarcaron en Burdeos hacia México en 1937. Y poco después salió En transición (Barlin Libros), un álbum ilustrado que recoge fragmentos de un tiempo ahora en cuestión. El pasado año fue galardonada, también, como autora revelación en el Salón del Cómic de Barcelona.

martes, 16 de octubre de 2018

RTVE:Las albóndigas más exitosas del cómic español


En las dos ediciones celebradas de los Premios Carlos Giménez (2017 y 2018), de Heroes Comic Con Madrid, el ganador al Mejor Fanzine ha sido La máquina de albóndigas, un cómic lleno de talento y humor en el que colaboran jóvenes artistas de Andalucía. Y que, aparte de la versión online, también se edita en papel.

Martin Cabo, uno de sus responsables, asegura que: “Estamos muy contentos de que nuevamente los profesionales de la industria del cómic español vuelvan a elegir nuestro Fanzine como el mejor del panorama fanzinero, es todo un orgullo. Sobre todo, siendo un Fanzine andaluz, hecho en Cádiz, con todas las complicaciones que ello conlleva”.

“Hacer un Fanzine es fácil –añade-. Te reúnes con un buen equipo, dibujas, maquetas e imprime. Lo complicado es llevar tu Fanzine al lector, distribuirlo, y sobre todo integrarlo en el circuito comercial, inundado de comicbooks de éxito nacionales e internacionales. Por suerte, hay tiendas de cómics que todavía tratan al Fanzine con el respeto que le ponemos al hacerlo”.

“Ahora, sin querer -continúa Martin-, se ha formado un colectivo de artistas de “autoedición”, que proviene de las negativas de las editoriales, que se autofinancian sus cómics y que hablan el mismo lenguaje que el Fanzine. Tal vez también, tengamos ese apoyo de esos artistas que descubren el esfuerzo brutal que hay detrás de todo ello”

“En cualquier caso -concluye- hay que celebrar que un Fanzine Andalúz, Gaditano, gane por segunda vez consecutiva un permio nacional, tan prestigioso como es el Carlos Giménez al Mejor Fanzine. Sin olvidar las nominaciones en 35 y 36 Salón del Cómic de Barcelona”

Nació en Cádiz en 2014

La máquina de albóndigas nació en 2014 en Cádiz. “Nació de la necesidad de querer mostrar nuestros cómics -asegura Martin-, pensamos en el proyecto y buscamos la forma de llamarlo. ¿Quién no ha visto alguna vez a nuestras madres en la cocina manipulando carne picada y transformándolas en albóndigas? Bueno, pues en el sector hostelero existen máquinas que sustituyen a nuestras madres y hacen industriales las albóndigas”.

“Tal vez sea un homenaje a nuestras madres o a lo mejor estamos reivindicando que no se pierda lo artesanal -añade-. Lo que sí es verdad, es que vimos un buen nombre para un buen proyecto. Pero tuvimos que crearla desde cero, diseñarla, darle forma, evolucionar mientras crecía el proyecto y crecíamos como artistas, hay mucho trabajo hay detrás de todo ello”.

“Teníamos ganas de publicar nuestros dibujos –añade- y esta era la forma más barata y fácil de hacerlo. La mayoría de los artistas del fanzine han crecido leyendo los Superhumor, clásicos de Bruguera,... y queríamos hacer algo en esa línea. Así que cada artista crea su serie, buscando un lector juvenil, y comenzamos a publicar por web. Las albóndigas son las anfitrionas y van presentando las series semanales, hasta que los lectores piden, ya por fin, leer esas series en papel”.

¿Versión online o en papel?


Con el éxito de la web, enseguida llegó la versión en papel. “Cuando creamos, diseñamos y lanzamos el primer fanzine de las series de La Máquina de albóndigas, no queríamos cerrar la webcómic ya que fue el punto de encuentro con nuestros lectores y la web tenía mucho peso”.

“Así que decidimos publicar online dibujos inéditos, bocetos y viñetas exclusivas, que en papel no sacamos. Hoy la web se ha hecho muy fuerte, tenemos muchísimas visitas y en ella puedes encontrar desde la Tienda Online, Galería de Premios y Nominaciones, hasta las últimas entradas publicadas en nuestras redes”.

Preguntamos a Martin cuál es el panorama actual del cómic en Cádiz: “Yo siempre he dicho que el cómic en Cádiz es “Territorio de Comanches”, hay varias tribus y cada tribu tiene su territorio, organizan sus rituales y folklores. Tal vez veo, que el panorama del Cómic en Cádiz, esté cayendo en una monotonía como si bailaras la danza de la guerra dando círculos en el fuego, llega el momento que te cansa de tanta vuelta. Siempre ves que es lo mismo. Yo no lo practico, tengo otras guerras que ganar”.

Los autores y series del fanzine

Martin asegura que este fanzine “No es posible sin las albóndigas parlanchinas, y sobre todo por los personajes y sus autores. Ya llevamos ocho números del fanzine de las series y en esas, casi 300 páginas fanzineras, han pasado personajes de todo tipo. Las series y autores que triunfan hoy en el fanzine son:

-Spelumnao, del dibujante almuñequero Chamn, que rescata este personaje espiritual, del universo creado para “el padre demonio”.

-Nacho tex, creado por el dibujante Zaviev, un snack con historias basadas en el lejano oeste.

-Mr. Brócoli, de la autora y artista de arte contemporáneo Susana Viñolo que nos cuenta las idas y venidas de un vegetal nostálgico ochentero.

-El Legendario Frito, personaje superhéroe en forma de fritura creado por el cordobés David Vielva y siempre en lucha contra los vegetales.

-Gracietas trasgochadas, trasgos y mazmorras que nos dibuja tan divertidamente el artista burgalés Chapu.
-Kelly la albóndiga aventurera, de Juan Álvarez, historieta que emula las tiras clásicas de los cómics de aventuras.

-Dr. Litus, del dibujante Aguilar Sutil, que nos cuenta con base de humor y misterio las peripecias de un moderno investigador de lo paranormal.

-Koala Kualo, historietas de un malvado koala comedor de albóndigas y su ayudante, creado por Dac, con mucho humor y robots.

-La vida privada de las magdalenas, que es mi serie, en la que cuento los secretos que están detrás de estos dulces y que nadie hubiera imaginado que existen.

Y próximamente, en el nuevo número que ya estamos preparando estrenamos tres nuevas series, que son Iván Barbagallo que nunca le parte un rayo, de Ulises López, Kookyes, de Joscarson y Cletus y Pancho de Jodri, para que sean 12 series finalmente”.

Sus proyectos

En cuanto a los proyectos de La máquina de albóndigas, Martin asegura que: cuando creamos el fanzine de las series de La máquina de albóndigas, necesitábamos que tuviera un sello editorial para respaldar la publicación. Yo tenía, de mis tiempos de fanzinero, una editorial por la cual sacaba mis fanzines de fotocopia y que rescaté. Publicaciones Chocoplanet apadrinó, el primer fanzine de las series hasta hoy. Y alguna vez, cuando tenemos material suficiente, recopilamos y sacamos números monográficos especiales u otros comicsbooks; pero siempre de los artistas que hacemos el fanzine. Dentro de poco saldrá publicado el nuevo fanzine de las series n9 ¡Series ricachonas! que promete calidad, después de este segundo premio”.

Aparte de eso, Martin Cabo nos comenta que: “No solemos colaborar con ninguna actividad que no esté relacionada con el fanzine de cómic o la autoedición, que es donde nos solemos mover mejor. No porque no queramos darnos publicidad, sino porque no nos hace falta, ya que la estrategia publicitaria la llevamos a cabo de otra forma, llegando al público que realmente necesitamos, que habla el mismo idioma, el idioma fanzinero. Lo demás es perder el tiempo”.

viernes, 12 de octubre de 2018

‘Del ruedo al cómic’: una exposición y unas jornadas para reflexionar sobre toros y cultura


La delegación de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Córdoba organiza este mes de octubre las jornadas Toros: cultura popular y contracultura -integradas por dos mesas redondas seguidas de sendas proyecciones de cine, los días 25 y 26 de octubre- y la exposición complementaria Del ruedo al cómic -inaugurada este jueves-, para abrir una reflexión sobre la Fiesta de los toros, su evolución en el tiempo y cómo ha ido cambiando el modo en que es percibida socialmente.

Así lo han destacado este jueves en su presentación en rueda de prensa, previa al acto de inauguración de la exposición de Del ruedo al cómic. Toros y toreros entre Superman y Rompetechos, el teniente de alcalde de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento cordobés, David Luque (PSOE), y el organizador de las jornadas y comisario de la muestra, el historiador Fernando González Viñas.

Con un centenar de cómics, portadas e incluso obras originales que tiene en común el sorprendente protagonismo del toro y los toreros en publicaciones de Estados Unidos, Alemania, Japón, en Superman y en publicaciones fantásticas que tratan del terror zombi, la exposición Del ruedo al cómic, reúne piezas como un tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín, un homenaje a Manolete o portadas del inolvidable Forges, permanecerá abierta del 11 al 26 de octubre, en la Sala Orive, con entrada libre hasta completar el aforo.

La muestra se anticipa e ilustra a la celebración de las jornadas, que están integradas por dos mesas redondas y sendas proyecciones posteriores de cine. Así, los días 25 y 26 de octubre, personalidades de la cultura debatirán sobre si los toros son actualmente contracultura, si han dejado de formar parte de la cultura popular o si no son considerados cultura en absoluto, por más que el toro y la tauromaquia hayan estado y sigan estado presentes en las manifestaciones artísticas más diversas, desde la pintura y las escultura, el cine, la literatura o el cómic.

En el catálogo de la muestra, que es un cómic formado por cómics, se analiza cómo los toros y todas sus manifestaciones, entendidas como rito o juego lúdico, han formado parte de la cultura ibérica desde antes de que se constituyese lo que actualmente conocemos como España. Lo que en siglos anteriores era considerado fiesta popular de participación masiva afronta en el siglo XXI una tensión sobre su persistencia.

El objetivo que se persigue con estas jornadas es una reflexión interna sobre el cambio, o no, que se ha producido sobre la visión de la llamada Fiesta, tanto desde los actores que participan de ella como desde los radicalmente opuestos a su celebración.

Para las jornadas se ha invitado a personas del ámbito del cine, la tauromaquia, la Universidad, del mundo de la cultura, relacionados en mayor o menor medida con la tauromaquia, para que aporten su visión como partícipes de la fiesta en los últimos decenios.

Estas jornadas incluyen la celebración de dos mesas redondas con los protagonistas citados, que tendrán lugar los días 25 y 26 de octubre. Al finalizar las mismas, se proyectarán respectivamente, el documental Bajo Tauro y Orión dirigido por Michael Meert y producido por J. Antonio Hergueta y la película Sobrenatural (2017), del director Juan Figueroa, película que ha cosechado excelentes críticas internacionales y que está protagonizada por Andrés Vázquez.

Como marco de las mesas redondas, en la Sala Orive permanecerá la exposición Del ruedo al cómic. Toros y toreros entre Supermán y Rompetechos, con cómics de España, Estados Unidos, Japón, Francia o Alemania, entre otros, en los que el toro o el torero han hecho su aparición en las viñetas. Un catálogo gratuito, con un estudio crítico sobre la tauromaquia en los cómics, completará la exposición.

Participantes

Entre los participantes en las jornadas destaca Luis Francisco Esplá, torero retirado actualmente; Rubén Amón, periodista del diario El País; Víctor J. Vázquez, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, el comisario de la muestra y director de las jornadas, Fernando González Viñas; o Salvador Boix, apoderado de José Tomás, y ganador del premio Temas de hoy por su libro Toros, sí, entre otros.

También participará Rocío Romero, novillera con caballos, que se vistió por primera vez de luces en Villacarrillo (Jaén) en 2015. Desde entonces ha ido atesorando experiencia y premios hasta debutar con caballos en 2018 (Vistalegre, Madrid). Ha sido la primera mujer en salir a hombros de la plaza de la Maestranza de Sevilla (2017) y en recoger en Capote de Paseo como segunda clasificada de su ciclo de novilladas. En 2018 ha sido la triunfadora de la feria taurina Examen hacia el triunfo en Cella (Teruel).

La exposición del Del ruedo al cómic puede visitarse del 11 al 26 de octubre en horario de martes a sábado, de 10:30 a 13:30 y de 18:00 a 20:30, mientras que los domingos y festivos será de 10:30 a 14:00 horas.

Un 'Superlópez' fiel al cómic y retrato de la España actual


Sitges ha acogido el estreno de la esperada versión en imagen real de 'Superlópez', un antihéroe de papel que ha dejado huella en la memoria sentimental de varias generaciones. Su dibujante, Jan, se desentendió desde el principio de la adaptación para dejar hacer a Javier Ruiz Caldera, el atrevido director que se ha puesto detrás de la cámara para ofrecer al público su particular versión de un tebeo que le alegró la infancia, a él y a sus actores principales, Dani Rovira y Julián López. «Espero que le guste que a mi hija», recalca.

De hecho, hay mucho de comedia familiar en una película que fusiona el costumbrismo genuinamente ibérico con la parodia del género de superhéroes. El guión, obra de Diego San José y Borja Cobeaga, no se basa en ninguna de las viñetas publicadas en formato álbum, «era más divertido hacer una historia original, rellenar el hueco que no se cuenta en los comics», insiste el director de 'Promoción fantasma'. «Por ejemplo, se explica cómo aprendió a volar o de dónde sale ese traje que le queda tan mal, que aguanta de todo. Es como si fuera un Año Cero si hablamos de tebeos, o un número de Orígenes». La película hay que degustarla olvidándose del material de partida, el cine y el cómic son dos medios diferentes. Teniendo clara esta perspectiva, lo lógico es dejarse llevar por una aventura ligera que funciona especialmente cuando el reparto exprime su vis cómica.

La introducción de 'Superlópez', una secuencia en el planeta Chitón, donde nace el protagonista, marca el tono del filme, tendente a la caricatura. El pequeño Juan todavía no es López, lo será al surcar el espacio exterior montado en una nave y estrellarse en el país equivocado, en una granja donde crece y se convierte en otro españolito más que necesita la atención de su familia cuando se ve en apuros. «En este país para que te dejen en paz hay que ser un mediocre», comenta el padre adoptivo a un Superlópez adolescente que es ninguneado por sus compañeros de clase. Por ahí va el retrato de España en paralelo que regalan al espectador avispado Cobeaga y San José, expertos en reírse de los convencionalismos de nuestras tradiciones. Además, esta vez han sabido captar elementos de ciencia-ficción. «¿Qué pasaría si Pepe Viyuela tuviera de repente poderes», se pregunta Dani Rovira al hablar de su personaje. «Tiene superpoderes pero no es habilidoso. Que salve el mundo no quiere decir que no sea torpe». En estas palabras está captada la esencia del cómic. En este sentido, no hay traición al espíritu de las historietas y son muchos los guiños a los seguidores del popular personaje que desfilan por la gran pantalla, desde los entrañables «petisos carambanales», filia personal de Rovira, a viñetas concretas del tebeo original y un epílogo final que a más de un fan dejará con ganas de más.

«La presión la he vivido con un arnés, colgado de un cable», responde Rovira cuando se le pregunta por los comentarios sobre su elección como actor protagonista difundidos en internet antes del rodaje. Javier Ruiz Caldera ejerció de terapeuta como labor añadida. «Cuando tocas un material sensible, que ha influenciado en la infancia de la gente, es altamente inflamable», defiende el director. «Cada uno se lo imagina de una manera, ha puesto una voz, una cara al personaje… Es imposible contentar a todos. Lo hemos hecho como nosotros hemos pensado, con un consenso inmediato, sabiendo que hay escépticos que se quedarán contentos y otros no. Si lo hacemos desde el respeto y amor al cómic, como fans desde la infancia que somos todos los implicados, tan mal no lo podemos hacer, algo bien tiene que salir. Nos hemos atrevido». Rovira se confiesa lector de cómics, de Marvel, Mortadelo y Filemón o el mismo Superlópez, pero de chaval «quería ser Pippi Calzaslargas, con la capacidad anárquica de esa niña».

«Hay sueños que llegan, no los pides, y los aprovechas», continúa Rovira sobre el reto. «Responsabilidad, presión y miedo hemos sentido todos. Hemos escuchado mucho sobre la película antes de que se empezase a rodar. La famosa frase me habéis jodido la infancia. Creo que no se puede joder la infancia de nadie con carácter retroactivo. Y si es así, nunca he pensado que pudiésemos tener tanto poder. Es un material sensible pero tiene que existir un grado de madurez. Estas cosas no son tan importantes como para andar así». El peso de la nostalgia exprimido hasta la extenuación en las redes sociales, con mala baba, cuando se anuncian ciertos proyectos cinematográficos. «Mucha gente irá a ver la película y le gustará, lo verán como un regalo. Un plus, un bonus-track con 40 años que de otra manera no lo hubiera podido tener».


Formatos diferentes

«Solo por el hecho de que sea una película va a ser una cosa distinta al cómic», añade Julián López, rostro conocido de la actual comedia nacional, integrante de la tropa de La Hora Chanante. «Va a respetar muchas cosas y te va a ofrecer otras, con momentos que le unen al cómic. Aparte, ves a personajes moviéndose, otros nuevos… Hay que abrazar eso. El cómic siempre va a estar ahí». «Si pretendes seguir viviendo lo que disfrutabas en tu infancia de la misma manera, quizás tienes un problema a la hora de evolucionar como persona, hay un conflicto en tu madurez», sentencia Rovira. Queda claro, son formatos diferentes y 'Superlópez', la película, se disfruta bien cuando se rinde a la comedia. López borda su rol en contraposición al protagonista, como en 'Pagafantas' y 'No controles', dirigidas por el propio Cobeaga. «Tiro de intuición, de técnica, pero me lo tomo todo desde el drama, confío en el guión», señala el cómico, habitual compañero de fatigas de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla. «La comedia surge del drama, cuantas más cosas chungas le pasan a un personaje, más se divierte la gente». Así somos.

Maribel Verdú, espléndida, es la gran villana de la función mientras Alexandra Jiménez añade romanticismo a la acción formando un triángulo de amor bizarro junto a Rovira y López. La ciudad de Barcelona forma parte de la historia más allá de funcionar como un simple decorado, uno de los aciertos del filme. Sobre la improvisación, resulta inevitable en este tipo de rodajes según remarca López: «Creo que cuando se junta un equipo de gente muy creativa van a salir cosas nuevas sí o sí. Soy respetuoso siempre con el guión, pero cuando montas una escena se pueden incorporar cosas. Hemos sido fieles pero también hemos aportado nuestros detalles». «Está la génesis del personaje, contamos cosas que no están en los tebeos», concluye Rovira. El día que se probó el traje de Superlópez por primera vez, asimiló del todo que era la criatura dibujada por Jan para la mítica editorial Bruguera en carne y hueso. El veterano dibujante se río mucho con la película en un pase privado, según señala Ruiz Caldera.

jueves, 11 de octubre de 2018

RTVE:3D Wire Cómics que cobran vida ante nuestros ojos


Los lectores de cómics siempre hemos soñado con meternos en las viñetas para acompañar a los protagonistas en sus aventuras. Ahora esto es posible gracias a los nuevos cómics digitales, como los del holandés Andre Bergs, de la empresa Plastiek, que ha diseñado varios webcomics gratuitos como Protanopia o [RRR], que incluyen en sus viñetas personajes que se pasean por las viñetas, movimientos de cámara y conseguidos efectos tridimensionales.

Bergs ha presentado sus cómics en el 3D Wire, donde nos ha comentado cómo se le ocurrió la idea: “No me gusta definir lo que son estos cómics, porque pienso que es una experiencia que hay que vivir. Básicamente, la idea se me ocurrió un día que estaba leyendo viejos cómics en mi Ipad y en mi Tablet. Pensé que sería ideal poder meternos dentro de las viñetas y vivir los cómics como siempre habíamos imaginado de niños. Y me puse a trabajar en ello”

Pero… ¿Qué diferencia hay entre estos cómics animados y la animación?: “Yo diferencio el cómic de las películas, el leer del ver –asegura-. Este sistema es como leer un cómic pero metiéndonos dentro. Exige nuestra participación activa; no cómo una película, que sólo tienes que sentarte a verla”.

¿Cómo se hacen los cómics digitales?

Para hacer estos cómics, Bergs tuvo que ingeniárselas: “Realmente no hemos inventado nada nuevo. Hemos juntado un montón de elementos, de programas… que ya existían y los hemos combinado para lograr un lenguaje visual nuevo. De ahí han salido estos cómics digitales”.

Pedimos a Andre si nos puede explicar, de forma sencilla, cómo se hacen estos cómics. “No -contesta con una sonrisa- Explicar cómo se hacen es casi tan difícil como hacerlos. Es un proceso muy complicado. La gente que se dedica a la animación o el 3D podría entenderlo, pero para la gente normal es muy complicado porque hay tanta mezcla de técnicas, tanta tecnología, que nos es más fácil enseñárselo que explicárselo”.

Cuando aparecieron los primeros cómics digitales, fueron una revolución y presagiaban grandes cosas, pero ahora la cosa parece haberse parado. Preguntamos a Andre qué futuro cree que tienen estos cómics: “Es muy difícil saber lo que va a pasar con este tipo de cómics en un futuro cercano porque creo que hay un público al que le puede interesar mezclar la animación con la lectura, porque es algo muy innovador. Pero no sé si ese público es suficiente para mantener este tipo de proyectos que son caros y muy complicados de realizar. No sé lo que va a pasar”.

Aun así, Andre piensa que el límite de estos cómics es: “El cielo. Confío en que estos cómics tengan futuro porque la gente cada vez tiene más gafas de 3D, de realidad aumentad. Creo que llegará un momento en que nos podamos meter dentro del cómic. Van a llegar muchos cambios, que todavía nadie sabe cuáles son. La animación, por ejemplo, es muy complicada porque requiere muchísimo tiempo y dinero, pero estos cómics pueden hacerse con mucho menos, por lo que será más accesible y fácil para los creadores que quieran intentarlo. Me gusta pensar que estos cómics tendrán futuro”.

De momento, Bergs asegura que; “Somos muy pocos haciendo este tipo de cómics. Es un mercado muy pequeño y apenas hay beneficios. Además, de ese grupo, a la mayoría no les preocupa la calidad tanto como a nosotros. Por ejemplo, en Corea hay bastante gente haciendo este tipo de cómics, pero no cuidan tanto la calidad técnica y, sobre todo, los guiones suelen ser muy flojos, no son historias interesantes”
Un cómic antibélico y otro de ciencia ficción

El primer cómic que desarrolló Andre fue Protanopia, una historia antibélica centrada en una barcaza que desembarca en una playa en plena batalla de la Segunda Guerra Mundial. “No sé por qué elegimos una historia antibélica. Queríamos una historia muy potente, visualmente, y se nos ocurrió que era original y diferente. Y nos gustaba que fuera algo antibélico”.

“Otro de nuestros cómics digitales de mayor éxito -continúa- es uno de aventuras protagonizado por animales antropomórficos: [RRR] (Run, run run). Es una historia muy loca sobre un grupo de animales que se van al espacio y ahí les empiezan a suceder cosas cada vez más absurdas. Más que una historia son gags cómicos, que se van acumulando. ¡Es una auténtica locura!”


De hecho, este último cómic ha tenido tanto éxito que ahora. “Estamos trabajando en una segunda parte aún más loca” –concluye Andre-.

Ya veremos si estamos ante el futuro de los cómics o si estos curiosos cómics digitales se quedan en una simple anécdota.

miércoles, 10 de octubre de 2018

El País:Un cómic para explicar lo que significa tener que estar en todo


Hay revoluciones grandes y otras de gestos cotidianos. Emma Clit protagonizó una de las segundas en la última empresa en la que trabajó. Se cruzó con su jefe en la máquina de café y simplemente le dio la mano. Se acabaron los besos de buenos días. Esta ingeniera informática francesa y muchas de sus compañeras de trabajo se plantaron ante una costumbre matutina que consideraban fuera de lugar, ir al despacho del jefe a besarle al llegar a trabajar por las mañanas. “Nos inventamos de todo, hasta entrábamos por la puerta de emergencia para no cruzárnoslo”, recuerda.

Aquel fue su primer acercamiento al feminismo, un toque interior de atención. El siguiente llegó con el nacimiento de su hijo, que ahora tiene seis años: “Cuando tuve a mi hijo con mi compañero -que es feminista, se ha implicado en su paternidad y hace un montón de cosas- me di cuenta de que yo estaba agotada todo el día pero él no. Era como si se me acabaran de caer un montón de ladrillos en la cabeza. Eso me hizo reflexionar: ¿Qué es lo que está pasando?”. La respuesta a esa pregunta ha traído recientemente a España a esta afamada bloguera, con más de 300.000 seguidores en Facebook y medio millón de lectores. Emma Clit es conocida por haber expuesto en viñetas la llamada carga mental.

El concepto, que ha calado en redes y en colectivos feministas, alude a una suerte de omnipresencia de las obligaciones, en la mayoría de los casos para las mujeres. “Es el hecho de estar en todo”, explica uno de los personajes de Clit en el cómic que lleva el mismo nombre (La carga mental, recién editado por Lumen en español y en el que Clit se dibuja a sí misma en debates con personajes ficticios).

Recordar que hay que apuntar bastoncillos en la lista de la compra, que hay que darle el aguinaldo a portero o que hoy es el último día para encargar la cesta de verdura semanal... “Es esa preocupación constante que tiene uno por organizar la vida familiar y gestionarla. No se trata de hacer las cosas sino de anticiparlas y planificarlas. Hacer las labores de la casa tiene un principio y un fin, pero esto no, es una organización constante que siempre conlleva otra serie de problema de los que también hay que ocuparse, de forma tal que estamos siempre liadas”, ahondaba la autora en una visita reciente a Madrid.

Empezó a mandar aquel artículo con el concepto clarificador a sus amigos y colegas.

“El texto no enganchó porque no todo el mundo tiene tiempo para leer”. Así que decidió hacerlo más fácil de entender con personajes de cómic. De ahí nació su tira cómica Habérmelo pedido, incluida en el libro en el que también aborda La mirada masculina: “El caso es que todo nuestro entorno mediático incita a observar y a juzgar el cuerpo femenino”. Y da una clase de educación sexual en instructivos dibujitos para mostrar “esa cosita que todas descubrimos más o menos tarde, porque nadie nos habla de ella en el colegio”: el clítoris. Su apellido es un seudónimo derivado de ese término.

La dibujante, toda una celebridad en Francia, habla con sus viñetas sobre la desigualdad, la conciliación, el acoso, la sexualidad femenina o el exceso de trabajo en una crítica ácida y con la dosis justa de mala leche.

Su pareja le apoya y le agradece la tarea: “Nuestras discusiones son privadas. Lo que cuento en mis viñetas son cosas que me preocupan, anécdotas de mis amigos, conversaciones que he leído... Quiero mostrar que es un problema general del patriarcado, no una queja de mi pareja que no ha sabido estar a la altura”. Otros hombres, la mayoría según cuenta, le escriben para expresar su malestar: “Me dicen que no elegí bien a la persona con la que estoy, que ellos sí son señores como dios manda”.

martes, 9 de octubre de 2018

Alien: Isolation 2 será una realidad, pero en formato cómic


Alien Isolation 2 será una realidad. Pero por el momento, se limitará al formato cómic. Aliens: Resistance será una nueva entrega de mini-historias, que llegará de manos de Dark Horse Comics. Y hará las veces de secuela de Alien Isolation, así como de otros cómics como Aliens: Defiance. La historia nos presentará a Amanda Ripley, superviviente de Isolation, que se aliará con Zula Hendricks, superviviente de Defiance. Su objetivo será desencadenar la lucha contra Wyland Yutani, mientras la siniestra corporación trata de encubrir los horrores ocurridos por la infestación de xenomorfos por todo el espacio. El cómic estará ambientado 15 años después de la película original y será secuela directa de los eventos del juego. El primer número saldrá a la venta el 23 de enero de 2019.

Es una pena que Alien Isolation 2 vaya a tener lugar en los cómics en vez de un videojuego. Pero quizá no esté todo perdido. Hace tiempo os comentamos que había habido movimientos en la IP de SEGA. Aunque Alien Isolation fuese considerado un “fracaso en ventas” con 2.1 millones de copias vendidas, quizá la secuela tenga una suerte diferente. Al fin y al cabo estamos asistiendo a un auge del terror y del survival horror. El hype por Resident Evil 2 es prueba de ello. Así que la vuelta de Alien Isolation puede que corra menos riesgos ahora, aprovechando el tirón que hay respecto al género.

Incluso tal vez SEGA esté esperando la salida de este cómic a la venta y utilizarlo como base para continuar con la historia de Amanda Ripley. Por el momento tendremos que conformarnos con la continuación de la historia en papel. Aunque en la industria de los videojuegos nunca pueden cerrarse las puertas a un juego de forma definitiva.

lunes, 8 de octubre de 2018

ABC:Las trincheras del cómic durante la Guerra Civil: Flecha contra el Pionero Rojo


En el bando franquista estaban Flecha, Pelayos o Chicos. Y en el republicano, el Soldado Canuto, el Pionero Rojo o Pocholo, tan graciosos todos ellos en medio de la tragedia. Porque cuando España saltó por los aires aquel 18 de julio de 1936, hasta los personajes de cómic se atrincheraron con sus colores y sus viñetas para combatir en la Guerra Civil. Y eso que, no parecía, a priori, el tema ideal para protagonizar estas historietas con los vecinos enfrentados, las divisiones entre los amigos, el exilio de familiares, las ejecuciones en ambos bandos, los chivatazos, el hambre y las diferencias políticas y económicas.

No estaba el país para chistes, pero allí estaba una de las primeras viñetas en blanco y negro de «Flecha», uno de los cómics favoritos de los sublevados, en la que aparecía representado un camión repleto de simpatizantes republicanos con la bandera de la hoz y el martillo y el epígrafe: «Marchan a España los rojos con un poco de canguelo, presintiendo los pobretes que les van a dar pal pelo». O el número 25 de «Pelayos», que incluía una historieta titulada «Un miliciano rojo», en la que aparecía un hombre con cara de monstruo que comentaba con mofa: «Tengo sed de robar y asesinar. Por algo soy rojo». Y que al final acababa huyendo de un perro rabioso que le mordía el trasero.

El primero de estos cómic había nacido en enero de 1937 y presentaba al enemigo más ridiculizado que odiado. Es el caso de la serie «El Flecha llamado Edmundo vence siempre a todo el mundo», donde un héroe falangista sacaba partido de la estupidez o las borracheras de los milicianos, que estaban simbolizados por personajes como «Paco el Tuerto». El segundo de los cómic, «Pelayos», que estuvo en los quioscos desde las Navidades del 36, caricaturizaba al adversario como un animal cruel que torturaba y asesinaba a mujeres y ancianos.

Estos tebeos surgieron tras la conquista de San Sebastián, donde los franquistas pudieron hacerse con mejores imprentas para sacar a la luz estos y otros personajes defensores de ideas como la resurrección de España bajo la dirección de Franco, que criticaban los ataques contra la unidad de España y las misiones de los republicanos como supuestos agentes de Moscú. Armas, en definitiva, que no mataban, pero que entretenían y convencían en un país que tenía una tasa de analfabetismo por encima del 30%.
«Pionero rojo»

Era evidente que los mensajes entraban mejor con las viñetas que con extensos y farragosos textos políticos. Algo que los republicanos sabían muy bien, puesto que las imágenes tuvieron ya una importancia considerable como herramienta de propaganda antes de la guerra por influencia de la URSS. Por eso, nada más producirse el levantamiento, surgieron historietas como «El Pueblo en Armas» (1937), considerada por los críticos como uno de los mejores tebeos políticos de la República durante la Guerra Civil. O el «Pionerín», un cómic en el que colaboraron niños que, mediante viñetas sencillas, daban rienda suelta a su percepción de la guerra. Eso sí, siempre contraria a la sublevación.

Otro buen ejemplo fue el «Pionero Rojo: semanario de los niños obreros y campesinos». Se trataba de una historieta con un valor artístico menor, pero que contaba con un carácter político mucho más pronunciado. En su número 6, a un precio de 15 céntimos, se podía leer el siguiente episodio con dibujos llenos de acción y un tono mucho más serio: «¡Los fascistas atacan! Las fuerzas del ejército proletario se aprestan a la lucha. Marco recorría la carretera a toda velocidad, cuando observó a sus espaldas un auto más veloz que le perseguía. Viéndose perdido, no vaciló: frenó y sobrevino el choque. Marco resultó mortalmente herido. Al despertar se vio rodeado de dos amigos y, antes de morir, les confío un mensaje: los dos pioneros pudieron burlar la vigilancia de los fascistas y llegaron a un buque de guerra. Gracias a su valor, la aviación roja se elevó para dar su merecido a los fascistas, vengando a Marco y a tantos otros».

Eran estos los primeros cómics que abordaron de una forma u otra aquel conflicto fratricida. En «El cómic sobre la Guerra Civil» (Cátedra, 2018), Michel Malty cifra en unos 500 las historietas publicadas desde entonces hasta hoy. Una producción comparable a la dedicada a la Primer Guerra Mundial o a la guerra de Argelia, pero muy inferior si la comparamos con la que trata la Segunda Guerra Mundial o la Guerra de Corea. Pero es especialmente significativo el dato de que 350 de ellas fueron, sin embargo, realizadas a partir de 1970. Según Malty, «el cómic español durante los tiempos de la Guerra Civil sigue siendo un mundo a explorar. Primero, porque la época se vio marcada por el florecimiento de cientos de títulos con una vida generalmente corta. Y después, porque muchas de aquella publicaciones se dispersaron y solo se encuentran hoy algunas que, por milagro, han sido preservadas».
«Historia del Movimiento Nacional»

Más allá de las trincheras ideológicas, una de la que series más reseñables por su continuidad en el tiempo fue la insertada dentro del semanario «Pelayo», conocida como «Historia del Movimiento Nacional». De ellas se publicaron dos páginas por número desde el nacimiento de la revista cinco meses después del levantamiento, hasta su desaparición en enero de 1939. Un total de 182 páginas que conformaban un formidable reportaje de guerra, en el que se podía seguir semanalmente la conquista del País vasco, la batalla de Brunete, la llegada de los franquistas a Valencia o los enfrentamientos en el Alcázar de Toledo. Todo ello aderezado, eso sí, con personajes con una fuerte carga emocional contrarios a la causa republicana y enemigos como el «rojo separatista» o el «mal católico». De hecho, ya en el segundo número podía leerse una afirmación como esta: «El 14 de abril de 1931, un grupo de malos españoles proclaman en nuestra patria la República».

«Los nacionales fueron quienes utilizaron mejor y mayormente las “armas de papel”, con y sobre los niños, hasta alcanzar altos niveles de eficacia sobre la moral de la propia retaguardia y en el ataque virulento al enemigo. Mientras que los republicanos, aparte de casos concretos y sin continuidad, cuidaron y respetaron a la infancia, siempre dentro de la relatividad que imponía la guerra civil», defiende Antonio Martín en su ensayo «Las revista infantiles Falangistas en la guerra de papel de la propaganda. España, 1936-1939» (UCM).

Se refiere el autor a que los cómics editados en la zona republicana se esforzaron, principalmente, en luchar con sus viñetas por las malas costumbres de los combatientes, por criticar la falta de higiene y el alcoholismo de estos y por enseñarles el respeto por las armas y la disciplina. Ahí estaba, por ejemplo, el «Soldado Canuto», que se hizo muy popular entre las tropas y sus historias fueron reunidas en tres volúmenes bajo el título: «Hay que evitar ser tan bruto como el soldado Canuto».

Sin embargo, no fueron todo buenas maneras por parte de las revistas republicanos. Algunas echaron mano de la violencia hasta límites muy poco ejemplarizantes. En una historieta titulada «Relato del frente», publicada en abril de 1937, la revista infantil «Mirbal» incluía una viñeta en la que podía verse a un niño satisfecho al presenciar cómo fusilaban a un «fascista». En la misma época, el «Pionero» representaba a unos niños que juegan a ejecutar a un amigo que se encuentra en una pared con la etiqueta de «faccioso». Mientras que el cómic de «Pocholo» se esforzaba por tratar de la manera más realista posible los primeros meses de la guerra, en series como «El pueblo en armas: escenas de la revolución y la lucha antifascista».

sábado, 6 de octubre de 2018

ABC:Borja González: «El cómic es un medio particularmente efectivo a la hora de definir lo invisible»


Borja González (Badajoz, 1982), está empezando a destacar con diferentes obras ya realizadas, en las que muestra y transmite una sensación, más allá de lo puramente visual. Con sus dibujos consigue transmitir una evasión temporal o espacial, que adquiere especial importancia en una huida de la realidad hacia un refugio introspectivo de sus personajes.

Hace unos dos años, publicó su primer cómic, «La reina orquídea» (El verano del cohete) una historia diferente que, tras su apariencia de cuento de hadas era una reflexión sobre la creatividad. Ahora, está confirmándose su gran talento -que está dando de qué hablar- con «The Black Holes» (Reservoir Books). Una historia de tres jóvenes (Gloria, Laura y Cristina) que, en 2016, quieren montar una banda de punk llamada The Black Holes. Una historia en dos tiempos, ilustrada de forma magistral que le está llevando al éxito.

¿Qué significa para usted dibujar? ¿Cuándo y cómo surge su interés por el dibujo?

Dibujar es desinhibirse, ser sincero contigo mismo en un puñado de trazos. Y eso también significa descubrir cosas nuevas, tanto de tu entorno como de ti mismo.

¿Cómo definiría la figura y qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador?


No me veo capaz de responder a esas preguntas. Como mucho, diría que el único requisito imprescindible es ser honesto con tus ideas.

¿Qué puede llegar a inspirarle? ¿Cuáles son sus ilustradores de referencia?

Cualquier cosa. Durante mucho tiempo el cine y la literatura fueron mi principal fuente de inspiración y, por extraño que parezca, la influencia de la ilustración o el cómic era más estética que otra cosa, la verdad. Ahora estoy mucho más pendiente de la narrativa del cómic o incluso los videojuegos. También estoy leyendo mucho manga últimamente, y estoy aprendiendo mucho de él.

Mis dibujantes de referencia dependen de la época, claro. Años atrás, te diría que ciertos artistas de línea clara, como Moebius, Arno, etc. Principalmente por la técnica, de la que bebí mucho. Ahora, ciertos autores como Sammy Harkham o Tillie Walden me llaman más la atención, por sus capacidades narrativas y la soltura y naturalidad de su trazo.

Al abrir un libro o un periódico, ¿qué no soporta ver en una ilustración?

Bueno, el estilo o la falta de él, puede producirme cierto rechazo, pero lo que no soporto en una ilustración o un cómic es la ausencia de honestidad. Lo que busco en una obra es ver las cosas desde la perspectiva del autor.

Tiene un estilo en su trazo que califican como poético, con una característica definitoria en la eliminación de las expresiones en los rostros de sus personajes, pero con una gran carga en los detalles decorativos y ambientales. ¿Cómo llegó a construirlo? ¿Por qué esa ausencia de expresiones?

Todo esto viene de la perspectiva usada a la hora de afrontar las historias. Mis personajes están atados al mundo que les rodea y, en ocasiones, se ven abrumados ante él hasta el punto de definirlos. La ausencia de rostros, la composición de los elementos decorativos y ambientales, son una manera de reforzar esa mirada.

¿Y el color, qué papel juega para usted en sus creaciones?

Es un recurso más, como la composición, el grafismo o la narración. Pero me queda mucho camino por recorrer en esa parcela, para ser sincero. A nivel técnico y narrativo no termino de alcanzar un equilibrio, que encaje todo correctamente. Además, cuando tu grafismo es muy sintético, el color supone un pilar importante, así que no es algo que puedas dejar al azar.


Acaba de publicar «The Black Holes» (Reservoir Books) un relato gráfico en clave de fabula emocional. Cuéntenos el proceso de elaboración del guión y el dibujo, desde la aparición de esa primera idea o propósito, pasando por la forma y la estructura narrativa hasta llegar a la finalización. 


¿Cómo se enfrentó a la página en blanco?

Lo difícil fue encontrar el tono adecuado. En «The Black Holes», los sueños de Teresa se entrecruzan con los de Laura, así que para mí era importante que el lector se perdiera en esa carretera de doble sentido. Creo que por esa razón la trama sufrió tantos cambios antes y después de empezar a dibujar, pero también es cierto que me gusta trabajar cargando con esas dudas. Si soy capaz de visualizar toda la obra antes de sentarme a sacar páginas, pierdo el interés. Para evitarlo, parto de ideas y sensaciones muy esquemáticas que voy modelando mientras dibujo. En el caso concreto de »The Black Holes», tenía esa idea de no sentirte cómodo con el espacio y el tiempo que en teoría te corresponde, así que tiré de ese hilo desde un principio.

¿Fue difícil conseguir la originalidad? ¿Cuánto tiempo le llevó escribir y dibujar esta obra?

 
Buscar la originalidad es un pésimo motor creativo. Lo difícil es dar con las razones por las que estás haciendo lo que estás haciendo. Es lo que comentaba antes de la honestidad como punto de partida para cualquier obra.

En el caso de «The Black Holes», tardé casi tanto tiempo en encontrar el tono que quería mediante borradores de guión y bocetos, que en terminar el cómic. Además, suelo escribir y dibujar las páginas finales al mismo tiempo, y eso me obliga a parar y regresar al trabajo terminado para no perder el hilo. Con «La Reina Orquídea» tardé apenas 3 ó 4 meses en hacerlo todo, pero con «The Black Holes» el proceso se alargó por lo complicado que me resultaba manejar una historia en dos tiempos, controlar qué se mostraba y qué se sugería, etc. Creo que fueron casi dos años.

¿La originalidad puede llegar a ser frágil?

Tan frágil como que puede dejar de serlo en cuestión de días. Todo esto va de comunicarse, de mostrar a los demás cómo ves el mundo que te rodea, y la originalidad no tiene sitio ahí, no es el camino y no es el fin.


Al realizar un proyecto ¿trabaja en muchos bocetos hasta que llega a la idea final? ¿Esos bocetos necesitan cuidados en forma de tiempo y paciencia para poder crecer?

Hay ocasiones en las que algo se te resiste o no eres capaz de plasmar una idea concreta, y ahí trabajar en sucio es fundamental, claro. Otras veces puede parecer que caes en una idea por pura casualidad, pero no creo que sea así realmente. Siempre hay un trabajo detrás. Por ejemplo, «La Reina Orquídea» no era más que una ilustración en la que aparecían dos chicas hablando sobre el cómic que yo estaba leyendo en ese momento. Hice ese dibujo por diversión pero, mientras lo estaba coloreando, vi que esos personajes tenían más cosas que decir, así que ese mismo día me puse a escribir y al siguiente ya estaba haciendo el cómic. Esa ilustración original aparece en el libro como una página más. Así que podría parecer que todo el cómic cayó del cielo, pero en realidad es el resultado de una serie de lecturas, vivencias, sentimientos, etc. Sencillamente, encuentras el camino a la primera o a la decimotercera, pero siempre hay un trabajo detrás.


¿Qué hace luego con esos primeros trazos? ¿Los tira? ¿Los conserva?

Normalmente trabajo en libretas y no suelo tirarlas, pero a estas alturas me resultaría imposible encontrar nada que no esté en las tres o cuatro últimas. Si hay algo que me interesa, arranco esa página de la libreta y lo coloco en la siguiente. No se me ocurre un peor método a la hora de conservar el trabajo, pero es que en general me organizo fatal.

«The Black Holes», es su primera obra en formato amplio y para un gran grupo editorial. ¿Qué conclusiones tiene de este proyecto? ¿Ha marcado un antes y un después para usted?

Sin duda es un antes y un después para mí. Siempre he estado (y estaré) ligado a la autoedición por pura comodidad y por las muchas cosas buenas que aporta, pero gracias a Reservoir Books mi trabajo llegó a mucha más gente, no solo en España. En enero lo publicará Dargaud en Francia, y eso es algo muy complicado de alcanzar si te editas tú mismo. 


Toda la acción trasladada por el dibujante -en este caso usted- al papel necesita de un cómplice, el lector ¿Qué le diría para que abra el cómic por la primera página?

Que no tenga miedo alguno a la hora de aportar lo que crea necesario a la obra. Me preocupé mucho por dejar espacio al lector, que pudiera completar ciertos huecos emocionales y narrativos en función de su percepción.

¿A través del dibujo se pueden despertar cosas invisibles como emociones, sensaciones o sentimientos?

Si no se pudiera no tendría sentido hacerlo, creo. Luego ya es cuestión de ser más o menos fino en esto, de llegar a sensaciones o emociones muy concretas, que habías olvidado o incluso que no conocías. Eso es, a mi juicio, lo más interesante.


¿Tuvo total libertad de los editores para elaborar la obra? ¿Cómo debe ser esa relación entre editor y autor?

Total libertad, por suerte. No me puedo quejar en ese sentido. El editor tiene que apoyar al autor y, sobre todo, conocer la obra tan bien como él. Es la única forma en la que puede estar legitimado para decirle al autor que no está llegando a donde quería llegar. O al menos hacérselo ver y que el autor decida. De todas formas la última palabra la tiene el autor, que siempre tiene la opción de no publicar su obra en una editorial u otra. No sé, yo no lo veo como una lucha de egos. El autor tiene que ser honesto con sus ideas, y el editor tiene que ayudarle a que no deje de serlo.

Usted también ha estado del lado del editor ya que -si no me equivoco- creó la editorial El Verano del Cohete junto a Mayte Alvarado y Rui Díaz, así como el sello de fanzines spiderland/snake. ¿Siguen vigentes estos proyectos? ¿Cuéntenos su experiencia como editor y qué les llevó a realizar estos proyectos de narrativa gráfica?

 
La aventura de El Verano del Cohete terminó y no siento la necesidad de regresar a ella. Aprendimos mucho sobre el proceso de edición o distribución, y nos permitió mostrar nuestro trabajo y el de otros autores que nos gustaban. Fue fantástico y agotador a partes iguales, y llegó un momento en el que nos resultaba imposible compaginar la creación con todo lo que implica editar, distribuir y promocionar un libro. Así que Mayte y yo decidimos montar spiderland/snake, una web en la que ir colgando pequeñas obras o vender fanzines de escasa tirada, sin periodicidad y sin ataduras. Los fanzines son algo maravilloso y resulta muy complicado para nosotros salir de ese terreno. Nos aportan demasiado como para dejarlos atrás. 


¿Es más acertado hablar de cómic o novela gráfica?


¡No tengo ni idea! No me interesa nada esa diferenciación, si es que la hay. Lo importante es si una obra te llega o no te llega. Si prefieres llamarlo cómic, historieta o novela gráfica me parece bien.

¿Qué es más importante para elaborar un cómic: una buena documentación, una buena historia o un gran dibujo?

Lo que pida el cómic en concreto. Hay obras que se sustentan en el apartado gráfico y otras en el guión. Si pretendes hacer un cómic histórico, entiendo que la documentación es importante, claro. Todo depende de lo que quieras hacer, lo demás son herramientas que utilizas en mayor o menor medida.

¿Por qué la narrativa visual del cómic es atractiva para usted?

 
El cómic te permite jugar con la imagen, la composición, la narración visual, la palabra y los silencios. Por ejemplo, un personaje y el escenario en el que se mueve, pueden estar reflejando ideas contrarias o complementarias. Es un medio particularmente efectivo a la hora de definir lo invisible.

¿Se está acercando el cómic a una pretensión más artística?


Siempre lo fue, creo, pero entiendo que te refieres a un menor peso en la narración tradicional. Pero en mi opinión no es tanto una pretensión como un paso lógico: están apareciendo nuevos autores que no tienen como referencia únicamente los cómics o la literatura. Se nutren de otros medios tan dispares como el anime, los videojuegos, las series, los fanzines o incluso la pintura, y supongo que eso influye en su trabajo y también en la percepción que los lectores tienen de él.


La posición de guionista y la posición de ilustrador, son dos posiciones contrapuestas, uno emplea la palabra y el otro la imagen ¿Cómo llega al equilibrio entre estas dos figuras necesarias a la hora de emprender una nueva obra?

Bueno, aquí lo importante es no repetirte. Dejar más espacio a la imagen o al texto es algo que te pide la propia historia, su ritmo, etc. Pero hablo de mí, claro, que no he trabajado con otros guionistas o dibujantes. Llegar a un entendimiento entre ambos debe ser difícil pero yo no he tenido ese problema.

¿Qué opinión tiene del cómic en España?

Ahora mismo estamos en un momento muy bonito pero complicado. Precisamente por la apertura del medio en cuanto a nuevos creadores que vienen de sitios muy dispares, estamos viendo muchas obras interesantes y personales, y eso es fantástico y necesario para el crecimiento del medio. Además, las editoriales están apostando por abrir el mercado a obras que antes no nos llegaban y espero que eso genere nuevos lectores, pero el problema es obvio: cuánto durará esto si no crece el número de lectores. Mentiría si dijera que no me da miedo el futuro del cómic en España, pero hay que ser optimistas y, como lectores, disfrutarlo mientras dure.


¿Está actualmente trabajando en un nuevo proyecto? ¿Cuál?

Estoy con varias cosas a la vez y no resulta fácil compaginarlas. Por un lado, una serie abierta para spiderland/snake, que empecé por pura diversión y para mantener el ritmo de trabajo. Me lo estoy pasando muy bien con ella, la verdad. Se podrá leer gratis en la web, pero hasta que no tenga suficiente material no empezaré a publicar capítulos. Y por otro lado el siguiente cómic largo, que me gustaría empezar a dibujar ya mismo.

viernes, 5 de octubre de 2018

De cómo el tebeo nació en el Antiguo Egipto


Antes de que se hablara del noveno arte, antes de que los españoles se dividiesen entre el tebeo y el cómic, antes de Ibáñez y compañía, mucho antes, los egipcios dibujaban escenas en las vendas con las que cubrían a las momias. Fue hace 2.300 años, pero la estructura recuerda, inevitablemente, a la viñeta. Algo parecido concibieron los mayas en su códices siglos después. Y los iluminadores en los monasterios medievales. Quizás es que llevamos haciéndolo toda la vida: ordenar el mundo en tiras, que luego convertimos en cómicas. Es la extravagante idea que propone la última exposición de la Biblioteca Nacional, «Beatos, mecachis y percebes»: un recorrido libre por la historia del cómic comisariado por Enrique Bordes.

Dice Bordes que su planteamiento no está exento de irreverencia, y que rechaza la mirada academicista en favor de la ambigüedad y la flexibilidad. Por eso ha nombrado las tres partes de la muestra con términos de cuño propio. En «Beatos» agrupa la producción gráfica hasta la aparición de la fotografía, desde las vendas egipcias y los pergaminos hasta los códices, pasando por los marfiles venecianos o los relieves renacentistas. Es un imaginario marcado por lo sagrado, pero si lo observamos con «ojos de tebeo», como los llama él, podremos atisbar ciertos rasgos que nos recuerdan al cómic, como la ordenación del espacio en tiras marcadas por el suelo y el techo o la importancia de la arquitectura como marco escénico.

Así, en el Beato de Tábara, un códice del siglo X que copia los «Comentarios del apocalipsis» de Liébana, se incluye una ilustración de un edificio sin fachada en el que vemos todas las habitaciones y lo que hacen los personajes. Es el mismo sistema de representación que, con los matices del tiempo, utilizaría Ibáñez en su serie de historietas «13, Rue del Percebe»: un folio que nos permite curiosear la vida de todos los vecinos como si fuera una casa de muñecas. Es ese concepto visual, por otra parte, que adoptó en la televisión «Aquí no hay quien viva». «Es que estos códices sorprenden por lo cerca que están del tebeo en la manera de producirse (...) Hasta finales del siglo XX no se recupera la libertad gráfica que tenían los iluminadores medievales», apunta, provocativo, el experto.

Esta reivindicación de los orígenes lejanos del hoy llamado noveno arte, explica Bordes en el catálogo, comenzó en 1967 en el Museo de Artes Decorativas del Louvre. Allí, Claude Moliterni y Pierre Couperie proyectaron una muestra que planteaba que los relieves narrativos egipcios, asirios y romanos eran una suerte de «cómics del pasado». Sin embargo, las diferencias artísticas con la celebérrima institución terminaron con aquella idea desterrada del lugar. Pero la semilla ya estaba plantada y ahora florece en la Biblioteca. «En nuestro recorrido visual de “antiguas casas del tebeo” me gusta ver un reflejo de ese primer capítulo que Moliterni y Couperie no pudieron escribir», anota a modo de deseo.

Dejando atrás los «tiempos beatos» se llega hasta el ecuador de este particular viaje, que lleva el nombre de «Mecachis» en honor a Eduardo Sáenz Hermúa, que firmaba sus historietas con ese pseudónimo. Estamos en el siglo XIX, en plena revolución industrial. El mundo comienza a modernizarse y la cultura cambia. La imagen se democratiza y nacen la fotografía, el cine y los medios de masas. Y en medio de este embrollo el tebeo toma fuerza. Es el momento de los pioneros que, liberados de la tradición, experimentaron con la gramática. Es el momento de formatos como las aucas o los libros ilustrados (infantiles o no).

Gustave Doré probó con diferentes artilugios narrativos. Inspirado en la literatura en estampas del suizo Rodolphe Töpffer, construyó un antecedente claro de la novela gráfica: «Los rusos o Historia dramática, pintoresca y caricaturesca de la Santa Rusia». Entonces el invento no tuvo mucho éxito y el artista continuó por otra senda: la que lo llevó a ilustrar la Biblia o «La divina comedia». Más tarde, ya a principios del XX, Xaudaró triunfaba con sus escenas cotidianas y su famoso perrito en las páginas de «Blanco y Negro» y ABC. La historieta ya era un medio de masas.

La última parada de esta travesía lleva por nombre «Percebes», recordando así la exitosa obra de Francisco Ibáñez, el autor más prolífico de su generación. Esta parte de la exposición es un amplísimo cajón de sastre. Abarca la ilustración desde los años treinta hasta hoy. No solo se detiene en las expresiones más populares (Ibáñez, Íñigo o Manuel Vázquez), sino también en las vanguardias que instigadas por los postulados de Otto Neurath renovaron el lenguaje de la ilustración. Así llegamos a los últimos contadores de historias gráficas como Juan Berrio, Álvaro Ortiz o Ana Galvañ, entre muchos otros. El final vuelve al principio: después de 2.300 años no hemos dejado de experimentar con la imagen.

«Beatos, mecachis y percebes»: En la Biblioteca Nacional. Hasta el 13 de enero. De 10 a 20 horas, domingos hasta las 14.